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ZICO : La Verdad Salió A La Luz

Siko se levantaba a las 5 de la mañana, confesó su madre años después. Entrenaba una hora antes de ir a la escuela. Volvía, iba a Flamengo. Volvía y entrenaba otra hora. antes de dormir. ¿Por qué lo hacía? Porque tenía miedo. Miedo de que su cuerpo no aguantara su cabeza. Grábate eso. Esa obsesión por fortalecer lo que era débil, esa certeza de que su cuerpo era su enemigo.

Esa obsesión lo llevó a la grandeza y lo destruyó. 1971, Sico tenía 18 años. Debutó en el primer equipo de Flamengo. No fue espectacular. Entró en el segundo tiempo, tocó tres balones, dio un pase que terminó en gol. Pero algo pasó ese día, algo que los periodistas notaron. Ese muchacho piensa diferente, escribió uno.

No corre como los demás, camina, observa y cuando recibe el balón ya sabe exactamente qué hacer. Segunda temporada, 23 goles. Flamengo campeón estadual. Tercera temporada, 32 goles. El mejor jugador de Brasil. A los 22 años, Siko ya era una leyenda en Río de Janeiro, pero no en el mundo, porque en 1974 pasó lo que lo marcó para siempre.

Copa del Mundo de Alemania. Brasil, campeón defensor, iba con Pelé retirado, con Jairciño envejeciendo, con una generación de transición. Sico fue convocado. 22 años, su primer mundial, no jugó un solo minuto. El entrenador, Mario Sagallo, lo llevó solo para que aprendiera. Eres muy joven, observa, tu momento va a llegar.

Siko se sentó en la banca durante siete partidos. Vio a Brasil perder en semifinales contra Holanda. Vio a Brasil terminar cuarto humillado. Y cuando volvió a Brasil se prometió algo. El próximo mundial va a ser mío. Voy a ser el mejor del mundo y voy a ganar. Esa promesa, esa obsesión. Esa fue su condena.

1978, Mundial de Argentina. Sico llegaba como el mejor jugador de Sudamérica. 25 años, 48 goles en el año anterior. El cerebro de un Flamengo imparable. Brasil jugó contra Suecia en el primer partido, 1 a un. Sico metió el gol. Segundo partido. España 0 a0. Sico fue el mejor en la cancha, pero no metió gol. Tercer partido. Austria 1 a0.

Sicoo otra vez la figura. Sin gol, Brasil clasificó a la segunda ronda. Enfrentó a Argentina, el país anfitrión, el Monumental lleno, 100,000 argentinos gritando. 0 a cer. Brasil eliminado por diferencia de goles. Sico volvió a Brasil destrozado. Fui el mejor jugador del torneo, pero no gané nada. Los periódicos brasileños fueron brutales.

Pico es bueno, pero no es Pelé. Pico tiene talento, pero le falta carácter. Pico juega bien, pero no gana mundiales. Esa narrativa, esa comparación constante con Pelé, esa fue la primera piedra de la tumba que Brasil le estaba construyendo. Pero entonces llegó 1980 y Siko dejó de ser humano. Flamengo 1980. El mejor equipo de clubes de la historia de Brasil.

Algunos dicen que de Sudamérica, algunos dicen que del mundo. Sico, Junior, Adilio, Tita, Andrade, Moser, Leandro. Un equipo que jugaba como Brasil del 70, pero mejor, más rápido, más letal. Ese año Flamengo ganó todo. Campeonato Carioca, campeonato brasileño, Copa Libertadores, Copa Intercontinental. Y sí, cometió 89 goles.

89 en 58 partidos. El Maracaná se llenaba solo para verlo. 150,000 personas de pie cantando su nombre. Sico, Sico, Sico. En diciembre de ese año, Flamengo jugó la final de la Copa Intercontinental contra el Liverpool de Inglaterra, el mejor equipo de Europa en ese momento. Tokio, Estadio Nacional, 60.000 personas.

Sico destrozó al Liverpool. Un gol, dos asistencias, una exhibición de fútbol que dejó a los ingleses sin respuestas. Flamengo 3, Liverpool 0. Sico fue cargado en hombros llorando. Este es el mejor día de mi vida. Pero había algo que Siko no sabía, algo que nadie sabía todavía. Ese partido en Tokio fue la última vez que Sico fue completamente feliz jugando fútbol, porque lo que vino después fue presión, expectativa, obsesión y una rodilla que empezó a dolerle cada vez que corría.

Esta es la primera revelación que te prometí al principio. ¿Por qué rechazó al Barcelona, al Real Madrid y al Juventus? 1981, Siko tenía 28 años. El mejor jugador del mundo. Barcelona lo quería. Ofrecieron 3 millones de dólares por su pase. Un contrato de 5 años. El sueldo más alto de Europa. Real Madrid también.

4 millones de dólares. Un contrato de 6 años. Juventus hizo una oferta de 5 millones. Lo que quieras, solo ven. Siko rechazó las tres ofertas. No porque no quisiera ir a Europa, no porque el dinero no le importara, porque en 1978, después del mundial de Argentina, SICO había firmado un pacto con la directiva de Flamengo, un pacto secreto que nunca se hizo público hasta 30 años después.

Flamengo le prometió, “Si te quedas, construimos el mejor equipo de Brasil. Te damos el control. Tú decides quién viene, quién se va. Tú eres el rey. Y Siko aceptó porque Siko no quería ser uno más en el Barcelona. No quería ser una estrella entre estrellas en el Madrid. Sico quería ser Dios en Flamengo. Yo podía ganar más dinero en Europa, confesó años después.

Pero en Europa iba a ser un jugador. En Flamengo era todo, el estadio, el equipo, la ciudad, todo giraba alrededor de mí. ¿Y eso te hizo feliz? Silencio. No, eso me hizo prisionero. Ese pacto secreto, esa decisión de quedarse en Brasil. Esa fue la segunda piedra de su tumba. Porque cuando llegó el mundial de 1982, Siko ya no era solo un jugador, era la esperanza de todo un país y nadie sobrevive a eso.

España, 1982, el mundial de Sico, el mundial donde Brasil iba a recuperar su gloria. El equipo era perfecto. Sico, Sócrates, Falcán, Junior, Cerezo, Eder, no era un equipo, era una orquesta. Y Siko era el director. Primer partido, Unión Soviética, 2 a 1. Sico metió un gol, una obra maestra de tiro libre. Segundo partido, Escocia, 4 a 1.

Sico dio tres asistencias, tercer partido, Nueva Zelanda, 4 a0. Scoió dos goles. Brasil pasó a la segunda ronda como favorito absoluto, el fútbol más bello del planeta. Pero había un problema. Un problema que nadie notó hasta que fue demasiado tarde. Siko estaba jugando lesionado. En el partido contra la Unión Soviética, una entrada brutal le destrozó la rodilla izquierda.

Los médicos le dijeron después del partido, “Tienes un desgarro en el ligamento colateral. Necesitas parar.” ¿Cuánto tiempo? Tres semanas mínimo. No tengo tres semanas, tengo 4 días para el siguiente partido. Si juegas, te vas a romper. Psico jugo contra Escocia, contra Nueva Zelanda, con infiltraciones de cortisona antes de cada partido.

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