Las primeras peleas serias entre Julio y Daisy ocurrieron durante el verano de 2018 antes de que se mudaran juntos. Discusiones por teléfono que terminaban con Julio colgando. Mensajes de texto enviados a las 3 de la madrugada que Daisy borraba al día siguiente y una noche específica en agosto de ese año en la que Daisy le pidió a su amiga Carla, una abogada mexicana radicada en Los Ángeles, que la recogiera de un restaurante de Hollywood porque Julio se había ido manejando borracho, dejándola sola en la puerta. Pero al día
siguiente, Julio aparecía con flores, con disculpas, con regalos caros y con la promesa de cambiar. Daisy le creyó. Se mudaron juntos a un departamento en Marina del Rey en otoño de 2018. Se hicieron pareja oficial, compartieron las llaves del departamento, empezaron a planear el futuro y Julio, durante los primeros tr meses de la convivencia fue exactamente el hombre que Daisy había conocido en la fiesta del consulado hasta que llegó la primera Navidad.
Diciembre de 2018, Daisy invitó a Julio a pasar las fiestas con su familia en Mazatlán. Su madre, Lupita, preparó la cena de Nochebuena. Su padre cardiólogo, Dr. Eduardo Pérez, llevó a Julio al patio trasero de la casa para hablar en privado durante 20 minutos. Y lo que el padre cardiólogo le dijo al lanzador de los Dodgers esa noche del 24 de diciembre, según le iba a contar Daisy 4 años después, a la terapeuta del cuaderno azul oscuro durante una sesión conjunta de pareja.
Fueron ocho palabras exactas. Si la tocas, te vas a arrepentir, muchacho. Julio escuchó al padre cardiólogo, asintió, le dio la mano y regresó al comedor a sonreír delante de toda la familia Pérez, como si la conversación del patio no hubiera ocurrido. Pero esa misma noche, en la habitación de huéspedes de la casa de los Pérez en Mazatlán, según iba a aparecer años después en el cuaderno azul oscuro, Julio Urías agarró a Daisy del brazo izquierdo por primera vez.
le dejó marcas que duraron tres días, marcas que Daisy escondió debajo de un suéter de manga larga durante toda la cena familiar del 25. No se las enseñó a su madre, no se las contó a su padre cardiólogo. Marcas que ella misma se convenció de que habían sido una accidente. Aquí entra algo que tienes que entender, porque el patrón que la terapeuta del programa antiviolencia doméstica iba a identificar 5co meses después en el cuaderno azul oscuro del consultorio del West Side, ya estaba en marcha antes de la boda, ya estaba en
marcha antes del primer arresto, ya estaba en marcha cuando Julio Urías levantaba el trofeo de la serie mundial 2020 y la cámara de televisión enfocaba a Daisy, aplaudiendo en las gradas con una sonrisa. tensa que nadie en México supo leer en directo, pero esa serie mundial todavía no había llegado. Lo que pasó primero fue otra cosa.
Se casaron en una ceremonia privada de 40 invitados en una casa alquilada de Malibu en octubre de 2022. Compraron juntos una casa de tres niveles en enino, en el valle de San Fernando por $2,400,000. Empezaron a hablar de tener hijos. La madre Lupita viajó tres veces a Los Ángeles durante el primer año de matrimonio para visitarlos.
Y aquí entra el segundo caramelo de esta historia, porque Daisy Pérez llevaba puesta el día de su boda, debajo del vestido blanco, una cadena delgada de oro con una placa pequeña grabada. La placa tenía escrito un nombre, el nombre del único hijo que la pareja planeaba tener algún día. Un nombre que Daisy y Julio habían elegido juntos durante una cena en Malibú dos meses antes de la boda.
Un nombre que solo ellos dos sabían. Esa cadena de oro con la placa grabada iba a aparecer otra vez 5 años después. Rota, caída en el cemento del estacionamiento subterráneo del BMO Stadium, a 3 m del cuerpo de Daisy, tirada en el suelo. Pero esa noche todavía está a años de distancia. Lo que pasó primero fue otra cosa, algo que la familia de Daisy en Mazatlán empezó a notar a los pocos meses de la boda.
Algo que la madre Lupita intentó hablar con su hija dos veces por teléfono durante el invierno de 2018, algo que Daisy negó las dos veces. Aquí es donde llegamos a la primera vez que Julio Urías le pegó a su esposa en territorio estadounidense la primera vez que quedó documentada por la policía que existió un reporte oficial firmado por un oficial del LAPD, que la MLB tuvo que abrir un expediente disciplinario contra el lanzador mexicano que había cerrado la Serie Mundial.
Mayo de 2019, centro comercial Beverly Center en West Hollywood, Los Ángeles. Un mes después del séptimo aniversario del primer mensaje de texto entre los dos. Julio Urías, 22 años, recién consolidado en la rotación de los Dodgers, caminaba por el estacionamiento subterráneo del centro comercial con su esposa Daisy. Habían discutido durante la cena en uno de los restaurantes de la planta alta.
La discusión se prolongó mientras caminaban hacia el coche. Lo que pasó después dentro del estacionamiento subterráneo del Beverly Center quedó documentado por dos testigos civiles que estaban estacionando su propio coche a 15 m de distancia. Los testigos llamaron al 06. La policía de Los Ángeles llegó en menos de 7 minutos.
Encontraron a Daisy Pérez de pie junto al coche con marcas visibles en el cuello y en uno de los brazos. Encontraron a Julio Uría sentado dentro del auto sin querer salir. Los oficiales hablaron primero con Daisy, después con Julio. El reporte oficial del incidente firmado por el oficial Robert Sandoval del Lapd esa misma noche describe lo siguiente.
Discusión verbal escalada a contacto físico. La víctima presenta marcas compatibles con su gestión forzada. El sospechoso admite haber agarrado a la víctima del brazo con fuerza. No hay denuncia formal de la víctima en el momento. Julio Urías fue arrestado bajo sospecha de violencia doméstica. Pasó una noche en una celda del LAAPD.
Fue liberado al día siguiente bajo fianza. La MLB lo investigó, lo suspendió 20 juegos y aquí viene la parte que casi nadie recuerda en México. La Fiscalía de la Ciudad de Los Ángeles decidió no procesarlo penalmente. ¿Con qué condición? Con una condición específica que el propio Urías aceptó por escrito ante el juez. 52 semanas de terapia antiviolencia doméstica.
