Robert formaba parte de una familia estable y de clase media. Estudiaba en Main West High School. era responsable, inteligente y soñaba con convertirse en astronauta. A pesar que se reportaban varios casos de desapariciones en Chicago, Robert no parecía cumplir con el perfil típico del adolescente que huye de casa por motivos económicos o familiares.
Aquello resultaba tan extraño que puso de inmediato en alerta a los investigadores y se informó de la situación al fiscal Terry Sullivan. Según la declaración de su madre, Elizabeth Peht, el joven trabajaba como ayudante en una farmacia llamada Nisson, ubicada a solo ocho cuadras de su vivienda.
La mujer estaba de cumpleaños ese mismo día y había acordado recogerlo en su vehículo cerca de las 22 horas para celebrar con toda la familia. Sin embargo, cuando Robert terminó su turno y se acercó a los estacionamientos, le pidió que lo esperara unos minutos. Un contratista de obras que había entrado al establecimiento aquella tarde le ofreció un tentador empleo para la temporada de verano y debían conversar al respecto.
El pago era de $ la hora, el doble de lo que ganaba en la farmacia. Elizabeth lo esperó más de 30 minutos, pero Robert no regresó. Finalmente, la mujer se dirigió sola a casa, ya que su esposo y sus otros dos hijos la estaban esperando para la celebración. En un principio pensaron que el chico había olvidado que su madre estaba de cumpleaños y que quizá había corrido alguna tienda cercana para comprar su regalo.
Pero los minutos pasaron y comenzaron a ponerse nerviosos. Cerca de las 2320 horas, finalmente se dirigieron al departamento de policía de Plains para realizar la denuncia. Poco antes de la medianoche, un par de agentes se presentaron en la farmacia Nisson e interrogaron a una compañera de trabajo de Robert.
Esta aseguró que el chico planeaba encontrarse con un individuo al finalizar su turno, ya que supuestamente le había ofrecido un nuevo empleo esa misma tarde, confirmando el testimonio de la madre. Los oficiales se contactaron con el propietario de la farmacia, Phil Torf, quien recordaba que cerca de las 18 horas John Wayne Gisy, el dueño de contratistas PDM, una empresa de pintura, remodelación y mantenimiento, lo había visitado para realizar un presupuesto por el rediseño de su local.
Torf mencionó a la policía que Geisy notó la presencia de Robert mientras el chico reponía la mercadería e incluso dijo en voz alta, “Caras nuevas, parece que se ha renovado el equipo. Geisy se marchó poco después, pero volvería cerca de las 20 horas, ya que había olvidado su agenda sobre el mostrador.
Fue en ese momento en el cual cruzó un par de palabras con Robert Peht, según algunos testigos. Mirado en retrospectiva, es probable que la agenda olvidada no fuera más que una estratagema de Geisy para regresar a la farmacia y entablar una conversación aparentemente casual con el chico sin despertar sospechas.
No existía ninguna prueba de que Robert realmente se hubiese reunido con el dueño de contratistas PDM aquella noche, pero los agentes decidieron revisar sus antecedentes penales, topándose con algo alarmante. 10 años antes, en diciembre de 1968, John Wayne Gy había sido arrestado en Iowa y encontrado culpable de abusar sexualmente de un joven de 15 años identificado como Donald Borges.
A pesar de que recibió una sentencia de 10 años de prisión, obtuvo la libertad vigilada solo 18 meses más tarde debido a su buen comportamiento. Por lo visto, en los años siguientes, Geisy no tuvo más encuentros con la ley, al menos hasta 1978. Entre enero y marzo de ese mismo año había sido denunciado por otros dos jóvenes que lo acusaban de secuestro, violación, tortura e intento de asesinato.
Por desgracia, las víctimas identificadas como Robert Donnel de 19 años y Jeffrey Rignal de 26 no contaban con ninguna prueba que lo incriminara y si bien Gisy fue arrestado, no tuvo demasiados problemas. en convencer a la policía de que era inocente. Este aseguró que posiblemente aquellos chicos solo querían chantajearlo y pudo acceder a la libertad bajo fianza hasta que el asunto se aclarara.
