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Lo que Clara Lago hizo por Dani Rovira tras la ruptura — y España entera no supo cómo llamarlo

Esa estrategia en el ecosistema de la prensa del corazón española tiene un efecto paradójico, hace que la gente quiera saber más. Una pareja que no vende su intimidad se convierte automáticamente en una pareja que la gente proyecta. Y lo que España proyectó sobre Dani y Clara fue enorme. Dos personas que se habían encontrado en el trabajo, que compartían valores, el veganismo, la protección animal, el activismo social, que habían creado juntos una fundación benéfica llamada Ochotumbao y que a diferencia de otras parejas del mundo del espectáculo,

parecían estar en esto por razones reales. El beso de los Goya de 2015 funcionó también precisamente porque encajaba con esa imagen. No era calculado, no era una sesión de fotos, era un hombre que había ganado el premio más importante de su carrera y que en el momento de más visibilidad de su vida pensó en ella.

Eso no se finge, o por lo menos no se finge también. Durante los 5 años que estuvieron juntos, la prensa española los trató con una consideración poco habitual en el género. No hubo portadas inventadas, no hubo fuentes anónimas filtrando pelea, no hubo el tipo de desgaste mediáticaco que acaba con otras relaciones antes de que las personas implicadas hayan tenido tiempo de decidir si quieren terminarlas.

Los dejaron en paz, en gran medida, porque ellos no daban munición. Y esa paz construyó algo en el imaginario colectivo, la idea de que había parejas que podían existir en el mundo del espectáculo español sin convertirse en personajes de Sálvame. Lo que nadie preguntó porque la imagen era demasiado cómoda para cuestionarla, era qué estaba ocurriendo debajo.

Hay una diferencia entre una relación que parece sólida y una relación que lo es. Y hay otra diferencia más difícil de ver desde fuera entre una relación que termina porque algo salió mal y una relación que termina porque algo salió demasiado bien para uno de los dos. Demasiado pronto, sin que nadie hubiera tenido tiempo de prepararse.

Dani Rovira en entrevistas posteriores recogidas por el país y en su monólogo Vale la pena. Estrenado en Netflix en 2025, habló con una franqueza poco habitual sobre lo que le hizo el éxito de ocho apellidos vascos, no en los términos eufóricos en que los famosos suelen describir el momento en que todo cambia, sino en los otros términos, los que aparecen después, cuando el ruido baja y queda la persona.

La fama fue la que hizo que dejara de hacer cosas tan simples como ir a la playa o recoger a mis sobrinos del colegio”, dijo un hombre que en cuestión de semanas había pasado de ser un cómico conocido en los circuitos de monólogos a ser reconocido en cualquier calle de cualquier ciudad española.

8 millones de espectadores habían visto su cara y él,  según sus propias palabras, no estaba preparado para lo que eso significaba en el día a día. Clara Lago llevaba actuando desde los 10 años. Había crecido dentro de la industria, sabía gestionar la visibilidad, sabía cuándo aparecer y cuándo desaparecer. Sabía que la fama es una herramienta y no una identidad.

Tenía, a sus 23 años más experiencia en el manejo de la exposición pública que muchos actores con el doble de su edad. Y de repente estaba al lado de alguien que estaba viviendo en tiempo real y con 43 millones de testigos. El impacto de convertirse en el hombre más famoso de España. Esa asimetría no tiene por qué destruir una relación, pero la moldece desde el principio, ¿quién tiene más que aprender y quién tiene más que enseñar? Y cuando esa dinámica se prolonga durante 5 años, durante los cuales él presenta los Goya tres veces

consecutivas y protagoniza la secuela y rueda nuevas películas, y su nombre aparece en todos los carteles, mientras ella construye una carrera paralela con proyectos propios en Argentina, en Europa, en series de plataformas. Cuando eso pasa, la relación ya no es entre dos personas que se conocieron en un rodaje, es entre dos trayectorias que van en direcciones distintas a velocidades  distintas.

Lo que los mantuvo juntos durante esos años no fue solo la atracción ni la historia compartida, fue algo más concreto, un sistema de valores que era genuinamente el mismo. El veganismo no era una postura de marketing. Ambos lo practicaban antes de que fuera tendencia y lo defendían públicamente cuando todavía generaba más burlas que aplausos.

La Fundación Ochotumbao no era una operación de imagen. La crearon con sus propios recursos para canalizar proyectos benéficos reales, desde apoyo a personas con discapacidad hasta defensa de los derechos de los animales. Eran dos personas que compartían una forma de mirar el mundo y eso en una industria donde los valores suelen ser intercambiables según el proyecto, tenía un peso específico muy real.

Pero compartir valores no es lo mismo que compartir un proyecto de vida. Y esa es la distinción que la prensa rosa española casi nunca hace porque no le resulta útil. La prensa necesita parejas o rupturas, no necesita la zona intermedia donde dos personas que se quieren de verdad descubren sin drama y sin traición  que lo que cada uno necesita para seguir creciendo ya no cabe en el mismo espacio.

Clara Lago en declaraciones a la Voz de Galicia en 2021, 2 años después de la ruptura, usó una expresión que resume con precisión lo que fue aquello amor incondicional. No dijo amor romántico, no dijo seguimos siendo amigos dijo incondicional. Una palabra que en castellano tiene un peso específico muy distinto al de la amistad convencional y que ella eligió con cuidado,  como elige todas las palabras cuando habla de algo que le importa.

Lo que había entre ellos era real. Lo que  terminó en mayo de 2019 era también real. Y el problema, el problema que España no supo cómo procesar es que ambas cosas eran verdad al mismo tiempo. Cuando dos personas construyen una relación dentro de un proyecto compartido, una película, un éxito, una imagen pública, el  proyecto funciona durante un tiempo como pegamento.

Les da un lenguaje común, una agenda común, una razón para aparecer juntos ante el mundo que no tiene que justificarse cada vez. Pero ese mismo pegamento tiene una propiedad que no suele mencionarse. Cuando el proyecto evoluciona de forma distinta para cada uno, el pegamento no desaparece de golpe, se va volviendo más rígido hasta que un día ya no une.

Sujeta para Dani Rovira. El periodo entre 2014 y 2017 fue el más intenso de su vida profesional. Tres galas de los premios Goya como presentador 2015, 2016, 2017, en cada una de las cuales el país entero evaluaba si seguía siendo tan gracioso como la vez anterior. La secuela Ocho apellidos catalanes,  estrenada en 2015, que también fue un éxito de taquilla, aunque no alcanzó las cifras de la primera.

nuevas películas, nuevos proyectos y debajo de todo eso, según sus propias palabras en entrevistas posteriores, una acumulación de ansiedad que él todavía no sabía nombrar. Nos preocupamos en exceso por lo que puede ocurrir, nos adelantamos a todos los escenarios posibles, diría años después. Era una descripción de algo que ya estaba ocurriendo entonces, aunque en aquel momento no tuviera ni el diagnóstico ni el vocabulario para identificarlo.

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