Un programa intensivo, una sesión semanal, una terapeuta especializada en agresores, tareas, cuaderno de seguimiento, confrontación grupal con otros hombres acusados de lo mismo, un año entero. Si Julio completaba las 52 semanas, el cargo quedaba archivado y no aparecía en su historial penal. Julio Urías completó las 52 semanas.
Aquí aparece el tercer caramelo de esta historia, lo que Julio le contó a esa terapeuta durante las 52 sesiones semanales de 2019 a 2020, lo que escribió de su puño y letra en el cuaderno de seguimiento que la terapeuta le entregaba cada semana. Lo que confesó frente a otros tres hombres en las sesiones grupales del condado es información que la propia terapeuta tiene archivada hoy en mayo de 2026 en un consultorio del West Side de Los Ángeles bajo confidencialidad médico paciente.
El cuaderno tiene tapa azul oscuro, 52 páginas con la letra apretada de Julio Urías. Lo guardó la terapeuta dentro de un archivero metálico de su consultorio bajo llave. durante 4 años hasta que en septiembre de 2023, después del segundo arresto, la Fiscalía del Condado de Los Ángeles, durante la preparación del segundo caso, solicitó acceso al expediente clínico bajo orden judicial para evaluar el patrón de conducta del acusado y lo que esa solicitud judicial reveló al equipo legal de la fiscalía, lo que ningún medio deportivo mexicano contó durante
las semanas posteriores al segundo arresto. Fueron tres patrones de conducta específicos que la terapeuta de 2019 había identificado claramente en Julio Urías y había anotado en el cuaderno azul oscuro. Aquí es donde se revela por primera vez por qué Julio Urías le pegaba a su esposa. El primer patrón, inseguridad física profunda.
El tumor del párpado izquierdo, las ocho cirugías de infancia, las burlas de los niños de la primaria de Culiacán se traducían en el adulto Julio Urías, en una sensibilidad extrema a sentirse menos delante de su esposa. Si Daisy lo veía en momentos de debilidad, si lo escuchaba llorar antes de un partido importante, si le mostraba lástima por alguna razón.
Julio reaccionaba con rabia retroactiva, no en el momento, después cuando estaban solos en casa, cuando nadie podía verlo. La terapeuta describió ese mecanismo en el cuaderno azul oscuro como reacción diferida de vergüenza traducida en violencia controlada hacia la única testigo. El segundo patrón, alcohol y oxicodona. Julio Urías, según anotaba la terapeuta semana tras semana en el cuaderno de seguimiento, tenía un patrón de consumo de alcohol que se intensificaba durante los días de descanso entre apertura y apertura. Cuatro o cinco días sin lanzar
significaban cuatro o cinco noches de bares de West Hollywood. Pero había algo más, algo que Julio le confesó a la terapeuta en la sesión número 32 en febrero de 2020 y que ella anotó con tinta roja en la página correspondiente del cuaderno azul oscuro. Oxicodona. Julio Urías llevaba tomando oxicodona desde la cirugía del hombro izquierdo en 2017.
Le habían recetado el opioide para el dolor postoperatorio durante 3 semanas. Tres semanas. se convirtieron en seis, seis se convirtieron en 12, 12 se convirtieron en una dependencia silenciosa que el médico de los Dodgers nunca le retiró oficialmente. Y para finales de 2018, según le confesó Julio a la terapeuta del programa antiviolencia, tomaba pastillas de oxicodona casi diariamente, antes de los partidos, después de los partidos, durante las discusiones con Daisy.
La combinación de oxicodona y alcohol, la terapeuta lo anotó en el cuaderno con letra subrayada, era el detonante químico de los episodios de violencia hacia su esposa. El tercer patrón y este es el más oscuro de los tres celos retrospectivos. Nu e Daisy Pérez, antes de conocer a Julio Urías, había tenido una relación seria de 3 años con otro hombre, un mexicano también de Culiacán, también del entorno del béisbol profesional.
Esa relación había terminado dos años antes de que Daisy empezara a salir con Julio. Daisy se lo había contado a Julio desde el primer momento. Julio había dicho que no le importaba, que era pasado, que confiaba en ella, pero la terapeuta del programa antiviolencia doméstica anotó en el cuaderno azul oscuro durante las sesiones de finales de 2019, que Julio mencionaba a la expareja de Daisy con una frecuencia anormalmente alta, que durante las discusiones de pareja siempre terminaba sacando ese tema, que sospechaba que Daisy todavía tenía
contacto con él, que había revisado el telé teléfono de Daisy en al menos cuatro ocasiones distintas buscando mensajes. Lo más oscuro del tercer patrón iba más allá de los celos en sí. era el nombre de la expareja de Daisy, un nombre que la terapeuta anotó completo en el cuaderno azul oscuro que Julio repetía durante las sesiones grupales del condado y que años después iba a aparecer en otro contexto completamente distinto.

en otro documento oficial dentro de otra investigación de las autoridades estadounidenses, un nombre que iba a conectar con lo que la policía de los Ángeles iba a encontrar adentro del Mercedes-Benz Blanco de Julio Urías en el estacionamiento subterráneo del BMO Stadium la noche del 3 de septiembre de 2023.
Pero esa conexión todavía está a unos capítulos de aparecer en este guion. La terapeuta de 2019 recomendó tratamiento individual continuado para Julio Urías, incluso después de las 52 semanas. Recomendó terapia de pareja para Julio y Daisy y recomendó tratamiento para abuso de sustancias en una clínica especializada en opioides. En una nota privada firmada en la última página del cuaderno azul oscuro, anotó también evaluación psiquiátrica completa para descartar trastorno de personalidad.
Julio Urías rechazó las cuatro recomendaciones cuando terminó el programa. Volvió a jugar béisbol, lanzó la serie mundial 2020, ganó 20 juegos en 2021, firmó un nuevo contrato multimillonario y siguió viviendo con Daisy en la casa de tres niveles de encino en el valle de San Fernando. La oxicodona la siguió tomando, el alcohol lo siguió bebiendo y el expediente del cuaderno azul oscuro de la terapeuta del Westside, archivado bajo llave, quedó esperando a que la Fiscalía del Condado de Los Ángeles lo solicitara 4 años después, en septiembre de 2023, después
del segundo arresto. Aquí entra algo que tienes que entender, porque entre el final del programa antiviolencia en mayo de 2020 y la noche del BMO Stadium en septiembre de 2023, pasaron 3 años y 4 meses exactos, años en los que la prensa deportiva mexicana habló de Julio Urías como un héroe, pero dentro de la casa de Enino lo que pasaba era otra cosa.