Esta vez, varios testigos lo vieron conversando con Robert Pe antes de que desapareciera. De hecho, aparentemente habían acordado reunirse cuando el chico terminara su jornada laboral. En vista de todos estos antecedentes, los investigadores decidieron hacerle una visita. Poco después de las 21 horas del 12 de diciembre, el teniente Joseph Kosenzac y un par de oficiales se presentaron en la vivienda de Gisi, ubicada en el 8213 de la avenida Summerdale en Norwood Park.
Se trataba de un barrio tranquilo habitado principalmente por familias de origen europeo, empleados municipales, policías y bomberos de la ciudad. Cuando Gay se abrió la puerta, recibió a los agentes con normalidad y preguntó en qué podía ayudarlos. Kosenzac le dijo que estaban investigando la desaparición de Robert Beast, un adolescente con el cual un par de testigos lo habían visto conversando el día anterior en la farmacia Nisson acerca de una oferta de empleo.
Si bien Geisy reconoció haber estado en el establecimiento y haber cruzado un par de palabras con uno de los dependientes, les conocía su nombre y negó haberle ofrecido trabajo. Cuando Kusensac le solicitó que lo acompañara a la comisaría para aclarar el asunto, Geisy se negó. aseguró que estaba esperando el llamado de su madre desde Arcansas y que la noche anterior uno de sus tíos había fallecido.
Se encontraba organizando el funeral y no tenía tiempo para ir a declarar. El teniente Kensac insistió en que se trataba de un asunto delicado y que necesitaban de su colaboración. Finalmente, Geisy se comprometió a presentarse en el departamento de policía a medianoche. Aunque estaba sumamente molesto.
Kensac no contaba con ninguna orden para hacerle seguimiento, ni mucho menos para detenerlo, por lo que no tuvo más alternativa que marcharse y esperar que aquel sujeto cumpliera su promesa. Cerca de las 3:30 de la madrugada del 13 de diciembre, Gisy se presentó en el departamento de policía de Desplains, preguntando por el teniente Kosensac, pero este ya se había marchado.
Se disculpó por la tardanza, afirmando que había sufrido un pequeño accidente con su vehículo durante el trayecto y que volvería cerca del mediodía. Geisy se fue a casa, durmió un par de horas y poco antes de las 11 de la mañana regresó a la estación de policía para prestar declaración. En ese mismo instante, el teniente Joseph Kosenzac y el fiscal Terry Sullivan se encontraban en una oficina discutiendo el asunto.
Ambos estaban de acuerdo en que los antecedentes de Gisy eran alarmantes. Kosensac y su equipo sospechaban que Robert podía haber sido víctima de un secuestro. Quizá G se había abusado de él y lo mantenía en contra de su voluntad al interior de su casa. Fue así como uno de los oficiales distrajo a Geis conversando sobre otros asuntos durante un par de horas, mientras que el fiscal Sullivan consiguió que un juez firmara la orden de allanamiento.
A pesar de que Gis insistió en que desconocía el paradero de Robert Peam ofreció un puesto de trabajo en su compañía, Kusensac y Sullivan le informaron que contaban con una autorización para registrar su vivienda, lo que lo tomó por sorpresa. Alegó que le estaban haciendo perder el tiempo, pero no tuvo más alternativa que colaborar y entregó las llaves de su casa.
Pocas horas más tarde, un grupo de oficiales se acercaron al 8213 de la avenida Summerdale, una vivienda de 93 m² ubicada en Norwood Park. Cuando realizaron el registro quedaron desconcertados. Si bien el lugar estaba relativamente ordenado, en varias de las paredes colgaban cuadros de payasos con luces de colores, lo que le daba un aire extraño.
El resto de la decoración parecía relativamente normal, a excepción de un pasillo que daba a la habitación de Gisy. Los muros estaban pintados de marrón oscuro con extrañas líneas zigzaguiantes de color verde, naranjo y amarillo que daban una sensación opresiva e incluso producían cierta desorientación visual.
