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RAFA MÁRQUEZ : LA ASQUEROSA VERDAD QUE ADRIANA LAVAT OCULTO DURANTE 5 AÑOS

Para los 18 años era titular indiscutible del Atlas y referente defensivo del equipo. Para los 19 ya había recibido su primera convocatoria a la selección mexicana  y antes de cumplir 20, en julio del 99, llegó la oferta que cambiaba todo. El AS Mónaco de Francia lo quería.000 dólar para el Atlas.

Salario de $500,000 al año para el muchacho.  Pasaje de Guadalajara Anisa pagado para él y para toda su  familia si decidían acompañarlo. A los 20 años, Rafael Márquez Álvarez se subió a un avión que lo iba a sacar de México durante los siguientes 17 años. La maleta, esta vez era de cuero. Las despedidas las mismas.

Su madre llorando, su padre sin lágrimas. Pero la frase que el padre le dijo en el aeropuerto de Guadalajara aquella tarde de julio fue distinta. Esta vez fue una sola palabra: triunfa. Lo que el muchacho no sabía esa tarde mientras abrazaba a su madre y aceptaba la palabra de su padre como sentencia, es que la persona que él iba a destruir  más profundamente en los siguientes 10 años de su vida, ni siquiera la había conocido todavía.

Esa mujer estaba a esa hora terminando una clase de actuación en la ciudad de México, sin imaginar que el muchacho del avión iba a marcarla para siempre. Esa mujer se llamaba Adriana Labat Rodríguez. Tenía 24 años. Era actriz, hija del primer actor Jorge Labat, sobrina del legendario actor de doblaje José Labat, la voz mexicana de Robert de Niro y Al Pacino, sobrina también de la primera actriz  Keta Labat, icono del cine de oro mexicano.

Es decir, Adriana Labat venía de una de las dinastías más respetadas del entretenimiento  mexicano. Su apellido sonaba en las salas de cine desde los años 50,  pero ella no quería vivir del apellido. estudiaba actuación desde los 18 años. Había presentado un programa de televisión llamado  A que No te atreves en el 99.

Ahora preparaba audiciones para telenovelas.  Vivía en un departamento de la colonia Polanco con su madre, Chuti Rodríguez. Tenía  una rutina ordenada, una vida tranquila, un sueño de actriz que ya empezaba a tomar forma. Ya, ya,  ya, ya, ya, ya, ya. En el verano del año 2001,  Adriana y Rafael se conocieron en una fiesta privada en la Ciudad de México.

Fue durante las vacaciones de él en Mónaco. Una amiga en común los presentó.  Hablaron toda la noche, bailaron poco. Él le pidió el teléfono al final, ella se lo dio  y al día siguiente él la invitó a cenar a un restaurante de Polanco. Lo demás fue rápido, demasiado rápido.

A los dos meses ya eran pareja oficial. A los 5 meses ya hablaban de matrimonio. A los 7 meses se casaron por lo civil en una ceremonia íntima  en la capital. Era diciembre del año 2001. Ella tenía 27 años, él tenía 22. Lo que la familia Labat no podía ver esa noche de la boda civil es que ese  muchacho moreno de Zamora, de hablar pausado y mirada tímida, cargaba dentro una frase paterna que lo iba a empujar a destruir todo lo que tocara con tal de no fallar.

Y la primera víctima de esa frase iba a estar a su lado durante los siguientes 6 años. Los dos primeros años de matrimonio fueron de viajes y promesas. Rafael jugaba en el Mónaco. Adriana viajaba a Francia cada vez que tenía descanso de los castings. Vivían a caballo entre dos países.

Aprendieron a hablar francés juntos. Compraron un departamento en Mónaco con vista al puerto y empezaron a planear,  sin contárselo a nadie todavía, el primer hijo. El primer hijo llegó en agosto del 2003. Lo llamaron Santiago. Santiago Márquez Labat. Nació en una clínica privada de la Ciudad de México  un sábado por la mañana.

Pesó 3 kg y 200 g. Salió moreno como su padre  y con los ojos grandes de su madre. Adriana lo cargó en el pecho  durante las primeras dos horas sin soltarlo. Rafael la besó en la frente y le dijo una frase que ella iba a recordar 20 años después en una corte de Alcovendas.

España, como la frase más mentirosa  que había escuchado en su vida, le dijo, “Nunca te va a faltar nada.” 4 meses después, el 27 de diciembre del 2003,  Adriana y Rafael se casaron por la iglesia. La ceremonia fue en la parroquia de San Fernando, en el centro histórico de la Ciudad de México. Asistieron casi 400 invitados.

Jorge Labat, el padre de Adriana, lloró durante la entrega de su hija al altar. Estuvieron presentes futbolistas  como Pavel Pardo y Duilio Davino, actores cercanos a la familia Labat, periodistas, cámaras de espectáculos y el detalle que el público nunca olvidó. El testigo de honor de la boda sentado en una sillita al lado del altar mirando a  sus padres con 4 meses de nacido, vestido con un trajecito blanco hecho a la medida.

Era Santiago, su propio hijo. Esa imagen del bebé como testigo de los votos de sus padres  apareció en todas las revistas de espectáculos al día siguiente. Era diciembre del 2003, 21 años después. Ese  mismo niño, convertido en un hombre joven de 22 años iba a  estar listo para entrar a una corte española a contar lo que vio durante toda su vida sobre el hombre que firmó aquellos votos delante de él.

Pero antes de llegar a esa corte  pasaron 19 años de mentiras, traiciones documentadas, un romance internacional con la esposa de uno de los cantantes más  famosos del idioma español y una enfermedad que iba a entrar al cuerpo de Adriana exactamente  el día que su esposo decidió que ya no la quería en su casa.

En el verano del 2003, antes de la boda por la Iglesia, el FC Barcelona le había hecho una oferta al Mónaco. 5 millones de euros. Querían a Rafael Márquez como defensa central. El traspaso se cerró en julio. La familia se mudó de Mónaco a la ciudad de Barcelona en septiembre. Compraron una casa con jardín en la zona alta de Pedralves.

Inscribieron  a Santiago en una guardería privada. Adriana se quedó en casa cuidando al bebé mientras Rafael entrenaba todas las mañanas en la ciudad deportiva. La carrera de Rafael en el Barcelona fue meteó.  Cuatro ligas españolas en seis temporadas, dos Champions League ganadas.  Una Champions League ganada en el 2006 en el estadio de San Denise contra el Arsenal de Henry.

Otra Champions ganada en el 2009 en Roma contra el Manchester United de Cristiano Ronaldo. Jugó al lado de Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Eto, Messi. Era considerado uno de los 10 mejores defensas centrales del mundo. Era millonario, era padre de un niño que crecía sano. Y en julio del 2005,  en una clínica privada de la Ciudad de México, Adriana dio a luz a la segunda hija de la pareja, una niña a la que llamaron Rafaela.

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