Pero esto no es solo un compilado de golpes y disturbios. Cada una de estas historias tiene un contexto, tiene una razón, tiene consecuencias que cambiaron vidas para siempre. Y te lo digo desde ahora. La número uno es tan perturbadora, tan increíble, que si te la cuento ahorita mismo no me vas a creer. Así que quédate hasta el final porque lo que vas a escuchar te va a dejar con la boca abierta. Empezamos.
Número 10, Bernard Hopkins, versus Robert Allen 1. El campeón que salió volando del ring. Estamos en Las Vegas, es agosto de 1998 y en el Las Vegas, Hilton se va a pelear por el campeonato mundial de peso mediano de la IBF. El campeón es Bernard Hopkins, un hombre que no le cae bien a nadie y al que no le importa caerle bien a nadie.

Hopkins tiene un récord de 34 victorias, dos derrotas y un empate y está haciendo su octava defensa del título. Es un peleador cerebral, calculador, el tipo de boxeador que te estudia, te frustra y cuando menos te lo esperas te apaga las luces. Pero también es un peleador que genera cero emoción en el público. Las entradas no se venden, los ratings son mediocres, la división de peso mediano está casi muerta comercialmente y mucha gente culpa directamente a Hopkins. Por eso.
Su retador obligatorio es Robert Allen, un tipo de Philadelphia con récord de 22 victorias y dos derrotas que viene con una actitud completamente diferente. Allen es Boca. Allen es Show. Allen es el tipo que se para en una conferencia de prensa y grita frente a las cámaras. Te voy a partir el trasero, Bernard.
La gente ya ni habla de la división de peso mediano por tu culpa. Eres aburrido. Nadie quiere verte pelear. Y Hopkins, que es cualquier cosa menos una persona que se deja provocar sin responder, le contesta con una frialdad que solo él tiene. Te vi renunciar contra Barbosa. Si no quieres salir lastimado, renuncia ahorita.
La tensión entre estos dos es genuina, no es una promoción fabricada. Se odian y el público lo sabe. Así que cuando suena la primera campana, todos esperan fuegos artificiales. Pero lo que obtienen es algo completamente diferente. La pelea es un desastre técnico, no en el sentido de que los dos peleen mal, sino en el sentido de que nadie deja pelear.
Cada intercambio de golpes termina en un clinch. Cada clinch se convierte en un forcejeo interminable. Es como ver a dos luchadores de Greco-romana que por accidente terminaron en un ring de boxeo. El árbitro de la pelea es nada menos que Mills Lane, uno de los referís más respetados del mundo, el mismo que arbitró peleas históricas.
Y ni siquiera Mills Lane puede controlar esto. Separa a Hopkins y Allen una y otra y otra vez, pero cada vez que lo suelta se vuelven a agarrar. Y entonces llega el cuarto round y aquí es donde todo se descarrila. Mills Lane separa a los peleadores de otro clinch, los empuja hacia atrás con fuerza para crear espacio y lo que pasa a continuación nadie se lo esperaba.
Hopkins, al ser empujado, pierde el equilibrio. Sus pies se enredan y en lugar de recuperarse, Bernard Hopkins, el campeón mundial de peso mediano de la IBF, sale volando a través de las cuerdas del ring, no se cae dentro del cuadrilátero, no se resbala y se apoya en las cuerdas. Sale disparado hacia afuera y aterriza directamente sobre los espectadores de primera fila.
El público enloquece. No saben si fue un empujón intencional, un accidente, una falta. Lo que sí saben es que el campeón mundial está tirado entre las sillas del público con una expresión de dolor genuino en la cara. Su tobillo izquierdo se dobló al caer y se inflamó al doble de su tamaño normal.
La rodilla también está comprometida. Mills Lane se asoma por las cuerdas. El médico del ring baja a examinar a Hopkins y la pelea se detiene. Pero, ¿cómo la registras? Si Hopkins fue noqueado, Alen gana por knockout. Si fue una falta de Allen, Hopkins gana por descalificación. Si fue un accidente, se declara no contest y aquí es donde empieza el circo fuera del ring.
Allen está convencido de que Hopkins está fingiendo. Se acerca al borde del cuadrilátero y grita, “¡Se tiró, está actuando, puede seguir peleando!” El equipo de Hopkins responde con insultos. Los fanáticos de ambos bandos empiezan a gritarse. “La tensión en Las Vegas Hilton es palpable. Hay empujones en los pasillos, hay gritos entre las esquinas.
Los oficiales de la Comisión Atlética tienen que formar una barrera humana para que las dos esquinas no se agarren a golpes. Finalmente, la decisión llega. La pelea es declarada. No contest. Nadie gana. Nadie pierde. El resultado no aparece en el récord de ninguno de los dos. Robert Allen sale furioso del recinto gritando que le robaron su oportunidad.
Hopkins es traslad hospital para evaluar su tobillo y la IBF, sin saber qué hacer con esta situación tan bizarra, ordena una revancha inmediata. Esa revancha se pelea 6 meses después en Washington DC y esta vez no hay ambigüedades. Hopkins domina absolutamente, tumba a Allen dos veces y gana por knockout técnico en el séptimo round pelean una tercera vez en 2004 y Hopkins vuelve a ganar por decisión.
Pero el momento que queda grabado en la memoria del boxeo es ese, el campeón mundial de peso mediano saliendo disparado por las cuerdas como si fuera un muñeco de trapo aterrizando sobre los espectadores. Y una pelea que se convierte en un circo donde nadie sabe quién tiene la culpa, quién ganó, quién perdió ni qué acaba de pasar.
Y eso que fue la pelea más tranquila de esta lista, porque lo que viene ahora es mucho, mucho peor. Número nueve, Vin Pacienza versus Dana Rosenblat 1. El knockout al árbitro. Hay peleas que generan odio fabricado. Los promotores crean una rivalidad. Los peleadores dicen cosas en conferencia de prensa que no sienten y todo el mundo sabe que es un show.
Pero hay otras peleas donde el odio es real, donde los peleadores genuinamente no se soportan, donde no hay cámaras que apagar para que todo vuelva a la normalidad. La pelea entre Vin Pacienza y Dana Rosenblat es de esas peleas. Estamos en agosto de 1996. El lugar es el Atlantic City Convention Center en Nueva Jersey y lo que está en juego es el título de peso supermediano de la WBU que está vacante.
No es el cinturón más prestigioso del mundo, pero para estos dos peleadores es todo. Vin Pacienza es una leyenda. No necesariamente la leyenda más talentosa o la más dominante, sino la leyenda más indestructible del boxeo. Este hombre, nacido en Rode Island de familia italoamericana, tiene un récord de 40 victorias y seis derrotas.
Ha ganado títulos en dos divisiones, pero lo que lo hace especial no es su récord, es su historia. En 1991, Pacienza tuvo un accidente automovilístico que le fracturó el cuello. Los médicos le dijeron que probablemente no volvería a caminar normalmente, mucho menos a boxear. Le pusieron un halo ortopédico, un dispositivo medieval atornillado directamente al cráneo para inmovilizar la columna cervical.
Pacienza usó ese aparato durante meses y apenas se lo quitaron volvió a entrenar. Un año después del accidente que debía terminar su carrera, Pacienza ganó el título mundial de peso supermediano de la doble VA por knockout. Es una de las historias de regreso más increíbles en la historia del deporte. Pero para 1996, Pacienza tiene 33 años y está en la curva descendente.
No es el peleador que fue, sin embargo, sigue teniendo lo que siempre tuvo. Un corazón que no cabe en su pecho y una agresividad que roza la demencia. Su rival es Dana Dangerous Rosenblat, un peleador invicto de Massachusetts con récord de 28 victorias y cero derrotas. Rosenblat es rápido, técnico, joven y llega como favorito 5 a dos.
Es el tipo de peleador que se mueve bien, que usa el jab, que no se mete en guerras innecesarias. Es todo lo que Pacienza, no es disciplinado, calculado, sereno y se odian. No es actuación. Se conocen del circuito de Nueva Inglaterra, donde las rivalidades entre boxeadores locales son tan intensas como las rivalidades entre barrios. Pacienza ha declarado públicamente: “Lo odio, no me gusta como persona, no me gusta como peleador, no me gusta nada de él.
” Rosenblat ha respondido, “Paciena, es como un maestro desempleado, sin clase, sin elegancia, sin futuro.” Con ese contexto, la pelea comienza y durante tres rounds, parece que Rosenblat tenía razón. El joven invicto domina absolutamente. Su hub aterriza una y otra y otra vez en la cara de paciencia. El ojo izquierdo de Vinnie se empieza a hinchar de una manera grotesca, como si le hubieran metido una pelota de golf debajo del párpado.
Las tarjetas de los tres jueces tienen a Rosen Blat ganando todos los asaltos. Todo indica que la pelea será detenida pronto por las heridas de paciencia. Y aquí es donde Rosen Blat comete el error que le cambió la carrera. Al final del tercer round, con paciencia sangrando, hinchado, claramente perdiendo, Rosenblat hace algo que nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia debes hacer en una pelea de boxeo.
Le muestra el guante despectivamente a paciencia. Es un gesto que dice, “Ya eres mío, ya terminé contigo.” Esto es demasiado fácil. Es el equivalente boxístico de darle la espalda a tu rival y caminar hacia tu esquina como si la pelea ya hubiera terminado. Vin Pacienza, ve ese gesto y algo se enciende dentro de él. Algo primitivo, algo que va más allá del boxeo técnico, más allá de la estrategia, más allá de cualquier plan de pelea.