A pesar de que no había rastros del joven, se encontró gran cantidad de elementos sospechosos. Había un frasco vacío con olor a cloroformo, un revólver de fogueo, más de 50 placas policiales falsas y un par de esposas. También se halló una parca de color azul, exactamente igual a la que llevaba Robert Peapición, y varias prendas de ropa interior masculina, las cuales no correspondían a la talla de Gisy, quien era más fornido.
Sobre un velador había una docena de joyas, entre ellas un llamativo anillo de graduación del Main West High School con las iniciales J, que tampoco parecían pertenecer al dueño de casa. Según algunos vecinos, varios de los jóvenes que trabajaban para Geis en su empresa de construcción y remodelación visitaban a menudo el inmueble para jugar al villar, beber un par de cervezas e incluso para pasar la noche.
No era extraño entonces que algunas de sus prendas estuvieran repartidas por el lugar, o al menos eso parecía. En el ático y la biblioteca había una enorme cantidad de revistas y películas pornográficas de corte homosexual, además de libros sobre violación y asesinato, entre textos de leyes, autoayuda y una Biblia.
En otra habitación se hallaron cadenas, frascos vacíos de volum, restos de marihuana, licencias de conducir y un consolador de gran tamaño, además de otros juguetes sexuales. Al interior de un bote de basura también se encontró un recibo fotográfico de la farmacia Nisson. Tras el allanamiento, los investigadores quedaron sumamente preocupados.
A pesar de que no había nada que indicara más allá de toda duda razonable que en el lugar se hubiese cometido un delito, parecía evidente que se trataba de la guarida de un peligroso depredador sexual. Se decidió interrogar a todos los trabajadores, vecinos, amigos y familiares de Gisy, además de hacerle un seguimiento las 24 horas del día.
El teniente Kensac y su equipo estaban convencidos de su vínculo con la desaparición de Robert Pe, pero aún no contaban con evidencia suficiente para realizar una acusación formal. De hecho, sospechaban que podía tratarse de un caso de asesinato, aunque sin pruebas físicas ni un cadáver, todo era mera especulación.
La desaparición del joven fue publicada en varios periódicos locales y su familia difundió su fotografía por todo el vecindario. Algunos voluntarios incluso organizaron grupos de búsqueda y todo el mundo estaba atento a cualquier información que ayudara a dar con su paradero. Cuando Gis se dio cuenta que estaba siendo vigilado por un grupo de detectives que se turnaban entre sí y lo seguían a todas partes, se mostró sumamente molesto y los encaró.
insistía en que era inocente, que no tenía idea de quién era Robert Peab, además de advertirles que acudiría a sus abogados para demandar al departamento de policía de Plains por acoso. Sin embargo, para sorpresa de los agentes que lo seguían, la personalidad de Gisy parecía cambiar en cuestión de segundos. pasaba de gritar y estar a la defensiva a charlar con ellos de forma amistosa, bromeando sobre la situación y asegurando que parecían sus guardaespaldas.
Los invitaba a su propia casa para beber un trago o los llevaba a comer a restaurantes y bares que solía visitar con frecuencia. Incluso tuvo el atrevimiento de ofrecerles algo de marihuana. En un principio, Geisy actuaba como alguien ofendido, pero que no tenía nada que temer. Se jactaba de sus contactos políticos, presumía de ser un exitoso empresario que poseía varias propiedades y alguien sumamente popular entre la comunidad, y de hecho lo era.
En una entrevista cedida para el programa World’s Most Evil Killers, David Hemme, uno de los agentes involucrados en la investigación, aseguró que muchas de las personas a las que interrogaron en relación a Gy lo describieron como un sujeto simpático, generoso y carismático. Siempre estaba dispuesto a ayudar a sus vecinos y era considerado un pilar de la comunidad.
Algunos incluso lo adoraban. El único defecto que alguien mencionaría sobre Gisy era que podía ser un tanto presumido. Hemer y sus compañeros designados para seguirle los pasos las 24 horas del día debían hacer un esfuerzo para recordar que en realidad se trataba de alguien peligroso. Sin embargo, con el pasar de los días, el comportamiento de Geis se volvió cada vez más desafiante.