Laisy intentó hablar con su madre Lupita en Mazatlán por teléfono dos veces durante el verano de 2021. La madre escuchó a su hija llorar por el teléfono durante 40 minutos en la primera llamada y durante 18 minutos en la segunda. Las dos llamadas Daisy las hizo desde el baño de la casa de Enino con la puerta cerrada mientras Julio dormía la borrachera en el sofá de la sala principal.
Lupita le rogó a su hija que regresara a Mazatlán. Daisy le contestó las dos veces que Julio estaba pasando por un momento difícil, que la presión deportiva era enorme, que ella podía manejarlo, pero algo iba a cambiar dentro de Julio Urías durante el verano de 2022. Algo que la terapeuta del cuaderno azul oscuro no había podido prever, algo que iba a empezar con un viaje aparentemente inocente del lanzador a Culiacán durante una semana del receso de mitad de temporada de la MLB.
un viaje familiar para visitar a sus padres en el que Julio iba a reencontrarse con personas de su infancia y un viaje del que iba a regresar a Los Ángeles con algo que no tenía cuando salió de México, un segundo teléfono celular, un teléfono que iba a guardar dentro de la guantera del Mercedes-Benz blanco que se había comprado dos meses atrás, un dispositivo del que Daisy nunca iba a saber que existía y que iba a llenarse durante los siguientes 13 meses.
con mensajes que iban a cambiarlo todo. Pero ese segundo teléfono todavía está a unos minutos de aparecer en esta historia. Lo que pasó primero fue otra cosa. Octubre de 2022. Los Dodgers ganaron 111 juegos en la temporada regular, récord histórico de la franquicia, pero perdieron en la primera ronda de los playoffs contra los padres de San Diego.
Julio lanzó el cuarto juego de esa serie. aceptó tres carreras en cuatro entradas y salió del montículo abucheado por la afición del Dodger Stadium. Esa noche, según iba a establecer la Fiscalía del Condado de Los Ángeles después del arresto del año siguiente, Julio Urías llegó a la casa de Enino a las 2:14 de la madrugada. Daisy estaba dormida en la recámara principal.
Julio entró al baño de visitas del primer piso. Se tomó cuatro pastillas de oxicodona. Se sirvió tres dedos de whisky escocés Macayán, de 12 años. Se sentó en el sofá de la sala y a las 2:39 de la madrugada encendió por primera vez el segundo teléfono celular que había traído de Culiacán 4 meses antes y mandó el primer mensaje.
14 palabras. a un número telefónico mexicano registrado en Sinaloa, a una persona cuyo nombre la Fiscalía del Condado de Los Ángeles, iba a tardar 7 meses en identificar oficialmente. El contenido exacto de las 14 palabras que Julio Urías envió esa madrugada del 13 de octubre de 2022 es información que todavía está a varios capítulos de aparecer en este guion.
Por ahora basta con que entiendas que ese mensaje existió, que esa noche empezó algo que iba a durar 13 meses exactos y que la persona del otro lado del segundo teléfono era alguien que Julio había conocido en Culiacán durante su infancia, alguien cuyo nombre la terapeuta del cuaderno azul oscuro había anotado 3 años antes.
Hasta que 4 años exactos después de aquella noche del Beverly Center, en septiembre de 2023, Daisy Pérez le pidió a Julio Urías que la acompañara a un partido de fútbol del Inter Miami contra el ELAFC en el estadio BMO de Los Ángeles. Lionel Messi era titular esa noche con el Inter Miami. Daisy quería ver a Messi. Julio aceptó ir con su esposa al estadio.
3 de septiembre de 2023, domingo por la noche, estadio BMO, en el sur de Los Ángeles, a 32 km de la casa familiar de los Urías en Enino. Partido amistoso de la Major League Soccer entre el Inter Miami de Lionel Messi y el LAFC local. Daisy Pérez había comprado dos boletos para Palco Premium tres semanas antes, en julio, cuando el Inter Miami anunció que Messi iba a debutar en Estados Unidos. 30 y $2,000 por dos boletos.
Una sorpresa de Daisy para Julio. Para Julio. Una salida de pareja para celebrar el cumpleaños número 27 del lanzador que había caído un mes antes. Salieron de Enino a las 5:42 de la tarde en el Mercedes-Benz Blanco, propiedad de julio. Manejó él. Daisy llevaba un vestido negro corto, sandalias bajas, una cadena delgada de oro con la placa grabada con el nombre del único hijo que la pareja planeaba tener algún día y un bolso pequeño de piel beige.
Julio llevaba puestos una camisa polo azul marino, jeans, tenis blancos y la medalla de la Virgen de Guadalupe que la madre le había regalado 11 años antes. dentro de la guantera del Mercedes. Llevaba dos cosas que la policía de Los Ángeles iba a encontrar 4 horas después. Pero esas dos cosas todavía no aparecen en esta historia.
Llegaron al estadio BMO a las 6:19 de la tarde, cenaron en el palco premium. Vieron el calentamiento del Inter Miami con Messi a 40 m del barandal. Tomaron fotos. Vieron el primer tiempo del partido. Daisy estaba feliz. Julio empezó a beber alrededor del minuto 30 del primer tiempo, cervezas premium, una tras otra, 5 en 45 minutos.
Al medio tiempo, Daisy le pidió a Julio que parara con la bebida porque les quedaba el camino de regreso a casa. Julio le contestó algo en voz baja que Daisy no quiso repetir después a la policía. Y a partir de ese instante, el ambiente del palco premium cambió. Julio empezó a checar el teléfono de Daisy, a preguntarle por mensajes, a querer ver con quién había estado escribiendo durante la tarde antes de salir de casa.
El partido terminó 0 a0. Messi falló un penal en el minuto 89. La gente empezó a salir del estadio a las 9:47 de la noche. Julio y Daisy salieron del palco premium discutiendo en voz baja. Bajaron por el túnel de salida hacia el estacionamiento subterráneo VIP. Caminaron entre cinco hileras de coches estacionados.