Es la rabia pura de un hombre al que le dijeron que nunca volvería a caminar y que ahora le están diciendo que no puede ganar una pelea de boxeo. Cuarto round. Pacienza sale de su esquina como si fuera otro peleador. El ojo sigue hinchado, la sangre sigue brotando de la nariz, pero algo cambió en su mirada. Ya no está peleando para ganar puntos, está peleando para destruir y entonces lo lanza.
Un overhand right, un derechazo por encima que viaja en un arco amplio. El tipo de golpe que cualquier entrenador te dice que no lances porque te deja expuesto, pero paciencia lo lanza con toda su alma, con todo su peso, con toda la furia acumulada de tres rounds de humillación y el puño conecta de lleno en la mandíbula de Dana Rosenblad.
El efecto es instantáneo y demoledor. Rosenblad cae como si le hubieran desconectado la electricidad del cuerpo. Sus piernas se doblan, sus brazos caen y aterriza en la lona con los ojos completamente en blanco. Se levanta, pero no sabe dónde está. No sabe quién es. No sabe qué año es. Está de pie por puro instinto, como un zombie que no entiende que ya está muerto.
Paciena, carga. Combinaciones salvajes, ganchos, uppercuts. Todo lo que tiene en el Arsenal lo descarga sobre un Rosen Blad que ya no puede defenderse. El árbitro Tony Orlando ve que la pelea debe detenerse. Se mete entre los dos peleadores para proteger a Rosenblat. Agarra a Pacienza, intenta frenarlo, pero Pacienza no para. No puede parar.
Está en un estado de adrenalina tan extremo, tan animal, que ha dejado de procesar lo que está pasando a su alrededor. Su cerebro solo registra una cosa. El rival sigue de pie y sigue golpeando. Y en medio de esa furia ciega, uno de sus golpes conecta directamente con el árbitro Tony Orlando, que cae al piso del ring.
El comisionado de boxeo de Nueva Jersey, Larry Hazard, ve lo que está pasando y salta personalmente al ring. No manda a alguien, no espera a que la seguridad actúe. Hazard, que es un hombre imponente, se sube al cuadrilátero y agarra físicamente a pacienza para detenerlo. Finalmente, Vini reacciona, mira alrededor, ve al árbitro en el suelo, ve a Rosenblat tambaleándose, ve al comisionado agarrándolo y entiende lo que acaba de hacer el comentarista Sean O.
Grady, que está narrando la pelea en vivo, suelta una línea que se convierte en leyenda. Dana Rosenblat acaba de convertirse en Dana Rosen Splat, el recinto estalla. Los fanáticos de Pacienza, muchos de ellos italoamericanos de Rhode Island que viajaron en autobuses hasta Atlantic City celebran como si hubieran ganado la lotería.
Los fanáticos de Rosenblat están en shock absoluto. Su peleador invicto, el favorito, el que estaba ganando la pelea con total comodidad, acaba de ser destruido por un hombre con un ojo cerrado y la nariz rota. Pero la historia no termina ahí. Esa noche desde su hotel, Vin Pacienza hace algo que define su carácter.
Llama por teléfono al hotel del árbitro Tony Orlando. No llama para quejarse, no llama para justificarse, llama para disculparse. Tony, lo siento mucho, no te vi. Estaba en otro mundo, no sabía lo que estaba haciendo. Y Orlando, que probablemente tiene un dolor de cabeza considerable, responde con el mejor humor posible. Vinnie, no te preocupes, pero oye, ¿me puedes dar una revancha? Las consecuencias fueron relativamente leves para lo que pasó.
Pacienza recibió una multa de $5,000 y una suspensión de 90 días por golpear al árbitro. Rosenblad perdió su invicto, perdió su aura de invencibilidad y lo más doloroso, perdió una pelea lucrativa que ya estaba planeada contra Sugar Ray Leonard, que habría significado aproximadamente millón de dólar. Se cobraron revancha en 1999, donde Rosen Blad ganó por decisión dividida.
Pero el momento, ese momento del overhand right que cambió la pelea, que noqueó al rival, que tumbó al árbitro y que generó una de las escenas más caóticas en la historia del boxeo de Atlantic City, ese momento quedó grabado para siempre y nos enseñó algo fundamental. Nunca jamás le muestres el guante despectivamente a un hombre que se levantó de una fractura de cuello para seguir peleando, porque ese hombre no sabe lo que es rendirse y cuando lo provocas no tiene freno.
Número ocho, Roger Mayweather versus Vin Pacienza. Cuando el entrenador de 120 kg atacó al campeón. Hablando de Vin Pacienza, resulta que no es la primera vez que aparece en una lista de peleas que terminaron en caos total. Pero en esta ocasión el protagonista del desastre no fue Pacienza mismo sino su entrenador. Estamos en noviembre de 1988.
El lugar es Kissar Palace en Las Vegas, templo sagrado del boxeo mundial. Y la cartelera de esta noche es monumental. En la pelea estelar, Sugar Ray Leonard enfrenta a Donny Lalond en una super pelea histórica. Pero antes de eso hay otra pelea importante. Roger Black Mamba Mayweather, campeón mundial de peso superligero del Consejo Mundial de Boxeo, defiende su título contra el retador Vin Pacienza.
Ahora hay que hacer una aclaración importante. Roger Mayweather no es Floyd Mayweather Jr. Roger es el tío de Floyd. Es un miembro de la legendaria dinastía Mayweather, una familia que ha producido más campeones mundiales que algunas naciones enteras. Roger tiene un récord de 32 victorias y cinco derrotas con una potencia demoledora en ambas manos.
Lo apodan Black Mamba no por la serpiente, sino por su velocidad letal. Es un contragolpeador exquisito, el tipo de peleador que te deja tirar y luego te castiga por cada error. Pacienza llega a esta pelea con 25 victorias y dos derrotas. Es el excampeón de la IBF en peso ligero y ha subido a las 140 libras para buscar un segundo título mundial.
Pero la subida de peso es engañosa. Pacienza es naturalmente un peleador de 135 libras. Para dar la 140, que es el límite de peso superligero, tuvo que forzar su cuerpo de maneras peligrosas. De hecho, el proceso de pérdida de peso previo a la pelea fue tan brutal que Pacienza casi muere deshidratado en los días previos al combate.
El entrenador y manager de paciencia es Lou Dua, una de las figuras más coloridas y controvertidas del boxeo. Duba es un hombre de aproximadamente 120 kg, bajo, ancho, ruidoso, con una personalidad que ocupa habitaciones enteras. Ha entrenado y manejado a campeones mundiales durante décadas.
es tan famoso por sus arranques emocionales al borde del ring por su conocimiento técnico del boxeo. Y tiene un problema. Cuando las cosas van mal para su peleador, Lu pierde completamente el control de sus emociones. El árbitro de esta pelea es una vez más Mills Lane. Sí, el mismo Mills Lan del caso de Hopkins y Allen. Este hombre arbitra más peleas caóticas que cualquier otro referie en la historia del boxeo.
La pelea comienza y rápidamente se convierte en algo que nadie esperaba. Una guerra. No una pelea de boxeo limpia y técnica, una guerra. Mayweather, que es el boxeador más completo de los dos, domina los intercambios limpios, pero paciencia no deja de avanzar nunca, sin importar cuántos golpes reciba, sin importar cuántas veces su cabeza rebote hacia atrás por un contragolpe perfecto de Mayweather, paciena, sigue caminando hacia adelante como si estuviera poseído por algo que no entiende la lógica del dolor.
Y aquí hay un detalle que define esta pelea y que explica mucho de lo que va a pasar después. En prácticamente cada round hay intercambios de golpes después de la campana suena la campana que marca el final del asalto y ambos peleadores siguen tirando. No es un golpe tardío accidental, son intercambios completos, combinaciones de tres y cuatro golpes que continúan un segundo, 2 segundos, 3 segundos después de que la campana ya sonó.
Mills Lane tiene que meterse físicamente a separarlos al final de cada round. Esto pasa en el primero, en el segundo, en el tercero. En prácticamente todos los asaltos la tensión se acumula como presión en una olla. El equipo de paciencia grita desde su esquina que Mayweather está tirando después de la campana. El equipo de Mayweather grita lo mismo sobre paciencia y Mills Lane está en el medio tratando de mantener el orden en una situación que se le está escapando de las manos.
A medida que avanza la pelea, Mayweather toma control total. Su mano derecha es como un misil teledirigido. Cada vez que Pacienza avanza, la derecha de Mayweather le encuentra la cara. Para el séptimo round, el ojo izquierdo de paciencia está cerrado. Para el noveno, también sangra por la nariz. Para el undécimo round, Mayweather conecta un uppercut derecho que tumba a Pacienza por primera vez en su carrera.
Pacienza se levanta porque, por supuesto que se levanta. Este hombre no sabe quedarse en el suelo, pero ya está derrotado. Los tres jueces tienen a Mayweather ganando ampliamente 118 a 108, 117 a 110, 117 a 110. No hay duda de quién gana esta pelea. Es una paliza unilateral en las tarjetas.
A pesar de que Pacienza nunca dejó de avanzar. Llega el duodécimo y último round. Suena la campana final. Y como ha ocurrido en cada uno de los 11 asaltos anteriores, los golpes continúan después de la campana, pero esta vez es diferente. Esta vez no es un intercambio más de dos o tres golpes tardíos. Esta vez los puños siguen volando con intención genuina.