En ocasiones se saltaba los semáforos en rojo y conducía a exceso de velocidad, tentando a sus perseguidores a arrestarlo por una simple infracción de tráfico. Los oficiales sabían que si lo detenían por otro motivo que no estuviese relacionado con la desaparición de Robert Peaba un eventual juicio alegando un hostigamiento policial injustificado.
Corrían el riesgo de arruinar toda la investigación. Al mismo tiempo que el sospechoso estaba siendo vigilado día y noche, los detectives a cargo del caso comenzaron a armar el rompecabezas. El anillo de graduación con las iniciales Jas encontrado en uno de los dormitorios durante el allanamiento, pertenecía a un extbajador de la empresa de construcción y remodelación de Gisy llamado John Allan Siik, de 19 años, el cual había desaparecido en circunstancias extrañas el 20 de enero de 1977.
La madre del joven aseguró a la policía que cuando el chico desapareció, alguien ingresó a su departamento y robó varias pertenencias, entre ellas un televisor Motorola idéntico a uno que fue visto en el interior de la casa de Geisy. La parca azul constituía otra pieza clave de la investigación.
Era exactamente el mismo modelo que llevaba Robert Peo por última vez, pero probar que le pertenecía no era tarea fácil. Fue entonces que se entrevistó a Kimberly Bers, una compañera de trabajo de Robert que estuvo en la farmacia Nisson aquel lunes 11 de diciembre. Esta aseguró que aquella tarde hacía frío y el joven le había prestado amablemente su parca para que se abrigara.
En cierto momento, la chica tomó el recibo de un rollo fotográfico que había dejado para revelar y lo dejó en uno de los bolsillos de la parca. Cuando se la devolvió a Robert poco antes de que este se marchara a la reunión con el contratista que le había ofrecido empleo, la chica olvidó sacar la boleta.
Los investigadores no tardaron en comprobar que dicho recibo era el mismo que había sido encontrado en el cubo de basura de la casa de Geisy. No había dudas de que aquella parca pertenecía al muchacho. Mientras tanto, los agentes continuaban siguiendo al sospechoso de un lado a otro de la ciudad. La mañana del 18 de diciembre, Geisy parecía estar de buen humor y los invitó a desayunar a un restaurante en donde conversaron sobre varios temas.
Uno de los oficiales le preguntó por algo que había visto en su casa tras el allanamiento y que le llamó profundamente la atención varios cuadros y figuras de payasos. De hecho, en un par de fotografías del salón principal y un álbum de recuerdos, el mismo gay se aparecía disfrazado como uno. Este les confesó que solía asistir a fiestas, desfiles, eventos benéficos e incluso hospitales para animar a niños enfermos.
Su personaje se llamaba Pogo, aunque también había creado a otro, a quien bautizó Patches. Geisy se sentía orgulloso de formar parte de un club de payasos local llamado Jolly Joker. Aquella faceta le había servido para ganarse un espacio de confianza entre la comunidad. Sin embargo, su fascinación con la figura del payaso era mucho más profunda de lo que parecía.
En cierto momento sorprendió a los agentes con un comentario escalofriante. Ya saben, los payasos siempre pueden salirse con la suya, incluso después de cometer un asesinato. A pesar de comportarse de manera arrogante, Gisy parecía cansado y un tanto ansioso. Llevaba 5co días con un grupo de oficiales que lo seguían a todas partes.
Dormía poco, bebía alcohol a todas horas y lucía una barba que lo hacía ver desaciado. Ese mismo día se dirigió a la oficina de sus abogados para preparar una demanda civil contra el Departamento de Policía de Desplains por hostigamiento. Su idea era solicitar una indemnización que ascendía a $5,000.
Sin embargo, ignoraba que los investigadores seguían reuniendo evidencia en su contra, la cual resultaba cada vez más comprometedora. Al día siguiente, el 19 de diciembre, Gis invitó a dos de los agentes de vigilancia a su casa para que bebieran un café, ya que afuera estaba nevando y hacían varios grados bajo cero.
