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REY MISTERIO:La oscura verdad salió a la luz

le dijo que el muchacho iba a entrenar bajo su mirada, que no le iba a pasar nada y que la lucha libre para un niño pobre de la frontera no era un deporte, era un camino para salir de la pobreza. María seedió y Óscar Gutiérrez, con 8  años cumplidos, empezó a cruzar la frontera todos los sábados con su tío para ir al gimnasio que Miguel Ángel había abierto en Tijuana junto con Negro Casas y Superastro.

Ese gimnasio iban a entrenar en los años siguientes a una generación completa de luchadores que después llegaría a la fama mundial. Conan, Psicosis, Halloween,  Damián 666 y el más pequeño de todos, el sobrino del jefe, Óscar. En ese gimnasio, durante 6 años, Óscar Gutiérrez aprendió lucha libre como pocos niños en la historia.

Su tío era exigente, implacable. Le hacía hacer ejercicios físicos hasta que vomitaba. Le hacía repetir llaves 100 veces. Le decía que si quería usar una máscara con el nombre Misterio, tenía que merecerla. Y Óscar, con la disciplina silenciosa de los niños tímidos,  obedecía todo. Sin quejarse, sin llorar. A los 14 años lo  bautizó, le dio su primer nombre artístico, lo llamó Colibri y con ese nombre en una arena de Tijuana en 1989, el muchacho de 14 años hizo su debut profesional.

Era ilegal. En México se requería licencia oficial para luchar profesionalmente, pero los promotores de Tijuana, conocidos del tío Miguel Ángel, hacían la vista gorda con el sobrino. Colibríz saltaba.  volaba, hacía piruetas que ningún otro luchador de su edad podía  hacer y la afición lo amaba.

Lo que pocos saben es que durante esos primeros años, mientras Óscar Gutiérrez se convertía en estrella en Tijuana, su cuerpo ya estaba pagando un precio. Las rodillas del niño volador empezaron a fallar antes de los 20 años y esa fragilidad oculta iba a ser la semilla de todo lo que iba a pasar después. A los 16 años, Óscar Gutiérrez cambió de nombre.

Su tío decidió que ya estaba listo para llevar el apellido completo de la familia. lo bautizó como Rey Misterio Junior y con ese nombre lucharía durante los siguientes 8 años en México. Primero en Circuitos Independientes de Tijuana,  después en asistencia, asesoría y administración, la legendaria AAA del promotor Antonio Peña.

Conan,  que entonces era el Booker principal de la empresa, fue quien lo recomendó a Peña. dijo,  “Ese muchacho es lo más espectacular que he visto subir a un ring en años. Tienes que firmarlo ya.” Antonio Peña lo firmó y entre 1992 y 1995, Rey Misterio Junior se convirtió en una de las figuras más queridas de AA.

Hacía equipo con un luchador llamado Romy Mcruder. Tenía un rival con el que protagonizaba luchas históricas, psicosis. volaba desde la tercera cuerda con una facilidad que asustaba y la gente de las arenas mexicanas en los  90 empezó a entender que tenía delante algo distinto, pero el cuerpo seguía pagando.

A los 20 años, Rey Misterio Junior ya había  tenido tres operaciones en la rodilla izquierda. La cartilage de esa rodilla estaba destruida por años de saltos desde  alturas que el cuerpo humano no fue diseñado para soportar. Su tío Miguel Ángel le advirtió, le dijo que si seguía a ese ritmo  no iba a llegar a los 30.

Le sugirió que bajara las acrobacias,  que descansara. Pero Óscar no podía descansar porque del otro lado de la frontera, los promotores americanos ya lo estaban  llamando y la oportunidad de su vida estaba a punto de aparecer. Y aquí entra una persona que iba a cambiar todo, un mexicano americano que ya estaba en Estados Unidos, un luchador que iba a ser durante  los siguientes 10 años el mejor amigo de Rey Misterio y también, sin que nadie lo supiera, una de las causas principales de la adicción que iba a casi matarlo. Ese hombre se

llamaba Eddie Guerrero, mexicano  americano, hijo de Gory Guerrero, otra leyenda de la lucha libre. Eddie tenía 7 años más que Rey. Era amigo cercano de Conan y en 1995,  cuando la Extreme Championship Wrestling de Paul Heyman buscaba luchadores mexicanos para su programación, Eddie Guerrero fue el primero en llegar.

Después llegó Rey Misterio. El 21  de septiembre de 1995, en el evento Gangstas Paradise de la SW en Philadelphia, Rey Misterio Junior hizo su debut en suelo americano contra Psicosis. La afición americana que nunca había visto lucha libre mexicana  en directo se levantó del asiento.

Aplaudieron 10 minutos seguidos y al día siguiente los reportes deportivos americanos hablaban de un fenómeno. Un mexicano de 1,60 de altura, 160 libras de peso, que volaba por el ring la gravedad no le aplicara. A los pocos meses, la World Championship Wrestling de Ted Turner, que en esos  años competía contra la Wab de Vince McMun, lo firmó.

Le pagaron lo que Rey Misterio nunca había soñado ganar. Y a los 22  años, Óscar Gutiérrez ya era figura mundial. Vivía en una casa propia, compraba  carros, mandaba dinero a sus padres. Cumplía el sueño americano  que su mamá, María del Rosario, había rezado durante toda su vida.

Pero el cuerpo seguía cobrando y las pastillas, sin que nadie lo supiera, empezaron a aparecer. En 1999, ya en plena gloria con la doble UCW, Rey Misterio fue sometido a una cirugía mayor en la rodilla  izquierda. Reconstrucción de ligamentos. 3 meses de recuperación obligatoria. Y aquí ocurre algo que casi nadie del público sabe.

El doctor que lo operó le recetó analgésicos opioides  para manejar el dolor postoperatorio. Le recetó Vicodin, le recetó Percoset. Y cuando los tres meses de recuperación terminaron, el doctor de la WCW, en lugar de retirar las pastillas, las renovó una vez. Otra vez, otra más, porque Rey Misterio tenía que volver al ring, tenía contratos firmados, tenía giras programadas y la WCW  necesitaba que volviera a volar pronto, lo que empezó como tratamiento médico legítimo.  En pocos meses se

convirtió en otra cosa. Rey Misterio empezó a tomar Bikodin antes de  luchar para dormir el dolor de la rodilla, para soportar las caídas desde la tercera cuerda, para aguantar las luchas de 40 minutos seguidos sin desmayarse. Su esposa Angiei, con la que se había casado en 1996, lo notó. Le preguntó.

Él le dijo que era temporal, que en cuanto la rodilla se recuperara dejaría las pastillas. Ese tiempo nunca llegó.  Lo que Angi sabía, lo que la familia de Tijuana no sabía,  lo que ni siquiera su propio tío Miguel Ángel se atrevía a sospechar, es que para 1999, Rey Misterio ya dependía físicamente de las pastillas,  no psicológicamente, físicamente.

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