Mills Lane se mete a separarlos y entonces Ludba explota. El hombre de 120 kg cruza el ring toro furioso. No camina, carga. Se dirige directamente hacia Roger Mayweather y lanza puñetazos. Duba, el entrenador, el manager, el hombre de 60 y tantos años que debería estar en la esquina de su peleador dándole agua y revisando sus heridas.
está intentando golpear al campeón mundial de peso superligero del Consejo Mundial de Boxeo, Mayweather, que acaba de pelear 12 rounds de guerra y que probablemente tiene la adrenalina al máximo, reacciona por instinto. Lanza un derechazo que conecta de lleno con Low duba. El entrenador cae al piso del ring, un hombre de 120 kg desplomado en la lona con un corte abierto debajo del ojo.
Y por si eso no fuera suficiente caos, Duba intenta levantarse para seguir peleando. Mills Lane y varios miembros de ambas esquinas tienen que literalmente tirarse encima de Duba para que no se levante a continuar la pelea contra Mayweather. Después, cuando las cámaras lo entrevistaron, Duba intentó una excusa que nadie en el mundo compró.
dijo que había perdido el equilibrio, que no estaba atacando a Mayweather, que simplemente se resbaló y cayó hacia delante. Pero el video es claro, las imágenes son innegables. Lou Duva cruzó el ring con la intención de golpear a Roger Mayweather y lo único que consiguió fue recibir un derechazo que lo dejó en el suelo, pero la noche no terminó ahí para el equipo de Pacienza.
Mientras todo el caos del ring se resolvía, Vini Pacienza caminó hacia su vestidor y ahí, lejos de las cámaras, lejos de los periodistas, lejos del espectáculo, paciencia se desplomó. La deshidratación severa que había sufrido para dar el peso, combinada con 12 rounds de castigo brutal, habían puesto su cuerpo al límite.
Fue trasladado de emergencia al hospital. Una enfermera se acercó a Angelo Pacienza, el padre de Vinnie, y le dijo algo que ningún padre debería escuchar jamás. Señor, paciena, estamos perdiendo a su hijo. Vini sobrevivió. Claro que sobrevivió. Este es el hombre que se recuperó de una fractura de cuello. Una deshidratación no iba a terminar con él.
Pero ese momento en el hospital, esa frase de la enfermera pone en perspectiva lo que el boxeo realmente es. No es solo el espectáculo del ring, no es solo el drama de los puñetazos, es la vida de seres humanos puesta en riesgo cada vez que suena la campana. Las consecuencias fueron sorprendentemente leves. Lu fue suspendido por la Comisión Atlética de Nevada y multado con apenas 750.
Sí, $50 por atacar a un campeón mundial en el ring. Mayweather no fue sancionado por golpear a Duba, ya que se consideró defensa propia. Paciencia. Tras recuperarse, hizo lo que mejor sabía hacer, seguir peleando. Cambió de peso, subió a las 154 y luego a las 168 libras y construyó una carrera legendaria de 50 peleas ganadas y cinco títulos mundiales.
Su historia fue tan inspiradora que Hollywood la convirtió en una película llamada Bleed for this en 2016, con Miles Teller interpretando a paciencia. Y aunque la película se centró en su regreso después de la fractura de cuello, la pelea contra Mayweather y el incidente con Dubava son mencionados como parte fundamental de su legado.
Roger Mayweather siguió su camino como campeón. Eventualmente perdió el título ante Julio César Chávez, una de las leyendas más grandes del boxeo mexicano. Y años después, Roger se convirtió en el entrenador de su sobrino Floyd Mayweather Jr. formando parte del equipo que construyó el récord invicto más famoso del deporte.
Pero esa noche en Caesars Palace con un entrenador de 120 kg tirado en la lona, un peleador deshidratado al borde de la muerte en el vestidor y un ring que parecía zona de guerra, quedó como una de las noches más caóticas en la historia del boxeo en Las Vegas. Y créeme, viniendo de Las Vegas, eso es decir mucho.
Número siete, Juan Manuel López versus Wilfredo Vázquez Junior. La rivalidad boricua que explotó. Puerto Rico es una isla pequeña, tiene menos de 4 millones de habitantes, pero en términos de boxeo, Puerto Rico es un gigante. Ha producido más campeones mundiales per cápita que cualquier otro territorio en la historia de este deporte.
Wilfredo Gómez, Félix Trinidad, Miguel Coto, Héctor Macho Camacho. La lista es interminable y dentro de esa isla pequeña con esa tradición enorme, las rivalidades entre boxeadores puertorriqueños son asuntos de vida o muerte. No literalmente, claro, pero emocionalmente, culturalmente, en términos de orgullo familiar y regional.
Cuando dos boxeadores boricuas de alto nivel se enfrentan, la isla entera toma partido y pocas rivalidades dividieron a Puerto Rico tan profundamente como la de Juan Manuel Juanma López contra Wilfredo Papito Vázquez Junior. Para entender esta pelea, hay que entender quiénes son estos dos hombres.
Juan Manuel López es de Caguas, una ciudad en el interior de la isla con una tradición boxística legendaria. En su mejor momento, Juanma era considerado el futuro del boxeo puertorriqueño. Ganó el título mundial de peso Supergallo de la W o a los 24 años y luego subió a peso pluma, donde también se coronó campeón mundial. Velocidad, poder, carisma.
Juanma lo tenía todo, pero una serie de knockouts devastadores a manos de Orlando Salido y después de Mikey García revelaron una debilidad que él nunca aceptó públicamente, un mentón de cristal. Para 2016, con 34 victorias y cinco derrotas, Juanma ya no era el prospecto dorado. Era un excampeón en declive, sin actividad en 25 meses, buscando una última oportunidad de relevancia.
Wilfredo Vázquez Jr. hijo del tricampeón mundial Wilfredo Vázquez Senior, una leyenda absoluta del boxeo puertorriqueño. Papito, como le dicen, creció en el gimnasio de su padre con la presión de un apellido que pesa más que cualquier cinturón. Ganó el título mundial de peso Supergallo de la W o en 2010.
Pero al igual que López, su carrera tomó una curva descendente. Para 2016 había perdido cuatro de sus últimas cinco peleas. Su récord era de 24 victorias, seis derrotas y un empate. Ya no era contendiente mundial, era un hombre que todavía generaba entradas en Puerto Rico y entre estos dos excampeones en decadencia había 6 años de odio acumulado.
No un desacuerdo profesional, odio genuino. Vázquez había llamado a López Mono en videos publicados en redes sociales. López lo había acusado de ser un niño mimado que solo tenía carrera por el nombre de su padre. Casi se van a los golpes en la conferencia de prensa previa al combate. Los fanáticos de uno insultaban al otro en las calles de San Juan.
Era personal, era visceral, era puertorriqueño. La pelea se programó para el 29 de octubre de 2016 en el Coliseo Roberto Clemente de San Juan. Un recinto que ha sido escenario de algunas de las noches más memorables del boxeo. En la isla no había título en juego, solo orgullo. El peso acordado fue 129 libras, peso super pluma. Y la isla se paralizó.
Los primeros cuatro rounds fueron de Vázquez. Su mano izquierda, herencia técnica directa de su padre, encontraba la cara de López con regularidad. El ojo izquierdo de Juanma empezó a inflamarse, las tarjetas reflejaban el dominio de Papito y los fanáticos de Vázquez, que llenaban una mitad del coliseo, celebraban cada golpe como si fuera una fiesta patronal.
Pero en el quinto round algo cambió. Un gancho derecho de López sacudió a Vázquez de una manera visible. Su cabeza giró bruscamente, sus piernas se tambalearon y por primera vez en la pelea, López vio algo en los ojos de su rival. Vulnerabilidad. Y López es muchas cosas, pero tonto no es. Sabe cuándo un rival está herido y sabe cómo aprovecharlo.
A partir del quinto, López fue tomando control gradualmente. Sus combinaciones eran más largas, más precisas, más dolorosas. Vázquez empezó a retroceder, a buscar clinches, a intentar sobrevivir rounds en lugar de ganarlos. El público se polarizó aún más. Los de Caguas gritaban, los de San Juan gritaban más fuerte. El aire del coliseo Roberto Clemente era irrespirable por la tensión.
Llega el undécimo round. 11 asaltos de guerra. 11 asaltos de una rivalidad que llevaba 6 años cocinándose a fuego lento. Y López encuentra su momento acorrala a Vázquez contra las cuerdas, donde Papito no tiene escapatoria, y descarga una combinación brutal. Gancho izquierdo al cuerpo, derecha a la cabeza, gancho izquierdo arriba.
Vázquez cae a la lona, no está inconsciente, pero está claramente comprometido. Sus piernas no responden, sus brazos no tienen fuerza. El árbitro Ramón Peña toma una decisión controvertida. Detiene la pelea sin dar conteo. No le da a Vázquez la oportunidad de levantarse e intentar continuar, simplemente la detiene. Victoria de López por knockout técnico en el undécimo round y ahí se enciende la mecha.
López, consumido por la adrenalina de 6 años de odio, no celebra calmadamente, se dirige agresivamente hacia la esquina de Vázquez, gritando, señalando, provocando. El entrenador de Vázquez, Albert Rivera, ve al peleador que acaba de noquear a su pupilo, caminando amenazadoramente hacia su esquina y reacciona. Rivera lanza un gancho izquierdo que conecta con López, un entrenador con las manos desnudas golpeando a un boxeador profesional que todavía tiene los guantes puestos.