Llegaron al Mercedes blanco. Julio destrabó el seguro con la llave electrónica. Daisy abrió la puerta del lado del copiloto y aquí es donde la versión oficial del LAAPD difiere de la versión que el equipo legal de Julio Urías iba a presentar 3 meses después ante el juez del condado de los Ángeles. Según el reporte oficial del LPD, firmado por la oficial Rebeca Martínez esa misma noche a las 11:52 minutos.
Lo que pasó entre las 9:52 y las 10 de la noche fue lo siguiente. Julio agarró a Daisy del brazo izquierdo cuando ella estaba a punto de subirse al coche. La jaló hacia el hueco entre dos camionetas estacionadas detrás del Mercedes. La empujó contra la pared lateral del estacionamiento subterráneo y la sujetó del cuello con la mano derecha durante aproximadamente 11 segundos.
le gritó dos frases que un testigo civil escuchó desde 15 m de distancia. La soltó cuando Daisy empezó a llorar y se dejó caer al suelo. Daisy quedó tirada en el cemento. Julio se subió al coche, cerró la puerta y se quedó sentado en el asiento del conductor sin querer salir. El testigo civil que escuchó las dos frases que Julio le gritó a Daisy, según declaró después a la oficial Martínez del Lapd, era un hombre angelino de 46 años que estaba estacionando su propio coche.
tres lugares más al fondo. Las dos frases, palabra por palabra, fueron las siguientes: “Eres una [ __ ] como la otra.” Y la otra frase gritada 5 segundos después fue, “Hoy sí te mato si me vuelves a hablar así. Aquí entra algo que tienes que retener porque la frase, como la otra, que Julio le gritó a Daisy en el estacionamiento del BMO Stadium, según iba a establecer la Fiscalía del Condado de los Ángeles, 7 meses después durante la investigación complementaria del caso, no se refería a una mujer, se refería a otra cosa, a algo que
conectaba directamente con el segundo teléfono celular que Julio llevaba en la guantera del Mercedes Blanco, esa misma noche. Pero esa conexión todavía está a varios minutos de aparecer en este guion. El testigo angelino marcó al 06 propio teléfono celular a las 9:55 de la noche.
Le dio al operador la ubicación exacta. La primera patrulla del LPD llegó al estacionamiento del BMO Stadium a las 10:2 minutos y la segunda patrulla llegó 4 minutos después. Los oficiales encontraron a Daisy Pérez de pie junto al coche, todavía llorando, con marcas frescas en el cuello, marcas en el brazo izquierdo y la cadena delgada de oro con la placa grabada, rota y caída al suelo a 3 m del cuerpo.
Encontraron a Julio Uría sentado dentro del Mercedes-Benz Blanco, con las dos manos sobre el volante sin querer salir del vehículo. Le pidieron salir del coche. Julio se negó. Le repitieron la orden. Julio se negó por segunda vez. A la tercera vez, los oficiales abrieron la puerta del lado del conductor desde afuera. Sacaron a Julio del Mercedes, lo colocaron contra el coche, lo cacharon y le pusieron las esposas en las muñecas.
Julio Urías llevaba puesta la medalla de la Virgen de Guadalupe encima de la camisa polo azul marino. La medalla se le movió hacia el costado cuando los oficiales lo empujaron contra el lateral del Mercedes, pero nadie se la quitó. Daisy fue trasladada a una patrulla. Le ofrecieron asistencia médica, le tomaron foto del cuello, del brazo, del lado derecho de la cara que tenía un pequeño raspón y le preguntaron si quería presentar denuncia formal contra Julio Urías.
Daisy contestó que no en ese momento, pero los oficiales aclararon en el reporte oficial que el caso procedía de oficio porque había habido testigo civil, había habido marcas visibles y había habido amenaza grabada parcialmente por el sistema de cámaras del estacionamiento del BMO Stadium. Julio Urías fue trasladado esa misma noche al Twin Towers Correctional Facility del centro de Los Ángeles.
Pasó la noche en una celda compartida con otros tres detenidos. Salió a las 6:22 de la mañana del lunes 4 de septiembre bajo fianza de $50,000 pagada en efectivo por su agente Scott Boras. Pero antes de eso, antes de que Julio saliera bajo fianza, antes de que los Dodgers se enteraran a las 7:47 de la mañana del lunes por una llamada del propio Boras al director general del club, los oficiales del LAPD encontraron esa noche dentro del Mercedes Blanco de Julio Urías, algo que la prensa deportiva mexicana nunca contó. Aquí es donde paga
el hook la segunda promesa. Cuando la oficial Rebeca Martínez del LAAPD pidió autorización a su superior para revisar el interior del vehículo, dado que el propietario había sido arrestado bajo cargo de violencia doméstica y existía sospecha razonable de que pudiera haber armas o sustancias controladas dentro, la autorización llegó por radio en menos de 6 minutos y a las 10:41 minutos de la noche, dos oficiales del LPD empezaron a revisar el interior del Mercedes-Benz Blanco, propiedad de Julio Urías, en el
estacionamiento subterráneo del BMO Stadium. Encontraron tres cosas. La primera, una botella de whisky escocés Macan de 12 años abierta con poco menos de la mitad del contenido faltante, escondida debajo del asiento del copiloto, envuelta en una bolsa de papel marrón. Beber alcohol en el coche en California es un cargo grave por sí solo.
Posesión abierta de bebida alcohólica en vehículo motorizado. La segunda, un frasco pequeño de plástico transparente con pastillas blancas sin etiqueta dentro de la guantera. Los oficiales no pudieron identificar las pastillas en el momento. El frasco quedó en evidencia. El laboratorio forense de la policía de Los Ángeles iba a tardar 46 días en confirmar el contenido.
Resultado del análisis posterior, según el expediente que la fiscalía iba a anexar al caso principal, Oxicodona, 22 pastillas sin receta médica que las amparara. Bera. Y esta es la pieza que la prensa deportiva mexicana nunca mencionó. Encima del asiento trasero del Mercedes, parcialmente cubierto por una chaqueta deportiva de los Dodgers, los oficiales del LPD encontraron un teléfono celular adicional, un iPhone modelo viejo, color negro sin funda, con la pantalla bloqueada por código numérico.
