Porque Alito Moreno no se fue a los golpes porque perdió los estribos, se fue a los golpes porque llevaba semanas acumulando una presión que no sabe manejar de otra manera. Agosto de 2025, el proceso de desafuero de Alito Moreno estaba en plena actividad. La sección instructora de la Cámara de Diputados tenía el expediente abierto.
Los exfuncionarios de su gobierno en Campeche ya estaban procesados. Las noticias de sus propiedades, de sus terrenos, de los presuntos desvíos de más de 83 millones de pesos seguían circulando. Y en ese contexto de presión máxima, Alito llegó al Senado a una sesión de la Comisión Permanente donde el tema del día era la llamada supremacía constitucional.

El debate estaba caliente. Noroña, como presidente de la mesa directiva del Senado, estaba conduciendo la sesión y cuando terminó la votación formal, cuando el himno nacional empezó a sonar marcando el cierre de la sesión, algo ocurrió que ningún mexicano que haya visto los videos puede olvidar. Alito Moreno se acercó a Noroña.
Las versiones de lo que desencadenó el primer contacto físico son distintas según a quien le preguntes. Pero lo que los videos documentan con una claridad que no admite interpretación es lo que vino después. empujones, golpes y después la imagen más brutal de todo el episodio. El camarógrafo de Noroña, un trabajador que estaba haciendo su trabajo con su cámara en el piso con Alito Moreno encima golpeándolo.
Un trabajador en el piso golpeado por el presidente del PRI mientras sonaba el himno nacional de México. Eso no es una pelea política, eso no es un debate acalorado que se salió de control, eso es violencia física contra un trabajador en el recinto legislativo más importante del país. Y eso, en términos jurídicos, tiene un nombre muy específico y consecuencias muy concretas.
Pero antes de entrar en los cargos penales, quiero que dimensionen algo que me parece fundamental, porque la agresión no ocurrió en el vacío, ocurrió en el contexto de algo que Noroña había dicho en esa misma sesión que encendió Alito como un fósforo. Noroña había mencionado en el marco del debate político el tema de los presuntos nexos de algunos líderes de oposición con el crimen organizado, no con nombre y apellido, no con acusaciones específicas, pero en el contexto en que estaban con el expediente de alito abierto, con las
investigaciones activas, con el ambiente político de ese momento, el mensaje era claro para todos los que estaban en la sala. Y Alito respondió con los puños, “Porque cuando no tienes argumentos, cuando los expedientes te persiguen, cuando la narrativa de la persecución política ya no convence ni a los tuyos, la respuesta del porrismo histórico del PRI siempre fue la misma, la violencia física.
” Shanba lo dijo al día siguiente en su conferencia matutina con una claridad que dejó sin palabras a la oposición. Lo que ocurrió ayer pues muestra la verdad lo que es el PRIAN. La imagen le trajo a la memoria algo de su propia historia, que cuando era estudiante universitaria y activista en la UNAM, grupos de porros de la Facultad de Derecho agredieron a su hermano sin motivo por pura demostración de fuerza, por intimidación y que al ver los videos del Senado vio exactamente lo mismo, la misma lógica, el mismo método, los mismos porros, con 30 años más y con
credenciales del Senado, pero con exactamente el mismo instinto. porro. Esa fue la palabra que usó Shanbound. Y en el vocabulario político mexicano, especialmente para quienes vivieron la era del PRI hegemónico, esa palabra tiene una carga histórica enorme. Los porros eran los grupos de choque que el PRI utilizaba para intimidar estudiantes, disidentes, trabajadores, activistas.
eran el brazo violento del partido en el poder, el mecanismo de represión que funcionaba fuera de los canales institucionales, el puño que llegaba cuando las palabras y las instituciones no alcanzaban. Shainbound le dijo al país que Alito Moreno en esa noche del 27 de agosto en la casona de Chicotencatl mostró exactamente de dónde viene, que el PRI puede cambiar de nombre, puede cambiar de sede, puede cambiar su discurso, pero en el fondo sigue siendo lo mismo.