López responde con golpes. Rivera sin guantes, sin protección, sin nada. Conecta varios golpes limpios contra López. Ambas esquinas invaden el ring. Lo que debería ser un momento de celebración deportiva se convierte en una pelea callejera dentro del cuadrilátero. Los fanáticos, ya calentados por 11 rounds de tensión insoportable, empiezan a arrojar todo lo que tienen al alcance.
Vasos de cerveza, botellas de plástico, hielo, comida. El ring se convierte en una zona de peligro donde caen proyectiles desde las gradas. La seguridad del coliseo apenas puede contener a una multitud que está al borde del motín total. Y entonces, en uno de esos giros que solo Puerto Rico puede producir, ocurre algo inesperado.
En medio del caos, López y Vázquez se encuentran. No sus equipos, no sus entrenadores, no sus fanáticos. Ellos dos, los dos excampeones, los dos hombres que se odiaban públicamente durante 6 años. Se miran y se abrazan. No un abrazo falso para las cámaras, un abrazo largo, genuino, de dos guerreros que acaban de compartir 11 rounds de infierno y que en ese momento entienden que nadie más en el mundo sabe lo que acaban de vivir.
Se abrazan varias veces y Vázquez anuncia ahí mismo en el ring su retiro del boxeo. Las consecuencias fueron menores comparadas con la intensidad de lo ocurrido. La Comisión de Boxeo de Puerto Rico suspendió a López por 6 meses y lo multó con 000. Albert Rivera fue multado con 500. López emitió disculpas públicas y envió cartas formales a la comisión y al propio Rivera.
Pero lo que quedó de esa noche no fueron las multas ni las suspensiones. Lo que quedó fue la imagen de dos rivales abrazándose en medio de una tormenta de objetos voladores, demostrando que a veces el respeto más profundo nace de la violencia más intensa. Número seis, Mike Tyson versus Low Sarece. 38 segundos y junio del año 2000. Glasgow, Escocia.
un estadio de fútbol llamado Hamden Park. 20,000 personas sentadas bajo una lluvia fría y constante esperando ver a Mike Tyson pelear. Ahora hay que poner esto en contexto. Para el año 2000, Mike Tyson ya no es el destructor invencible de los años 80. Ya perdió contra Buster Douglas, en la que muchos consideran la mayor sorpresa de la historia del boxeo.
Ya fue a prisión, ya le mordió la oreja a Holyfield, de lo que vamos a hablar más adelante en esta lista. Ló a Escocia con ese dolor encima, sin haberlo procesado, sin terapia, sin tiempo para duelo. Simplemente subió a un avión, cruzó el Atlántico y se preparó para golpear a alguien. Su puede vencer a Tyson.
La pelea es un trámite, una escala en el camino hacia una eventual superf pelea contra Lenox Lewis, el campeón mundial lineal de peso pesado. Tyson cobra millones de dólares por lo que se espera sea una noche de trabajo corta. Y vaya que fue corta. La campana suena. Tyson cruza el ring bala de gelatina. Sus ojos no enfocan. Está técnicamente de pie, pero funcionalmente derrotado.
Árbitro Coil explicó después que no pudo descalificar a Tyson porque la pelea ya había terminado oficialmente cuando él la detuvo. Los golpes de pura para la eventual pelea entre Tyson y Leis. Cuando se encontraron en la conferencia de prensa para anunciar su combate en 2002, Tyson literalmente mordió la pierna de Leis en medio de una trifula entre ambos equipos, generando otra batalla campal que fue transmitida en vivo por todo el mundo.
La pelea entre Tyson y Lewis finalmente se celebró en junio de 2002. Lewis ganó por Knockout en el octavo round, pero para llegar a ese combate el mundo tuvo que pasar por la noche de Glasgow. Número cinco, Acelino Popó Freitas versus Wanderley Silva. El knockout que dejó a una leyenda de mm a inconsciente fuera del ring.
Esta pelea es diferente a todas las demás en esta lista, no porque sea menos caótica, que lo es tanto o más, sino porque involucra a dos deportistas de mundos completamente distintos. Uno es leyenda del boxeo, el otro es leyenda de las artes marciales mixtas. Y cuando sus mundos colisionaron, el resultado fue una de las escenas más impactantes que el deporte de combate ha producido en años recientes.
Septiembre de 2025, San Paulo, Brasil, un espacio de eventos llamado Arca Spaces. El evento se llama Spat and Fight Night 2 y es transmitido por Red Globo, la cadena de televisión más grande de Brasil y una de las más grandes de América Latina. Millones de brasileños están viendo en vivo el evento principal enfrenta a Celino Popó Freitas contra Wanderley The Ax Murderer Silva en una pelea de boxeo con reglas modificadas.
No es una pelea profesional registrada, pero es un combate real entre dos figuras masivas del deporte brasileño. Popó Freitas es por lejos uno de los mejores boxeadores que Brasil ha producido jamás. Su récord profesional es de 41 victorias, solo dos derrotas con 34 knockouts. Fue campeón mundial en cuatro ocasiones, incluyendo títulos de la WBO y la WBA en peso ligero y super pluma.
A sus casi 50 años, Popó sigue siendo una celebridad enorme en Brasil con presencia constante en televisión y redes sociales. Wonderley Silva no necesita presentación para los fans de MMA. Es probablemente el peleador más violento y aterrador que Pride FC, la legendaria organización japonesa de MMA, haya producido jamás. Apodado The Ax Murderer, elino del hacha.
Silva construyó su leyenda destrozando rivales con una agresividad que parecía sacada de una película de terror. Es miembro del salón de la fama de UFC y un icono absoluto de las artes marciales mixtas. A sus años sigue siendo una figura reverenciada y temida. Pero hay un detalle crucial. Esta es una pelea de boxeo.
Solo puños, solo las reglas del boxeo. Y en el boxeo, Wanderley Silva no tiene ninguna ventaja sobre Popó Freitas. Es como llevar a un futbolista a jugar baloncesto contra un jugador de la NBA. Puede ser el mejor futbolista del mundo, pero en una cancha de basket está fuera de su elemento. Lo que sí tiene Wonderley es una ventaja de tamaño absurda. Pesó 93,8 kg en la báscula.
Popó pesó 73,6. Eso es una diferencia de más de 20 kg. Wonderley es significativamente más grande, más pesado, más fuerte físicamente. En teoría, eso debería compensar la enorme diferencia técnica. En la práctica no compensó absolutamente nada. Desde el primer round, Popó demostró por qué fue campeón mundial cuatro veces.
Su llave era un misil guiado que encontraba la cara de Wonderley, sin importar lo que este hiciera para evitarlo. Sus combinaciones eran fluidas, precisas, profesionales. Wanderley, por su parte, tiraba golpes amplios y descoordinados propios de alguien que ha pasado su carrera lanzando rodillazos y golpes de ground and pound, no jabs y crosses con técnica boxística.
Frustrado por ser completamente superado técnicamente, Wanderley empezó a recurrir a lo que conocía. La pelea sucia, empujones, agarres y sobre todo cabezazos. Cruzado dequilibrado de nuevo ajoel. Dos, tres cabezazos intencionales a lo largo de los primeros cuatro rounds. El árbitro advirtió, dedujo puntos, pero Wonderley seguía haciéndolo, probablemente porque en Pride FC, donde él se hizo leyenda, los cabezazos no eran necesariamente ilegales.
A la 1:34 del cuarto round, tras el tercer cabezazo intencional flagrante, el árbitro tomó la decisión inevitable. Descalificación. Wanderley Silva fue descalificado por faltas repetidas. Popó Freitas ganó la pelea y aquí es donde todo se fue al infierno. André Dida, el entrenador de Wanderley, no aceptó la descalificación, cruzó el ring y atacó directamente a Popó con puñetazos, un entrenador golpeando al boxeador rival.
Ambas esquinas invadieron el cuadrilátero, lo que había sido una pelea de boxeo se convirtió en una pelea callejera con 20 personas dentro del ring y entonces ocurrió el momento que nadie va a olvidar. Rafael Freitas, el hijo de Popó, estaba en el público vestido de smoking. Vio a su padre siendo atacado y corrió al ring.
No fue a separar, no fue a calmar, fue a proteger a su padre de la única manera que un Freitas sabe. Con los puños. Rafael corrió desde atrás y conectó a Wanderley Silva con dos puñetazos devastadores. El primero lo sacudió, el segundo lo apagó completamente. Wonderley the Ax Murderer Silva, una de las leyendas más temidas en la historia de las artes marciales mixtas.
Un hombre que ha peleado contra los guerreros más peligrosos del planeta durante tres décadas. cayó inconsciente en la lona del ring. Su cabeza impactó contra el suelo y se quedó ahí sin moverse mientras el caos continuaba a su alrededor. Las imágenes son escalofriantes. Un hombre de 49 años tendido inconsciente en la lona mientras personas pelean a su alrededor.
La red de globo que estaba transmitiendo en vivo para millones de hogares brasileños no podía cortar la señal lo suficientemente rápido. Wanderley fue traslad hospital Sao Luis con lesiones que estremecieron al mundo del deporte de combate. Ambos huesos orbitales fracturados, nariz rota en cuatro lugares, siete puntos de sutura junto al ojo izquierdo.