Mientras conversaban sobre diversos temas, el oficial Robert Schules le pidió permiso para usar su baño. Sin embargo, cuando entró, el sistema de calefacción central se encendió automáticamente y percibió un penetrante olor a podrido que se coló por la rejilla de ventilación. Jules era un oficial experimentado que incluso tiempo atrás había trabajado en una morgue.
Sabía que aquello no era el edor de un simple drenaje tapado y que algo se estaba descomponiendo en la casa de Geisy, a pesar de que la policía había revisado en todos los rincones y no había hallado ningún cadáver. Poco después, él y su compañero Ron Robinson se retiraron de la vivienda. Jules evitó mencionar el incidente del baño frente a Geisy, pero una vez que regresó a la patrulla se comunicó inmediatamente con el teniente Joseph Kensac.
Para aquel entonces, Kensac y el fiscal Sullivan también habían llevado a cabo varias averiguaciones, aunque cada vez eran menos optimistas, pues todo indicaba que probablemente Robert Peo. Por lo visto, entre 1975 y 1976, otros dos jóvenes trabajadores de contratistas PDM habían desaparecido. Se trataba de John Bukovic y Gregory Gotzik, ambos de 17 años.
También se registró el vehículo en el que Gis había sufrido el accidente la madrugada del 13 de diciembre mientras conducía en dirección a la estación de policía de plins. Al interior se hallaron un par de cabellos largos que no parecían ser de él y había otro detalle que resultaba sospechoso. Gay se aseguró que su vehículo derrapó debido al asfalto congelado.
salió de la carretera y las ruedas quedaron atrapadas en el fango, por lo que tuvo que solicitar una grúa. Se pudo averiguar que el lugar donde ocurrió el incidente no era el que Gisy había señalado en su declaración inicial, sino un punto que no coincidía con el trayecto desde su casa hasta el departamento de policía.
Si realmente Gay se había asesinado a Robert Pe, era probable que se deshiciera del cadáver la misma madrugada del 13 de diciembre, abandonándolo en algún sitio apartado antes de dirigirse a la estación, supuestamente con el propósito de colaborar con los investigadores. Otra inquietante pista surgió cuando uno de los trabajadores de Gy, un joven llamado David Cram, aseguró que en cierta ocasión lo había ayudado a esparcir 10 sacos de cal en el subsuelo de la casa, en donde además había cavado varias fosas para renovar el sistema de
alcantarillado. Ram trabajaba esporádicamente para Gisy, a pesar de lo que había ocurrido dos años antes, en 1976. Por aquel entonces, el chico tenía 18 años. Keis lo recogió en una carretera mientras hacía autostop. Le ofreció un trabajo en contratistas PDM e incluso una de las habitaciones de su casa, ya que no tenía donde pasar la noche.
El chico no lo pensó demasiado y aceptó. Al día siguiente, Cram cumplía 19 años. Salió a pasear durante un par de horas y cuando regresó encontró a Gisy borracho, disfrazado de poco el payaso. Si bien aquello le pareció extraño y un tanto ridículo, accedió a tomar un par de copas con él para celebrar su cumpleaños.
Según el testimonio de Cram, el hombre parecía sumamente animado. Reía y hablaba con una voz aguda, actuando como un payaso todo el tiempo. En cierto momento, Geisy sacó un par de esposas, se las puso en sus propias muñecas y le mostró un sencillo truco para quitárselas sin ningún esfuerzo. Luego le dijo al joven que le enseñaría cómo funcionaban.
Sin embargo, cuando Cram se esposó a sí mismo y comenzó a forcejear, estas no se abrieron. Keis comenzó a burlarse de él. Le dijo que el único truco para quitarse las esposas era con unas llaves que tenía en su poder y que no se las entregaría. seguía hablando como payaso, se reía e incluso gruñía y de pronto comenzó a amenazarlo repetidamente con violarlo.
