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Así Murió Emiliano Zapata: La Trampa de Chinameca y la Traición del Gobierno

Le había pedido a Guajardo una prueba. La prueba que Guajardo entregó ese 9 de abril eran los 50 prisioneros, hombres del coronel Victoriano Bsena, que había capturado después de un enfrentamiento que los informes de los exploradores zapatistas confirmaban como real. Sangre federal derramada como garantía de que la traición era genuina.

Zapata miró a los prisioneros, miró a Guajardo y tomó la decisión que 9 años de guerra habían estado preparándolo para no tomar y que tomó de todas formas. porque la guerra que había peleado también lo había agotado de la manera específica en que agotan las guerras que duran demasiado, en la capacidad de mantener la desconfianza como postura permanente cuando la evidencia disponible señalaba en la dirección contraria.

Acordó encontrarse con Guajardo en la hacienda de Chinameca el 10 de abril. Lo que ocurrió en Chinameca el 10 de abril de 1900. 19 duró menos de un minuto. Fue el minuto más largo de la Revolución Mexicana. Para entender por qué Zapata cayó en la trampa de Chinameca, hay que entender primero qué había construido en Morelos durante 9 años y por qué ese edificio requería exactamente el tipo de decisión que la trampa aprovechaba.

Porque la trampa de Guajardo no fue una trampa cualquiera, no fue una trampa diseñada específicamente para explotar la virtud que había hecho a Zapata, el hombre que era, su capacidad de incorporar a los que se volvían contra el gobierno. Emiliano Zapata nació en Anenecuilco, Morelos, en 1879. Era un pueblo de milpas y de aguas que los ingenios azucareros habían estado absorbiendo desde el porfiriato con la eficiencia del sistema que tiene la ley de su lado y los abogados para usarla.

Los Zata eran rancheros en el sentido preciso del término, no peones, pero tampoco propietarios seguros. La tierra que trabajaban era la tierra que las haciendas todavía no habían tomado. Y el proceso de que la tomaran era un proceso que Emiliano había visto en marcha desde niño con la incomodidad del que mira algo que se acerca sin poder detenerlo.

A los 17 años fue detenido brevemente por participar en una demostración campesina sobre tierras. A los 30 fue elegido presidente del Consejo de Anenecuilco, el órgano que administraba los títulos de tierra comunales del pueblo, con la responsabilidad específica de conservar los documentos que probaban que esa tierra había sido de ese pueblo desde antes de que los ingenios existieran.

Conservar esos documentos no era un acto burocrático, era el acto político más subversivo disponible en el México de 1909, porque los documentos decían que la tierra que los ingenios azucareros reclamaban había sido de las comunidades indígenas de Morelos antes de que ningún título notarial del porfiriato pudiera contradecirlo.

Cuando Madero lanzó su llamado a la revolución en 1910, Zapata ya tenía la causa. Madero le dio la oportunidad. Sé el plan de Ayala que Zapata proclamó en noviembre de 1911 cuando rompió con Madero, porque Madero no devolvía las tierras con la velocidad que la causa requería. Fue el documento más claro y más específico de toda la Revolución Mexicana.

No prometía un México mejor en términos abstractos. No hablaba de libertad política en el lenguaje de los liberales, que había aprendido en los libros que Zapata no había tenido acceso a leer. Decía una sola cosa en términos que cualquier campesino de Morelos podía entender sin intérpretes. Las tierras, los montes y las aguas usurpados serán devueltos a los pueblos e individuos que los posean sus títulos correspondientes.

Esa claridad era la que hacía al zapatismo distinto de todos los otros movimientos que la revolución había producido. Villa peleaba por Villa y por el norte y por México en proporciones que variaban según la ocasión. Carranza peleaba por el constitucionalismo y por la autoridad del Estado Central que el constitucionalismo debía producir.

Los liberales del magonismo peleaban por una visión del mundo que la mayoría de los campesinos de Morelos nunca había tenido la oportunidad de conocer completamente. Zapata peleaba por Morelos, por las tierras de Morelos, por los pueblos de Morelos, que habían perdido sus tierras y que las querían de vuelta.

Esa especificidad era su fuerza. Era también, en la lógica de la política nacional que Carranza y sus generales manejaban desde la Ciudad de México, su límite. El gobierno de Carranza, que había triunfado militarmente sobre Villa en 1915 y que desde entonces controlaba la mayor parte del territorio nacional, se veía a Zapata con el tipo de incomodidad que produce el adversario, que no puede ser completamente derrotado, porque no pelea para ganar el país, sino para defender un territorio específico en el que tiene

ventaja absoluta. Morelos era de Zapata, en el sentido en que el norte de Chihuahua había sido de los dorados, el territorio que sus hombres conocían como nadie más lo conocía, que les daba la ventaja de la información y del movimiento que ningún ejército federal podía compensar con superioridad numérica. Las columnas que Carranza enviaba a Morelos regresaban diezmadas o regresaban sin haber logrado lo que se habían propuesto lograr.

que era eliminar a Zapata como fuerza política y militar. Y es el problema de Carranza era que no podía hacer con Zapata lo que había hecho con Villa, derrotarlo en una batalla decisiva que destruyera la base de poder que lo sostenía. La base de poder de Villa era su ejército. La base de poder de Zapata era Morelos.

Y Morelos no podía ser destruido sin destruir a los campesinos que lo habitaban. que era exactamente la destrucción que el gobierno de Carranza no podía ejecutar sin perder la legitimidad que la revolución le había dado? Así que el gobierno de Carranza intentó lo que los gobiernos intentan cuando no pueden derrotar militarmente a un adversario con base popular.

desgastarlo, cortar los suministros, comprar a los que podían ser comprados, eliminar a los que no podían ser comprados y esperar que el tiempo y el agotamiento produjeran lo que las balas no habían podido producir. Para 1919, se 9 años después del inicio de la revolución, el desgaste era real. Zapata todavía controlaba las montañas de Morelos.

Sus hombres todavía podían operar en el estado con la libertad relativa de los que conocen el terreno y que tienen el apoyo de los pueblos que saben que son los únicos que pelearán por sus tierras si no pelean ellos. Pero el círculo se había ido cerrando. Los generales de Carranza habían aprendido lentamente y a través de los errores que la Sierra de Morelos les enseñaba.

Algunas de las lecciones que el terreno cobraba a los que no las sabían. Las zonas que los zapatistas controlaban se habían reducido, los recursos eran escasos y los hombres, que llevaban 9 años combatiendo, antenían el tipo de cansancio, que no es el cansancio del que ha corrido una carrera, sino el cansancio del que lleva corriendo tanto tiempo que ya no recuerda bien cómo era no estar corriendo.

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