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24 HORAS DE TENSIÓN POLÍTICA — PETRO ACUSA Y EL GENERAL URREGO CONTESTA EN VIVO

 ¿Por qué? ¿Por qué un presidente de la República, con todos los problemas que tiene Colombia, con todo lo que hay que atender en este país, decide un martes de febrero sentarse frente a sus ministros en el departamento de Córdoba y decir públicamente que un general de la Policía Nacional planeó meterle drogas en sus camionetas para arruinarle una reunión con él? Presidente de los Estados Unidos, ¿por qué ese anuncio tan grave, tan serio, tan lleno de consecuencias para la institución policial? Se hace en un Consejo de Ministros y no en una rueda de prensa

formal con pruebas presentadas ante los medios. ¿Por qué el decreto que retira al general del servicio activo? El decreto 0147 de 2026 no dice nada de conspiración, nada de drogas, nada del supuesto complot, sino que simplemente usa la figura legal del llamamiento a calificar servicios, que en Colombia es la manera más discreta y menos explicada que tiene el ejecutivo para sacar a alguien de la institución sin tener que dar razones concretas ante ningún juez, por qué el presidente no presentó durante esa sesión ninguna evidencia

pública del informe de inteligencia en que supuestamente se basaba la acusación no dio fechas concretas de cuando ocurrió el supuesto plan. no explicó cómo exactamente un general de la policía metropolitana de Cali habría tenido acceso al esquema de seguridad presidencial en Estados Unidos y no respondió ninguna de las preguntas técnicas más básicas que cualquier periodista con sentido común le haría sobre una historia tan extraordinaria y sobre todo por qué el general acusado, en lugar de desaparecer en silencio como

el gobierno esperaba, ese mismo día se sentó frente a una cámara de radio y televisión y respondió cada pregunta con la calma de quien no tiene nada que esconder con la firmeza de quien lleva 32 años haciendo lo que le corresponde y con esa mirada tranquila que en Colombia solo tienen los hombres que saben con certeza que están diciendo la verdad.

Esas preguntas no tienen respuesta fácil, pero tienen respuesta. Y esa respuesta es la historia que Colombia necesita escuchar antes de votar, antes de decidir, antes de entregarle el futuro de este país a quienes piensan que el poder da el derecho de destruir reputaciones con acusaciones sin prueba y sin proceso.

 Para entender lo que ocurrió el 11 de febrero de 2026, hay que entender primero quién es el general Edwin Masley de Urrego Pedraza, no el titular de los periódicos, no el personaje de la polémica, sino el hombre real, el ser humano que nació el 6 de septiembre de 1976 en San Bernardo, Cundinamarca, un municipio pequeño del interior de Colombia, de esos pueblos donde los hombres crecen con la tierra bajo los pies y con la convicción de que el trabajo honesto es la única herencia que vale la pena dejarle a los hijos.

Ese hombre decidió desde joven que quería servir a su país con uniforme, que quería dedicar su vida a proteger a los colombianos que no tienen quien los proteja, que quería ser parte de la institución que en los barrios más difíciles y en los momentos más oscuros es la única, que llega cuando uno llama. Y en 1996, a los 20 años, se graduó como subteniente en la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander en Bogotá.

 El lugar donde los hombres y mujeres que van a cargar con la responsabilidad de mantener el orden en este país aprenden lo que significa servir antes de aprenderlo. ¿Qué significa mandar? 20 años. Esa es la edad que tenía Edwin Urrego cuando le juró a Colombia que iba a defenderla. Y en los 32 años que siguieron a ese juramento, ese hombre no descansó.

 No buscó atajos, no usó el uniforme para construir redes de conveniencia ni para acumular favores políticos que algún día le sirvieran de colchón, sino que fue de puesto en puesto, de ciudad en ciudad, de reto en reto, construyendo con cada resultado operativo, con cada criminal capturado, con cada estructura desmantelada.

 La reputación que los hombres que sirven de verdad construyen de la única manera en que puede construirse con hechos, no con discursos. Fue jefe de la seccional de policía judicial en el departamento del Cauca, una de las regiones más complejas de Colombia, donde el crimen organizado tiene raíces profundas y donde hacer trabajo de inteligencia judicial requiere una valentía que muy pocos oficiales están dispuestos a ejercer con consecuencia.

fue jefe de investigación en la DIGIN, la Dirección de Investigación Criminal e Interpol, el corazón técnico de la Policía Nacional, el lugar donde se coordina la persecución del crimen organizado a nivel nacional e internacional, donde los casos más complejos llegan porque ninguna otra dependencia tiene la capacidad de resolverlos.

fue director de la escuela de investigación criminal, el lugar donde se forman los investigadores judiciales de Colombia, donde el conocimiento que él había acumulado en años de campo se transmitía a las nuevas generaciones de policías que iban a enfrentar los mismos desafíos que él había enfrentado. fue subdirector de la DIIN, uno de los cargos de mayor responsabilidad técnica en la institución, donde la coordinación de operaciones contra el crimen transnacional requiere no solo conocimiento, sino también la capacidad

de tomar decisiones bajo presión, de manejar información sensible con discreción y de trabajar con agencias de otros países que no le dan su confianza a cualquiera. Y en ese último rol, como director de investigación criminal e Interpol, lideró las operaciones que llevaron a la captura de algunos de los criminales más buscados del país, entre ellos los casos que durante la entrevista de crisis y poder el mismo mencionó con la serenidad de quien no necesita exagerar porque los hechos ya son suficientemente impresionantes. la captura de alias Papá

Pitufo, uno de los líderes del crimen organizado en los puertos colombianos, realizada en España con coordinación internacional y la captura de alias el bendecido, otro hombre que las estructuras criminales de este país ponían por encima de muchas cosas y que la inteligencia policial logró ubicar y detener gracias al trabajo meticuloso que Urrego lideró.

Capturas así no se hacen en un día, no se hacen con improvisación, se hacen con años de trabajo silencioso, de seguimientos pacientes, de cooperación con agencias extranjeras que exigen a sus socios colombianos el tipo de profesionalismo y de rigurosidad que no admite excepciones y que cuando lo encuentran lo reconocen y lo refuerzan con la confianza que se construye caso por caso, resultado por resultado, captura por captura.

 Ese era el hombre que el gobierno de Gustavo Petro acusó de querer meterle drogas en las camionetas. En diciembre de 2024, la Policía Nacional de Colombia le hizo al coronel Edwin Urrego un reconocimiento que en la institución tiene un significado que las palabras difícilmente pueden capturar del todo.

 Lo ascendió a Brigadier General. El ascenso se celebró en una ceremonia solemne en Barranquilla, con la presencia de altos mandos policiales, representantes del gobierno y familiares y en el comunicado oficial que la institución publicó ese día. Las palabras que se usaron para describir al nuevo general no eran las palabras del protocolo vacío que se usa en estas ceremonias cuando hay que decir algo, pero no hay nada real que decir.

 Eran las palabras que solo se usan cuando alguien realmente las ha ganado. Honestidad, integridad, humanismo, solidaridad, vocación de servicio, compromiso con el país. Y el número que acompañaba ese reconocimiento era el tipo de número que hace que uno entienda con precisión. Matemática, ¿de qué clase de carrera estamos hablando? 217 felicitaciones y 62 condecoraciones, incluyendo medallas y distintivos acumulados en más de tres décadas de servicio.

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