Popó, por su parte, se fracturó la mano durante la triful. Las consecuencias fueron serias. El Consejo Nacional de Boxeo de Brasil suspendió a Popó y a Wanderley por 180 días cada uno. André Dida, el entrenador que inició todo al atacar a Popó, fue suspendido por 365 días. Rafael Freitas, al no tener licencia de boxeo, no pudo ser suspendido por el consejo, pero fue vetado de asistir a futuros eventos.
El abogado de Wanderley Silva presentó una denuncia calificando el ataque de Rafael como tentativa de homicidio. Wanderley anunció que demandaría judicialmente al hijo de Popó por las lesiones sufridas. Y aquí hay un giro que solo Brasil puede producir. Poco después del incidente, una cadena de comida rápida aprovechó el escándalo mediático para filmar un comercial donde Popoo y Wanderley aparecían cenando juntos pacíficamente, pero Popoo después negó que existiera una tregua real entre ellos.
El comercial fue una ficción publicitaria. En la realidad, las demandas judiciales seguían su curso. Esta pelea representa algo que va más allá del boxeo. Es la colisión entre dos mundos del deporte de combate, entre dos egos enormes, entre dos legados que no podían coexistir pacíficamente, ni siquiera en un evento de exhibición.
Y el resultado fue un hombre inconsciente en un hospital con la cara destrozada. Todo porque la línea entre competición deportiva y violencia real es mucho más delgada de lo que cualquiera quiere admitir. Número cuatro, Mike Tyson versus Evander Hollyfield. Dos, la mordida que paralizó Las Vegas. Si me pidieras que nombre el momento más infame en la historia del boxeo, la respuesta es instantánea.
No hace falta pensarlo. No hay debate. Es la noche del 28 de junio de 1997. Es el MGM Grand Garden Arena en Las Vegas. Es Mike Tyson mordiendo la oreja de Evander Holyfield. Es The Bite Fight, la pelea de la mordida, el evento que trascendió el boxeo, que trascendió el deporte, que se convirtió en un momento cultural que incluso personas que jamás han visto un combate de boxeo en su vida conocen.
¿Te acuerdas cuando Tyson le mordió la oreja a Hollyfield? Es una pregunta que puede hacerse en cualquier país del mundo, en cualquier idioma, y la mayoría de la gente sabrá de qué estás hablando. Pero antes de la mordida hay una historia y esa historia es esencial para entender por qué pasó lo que pasó. En noviembre de 1996, 7 meses antes de esta pelea, Tyson y Holyfield se enfrentaron por primera vez. Tyson era el favorito abrumador.
Las casas de apuestas pagaban 25 a1 contra Hoollyfield. Nadie. Absolutamente nadie, excepto Hollyfield mismo, creía que el Real Deal tenía alguna posibilidad. Y lo que pasó esa noche sorprendió al mundo entero. Hollyfield no solo venció a Tyson, lo dominó, lo detuvo en el undécimo round para ganar el campeonato mundial de peso pesado de la doble VBA.
Fue una derrota devastadora para Tyson. No solo perdió el cinturón, perdió el aura de invencibilidad que había cultivado durante toda su carrera y lo que más le dolía, lo que verdaderamente lo enloquecía. era cómo lo había logrado Hollyfield. Evander había usado una táctica agresiva de cabezazos que, según Tyson, eran intencionales.
En varias ocasiones durante la primera pelea, las cabezas chocaron y Tyson sufrió corte. Tyson convencido de que Hollyfield usaba los cabezazos deliberadamente como arma y que el árbitro Mitch Halpern hizo nada para detenerlo. Esa convicción verdadera o no, fue el combustible para todo lo que ocurrió en la revancha.
La revancha generó una expectativa estratosférica. Tyson cobró 30,0000000 Hollyfield cobró 35,000000. El evento generó 180 millones en ingresos totales con casi 2 millones de compras en pay-per-view. Todo Las Vegas giró alrededor de esta pelea. Cada hotel estaba lleno, cada restaurante estaba reservado, cada casino estaba repleto de personas que viajaron desde todo el mundo para estar cerca del MGM Grand la noche de la pelea.
Y por segunda vez consecutiva, Hollyfield empezó dominando. Los dos primeros rounds fueron de Hollyfield. Su jab era más rápido, sus combinaciones más efectivas, su movimiento de cabeza superior. Tyson no podía encontrar el ritmo y en el segundo round lo que Tyson temía desde el principio sucedió. Un choque de cabezas abrió un corte profundo sobre su ojo derecho.
El árbitro de esta pelea, Mills Lane. Sí, otra vez Mills Lane. El hombre aparece en todas las peleas caóticas de los años 90. Dictaminó que el choque fue accidental. Tyson estaba furioso, sangrando, perdiendo, frustrado y convencido de que Hollyfield estaba usando los cabezazos como arma deliberada sin ninguna consecuencia. El primer round fue difícil, el segundo fue peor y cuando regresó a su esquina después del segundo round, la bomba de relojería emocional que era Mike Tyson estaba a punto de explotar.
Tercer round. Y aquí es donde algo extraño ocurre, algo que muchos analistas han interpretado como evidencia de premeditación. Cuando Tyson sale de su esquina para el tercer round, no lleva protector bucal, el protector bucal que todo boxeador debe usar por regla obligatoria. Tyson sale sin él. Mills Lane se da cuenta y lo manda de regreso a su esquina a colocárselo.
Es un detalle menor en el momento, pero en retrospectiva, muchos creen que Tyson se quitó el protector a propósito porque lo que estaba a punto de hacer requería tener la boca libre. El tercer round transcurre con la misma dinámica. Hollyfield avanzando, Tyson intentando contragolpear sin éxito y entonces llega el clinch.
Los dos peleadores se abrazan en el centro del ring, algo completamente normal en el boxeo pesado. Mills Lane se acerca para separarlos, pero antes de que Lane pueda intervenir, Mike Tyson inclina su cabeza hacia la oreja derecha de Evander Hollyfield y muerde. Es un mordisco leve, no es un rose de dientes. Mike Tyson arranca con sus dientes un trozo de cartílago de aproximadamente 1 cm de la oreja derecha de Hollyfield y lo escupe en la lona del ring.
Hollyfield salta, literalmente salta de dolor. Gira sobre sí mismo con las manos en la oreja sin poder creer lo que acaba de sentir. La sangre empieza a brotar inmediatamente. Los comentaristas de la transmisión no entienden qué está pasando. El público no entiende qué está pasando. Mills Lane no entiende qué está pasando.
Todo lo que ven es a Hollyfield dando saltos de dolor y a Tyson con la boca manchada de algo rojo. Lane detiene la acción. El médico del ring examina a Holyfield y entonces alguien en el equipo de producción de la transmisión ve la repetición y la comparte con los comentaristas y la reacción es de incredulidad total. Mike Tyson acaba de morder la oreja de Evander Hollyfield en una pelea por el campeonato mundial de peso pesado.
Lane consulta con el médico. El médico dice que Hollyfield puede continuar. Lane deduce dos puntos a Tyson y permite que la pelea siga. Dos puntos por arrancar un trozo de oreja con los dientes. La decisión de dejar continuar la pelea es, en retrospectiva, una de las más cuestionadas en la historia del arbitraje deportivo. La pelea se reanuda y segundos después Tyson lo hace de nuevo.
En otro clinch, Tyson muerde la oreja izquierda de Hollyfield. Esta vez no arranca cartílago, pero la mordida es clara y deliberada. Mills Lan toma la decisión que debió haber tomado minutos antes. Descalificación. Mike Tyson es descalificado al final del tercer round. Lo que sigue es caos a una escala que Las Vegas no había visto jamás.
Tyson enloquece completamente, carga contra la esquina de Hollyfield, lanzando golpes a cualquiera que se interponga. Policías de Las Vegas intentan contenerlo y reciben golpes de Tyson. Mientras es escoltado fuera del ring, un fanático le lanza una botella de agua. Tyson y su equipo saltan la barrera hacia las gradas haciendo gestos obsenos y amenazando al público.
Dentro del MGM Grand se dispara un rumor falso de que hubo disparos. Alguien grita, “¡Disparos!” Y se desata una estampida masiva. Mesas de blackjck son volcadas, fichas de casino vuelan por el aire, restaurantes cierran sus puertas con barricadas. El parque temático del hotel es evacuado. Personas corren por los pasillos sin saber de qué están huyendo y entonces ocurre algo que nunca había pasado antes y que no volvería a pasar hasta el COVID-19 en 2020.
El MGM Grand cierra sus puertas completamente. Un sábado por la noche en Las Vegas, el casino más grande del mundo detiene todas sus operaciones durante 2 horas. No se juega Blackjack, no se juegan las máquinas tragamonedas, no se juega ruleta, nada. El MGM Grand está cerrado porque Mike Tyson mordió la oreja de Evander Hollyfield.
Las consecuencias fueron históricas. La Comisión Atlética de Nevada revocó la licencia de boxeo de Tyson por unanimidad. Le impuso una multa de 3 millones que era el máximo legal permitido. El 10% de su bolsa de 30 m000ones. Su bolsa completa fue congelada. Tyson no peleó durante 15 meses hasta que fue reinstalado en octubre de 1998.
El trozo de oreja de Hollyfield fue encontrado esa noche en la lona del ring por un empleado del MGM y devuelto al equipo médico de Hollyfield. Los cirujanos intentaron reimplantarlo, pero no fue posible. Años después, en uno de los giros más improbables de la historia del deporte, Tyson y Holyfield se reconciliaron públicamente, se hicieron amigos y en 2022 lanzaron juntos un producto de cannabis comestible con forma de oreja llamado Holy Ears.