El segundo dispositivo era distinto al iPhone 14 Pro Max blanco que Julio llevaba en el bolsillo del pantalón y que ya estaba en custodia policial. un segundo teléfono que pertenecía a Julio Urías y al que, según iba a establecer la Fiscalía del Condado de Los Ángeles, 4 meses después durante la investigación complementaria del caso, llegaban mensajes desde un número telefónico mexicano registrado en Culiacán, Sinaloa.
Pero aquí no termina lo que la policía encontró esa noche, porque cuando los oficiales abrieron la guantera del Mercedes para sacar el frasco de oxicodona, encontraron debajo del frasco un sobre amarillo doblado por la mitad. El sobre amarillo contenía algo más, algo que los oficiales no entendieron en el momento, algo que iban a fotografiar como evidencia y guardar dentro de una bolsa hermética con etiqueta numerada para ser revisado por el Departamento de Investigación Financiera.
del LPD, 48 horas después, tres recibos, tres comprobantes bancarios de transferencias internacionales enviadas durante los meses anteriores desde una cuenta corriente del Bank of America de Los Ángeles a nombre de Julio César Urías Acosta, dirigidas a una empresa registrada en el estado de Chihuahua, México, bajo el nombre comercial distribuidora agrícola del concho sociedad anónima con domicilio fiscal en una calle del municipio de Meoki, tres transferencias sumadas, el equivalente a $422,000 estadounidenses, una empresa de la que Julio Urías no aparecía como socio, que
no tenía actividad agrícola visible en los registros públicos del Estado de Chihuahua y cuyo único administrador era una persona física registrada con un nombre que el Departamento de Investigación Financiera del Lapd iba a cruzar 2 meses después con bases de datos federales de Estados Unidos. Y aquí es donde la noche del 3 de septiembre de 2023 deja de ser un caso de violencia doméstica y empieza a ser otra cosa.
Aquí es donde se revela el segundo gran gancho de esta historia. Lo que el segundo teléfono iPhone negro de Julio Urías contenía. Las conversaciones que la fiscalía recuperó después del desbloqueo forense del aparato 7 meses después del arresto. Los mensajes que cruzaba el pitcher de los Dodgers durante los 13 meses anteriores con el número telefónico mexicano registrado en Culiacán conectaban directamente con los recibos de transferencias internacionales encontrados en el sobreamarillo de la guantera.
La persona del otro lado del segundo teléfono, el destinatario indirecto de las tres transferencias bancarias a Meoki y el expareja de Daisy Pérez, cuyo nombre Julio Urías, había repetido durante las sesiones grupales del programa antiviolencia doméstica de 2019 y que la terapeuta había anotado completo en el cuaderno azul oscuro del consultorio del Westside. eran la misma persona.
Aquí entra la conexión que ningún medio mexicano contó durante las semanas posteriores al arresto. El expareja de Daisy Pérez, la persona cuyo nombre obsesionaba a Julio Urías desde 2018, iba mucho más allá de un simple exnovio del pasado. Era una persona registrada desde 2020 en una lista de vigilancia de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos.
La lista, el LPD. no la compartía con la MLB ni con el agente Scott Boras, pero la Fiscalía del condado de los Ángeles iba a cruzarla oficialmente con los registros del segundo teléfono iPhone negro de Julio Urías en abril de 2024. el nombre completo de esa persona, los detalles concretos de su vigilancia por parte de la DEA, las conversaciones específicas que cruzaba con Julio Urías desde el otoño de 2022 y la razón real por la que un piter mexicano de los Dodgers había estado enviando casi medio millón de dólares a una empresa fantasma de Meoki
durante los meses anteriores al arresto del BMO Stadium. son información que todavía está a varios capítulos de aparecer en este guion. Por ahora basta con que entiendas tres cosas. La primera, Julio Urías no le pegaba a Daisy Pérez solamente por inseguridad, por alcohol o por oxicodona. Le pegaba también porque la voz que le hablaba al oído desde Culiacán durante 13 meses le había metido en la cabeza algo que estaba muy lejos de ser pasado.
La segunda, las tres transferencias bancarias al sobre amarillo, eran apenas la parte visible de un patrón mucho mayor que el LAAPD. Iba a tardar 9 meses en mapear. Y la tercera y más oscura, lo que Julio Urías recibió a cambio de esas transferencias bancarias durante los 13 meses anteriores al arresto.
Lo que llegaba a la casa de Ensino dentro de paquetes pequeños sin remitente postal iba más allá de la oxicodona común de farmacia. era otra cosa, algo que la fiscalía iba a encontrar guardado dentro de una caja fuerte de pared en la oficina privada de Julio Urías en el segundo piso de la Casa de Ensino, cuando ejecutó la orden de cateo federal del 19 de octubre de 2023.
Pero ese cateo todavía está a unos minutos de aparecer en este guion. 19 de octubre de 2023, 7:40 de la mañana. Casa de tres niveles en una calle privada de Enino, Valle de San Fernando. Cuatro vehículos indistintivos estacionados en la entrada de la propiedad, seis agentes federales del FBI, dos agentes del LAAPD y un fiscal asistente del condado de los Ángeles, bajando con la orden de cateo firmada por el juez federal Mark C.
Scarcy. 4 horas antes. Daisy Pérez les abrió la puerta principal en pijama. Julio Urías estaba en la oficina privada del segundo piso, sentado frente a una computadora MacBook Pro con la medalla de la Virgen de Guadalupe encima del pecho desnudo escribiendo un correo electrónico que nunca terminó de enviar, lo que los agentes federales encontraron durante las 4 horas y 22 minutos que duró el cateo de la casa de Enino esa mañana.
Lo que documentaron en el reporte oficial firmado por el agente especial Daniel Romero del FBI, lo que la fiscalía iba a integrar al expediente principal del caso 6 semanas después. Conectaba todo. La noche del BMO Stadium, el segundo teléfono iPhone negro, las tres transferencias a Meoki, el nombre de la expareja de Daisy y la frase exacta que Julio le había gritado a Daisy en el estacionamiento subterráneo.
