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JULIO URÍAS: CONFESÓ LA ASQUEROSIDAD QUE LE HIZO A SU ESPOSA

Las primeras peleas serias entre Julio y Daisy ocurrieron durante el verano de 2018 antes de que se mudaran juntos. Discusiones por teléfono que terminaban con Julio colgando. Mensajes de texto enviados a las 3 de la madrugada que Daisy borraba al día siguiente y una noche específica en agosto de ese año en la que Daisy le pidió a su amiga Carla, una abogada mexicana radicada en Los Ángeles, que la recogiera de un restaurante de Hollywood porque Julio se había ido manejando borracho, dejándola sola en la puerta. Pero al día

siguiente, Julio aparecía con flores, con disculpas, con regalos caros y con la promesa de cambiar. Daisy le creyó. Se mudaron juntos a un departamento en Marina del Rey en otoño de 2018. Se hicieron pareja oficial, compartieron las llaves del departamento, empezaron a planear el futuro y Julio, durante los primeros tr meses de la convivencia fue exactamente el hombre que Daisy había conocido en la fiesta del consulado hasta que llegó la primera Navidad.

Diciembre de 2018, Daisy invitó a Julio a pasar las fiestas con su familia en Mazatlán. Su madre, Lupita, preparó la cena de Nochebuena. Su padre cardiólogo, Dr. Eduardo Pérez, llevó a Julio al patio trasero de la casa para hablar en privado durante 20 minutos. Y lo que el padre cardiólogo le dijo al lanzador de los Dodgers esa noche del 24 de diciembre, según le iba a contar Daisy 4 años después, a la terapeuta del cuaderno azul oscuro durante una sesión conjunta de pareja.

Fueron ocho palabras exactas. Si la tocas, te vas a arrepentir, muchacho. Julio escuchó al padre cardiólogo, asintió, le dio la mano y regresó al comedor a sonreír delante de toda la familia Pérez, como si la conversación del patio no hubiera ocurrido. Pero esa misma noche, en la habitación de huéspedes de la casa de los Pérez en Mazatlán, según iba a aparecer años después en el cuaderno azul oscuro, Julio Urías agarró a Daisy del brazo izquierdo por primera vez.

le dejó marcas que duraron tres días, marcas que Daisy escondió debajo de un suéter de manga larga durante toda la cena familiar del 25. No se las enseñó a su madre, no se las contó a su padre cardiólogo. Marcas que ella misma se convenció de que habían sido una accidente. Aquí entra algo que tienes que entender, porque el patrón que la terapeuta del programa antiviolencia doméstica iba a identificar 5co meses después en el cuaderno azul oscuro del consultorio del West Side, ya estaba en marcha antes de la boda, ya estaba en

marcha antes del primer arresto, ya estaba en marcha cuando Julio Urías levantaba el trofeo de la serie mundial 2020 y la cámara de televisión enfocaba a Daisy, aplaudiendo en las gradas con una sonrisa. tensa que nadie en México supo leer en directo, pero esa serie mundial todavía no había llegado. Lo que pasó primero fue otra cosa.

Se casaron en una ceremonia privada de 40 invitados en una casa alquilada de Malibu en octubre de 2022. Compraron juntos una casa de tres niveles en enino, en el valle de San Fernando por $2,400,000. Empezaron a hablar de tener hijos. La madre Lupita viajó tres veces a Los Ángeles durante el primer año de matrimonio para visitarlos.

Y aquí entra el segundo caramelo de esta historia, porque Daisy Pérez llevaba puesta el día de su boda, debajo del vestido blanco, una cadena delgada de oro con una placa pequeña grabada. La placa tenía escrito un nombre, el nombre del único hijo que la pareja planeaba tener algún día. Un nombre que Daisy y Julio habían elegido juntos durante una cena en Malibú dos meses antes de la boda.