Sí, el hombre que mordió la oreja y el hombre cuya oreja fue mordida ahora venden juntos gomitas de cannabis con la forma de esa misma oreja. El mundo del boxeo no tiene sentido a veces, pero esa noche de junio de 1997, nada de eso era imaginable. Esa noche todo lo que existía era el horror de ver a un ser humano morder a otro en televisión mundial, el pánico de una estampida en un casino y la certeza de que se había presenciado algo que jamás debería haber ocurrido en un evento deportivo.
Número tres, John Rel Casimero versus Luis Lazarte, escondido bajo el ring durante una hora en Argentina. Lo que estás a punto de escuchar es tan absurdo, tan desquiciado, tan completamente fuera de toda lógica, que si no existiera video podría pasar por ficción, pero existe video y cada segundo de ese video es real.
Febrero de 2012, Mar del Plata, Argentina. Un club deportivo llamado 11 Unidos. Lo que está en juego es el campeonato interino de peso mosca ligero de la IBF, una de las divisiones más pequeñas del boxeo. No estamos hablando de pesos pesados con millones de dólares en bolsas. Estamos hablando de peleadores que pesan menos de 50 kg en un club deportivo de una ciudad turística argentina, peleando por un cinturón interino que la mayoría del mundo no sabe que existe.
Y sin embargo, lo que pasó esa noche fue tan grave que provocó una crisis diplomática entre dos naciones. El campeón local es Luis el mosquito lasarte, un argentino de 40 años con récord de 49 victorias, 10 derrotas y dos empates. arte es muchas cosas. Es un peleador duro, es un peleador experimentado, es un peleador que la gente de Mar del Plata adora, pero también es, sin lugar a dudas, uno de los peleadores más sucios en la historia moderna del boxeo.
Su expediente de faltas es legendario. Cabezazos intencionales, mordidas, golpes bajos, golpes después de la campana, amenazas a árbitros. ha hecho de todo y no solo lo ha hecho, se ha salido con la suya repetidamente porque peleas en Argentina, donde las comisiones locales son, digamos, flexibles con las sanciones a peleadores locales populares.
Su retador es John Riel Casimero, un filipino de 22 años con récord de 15 victorias y dos derrotas. Casimero es joven, talentoso, con una pegada impresionante para su tamaño, pero llega a esta pelea con el corazón roto en pedazos. Días antes del combate, su hermano menor Gerald, de solo 17 años, murió de neumonía en Filipinas.
Casimero quiso cancelar la pelea para volver a casa al funeral de su hermano. Su equipo lo convenció de quedarse argumentando que ganar el título sería la mejor manera de honrar la memoria de Gerald. Así que Casimero viaja a Argentina, un país que queda literalmente al otro lado del mundo de Filipinas para pelear contra un hombre conocido por su suciedad en el ring, en la ciudad natal de ese hombre.
frente a una multitud completamente hostil cargando el dolor de la muerte de su hermano. Si piensas que suena como el principio de una película, espera a escuchar el resto. La pelea comienza y rápidamente queda claro que la reputación de la arte es completamente merecida. Desde los primeros rounds, la arte utiliza todas las tácticas sucias imaginables, cabezazos, codazo, golpes después de la separación del árbitro, agarres constantes.
Muest con el clima, digo, con el clima que hay en el estadio, con lo que propone la Pero lo más impactante ocurre en el sexto round, la muerde a Casimero en el cuello. No un mordisco accidental durante un clinch, una mordida deliberada, visible en el cuello del peleador filipino. El árbitro Eddie Claudio, un oficial puertorriqueño designado por la IBF para garantizar imparcialidad, ve la mordida y deduce un punto a la Y aquí es donde la situación pasa de mala a terrorífica.
Laarte se quita el protector bucal de la boca, mira directamente a la cámara, mira directamente al árbitro y dice en español con total claridad, “¿Querés salir vivo de acá?” Leíste bien. Un boxeador profesional en medio de una pelea por un título mundial amenazó de al árbitro. En cámara, frente a miles de testigos, Claudio para su enorme crédito no cede, no detiene la pelea por miedo, no favorece al local, continúa arbitrando con profesionalismo, pero ahora sabe que está en territorio peligroso, no solo deportivamente, sino
físicamente. En el séptimo round, botellas de agua y vasos empiezan a llover sobre la esquina de Casimero, lanzadas desde las gradas. Los fanáticos argentinos, muchos de ellos identificados con banderas del sindicato de camioneros local, no esperan al resultado de la pelea para empezar la hostilidad.
Están lanzando objetos contra el equipo filipino durante la pelea. En el octavo round, Laarte muerde otra vez, esta vez en el hombro de Casimero. Otra deducción de punto. Más amenazas, más botellas volando. El ambiente dentro del Club 11 Unidos es de una hostilidad que trasciende todo lo que el boxeo debería ser. Y entonces Casimero hace lo que había venido a hacer, pelear.
En el noveno round, con toda la rabia acumulada, con el dolor por su hermano, con la furia por las mordidas y las faltas y las botellas y las amenazas, Casimero suelta las manos. Una combinación perfecta tumba a las artes. No, no, no hay de nivel. Ya con la derecha Casimero. Atención izquierda de Casimero. Se levanta.
Otra combinación lo vuelve a derribar. Se levanta otra vez en el décimo round. Una tercera caída y el árbitro, Claudio finalmente detiene la pelea. Casimero gana por knockout técnico. Es el nuevo campeón interino de peso mosca ligero de la IBF, lo que debería ser un momento de celebración. Se convierte instantáneamente en una pesadilla.
Cientos de fanáticos argentinos invaden el ring. No decenas, cientos. Como una oleada humana que derriba las barreras y sube al cuadrilátero desde todos los ángulos. El hijo de laarte, de 22 años patea a Casimero dentro del ring. El árbitro, Claudio recibe golpes en la cara que le abren el labio y requieren puntos de sutura.
Shang Gibons, un cornerman estadounidense del equipo filipino, recibe golpes que le fracturan una costilla. El entrenador Pin Ping Tepora es golpeado por múltiples personas. Incluso policías que intentan intervenir son agredidos. Y aquí viene la parte más increíble de toda esta historia. En medio del caos absoluto, con cientos de personas peleándose dentro y alrededor del ring, el árbitro Claudio logra sacar a Casimero del cuadrilátero.
Un amigo filipino que estaba en el evento tiene una idea desesperada. esconder a Casimero debajo de la plataforma del ring. El campeón interino de peso mosca ligero de la IBF, un hombre que acaba de ganar una pelea por el campeonato mundial, un boxeador profesional que a pesar de las mordidas, las faltas, las botellas y las amenazas, venció al peleador local en su propia casa.
está escondido debajo del ring y ahí se queda durante aproximadamente una hora. Una hora escondido bajo la plataforma del ring en la oscuridad, escuchando los gritos y los golpes y el caos que ocurre sobre su cabeza, sin saber si los agresores lo están buscando, sin saber si la policía tiene el control de la situación, sin saber si va a salir vivo de ese club deportivo en Mar del Plata, Casimero declaró después tenía mucho miedo, especialmente cuando la policía se asomó bajo el ring.
No sabía si eran policías de verdad o personas disfrazadas que me buscaban para golpearme. Finalmente, después de una hora, la seguridad logró evacuar a Casimero del recinto y trasladarlo a su hotel bajo escolta policial. Las consecuencias de esta noche fueron extraordinarias y trascendieron completamente el ámbito deportivo.
La IBF impuso una prohibición de por vida a Luis Lazarte, basándose principalmente en su amenaza de muerte al árbitro. Es una de las sanciones más severas que un organismo rector del boxeo ha impuesto jamás. Pero la respuesta de Argentina fue quizás lo más indignante de todo. Osvaldo Bisval, presidente de la Federación Argentina de Boxeo, respondió a la sanción de la IBF con una declaración que dejó Boqui abierto al mundo del boxeo.
Nos reímos de las sanciones de las organizaciones internacionales. No condenó la violencia, no se disculpó, no sancionó a nadie localmente, se rió. El asunto escaló a nivel diplomático. La cancillería de Filipinas presentó una protesta diplomática formal ante el gobierno de Argentina. El Senado filipino aprobó una moción de condena por el ataque contra ciudadanos filipinos en suelo argentino.
Senadores filipinos pidieron que el embajador argentino en Manila diera explicaciones. Piénsalo, un combate de boxeo en un club deportivo de Mar del Plata por un cinturón interino en una de las divisiones más pequeñas del boxeo mundial provocó una crisis diplomática entre dos naciones separadas por miles de kilómetros.
No fue una guerra, no fue un incidente político, fue una pelea de boxeo donde un peleador mordió a otro, amenazó al árbitro y cuyos fanáticos atacaron al ganador hasta obligarlo a esconderse bajo el ring durante una hora. ESPN calificó este incidente como el peor motín boxístico desde Bow contra Golota.
Ybow contra Golota es el número dos de nuestra lista, así que imagínate lo que viene. Número dos, Ridck Bow versus Andrew Golota 1. Guerra civil en el Madison Square Garden. El Madison Square Garden. No hay recinto más icónico en la historia del boxeo. Es la meca del boxeo. Entre esas paredes se han peleado combates que definieron eras Joe Lewis, Sugar Ray Robinson, Muhammad Ali, Joe Fraser.