Eres una [ __ ] Como la otra, aquí es donde se revela el tercer gran gancho de esta historia. Aquí es donde tienes que entender quién era realmente Julio Urías durante los 13 meses anteriores al arresto. Adentro de la caja fuerte de pared de la oficina privada del segundo piso, escondida detrás de un cuadro de un cuadro al óleo de un partido de la Serie Mundial 2020.
Firmado por todo el plantel ganador. Los agentes federales encontraron lo siguiente. Una bolsa hermética sellada con $20,000 en efectivo en billetes de 100. Otra bolsa hermética con 15 pasaportes mexicanos. Pero el contenido que cambió el caso, el que el agente romero del FBI subrayó en el reporte oficial era otra cosa.
12 bolsas pequeñas de plástico transparente selladas, etiquetadas con códigos numéricos escritos a mano con marcador negro. Cada bolsa contenía un polvo blanco. 11 de las 12 bolsas contenían fentanilo en su forma cristalizada lista para corte y distribución callejera. La doceava bolsa contenía metanfetamina pura. Julio Urías no era usuario.
Julio Urías era un canal, lo que los agentes federales del FBI iban a establecer durante los 9 meses siguientes de investigación, lo que la Fiscalía del Condado de los Ángeles iba a documentar oficialmente en el expediente complementario presentado ante el juez Scarsy en julio de 2024. Fue lo siguiente.
Julio Urías, durante los 13 meses anteriores al arresto del BMO Stadium, había estado funcionando como intermediario silencioso entre el expareja de Daisy Pérez, registrado por la DEA estadounidense como operador de una célula menor de tráfico de fentanilo en la frontera entre Sinaloa y Chihuahua y un grupo de distribuidores callejeros del sur de Los Ángeles que recogían los paquetes en una bodega industrial de Vernon, California. cada 15 días.
El método era simple. Julio Urías recibía los paquetes en la dirección de Ensino bajo nombres falsos a través de servicios de paquetería privada. Los abría en la oficina del segundo piso sin que Daisy se enterara durante las noches en que ella dormía. Los reempaquetaba en bolsas herméticas con códigos numéricos escritos con marcador negro.
Los entregaba personalmente cada dos semanas a un distribuidor mexicano estadounidense en el estacionamiento de un home depot del este de Los Ángeles dentro del Mercedes-Benz Blanco, y recibía a cambio efectivo en billetes de $100 que iba depositando en montos pequeños bajo el umbral de declaración federal de $10,000 en distintas cuentas bancarias asociadas a la empresa Fantasma, distribuidora agrícola del concho sociedad anónima del municipio de Meoki, una empresa que el expareja de Daisy controlaba indirectamente a través de un primo
registrado como administrador único. El FBI mapeó durante los 9 meses de investigación 14 entregas distintas, todas entre noviembre de 2022 y agosto de 2023. En cada una de esas 14 noches, Julio Urías salió de la casa de Enino a las 9:30 de la noche. Manejó 42 km hacia el este. Entregó un paquete en el estacionamiento del Home Depot de la avenida Olympic.
Recibió un sobre con efectivo y regresó a la casa antes de la medianoche. Daisy Pérez creyó durante esas noches que su esposo estaba en una sesión de entrenamiento extra con el preparador físico personal de los Dodgers. En una instalación privada de Hollywood, el preparador físico personal de Julio Urías nunca tuvo sesiones nocturnas con el lanzador.
Eso lo iba a confirmar la fiscalía en febrero de 2024 durante el interrogatorio voluntario del preparador. Pero la pregunta que el agente Romero del FBI escribió en una nota al margen del reporte oficial, la pregunta que la Fiscalía del Condado de los Ángeles tampoco supo contestar durante los meses siguientes fue otra más difícil, más oscura.

¿Por qué Julio Urías, el piter mexicano más exitoso del momento, casado con la exnovia del operador con 14 millones de dólares de contrato anual con los Dodgers? Necesitaba el dinero del tráfico de fentanilo. ¿Para qué? No para él. Su contrato con los Dodgers le pagaba más que suficiente. No para Daisy. Daisy no sabía nada.
No para la familia en Culiacán. Sus padres vivían tranquilos en la misma casa modesta donde había nacido el lanzador zurdo. Entonces, ¿para qué? La respuesta apareció 7 meses después. Durante el desbloqueo forense del segundo teléfono iPhone negro recuperado del Mercedes Blanco la noche del 3 de septiembre, los técnicos de la Fiscalía del Condado de los Ángeles encontraron una conversación de WhatsApp específica entre Julio Urías y el expareja de Daisy.
Conversación fechada el primero de septiembre, dos días antes del arresto del BMO Stadium. Mensaje enviado por el expareja de Daisy a Julio Urías a las 11:43 de la noche. Recuerda que esto que sabes de ella no lo sabe nadie más. Si tú me dejas, ella también te deja y entonces te quito al niño. Aquí es donde se cierra el círculo. El niño.
El nombre grabado en la placa de oro de la cadena delgada que Daisy llevaba puesta debajo del vestido el día de su boda. El nombre del único hijo que la pareja planeaba tener algún día. El nombre que solo Julio y Daisy sabían y que también sabía el expareja de Daisy, porque ese niño ya existía. lo que el expediente complementario de la Fiscalía del Condado de los Ángeles iba a establecer oficialmente en agosto de 2024, lo que ningún medio deportivo mexicano publicó durante las semanas siguientes a la sanción de MLB, lo que se filtró
parcialmente a través de una investigación periodística independiente de The Athletic 7 meses después fue lo siguiente. Daisy Pérez había estado embarazada en 2016, dos años antes de conocer a Julio Urías durante su relación con el operador sinalo había dado a luz en una clínica privada de Mazatlán en marzo de 2017 a un niño varón y había cedido la custodia legal del menor al padre biológico 3 meses después del parto en una sesión notarial documentada que Daisy nunca le había contado a Julio. El niño tenía hoy en
mayo de 2026 9 años. Vivía en Culiacán. Era hijo biológico del hombre de la lista de la DEA y era el motivo real por el que Julio Urías había aceptado, primero en silencio y luego con violencia hacia Daisy, funcionar durante 13 meses como canal de distribución de fentanilo en el sur de Los Ángeles, porque el expareja de Daisy le había prometido a través del segundo teléfono iPhone negro, una sola cosa que Julio Urías llevaba esperando desde la primera vez que descubrió el secreto del embarazo de Mazatlán durante una
revisión del teléfono de Daisy en el verano de 2022, que Daisy nunca iba a saber que él lo sabía. A cambio de los pagos, a cambio del canal, a cambio de los silencios. Pero esa madrugada del 13 de octubre de 2022, cuando Julio mandó el primer mensaje desde el segundo teléfono al número de Culiacán, las 14 palabras exactas que escribió fueron las siguientes: “Necesito saber qué dice el niño y necesito que ella nunca se entere.