Fue entonces que lo tumbó en el suelo e intentó bajarle los pantalones, pero el chico no se dejó someter y pateó a su atacante antes de las llaves de las esposas para quitárselas. Al verse superado, Gisy le dijo que solo estaba bromeando y le restó importancia al incidente. A pesar de lo ocurrido, David Cram formó una especie de amistad con Gisy.
Trabajaba de vez en cuando para él en diversas obras. Dormía en una de las habitaciones de su vivienda y Geisy le hizo algunos regalos, posiblemente para manipularlo y evitar que lo denunciara. Todo aquello resultaba espeluznante. Los investigadores estaban seguros de que Geis era un asesino y que bajo su casa podía haber uno o incluso tres cadáveres.
En ese momento, ese era el escenario más pesimista. Cerca de la medianoche del 20 de diciembre, Geisy se dirigió a la oficina de sus abogados Samirante y Leroy Stevens para afinar los detalles sobre la demanda que planeaba interponer contra el Departamento de Policía de Desplains. Sin embargo, no parecía estar en buenas condiciones.
Se le veía agotado y mostraba un comportamiento errático. pocas horas antes había amenazado a los oficiales que lo vigilaban e intentó sobornar a uno, ofreciéndole los servicios de una prostituta para que lo dejara en paz. Sus abogados intentaron calmarlo, pero en cierto momento, cuando Gisy vio en un periódico que estaba sobre la mesa la fotografía de Robert Pecaparición, aseguró en voz alta que el chico estaba muerto en el fondo de un río.
La operación de seguimiento y vigilancia a las 24 horas, organizada y dirigida por el teniente Joseph Kosensac estaba pasándole factura. Geisy sabía que la evidencia se acumulaba en su contra, que algunos de sus trabajadores estaban siendo interrogados y que tarde o temprano su oscuro secreto saldría a la luz.
Fue entonces que decidió confesarlo todo. No solo dijo a sus abogados que estaba detrás de la desaparición de Robert Peht, sino que había matado a varios jóvenes, posiblemente unos 30, y que la mayoría estaban enterrados en el subsuelo de su casa. aseguró que todas las víctimas eran vagabundos, drogadictos, homosexuales y ladrones que de alguna u otra forma habían intentado robarle, aprovecharse de él, chantajearlo o incluso agredirlo físicamente.
A pesar de todo, Geisy seguía creyendo que el acoso por parte de la policía no tenía ninguna justificación y quería tomar medidas al respecto. Sus abogados no daban crédito a lo que estaban oyendo y le recomendaron que se internara en un psiquiátrico o se entregara de inmediato a las autoridades, pero no les hizo caso.

Agotado y borracho, Geisy se recostó en un sillón y se quedó dormido. Sama Mirante, uno de sus abogados, estaba completamente horrorizado. Debido a su compromiso profesional, no podía dar aviso a las autoridades de que Geisy le había confesado 30 asesinatos, pero se trataba de un caso excepcional.
En cierto momento, almirante salió al pasillo de la oficina y vio a través de la ventana a los dos oficiales de vigilancia de Geisy, que estaban estacionados afuera. les hizo una seña con la mano y estos se acercaron con curiosidad, ya que aquello parecía extraño. El hombre estaba pálido y tembloroso y les recomendó que mantuvieran estrecha vigilancia sobre su cliente, dando a entender de forma indirecta que algo realmente grave estaba ocurriendo.
Incluso les dijo que si intentaba huir, dispararan contra sus neumáticos y lo detuvieran enseguida. Gis pasó toda la noche durmiendo en la oficina junto a sus abogados, que aún no podían creer lo que estaba ocurriendo. Y poco después de las 6 de la mañana del jueves 21 de diciembre se marchó asegurando que tenía cosas que hacer.
conducía a gran velocidad y en cierto momento se detuvo cerca de una gasolinera y le regaló un poco de marihuana a un joven ante la atónita mirada de los oficiales que lo seguían. Aquello bastaba para ponerlo bajo arresto por posesión de sustancias ilícitas, pero los agentes no cayeron en la trampa. Geisy los estaba provocando.
