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10 PELEAS que Terminaron en BATALLAS CAMPALES | Se Salieron de Control

 Pero esto no es solo un compilado de golpes y disturbios. Cada una de estas historias tiene un contexto, tiene una razón, tiene consecuencias que cambiaron vidas para siempre. Y te lo digo desde ahora. La número uno es tan perturbadora, tan increíble, que si te la cuento ahorita mismo no me vas a creer. Así que quédate hasta el final porque lo que vas a escuchar te va a dejar con la boca abierta. Empezamos.

 Número 10, Bernard Hopkins, versus Robert Allen 1. El campeón que salió volando del ring. Estamos en Las Vegas, es agosto de 1998 y en el Las Vegas, Hilton se va a pelear por el campeonato mundial de peso mediano de la IBF. El campeón es Bernard Hopkins, un hombre que no le cae bien a nadie y al que no le importa caerle bien a nadie.

 Hopkins tiene un récord de 34 victorias, dos derrotas y un empate y está haciendo su octava defensa del título. Es un peleador cerebral, calculador, el tipo de boxeador que te estudia, te frustra y cuando menos te lo esperas te apaga las luces. Pero también es un peleador que genera cero emoción en el público. Las entradas no se venden, los ratings son mediocres, la división de peso mediano está casi muerta comercialmente y mucha gente culpa directamente a Hopkins. Por eso.

Su retador obligatorio es Robert Allen, un tipo de Philadelphia con récord de 22 victorias y dos derrotas que viene con una actitud completamente diferente. Allen es Boca. Allen es Show. Allen es el tipo que se para en una conferencia de prensa y grita frente a las cámaras. Te voy a partir el trasero, Bernard.

 La gente ya ni habla de la división de peso mediano por tu culpa. Eres aburrido. Nadie quiere verte pelear. Y Hopkins, que es cualquier cosa menos una persona que se deja provocar sin responder, le contesta con una frialdad que solo él tiene. Te vi renunciar contra Barbosa. Si no quieres salir lastimado, renuncia ahorita.

 La tensión entre estos dos es genuina, no es una promoción fabricada. Se odian y el público lo sabe. Así que cuando suena la primera campana, todos esperan fuegos artificiales. Pero lo que obtienen es algo completamente diferente. La pelea es un desastre técnico, no en el sentido de que los dos peleen mal, sino en el sentido de que nadie deja pelear.

 Cada intercambio de golpes termina en un clinch. Cada clinch se convierte en un forcejeo interminable. Es como ver a dos luchadores de Greco-romana que por accidente terminaron en un ring de boxeo. El árbitro de la pelea es nada menos que Mills Lane, uno de los referís más respetados del mundo, el mismo que arbitró peleas históricas.

 Y ni siquiera Mills Lane puede controlar esto. Separa a Hopkins y Allen una y otra y otra vez, pero cada vez que lo suelta se vuelven a agarrar. Y entonces llega el cuarto round y aquí es donde todo se descarrila. Mills Lane separa a los peleadores de otro clinch, los empuja hacia atrás con fuerza para crear espacio y lo que pasa a continuación nadie se lo esperaba.

Hopkins, al ser empujado, pierde el equilibrio. Sus pies se enredan y en lugar de recuperarse, Bernard Hopkins, el campeón mundial de peso mediano de la IBF, sale volando a través de las cuerdas del ring, no se cae dentro del cuadrilátero, no se resbala y se apoya en las cuerdas. Sale disparado hacia afuera y aterriza directamente sobre los espectadores de primera fila.

 El público enloquece. No saben si fue un empujón intencional, un accidente, una falta. Lo que sí saben es que el campeón mundial está tirado entre las sillas del público con una expresión de dolor genuino en la cara. Su tobillo izquierdo se dobló al caer y se inflamó al doble de su tamaño normal.

 La rodilla también está comprometida. Mills Lane se asoma por las cuerdas. El médico del ring baja a examinar a Hopkins y la pelea se detiene. Pero, ¿cómo la registras? Si Hopkins fue noqueado, Alen gana por knockout. Si fue una falta de Allen, Hopkins gana por descalificación. Si fue un accidente, se declara no contest y aquí es donde empieza el circo fuera del ring.

 Allen está convencido de que Hopkins está fingiendo. Se acerca al borde del cuadrilátero y grita, “¡Se tiró, está actuando, puede seguir peleando!” El equipo de Hopkins responde con insultos. Los fanáticos de ambos bandos empiezan a gritarse. “La tensión en Las Vegas Hilton es palpable. Hay empujones en los pasillos, hay gritos entre las esquinas.

 Los oficiales de la Comisión Atlética tienen que formar una barrera humana para que las dos esquinas no se agarren a golpes. Finalmente, la decisión llega. La pelea es declarada. No contest. Nadie gana. Nadie pierde. El resultado no aparece en el récord de ninguno de los dos. Robert Allen sale furioso del recinto gritando que le robaron su oportunidad.

 Hopkins es traslad hospital para evaluar su tobillo y la IBF, sin saber qué hacer con esta situación tan bizarra, ordena una revancha inmediata. Esa revancha se pelea 6 meses después en Washington DC y esta vez no hay ambigüedades. Hopkins domina absolutamente, tumba a Allen dos veces y gana por knockout técnico en el séptimo round pelean una tercera vez en 2004 y Hopkins vuelve a ganar por decisión.

 Pero el momento que queda grabado en la memoria del boxeo es ese, el campeón mundial de peso mediano saliendo disparado por las cuerdas como si fuera un muñeco de trapo aterrizando sobre los espectadores. Y una pelea que se convierte en un circo donde nadie sabe quién tiene la culpa, quién ganó, quién perdió ni qué acaba de pasar.

 Y eso que fue la pelea más tranquila de esta lista, porque lo que viene ahora es mucho, mucho peor. Número nueve, Vin Pacienza versus Dana Rosenblat 1. El knockout al árbitro. Hay peleas que generan odio fabricado. Los promotores crean una rivalidad. Los peleadores dicen cosas en conferencia de prensa que no sienten y todo el mundo sabe que es un show.

 Pero hay otras peleas donde el odio es real, donde los peleadores genuinamente no se soportan, donde no hay cámaras que apagar para que todo vuelva a la normalidad. La pelea entre Vin Pacienza y Dana Rosenblat es de esas peleas. Estamos en agosto de 1996. El lugar es el Atlantic City Convention Center en Nueva Jersey y lo que está en juego es el título de peso supermediano de la WBU que está vacante.

 No es el cinturón más prestigioso del mundo, pero para estos dos peleadores es todo. Vin Pacienza es una leyenda. No necesariamente la leyenda más talentosa o la más dominante, sino la leyenda más indestructible del boxeo. Este hombre, nacido en Rode Island de familia italoamericana, tiene un récord de 40 victorias y seis derrotas.

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