Los porros de entonces son los de ahora. Solo cambiaron los trajes. Y Alito, ¿cómo respondió a eso? con el manual completo del político acorralado, presentó una denuncia penal ante la FGR contra Noroña y su colaborador, acusándolos de amenazas y otros delitos. Después solicitó incorporarse al mecanismo de protección de la Secretaría de Gobernación, el mecanismo diseñado para proteger a periodistas y defensores de derechos humanos en situación de riesgo y se autodenominó con una cara de cemento que pocos políticos en México
tienen, defensor de los derechos humanos. defensor de los derechos humanos, el hombre que golpeó a un trabajador en el piso, el hombre que tiene 11 exfuncionarios de su propio gobierno procesados por desvío de recursos. El hombre que según la Fiscalía de Campeche usó más de 83 millones de pesos de recursos federales destinados a la seguridad pública para fines que no tenían nada que ver con la seguridad pública, ese hombre pidió el mecanismo de protección para defensores de derechos humanos.
Si no fuera tan grave, sería cómico. ¿Y qué dijo Shane Baum sobre esa solicitud? Con esa calma que la caracteriza en los momentos más absurdos, dijo que cuando una persona pide ser incluida en ese mecanismo, las autoridades hacen un análisis de riesgo, que el gabinete de seguridad evalúa si la persona realmente requiere protección y que eso lo decidirá el gabinete de seguridad, sin pronunciarse sobre si Alito merecía o no esa protección, sin alimentar el circo que Alito intentaba montar, simplemente diciéndole al mundo, “Los procedimientos existen y se
seguirán. Irán. Esa respuesta sola es una lección de inteligencia política porque Alito quería que Shane Bound dijera que no le daría protección para poder montar la narrativa de la persecución. Y Shane Baum le respondió con los procedimientos institucionales. Que funcionen las instituciones, que el gabinete decida, que no sea ella quien le dé el titular que él necesita.
Ahora hablemos de los cargos penales, porque ahí está el núcleo de lo que este video quiere que entiendan. Noroña presentó su denuncia penal contra Alito Moreno y otros legisladores del PRI por agresiones físicas y amenazas. Esa denuncia con los videos como evidencia, con testimonios de los presentes, con el parte médico del trabajador que fue agredido, tiene una solidez que es difícil de desestimar.
¿Por qué? Porque los videos son contundentes. En el derecho penal mexicano, cuando hay evidencia videográfica de una agresión física, el caso se construye sobre una base muy sólida. No hay versiones encontradas que puedan neutralizar lo que las cámaras capturaron. El trabajador estaba en el piso, Alito Moreno estaba encima.
Los golpes están documentados desde múltiples ángulos. Y hay algo más que hace este caso jurídicamente importante más allá de los hechos específicos. Es el lugar donde ocurrió. El Senado de la República no es un espacio cualquiera, es un recinto constitucional, un espacio donde la ley tiene una presencia simbólica y práctica que ningún otro lugar del país tiene de la misma manera.
Agredir a un trabajador en ese recinto durante una sesión legislativa mientras suena el himno nacional tiene implicaciones que van más allá del delito de lesiones ordinario. Los cargos que están avanzando, según lo que está confirmado, incluyen lesiones, amenazas y alteración del orden en recinto legislativo. Este último cargo es particularmente importante porque tiene una connotación institucional que los otros no tienen.
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No es solo lastimar a alguien, es atentar contra el funcionamiento de las instituciones republicanas del país. Tiene fuero alito para protegerse de estos cargos. Y aquí es donde la historia se pone especialmente interesante, porque al momento de la agresión, agosto de 2025, Alito todavía tenía fuero como senador, lo que significa que los cargos penales por la agresión tendrían que pasar por el mismo proceso de desafuero que los cargos de la Fiscalía de Campeche.
Y la ironía perfecta de esta historia es que ese proceso ya ocurrió. El Senado votó con 320 votos en favor del desafuero de Alito Moreno y entre los elementos que contribuyeron a esa votación aplastante, la imagen de ese 27 de agosto fue uno de los más poderosos. 320 senadores que vieron los videos, 320 senadores que decidieron que ese hombre no merece el escudo de la inmunidad constitucional.