El Garden ha visto de todo, o eso creían todos hasta la noche del 11 de julio de 1996. Porque esa noche el Madison Square Garden fue testigo de algo que jamás había ocurrido dentro de sus paredes. Un motín a gran escala que duró 22 minutos, que dejó 16 personas arrestadas y 22 heridas y que obligó al alcalde de Nueva York a refugiarse en un vestidor.
Vamos por partes. Ridick Bow es un excampeón indiscutido de peso pesado. Eso significa que en algún momento tuvo los cuatro cinturones principales al mismo tiempo. Solo un puñado de peleadores en la historia lo han logrado. Bow es enorme, 196 cm de estatura con manos pesadas y una pegada devastadora. En su mejor momento fue uno de los mejores pesos pesados del mundo, pero para 1996, Bow está en su mejor momento.
Tiene un récord impresionante de 38 victorias y solo una derrota, pero llega a esta pelea con 252 libras. Su peso más alto hasta la fecha, está fuera de forma, desmotivado y subestimando completamente a su rival. en una conferencia de prensa declaró, “¿Cómo entrenas para un boom?” Ese comentario va a envejecer muy mal.
Su rival es Andrew Golota, un polaco de 28 años con récord perfecto de 28 victorias y cero derrotas. Golota fue medalla de bronce olímpica para Polonia. Es un peleador enorme, casi tan grande como Bow, con una potencia impresionante y una técnica amateur sólida. Pero Golota también carga con una reputación problemática.
es conocido como un peleador sucio. En 1995 mordió a un rival llamado Samson Pouha durante una pelea. Tiene fama de perder el control, de recurrir a faltas cuando se siente presionado, de autodestruirse en los momentos más importantes. La pelea se programa como un escalón hacia una super pelea entre Bow y Lenox Lewis, el campeón lineal de peso pesado.
Todo el mundo asume que Bow va a pasar por encima de Golota sin problemas. Es una pelea de trámite. Nada puede salir mal. Todo salió mal. Desde la primera campana queda claro que Bow cometió un error monumental al subestimar a Golota. El polaco es más rápido, más activo, más preciso.
Suva aterriza a voluntad en la cara de un bow lento, pesado, falto de reflejos. Las combinaciones de golota encuentran huecos en la guardia del excampeón con una facilidad preocupante. Si la pelea fuera solo sobre boxeo, Golota estaría caminando hacia la victoria más importante de su carrera. Pero la pelea no es solo boxeo, porque Andrew Golota no puede evitar ser Andrew Golota.
En el segundo round, Golota lanza el primer golpe bajo, un puñetazo que aterriza claramente debajo del cinturón de Bow. El árbitro Wayne Kelly advierte, Golota continúa dominando con su jab, pero en el cuarto round otro golpe bajo, Kelly deduce un punto. Golota sigue dominando. En el sexto round, un golpe bajo devastador derriba a Bow.
El excampeón se retuerce de dolor en la lona agarrándose la ingle con ambas manos. Kelly deduce otro punto y emite una advertencia final. Aquí hay algo que es crucial entender. A pesar de las tres deducciones de puntos, Golota todavía lidera las tres tarjetas de los jueces. Las puntuaciones son 67 a 65, 67 a 65 y 67 a 66.
Todas a favor del polaco, incluso tirando puntos a la basura con cada falta. Golota está ganando la pelea porque su dominio técnico es así de abrumador. Si simplemente dejara de tirar golpes bajos, ganaría una decisión cómoda. Pero Golota no puede dejar de tirar golpes bajos. Es como un tic nervioso, como un impulso que no puede controlar.
Y a falta de 37 segundos del séptimo round, con la pelea prácticamente ganada, Golota lanza su sexto golpe bajo de la noche. Wayne Kelly no tiene opción, lo ha advertido, le ha deducido puntos. le ha dado una última oportunidad y Golota ha respondido con otro golpe bajo. Kelly levanta los brazos y señala la descalificación.
Andrew Uolota, que estaba ganando la pelea cómodamente, es descalificado por golpes bajos repetidos. Lo que ocurre en los siguientes 22 minutos es la peor batalla campal en la historia del Madison Square Garden. El primero en actuar es Rock Newman, el manager de ridic bow. Newman salta al ring incluso antes de que Kelly termine de señalar la descalificación.
No va a celebrar, va a confrontar. Su lenguaje corporal es agresivo, provocador. Entonces Brook Sr., un miembro del equipo de Bow, empuja a Golota por la espalda. El polaco se da vuelta confundido, sin saber quién lo empujó ni por qué. Y antes de que pueda reaccionar, un hombre de 22 años llamado Jason Harris cruza el ring corriendo desde el lado opuesto.
Harris lleva en la mano un radio de comunicaciones de dos vías, un walkietoki pesado de plástico y metal. Y con ese radio golpea a Andrew Golota en la nuca. El impacto es brutal. Golota se tambalea. La sangre empieza a brotar inmediatamente de una herida en la parte posterior de su cabeza que después requerirá 11 puntos de su tura.
Golota no sabe qué está pasando. No está en una pelea de boxeo. Está siendo agredido por personas que invadieron el ring. Luduba, el entrenador de 74 años de golota. Sí, el mismo Luduba de la pelea de pacienza contra Mayweather. Este hombre tiene un talento especial para estar en el centro de los desastres. Intenta proteger a su peleador, pero Duba tiene un desfibrilador implantado en el pecho por una condición cardíaca.
En medio del estrés y la agresión, el desfibrilador se activa. Duba sufre dolor torácico severo y se desploma. Tiene que ser sacado del ring en camilla y es trasladado al hospital en ambulancia. Y mientras todo esto ocurre dentro del cuadrilátero, la violencia se esparce por todo el Madison Square Garden como un incendio.
Los fanáticos polacos que habían viajado en grandes números para apoyar a Gola, y los seguidores de Bow, mayoritariamente afroamericanos del área metropolitana de Nueva York, se enfrentan en las gradas, en los pasillos, en las escaleras. Sillas vuelan por el aire, barreras metálicas son arrancadas y usadas como armas. Un joven en silla de ruedas es pisoteado por la multitud que huye.
Personas con camisas empapadas en sangre corren hacia las salidas. George Forman, el excampeón mundial que esa noche trabaja como analista para hatchb o se baja de la mesa de comentaristas e intenta calmar a los agresores usando su autoridad como leyenda del boxeo. No funciona. Jim Lampley, el narrador principal de HBO, declara en vivo con la voz temblando.
En 21 años de periodismo, jamás he vivido una situación más aterradora. Y aquí viene el detalle más surrealista de la noche. Rudolf Giuliani, el alcalde de la ciudad de Nueva York, está en el Madison Square Garden. Giuliani llegó para ver la pelea, pero cuando el motín estalla, el alcalde de la ciudad más importante del mundo tiene que ser escoltado por su seguridad personal hasta el vestidor de Andrew Golota, donde se refugia hasta que la policía controla la situación.
el alcalde de Nueva York escondido en un vestidor. Porque una pelea de boxeo se convirtió en una zona de guerra. Los números finales de la noche son escalofriantes. 16 personas arrestadas, 22 personas heridas y atendidas médicamente, incontables más con heridas menores que no buscaron atención médica. Las consecuencias fueron enormes.
Spencer Promotions, la promotora de Bow, fue multada con $250,000, una cifra sin precedentes en el boxeo para esa época. Rock Newman fue suspendido durante un año. Jason Harris, el hombre que golpeó a Golota con el radio, fue declarado culpable de agresión. Andrew Golota demandó por 5 millones de dólares a los responsables de su agresión.
La pelea prevista entre Bow y Lenox Lewis fue cancelada definitivamente. Eddie Foch, el legendario entrenador de Bow, que en su carrera había trabajado con Joe Fraser y Larry Holmes, abandonó el equipo de Bow avergonzado por lo que había presenciado. Ring Magazine, la publicación más prestigiosa del boxeo, nombró el motín evento del año de 1996.
Y lo más absurdo de todo es que hubo una revancha. Bau y Golvieron a pelear 5 meses después en Atlantic City y pasó exactamente lo mismo. Golota dominó, Golota tiró golpes bajos, Golota fue descalificado y se desató otra batalla campal, aunque menos violenta que la del Garden. Dos peleas, mismo resultado, mismo caos.
Andrew Golota se ganó para siempre el apodo de The Foul Paul, el poste de las faltas. El hombre que dos veces tuvo la victoria en la mano y dos veces la tiró a la basura con golpes bajos que desataron motines. Pero con todo lo caótico, con todo lo violento, con todo lo absurdo que fue Bow contra Gol en el Madison Square Garden, no es la número uno de esta lista, porque hay una pelea, una sola pelea, donde lo que pasó después del combate fue tan oscuro, tan perturbador, tan fuera de toda proporción, que pertenece a una categoría completamente diferente de
horror. Número uno, James Butler versus Richard Grant. El puñetazo benéfico que terminó en hace. Te dije al principio de este video que la número uno era tan perturbadora que no me ibas a creer si te la contaba de entrada. Y espero que hayas llegado hasta aquí porque lo que estás a punto de escuchar no es solo la pelea más caótica de esta lista, es una de las historias más oscuras que el boxeo haya producido jamás.