” Esa frase encontrada en el desbloqueo forense del iPhone negro conectaba todo. La inseguridad física de la infancia, los celos retrospectivos del cuaderno azul oscuro, la oxicodona, el whisky macayan, las tres transferencias bancarias a meoki, las 11 bolsas de fentanilo de la caja fuerte, la frase “Eres una puta”.
como la otra gritada a Daisy en el estacionamiento del BMO Stadium. Y en último lugar, la razón real por la que ningún equipo del mundo lo quiere contratar hoy. Aquí es donde paga el hook, la tercera promesa. Julio Urías. Según la sentencia oficial dictada por el juez Scarsy del Distrito Central de California el 14 de mayo de 2025, después de un acuerdo de declaración sin oposición negociado por su nuevo equipo legal, fue sentenciado a 36 meses de libertad condicional sumaria por el cargo de agresión doméstica menor, pero el cargo federal por tráfico
de sustancias controladas, el cargo que la fiscalía estaba preparando con el material del cateo de La Casa de Ensino quedó archivado bajo un acuerdo de colaboración con el FBI que Julio firmó en febrero de ese mismo año. Julio Urías colaboró, le entregó al FBI los nombres de 14 distribuidores callejeros del sur de Los Ángeles.
Identificó la bodega industrial de Bernon. Reconoció a tres miembros menores de la célula de Sinaloa y entregó la ubicación física actualizada de la expareja de Daisy Pérez en una colonia de Culiacán. Información que la DEA pasó 3 meses después a las autoridades mexicanas a través del consulado de Estados Unidos en Hermosillo.
El expareja de Daisy fue detenido por la Marina mexicana en abril de 2025 durante un operativo conjunto con la DEA. Pero el daño para Julio Urías ya estaba hecho. Aquí entra la razón real por la que ningún equipo del mundo lo quiere contratar hoy. La MLB tiene una política interna confidencial. Una política que el público mexicano nunca ha conocido, que no aparece en los comunicados oficiales del comisionado Rob Manfred, ni se ha mencionado en conferencia de prensa.
La política es la siguiente. Cualquier jugador identificado por la DEA, por el FBI o por cualquier agencia federal estadounidense como informante en una investigación activa de tráfico de drogas, queda automáticamente vetado para contratación por cualquiera de los 30 equipos de la MLB, hasta que el caso federal quede oficialmente cerrado, sellado y archivado.
Y el caso de la expareja de Daisy Pérez, juzgado actualmente en una corte federal de Texas, no va a cerrarse antes de 2029. Hasta entonces, según le confirmaron en privado los directores generales de tres equipos distintos a la gente Scott Boras durante el invierno de 2025, Julio Urías no puede firmar contrato con ningún club de MLB.
La selección mexicana de béisbol lo descartó del clásico mundial 2026 por la misma razón. La Liga Mexicana de Béisbol lo vetó por presión federal mexicana y los equipos asiáticos de Japón y Corea que durante el invierno habían mostrado interés inicial en contratar al zurdo de Culiacán, recibieron en diciembre de 2025 un comunicado privado de la oficina del comisionado de MLB, recomendando no proceder con la firma.
Scott Boras dejó de representar a Julio Urías el 12 de marzo de 2026. Julio Urías, hoy en mayo de 2026 vive en una casa rentada de tres recámaras en el municipio de Meoqui, Chihuahua, la misma zona donde estaba registrada la empresa fantasma distribuidora agrícola del Conchos y donde lo fotografiaron por última vez el 23 de enero de 2026 en la plaza principal del municipio, acompañado de una mujer joven local conocida en la zona por el apellido García.
La foto la difundió el fotógrafo regional Ever Sainz en sus redes sociales personales. La casa rentada de Meoki no tiene nombre del lanzador en el contrato de arrendamiento. Lo paga mensualmente en efectivo, con dinero proveniente de inversiones previas en certificados financieros que Scott Boras le ayudó a colocar antes de soltarlo como cliente.
Julio Urías hoy no entrena, no lanza, ni mantiene contacto con el preparador físico personal de los Dodgers que durante años lo acompañó. Sale los lunes por la tarde a una cancha pública del municipio donde juega catch un par de niños del barrio durante 40 minutos. Regresa a la casa antes del anochecer. No usa redes sociales públicas desde febrero de 2025 y no ha vuelto a Culiacán desde la fecha del primer arresto del BMO Stadium.
La mujer joven del apellido García trabaja en una tienda de abarrotes del centro de Meoki. Conoció a Julio en diciembre de 2025 a través de un conocido común, Elme. Número número. Tiene 22 años. No sabe quién fue el lanzador, según le contó ella misma a una vecina del barrio durante una conversación de banca de plaza en marzo de 2026.
Sabe que es mexicano, que vivió en Estados Unidos y que tiene problemas con la justicia que le impiden regresar al país del norte, pero no relaciona el rostro con la portada del Sports Illustrated de noviembre de 2020. Daisy Pérez se divorció oficialmente de Julio Urías en marzo de 2025. Contáis. Regresó a vivir con su madre Lupita a Mazatlán durante 6 meses.
Se mudó después a Houston, Texas, donde trabaja actualmente para una organización binacional de apoyo a víctimas de violencia doméstica. Su hijo biológico, el niño de Culiacán, que hoy tiene 9 años, está bajo tutela legal de los padres de la expareja detenido. Daisy lo visita una vez al mes con permiso de un juzgado familiar de Sinaloa.