Un nombre que solo ellos dos sabían. Esa cadena de oro con la placa grabada iba a aparecer otra vez 5 años después. Rota, caída en el cemento del estacionamiento subterráneo del BMO Stadium, a 3 m del cuerpo de Daisy, tirada en el suelo. Pero esa noche todavía está a años de distancia. Lo que pasó primero fue otra cosa, algo que la familia de Daisy en Mazatlán empezó a notar a los pocos meses de la boda.

Algo que la madre Lupita intentó hablar con su hija dos veces por teléfono durante el invierno de 2018, algo que Daisy negó las dos veces. Aquí es donde llegamos a la primera vez que Julio Urías le pegó a su esposa en territorio estadounidense la primera vez que quedó documentada por la policía que existió un reporte oficial firmado por un oficial del LAPD, que la MLB tuvo que abrir un expediente disciplinario contra el lanzador mexicano que había cerrado la Serie Mundial.

Mayo de 2019, centro comercial Beverly Center en West Hollywood, Los Ángeles. Un mes después del séptimo aniversario del primer mensaje de texto entre los dos. Julio Urías, 22 años, recién consolidado en la rotación de los Dodgers, caminaba por el estacionamiento subterráneo del centro comercial con su esposa Daisy. Habían discutido durante la cena en uno de los restaurantes de la planta alta.

La discusión se prolongó mientras caminaban hacia el coche. Lo que pasó después dentro del estacionamiento subterráneo del Beverly Center quedó documentado por dos testigos civiles que estaban estacionando su propio coche a 15 m de distancia. Los testigos llamaron al 06. La policía de Los Ángeles llegó en menos de 7 minutos.

Encontraron a Daisy Pérez de pie junto al coche con marcas visibles en el cuello y en uno de los brazos. Encontraron a Julio Uría sentado dentro del auto sin querer salir. Los oficiales hablaron primero con Daisy, después con Julio. El reporte oficial del incidente firmado por el oficial Robert Sandoval del Lapd esa misma noche describe lo siguiente.

Discusión verbal escalada a contacto físico. La víctima presenta marcas compatibles con su gestión forzada. El sospechoso admite haber agarrado a la víctima del brazo con fuerza. No hay denuncia formal de la víctima en el momento. Julio Urías fue arrestado bajo sospecha de violencia doméstica. Pasó una noche en una celda del LAAPD.

Fue liberado al día siguiente bajo fianza. La MLB lo investigó, lo suspendió 20 juegos y aquí viene la parte que casi nadie recuerda en México. La Fiscalía de la Ciudad de Los Ángeles decidió no procesarlo penalmente. ¿Con qué condición? Con una condición específica que el propio Urías aceptó por escrito ante el juez. 52 semanas de terapia antiviolencia doméstica.

Un programa intensivo, una sesión semanal, una terapeuta especializada en agresores, tareas, cuaderno de seguimiento, confrontación grupal con otros hombres acusados de lo mismo, un año entero. Si Julio completaba las 52 semanas, el cargo quedaba archivado y no aparecía en su historial penal. Julio Urías completó las 52 semanas.

Aquí aparece el tercer caramelo de esta historia, lo que Julio le contó a esa terapeuta durante las 52 sesiones semanales de 2019 a 2020, lo que escribió de su puño y letra en el cuaderno de seguimiento que la terapeuta le entregaba cada semana. Lo que confesó frente a otros tres hombres en las sesiones grupales del condado es información que la propia terapeuta tiene archivada hoy en mayo de 2026 en un consultorio del West Side de Los Ángeles bajo confidencialidad médico paciente.

El cuaderno tiene tapa azul oscuro, 52 páginas con la letra apretada de Julio Urías. Lo guardó la terapeuta dentro de un archivero metálico de su consultorio bajo llave. durante 4 años hasta que en septiembre de 2023, después del segundo arresto, la Fiscalía del Condado de Los Ángeles, durante la preparación del segundo caso, solicitó acceso al expediente clínico bajo orden judicial para evaluar el patrón de conducta del acusado y lo que esa solicitud judicial reveló al equipo legal de la fiscalía, lo que ningún medio deportivo mexicano contó durante

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