Una historia que empezó con un acto de caridad después de una tragedia nacional y terminó con un asesinato a sangre fría. Vamos a viajar al 23 de noviembre de 2001. Estamos en el Roseland Ballroom de Manhattan, Nueva York. Y la fecha es importante. Estamos a apenas 10 semanas del 11 de septiembre. Las Torres Gemelas cayeron hace 2 meses y medio.
Nueva York todavía está de luto. Los escombros todavía se están retirando del ground Zero. El olor a cenizas todavía flota en el aire del bajo Manhattan. En ese contexto de dolor nacional se organiza una velada de boxeo benéfica para recaudar fondos para el Twin Towers Fund. Un fondo creado para ayudar a las familias de policías y bomberos que murieron en los ataques.
Es un evento noble, nacido de las mejores intenciones. 500 boletos son regalados a socorristas, a policías, a bomberos, a los hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas el 11 de septiembre y en los días y semanas posteriores. El público está lleno de héroes. En la pelea estelar de la velada, James de Harlem Hammer Butler enfrenta a Richard Grant.
Butler tiene un récord de 18 victorias y dos derrotas. Es un peso mediano de Harlem, un tipo alto y fuerte con buena pegada. Grant tiene un récord más modesto de 13 victorias y ocho derrotas. Pero hay un detalle importante. Grant ya le ganó a Butler en 1997 por decisión. Esta es la revancha y el programa impreso del evento indica que Butler ha prometido donar su bolsa de $10,000 al fondo benéfico.
La pelea transcurre durante 10 rounds completos sin mayor incidente. No es un combate memorable, no hay knockdowns, no hay momentos dramáticos, no hay controversias arbitrales. Es una pelea de boxeo normal entre dos peleadores de nivel medio. Final de los 10 asaltos, los jueces dan su veredicto.
Richard Grant gana por decisión unánime. Butler pierde por segunda vez contra el mismo hombre. Y aquí es donde todo cambia. Después de que se anuncia la decisión, ambos peleadores están en el ring. Es el momento en el que por tradición deportiva los dos boxeadores se acercan y se dan la mano o se abrazan. Es un gesto de respeto, de reconocimiento de que acaban de compartir algo que muy pocas personas en el mundo experimentan.
10 rounds de combate físico bajo las reglas del boxeo. Grant cruza el ring hacia Butler, extiende la mano. Es un gesto sincero, deportivo, noble. Un hombre que acaba de ganar una pelea de boxeo en un evento benéfico, rodeado de policías y bomberos que sobrevivieron al peor ataque terrorista en la historia de Estados Unidos, quiere darle la mano a su rival.
Pero antes de que la mano de Grant llegue a la de Butler, algo ocurre que nadie en ese recinto esperaba. Butler pide que le quiten los guantes, es un acto inusual. Normalmente los boxeadores se quitan los guantes en el vestidor, no en el ring. Pero Butler insiste, le quitan los guantes, sus manos desnudas quedan libres. Y entonces, cuando Richard Grant llega frente a él con la mano extendida en un gesto de paz, James Butler le descarga un derechazo brutal a puño limpio en la mandíbula.
No es un empujón, no es una bofetada, es un puñetazo completo con toda la fuerza de un boxeador profesional, con la mano desnuda contra un hombre que no esperaba ser golpeado, que no tenía la guardia arriba, que estaba en medio de un gesto deportivo de respeto mutuo. Richard Grant cae desplomado al piso del ring. Sangre brota de su boca inmediatamente.
Su mandíbula está dislocada. Su lengua está lacerada de una manera que requiere 26 puntos de sutura para cerrar la herida. Un hombre que hace 30 segundos estaba celebrando una victoria legítima. Ahora está tirado en la lona, sangrando por la boca porque su rival acaba de lanzar un puñetazo a traición.
El golpe es transmitido en vivo por ESPN2. Millones de personas ven lo que acaba de pasar y la reacción es de horror universal. Teddy Atlas, el legendario entrenador y comentarista de boxeo que está narrando el evento para SCPN explota en antena con la voz cargada de furia e indignación. Atlas grita pidiendo que arresten a Butler inmediatamente.
Eso es una agresión criminal. Arréstelo. Arréstelo ahora mismo. Atlas, que ha visto de todo en décadas de boxeo, que ha estado en esquinas con Mike Tyson, que ha trabajado con los peleadores más difíciles del mundo, está visiblemente consternado por lo que acaba de presenciar. Y aquí hay un detalle que hace esta situación aún más increíble.
Recuerda quién está en el público. 500 policías y bomberos de Nueva York. El evento fue organizado para ellos. fueron invitados de honor. Así que cuando Teddy Atlas grita, “Arréstel!” Hay literalmente cientos de oficiales de policía entre la audiencia. James Butler es arrestado prácticamente en el acto. No tiene que esperar a que llegue la policía. La policía ya está ahí.
Es acusado de agresión en segundo grado. El proceso judicial es relativamente rápido. Butler es declarado culpable y condenado a 4 meses en Rikers Island, la infame cárcel de Nueva York. La Comisión Atlética del Estado de Nueva York lo suspende indefinidamente del boxeo. Richard Grant se recupera de sus heridas físicas, pero la experiencia lo marca para siempre.
Su mandíbula sana, los puntos de sutura se retiran, pero la imagen de ser golpeado a traición por un rival al que le estaba ofreciendo un apretón de manos es algo que ningún deportista debería tener que procesar. Ahora, si la historia terminara aquí, ya sería suficientemente terrible para justificar el primer puesto de esta lista.
Un puñetazo cobarde a traición en un evento benéfico para víctimas del 11 de septiembre, transmitido en vivo por televisión nacional, seguido de arresto, condena y encarcelamiento. Es terrible, es indignante, es una de las peores cosas que han ocurrido en un ring de boxeo. Pero la historia no termina aquí y lo que viene después es infinitamente peor.
James Butler sale de Rikers Island después de cumplir su condena de 4 meses. intenta volver al boxeo. Pelea un par de veces en 2004 sin mayor éxito. Su carrera está esencialmente terminada. Nadie quiere trabajar con él. Ningún promotor respetable lo contrata, ningún peleador serio acepta enfrentarlo. Butler es un paria en el mundo del boxeo.
Y entonces, el 12 de octubre de 2004 ocurre lo impensable. Sam Kellerman es un escritor deportivo de 29 años que vive en Hollywood, California. es el hermano menor de Max Kellerman, uno de los comentaristas de boxeo más reconocidos de Estados Unidos, que años después se convertiría en presentador de ESPN y copresentador del programa de Stephen Smith.
Sam es un joven brillante, apasionado por el boxeo, que está construyendo su propia carrera en el periodismo deportivo y Sam Kellerman comete un error fatal. Le ofrece amistad y hospedaje a James Butler. Según múltiples reportes, Kellerman, movido por compasión, permite que Butler se quede en su apartamento mientras Butler intenta reconstruir su vida después de la cárcel y el colapso de su carrera boxística.
Es un gesto generoso, empático, humano, el tipo de cosa que una buena persona hace por alguien que está pasando por un mal momento. James Butler agradece esa generosidad de la peor manera imaginable. El 12 de octubre de 2004, Butler golpea fatalmente a Sam Kellerman con un martillo dentro del apartamento que Kellerman había compartido con él.
Después deo, Butler prende fuego al apartamento para intentar ocultar las evidencias. Sam Kellerman muere a los 29 años, víctima de un hombre al que había intentado ayudar. Butler es capturado, juzgado y declarado culpable de homicidio voluntario e incendio premeditado. Es condenado a 29 años y 4 meses de prisión.
29 años por un crimen que comenzó en cierto sentido en un ring de boxeo. Porque cuando miras la línea temporal de James Butler, cuando conectas los puntos desde el puñetazo cobarde contra Richard Grant hasta la muerte de Sam Kellerman, ves un patrón de violencia descontrolada que escaló progresivamente. El puñetazo en el Roseland Ballroom no fue un acto aislado, fue una señal de alarma que nadie supo leer.
era la evidencia de un hombre capaz de violencia extrema fuera de las reglas, fuera del control, fuera de cualquier marco racional. Y eso es lo que hace que esta historia sea la número uno de esta lista. No es la batalla campal más grande, no hubo motín masivo, no hubo cientos de personas peleándose en las gradas.
Lo que hubo fue algo peor, un acto de violencia cobarde y premeditada que reveló la naturaleza real de un hombre y que 3 años después se manifestó en su forma más extrema y definitiva con la muerte de un inocente. Max Kellerman, el hermano de Sam, ha hablado públicamente sobre la muerte de su hermano en contadas ocasiones.
Es un dolor que no se supera, no se procesa, no se archiva en algún cajón mental y se sigue adelante. Es un dolor que vive permanentemente con él. Y cada vez que alguien ve el video de James Butler lanzando ese puñetazo cobarde contra Richard Grant, debería recordar que ese no fue el final de la historia, fue el comienzo.
10 peleas, 10 noches donde el boxeo dejó de ser un deporte y se convirtió en algo completamente distinto. Desde un campeón mundial que cayó fuera del ring por un empujón del árbitro hasta un boxeador que terminó cometiendo un asesinato, hemos recorrido el espectro completo de lo que puede salir mal cuando la violencia reglamentada pierde sus reglas.

Pero hay algo que une a todas estas historias. Un hilo que conecta al Madison Square Garden con un club deportivo en Mar del Plata que conecta a Caesars Palace con el La fragilidad de las reglas, la fragilidad de la línea que se para al boxeo de la violencia sin sentido. Si llegaste hasta aquí, te agradezco que hayas visto todo el video.
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