No solo por los 83 millones de pesos de Campeche, también aunque no lo digan explícitamente, por lo que sus propios ojos vieron en los videos de esa noche. Y ahora, sin fuero, con los cargos penales por la agresión a Noroña activos, con los expedientes de la Fiscalía de Campeche avanzando, con la FGR construyendo su propio caso, Alito Moreno enfrenta algo que durante décadas creyó imposible, enfrentar a la justicia ordinaria como cualquier ciudadano.
Hay algo que me parece que resume perfectamente la hipocresía del personaje en todo este episodio. Cuando Alito golpeó al trabajador de Noroña, cuando los videos dieron la vuelta al mundo, cuando todo México pudo ver lo que había pasado. ¿Saben cuál fue su primera reacción pública? No fue reconocer lo que hicieron sus manos, fue acusar a Noroña de haberlo provocado, de haberlo amenazado, de haber iniciado la agresión.
fue construir la narrativa del agredido cuando las imágenes mostraban exactamente lo contrario. Ese mecanismo, atacar y después presentarse como víctima, es el mismo que ha usado toda su carrera. Es el mismo que usa cuando los expedientes de Campeche avanzan y dice que es persecución política. Es el mismo que usa cuando Shane Boa lo llama porro y él dice que eso confirma que lo persiguen.
Es el mecanismo del político que no tiene defensa, pero tiene mucha cara. Pero los videos no mienten. El trabajador en el piso no miente. Los golpes documentados por múltiples cámaras desde múltiples ángulos no mienten. Y los cargos penales que están avanzando tampoco mienten. ¿Qué viene ahora en el proceso penal por la agresión? Según lo que está trascendiendo desde fuentes cercanas al proceso, los cargos por lesiones y alteración del orden en recinto legislativo están siendo revisados por la FGR en el contexto del expediente más amplio que esa institución tiene abierto
contra Alito Moreno. La caída del fuero abrió la puerta para que todos los expedientes, el de Campeche, el de la agresión en el Senado, el enriquecimiento ilícito que la FGR lleva investigando desde 2022 puedan consolidarse en un caso penal más amplio que se presente ante un juez ordinario con toda la documentación acumulada.
Eso es lo que Alito Moreno intentó evitar durante años con el fuero, que todos esos expedientes se juntaran, que la imagen del 27 de agosto, la de los terrenos de Campeche, la de los prestanombres con 4000 pes, la de los 11 exfuncionarios procesados se convirtieran en capítulos de un mismo expediente frente a un mismo juez.
Sin el fuero esa consolidación es posible y eso cambia completamente la dimensión del problema que Alito enfrenta. Hay algo más en esta historia que me parece que no se ha dicho con suficiente claridad. La agresión del 27 de agosto fue planeada según Noroña. No fue un estallido espontáneo de rabia. Fue ejecutada con una coordinación que implica premeditación.
Alito no actuó solo. Otros legisladores del PRI participaron en el forcejeo. Se acercaron al mismo tiempo en la misma dirección, como si supieran qué iba a pasar. Noroña lo dijo en términos muy claros. Es evidente que lo planearon, que la agresión física al trabajador no fue accidental en el calor del momento, fue intencional.
Fue un mensaje de intimidación dirigido específicamente a quien más visiblemente había estado documentando y denunciando el proceso de desafuero de alito. Si eso se confirma en el proceso penal, si hay evidencia de premeditación y coordinación, los cargos se vuelven significativamente más graves, porque ya no es lesiones en el calor del momento, es una agresión planeada contra personal del Senado de la República.
y Shain Bom lo conectó todo con una frase que me parece que define perfectamente el cuadro completo. Mientras tanto, su actitud ir a denunciar a Estados Unidos algo y al mismo tiempo estas actitudes que son condenables para que vean lo que son lo mismo de entonces, los porros de entonces, los de ahora. Esa frase conecta la agresión física con los viajes a Washington, conecta los golpes con las denuncias ante instancias extranjeras, conecta el porrismo histórico del PRI con el comportamiento actual de su líder y dice algo muy importante sobre la
consistencia de un partido que no ha cambiado en el fondo a pesar de todos los discursos sobre renovación y reforma interna. ¿Cuántos votos sacó el PRI en las elecciones de 2024? Menos de 6 millones. en un país de más de 130 millones de habitantes. Un partido que gobernó México durante siete décadas, que construyó el Estado moderno mexicano, que tuvo presidentes, gobernadores, senadores, diputados en todo el país durante generaciones, sacó menos de 6 millones de votos, menos del 5% del electorado. ¿Y cuál es la
respuesta de su líder a ese resultado histórico? No presentar un proyecto de nación renovado, no hacer una reflexión interna sobre por qué los mexicanos dejaron de confiar en el partido. No buscar las ideas y las políticas que puedan recuperar la confianza de los electores que se fueron.