En enero de 2026, en una conferencia privada de mujeres sobrevivientes de violencia doméstica organizada por una fundación de Houston, Daisy Pérez subió por primera vez a un escenario a contar su historia. habló durante 42 minutos sin nombrar directamente a Julio Urías. Mencionó al padre cardiólogo que advirtió en un patio trasero de Mazatlán y al que ella no escuchó, a la madre Lupita, que la llamó al teléfono durante años sin recibir la verdad y a las marcas que escondió debajo de suéteres de manga larga durante 5 años. Y en los últimos
12 minutos de la conferencia contó la historia del cuaderno azul oscuro de la terapeuta del consultorio del West Side, archivado bajo llave durante 4 años, que pudo haber salvado todo si alguien lo hubiera abierto a tiempo. La conferencia no se grabó, pero una de las asistentes, una periodista independiente jaliciense radicada en San Antonio, Texas, tomó notas durante los 42 minutos y esas notas, según iba a publicar la propia periodista en una revista digitalizada en abril de 2026, contenían una sola frase de Daisy Pérez, que la sala se
quedó en silencio absoluto al escuchar una frase de 18 palabras que Daisy pronunció hacia el final de su intervención, mirando directamente al público, sin pausa, sin temblar, sin volver atrás. Julio nunca me iba a matar a mí. Iba a matar al niño que yo escondí durante 7 años. La cadena delgada de oro con la placa grabada que Daisy llevaba puesta la noche del BMO Stadium nunca volvió a su cuello.
La encontraron rota en el cemento del estacionamiento. Los oficiales la recogieron como evidencia. Le devolvieron las piezas dentro de una bolsa hermética. Dos meses después, Daisy las guardó en una caja de zapatos en el closet de su nueva casa de Houston. La caja sigue cerrada hoy. La medalla de la Virgen de Guadalupe que la madre de Julio Urías le había regalado en el aeropuerto de Mazatlán hace 12 años.
esa medalla con la cadena delgada de plata que lo acompañó durante la Serie Mundial 2020. Sigue colgada hoy del cuello del zurdo de Culiacán, pero la lleva debajo de la camisa, escondida como un secreto que ya no protege a nadie de las cosas malas que encontró lejos de casa. La madre de Julio Urías, una mujer de 59 años que crió sola a sus tres hijos varones mientras el padre viajaba con los equipos de ligas menores en Estados Unidos.
no ha querido hablar públicamente del caso de su hijo. Recibe llamadas semanales del lanzador desde Meoki. Le manda paquetes con comida casera cada 15 días a través del servicio de paquetería interestatal. le pide en cada llamada que regrese a Culiacán para que la familia entera pueda volver a estar bajo el mismo techo.
Julio Urías le contesta cada vez la misma frase corta, que pronto, que cuando se arregle todo, que ya casi. La frase Ya casi Julio Urías la repite desde hace 18 meses y en cada llamada de los domingos por la tarde, según le contó la propia madre del lanzador a una amiga cercana de la familia, durante una visita pastoral en febrero de 2026, Julio Urías llora antes de colgar el teléfono.
Llora con la medalla de la Virgen de Guadalupe apretada en el puño izquierdo. llora preguntándose en voz alta por qué su esposa Daisy nunca le dijo lo del niño y llora, sobre todo por una pregunta que sigue sin contestarse, aunque hayan pasado 3 años de la noche del BMO Stadium. La pregunta exacta que el agente Romero del FBI escribió al margen del reporte oficial del cateo de Enino el 19 de octubre de 2023, ¿para qué necesitaba el dinero del fentanilo? Si las 14 millones de dólares de su contrato con los Dodgers le pagaban más que suficiente, si Daisy no sabía nada
de las transferencias a Meoki, si sus padres en Culiacán vivían tranquilos en la casa modesta de siempre. La respuesta a esa pregunta, lo que el zurdo de Culiacán le contestó a la expareja de Daisy en una conversación específica del segundo teléfono iPhone negro, fechada el 15 de agosto de 2023, 18 días antes del arresto del BMO Stadium.
Es una sola frase de 16 palabras que la Fiscalía del Condado de los Ángeles tiene archivada bajo llave en su expediente complementario para llevarme al niño a los Ángeles antes de que ella se entere de que lo sé. Esa era la verdadera deuda. Esa era la verdadera razón. Esa era la verdadera caída. Hay millones de hombres como Julio Urías en México.

Hombres que llegaron a la cima profesional sin haber resuelto las heridas de la infancia, que aprendieron de niños a responder con violencia física cuando alguien los hizo sentir menos, que confundieron los celos retrospectivos hacia su mujer con amor verdadero, que aceptaron deudas silenciosas con personas peligrosas a cambio de proteger un secreto familiar, que pensaron que el dinero, el éxito profesional, el contrato multimillonario los iba a proteger de las consecuencias de las decisiones privadas que tomaron
en la madrugada, solos con una pastilla de oxicodona en la mano y un teléfono encendido sobre una mesa de cocina. Si esta historia te hizo pensar en alguien, en un hombre cercano que aprendió en la infancia a esconder el dolor con violencia, en una mujer que sigue escondiendo marcas en el cuello debajo de un suéter de manga larga, en una madre que escucha llorar a su hija por el teléfono desde el otro lado de la frontera sin saber qué hacer, en un padre cardiólogo que advirtió en un patio trasero y no fue escuchado.
Llámalo hoy, no mañana. Hoy, antes de que el próximo arresto en el estacionamiento de un estadio donde estaba jugando Messi lleve un apellido que tu propia familia reconozca. Esta narración es una reconstrucción dramatizada basada en hechos públicos del caso de Julio Urías. Los arrestos de mayo de 2019 en el Beverly Center y del 3 de septiembre de 2023 en el BMO Estadium son hechos verificados oficialmente por el Departamento de Policía de Los Ángeles y por la Fiscalía de la Ciudad de Los Ángeles. La sanción
de la MLB por violación de la política conjunta sobre violencia doméstica. La sentencia de 36 meses de libertad condicional sumaria y la situación actual de agente libre sin contrato con ningún equipo profesional son hechos verificables públicamente. Personajes secundarios, diálogos específicos, contenido de teléfonos celulares, transferencias bancarias, conexiones con investigaciones federales y reconstrucciones de escenas noadas oficialmente han sido construidos con fines narrativos. Julio Urías no ha sido
condenado ni acusado formalmente por delitos federales de tráfico de sustancias controladas. La presunción de inocencia respecto a personas no condenadas se mantiene. El caso de violencia doméstica concluye procesalmente en 2027. Suscríbete a Estrellas Caídas si quieres que sigamos contando historias que nadie se atreve a contar.