La respuesta de Alito Moreno fue ir a Estados Unidos a denunciar al gobierno, fue golpear a un trabajador en el Senado. Fue pedir el mecanismo de protección para defensores de derechos humanos. fue autodenominarse perseguido político. Eso no es la respuesta de un líder que quiere reconstruir su partido. Es la respuesta de alguien que sabe que no tiene futuro político y que está usando los últimos recursos disponibles para sobrevivir personalmente en un entorno que ya no lo protege.
Y eso para el PRI como institución es la señal más triste de todas. que su último líder, antes de que el partido desaparezca definitivamente de la escena política nacional, sea recordado no por sus ideas, sino por los videos del 27 de agosto. Hay un detalle de los videos que me parece que nadie ha destacado con suficiente profundidad, el himno nacional.
Eso es lo que estaba sonando cuando Alito Moreno golpeó al trabajador en el piso. El himno que cada mexicano aprende de memoria desde la infancia. El símbolo de la unidad nacional. El canto que en los estadios, en las ceremonias, en los actos cívicos une a los mexicanos, independientemente de su partido, de su clase social, de su región.
Ese himno sonaba mientras el presidente del PRI ejercía violencia física contra un trabajador en el recinto legislativo más importante del país. Esa imagen, esa combinación de sonido e imagen es la que quedó grabada en la memoria política de México. Es la que Shane Baum dijo que no iba a pasar en su conferencia porque no valía la pena, pero que todo México ya había visto y que nadie que la haya visto puede olvidar.
Eso es el PRI de Alito Moreno. Eso es lo que quedó para la historia de ese partido en su momento de mayor debilidad. No un discurso memorable, no una propuesta de renovación democrática, un video con el himno de fondo y un trabajador en el piso. ¿Qué viene ahora? Los cargos penales avanzan. La FGR tiene el expediente.
La caída del fuero despejó todos los caminos. Y Alito Moreno, que durante años creyó que el escudo de la inmunidad constitucional lo protegería de todo, se enfrenta ahora a una realidad muy diferente. Un juez ordinario, sin fuero, con los videos, con los expedientes de Campeche, con los 11 exfuncionarios procesados, con el enriquecimiento ilícito que la FGR lleva años documentando, con la agresión del 27 de agosto, todo junto, todo sobre la mesa.
Shain Bound lo dijo con la precisión que la caracteriza. Lo importante es que la gente y todos veamos quiénes son y cómo se comportan. No necesitó amenazar, no necesitó prometer consecuencias, solo señaló lo que los videos ya mostraban y dejó que las instituciones hicieran su trabajo. Eso es lo que diferencia a este gobierno del que lo precedió en el corazón del sistema político mexicano.
No los golpes, no el porrismo, no la intimidación. Las instituciones funcionando, los expedientes avanzando y la justicia llegando, aunque tarde, aunque lenta, aunque con todos los obstáculos que los poderosos ponen en su camino. Alito Moreno creyó que era intocable, que el fuero lo protegería para siempre, que los expedientes se archivarían, que las denuncias se olvidarían, que México tiene memoria corta, se equivocó en todo.

México recuerda, los videos no desaparecen, los expedientes no se archivan cuando las instituciones funcionan y los 320 votos del Senado, los cargos penales por la agresión a Noroña, el proceso de la FGR, todo eso junto es la respuesta de un México que decidió que la impunidad tiene un límite.
El límite llegó y Alito Moreno lo está sintiendo. Suscríbanse si creen que un México mejor es posible. El botón está ahí. Soy Jazmín. Esto está pasando y seguimos.