Si lo detenían, debía ser exclusivamente por un cargo relacionado con la desaparición de Robert Beast. Poco después y en compañía de dos amigos, Geisy se dirigió al cementerio local para visitar la tumba de su padre, quien había fallecido en 1969. Todo aquello resultaba extraño y los oficiales dieron aviso al teniente Kosensac, ya que temían que el sospechoso intentara quitarse la vida.
Al mismo tiempo, el fiscal Terry Sullivan había redactado una segunda orden para allanar su vivienda. Solo estaban a la espera de la firma del juez. Kosenzac no quería correr más riesgos y dio la orden de detenerlo por el incidente de la gasolinera cuando le entregó tres cigarrillos de marihuana a un desconocido.
Finalmente, y sino poner mayor resistencia, John Wayne Gacy sería puesto bajo arresto. Poco después y mientras se encontraba detenido en el departamento de policía, comenzó a quejarse de dolores en el pecho y fue trasladado al Holy Family Hospital bajo estrictas medidas de seguridad. Era probable que solo estuviera fingiendo, pero ninguno de los detectives quería que muriera de un infarto antes de que confesara qué había ocurrido con Robert Beast.
Ese mismo día, cerca de las 18 horas, una docena de agentes, incluyendo al teniente Kosensac, se presentaron en la casa de Gisy, el 8213 de la avenida Summerdale en Norwood Park. Esta vez el punto neurálgico de la investigación era el subsuelo, al cual se podía bajar a través de una trampilla de madera ubicada dentro de un armario del pasillo, justo al lado de la cocina.
Sin embargo, los oficiales se toparon con varios inconvenientes. El sitio era de difícil acceso, oscuro, medía apenas 90 cm de altura y estaba completamente anegado, ya que Gay se había desconectado la bomba del sumidero, posiblemente para entorpecer las pesquisas. Los agentes volvieron a conectar la bomba de desagüe para drenar el agua y entonces un olor nauseabunto se propagó por toda la casa.
El primero en entrar fue el técnico forense Daniel Genti, quien se arrastró sobre unas tablas de madera para evitar hundirse en el barro y tras excavar tan solo 15 cm descubrió lo que parecía ser un brazo en avanzado estado de descomposición. Jent comprendió de inmediato que aquel no podía ser el cadáver de Robert y dio aviso a sus compañeros.
Otro par de agentes bajó al subsuelo y mientras removían la tierra en distintos sitios se toparon con más restos humanos cubiertos de gusanos rojizos. El impactante hallazgo causó un enorme revuelo entre los detectives. El lugar parecía estar plagado de cadáveres, pero ninguno correspondía al del joven que estaban buscando.
En las primeras horas de la madrugada del 22 de diciembre y luego de que Geay fuera dado de alta del hospital, el oficial David Hemeiser lo visitó en su celda y le informó que a raíz de los descubrimientos realizados en su vivienda, esta vez enfrentaría cargos de asesinato. Visiblemente abatido, Gay se aseguró que estaba listo para revelar toda la verdad.
le aseguró a los agentes que había estrangulado y asesinado a unos 30 jóvenes entre 1972 y 1978 y que los había enterrado bajo su casa. afirmó que todas las víctimas eran varones de entre 14 y 21 años que ingresaron voluntariamente a su domicilio para beber un trago o mantener relaciones sexuales. Algunos eran vagabundos o prostitutos que intentaron pasarse de listos con él y que por eso los había matado.
Otros trabajaron temporalmente en su empresa. en todo momento se refirió a ellos con desprecio y no mostró remordimientos. Lo único que lo frustraba era haber sido descubierto por la policía. Keis accedió a colaborar con la investigación dibujando un mapa que mostraba el sitio donde cada uno de los cuerpos habían sido enterrados.
27 bajo la casa, uno bajo el garaje y otro en el patio trasero. Robert Peía estar en alguna de esas tumbas. La magnitud de los hallazgos en la casa de John Weng Gisy y el estado de los cuerpos obligó a los investigadores a suspender momentáneamente las excavaciones. Se solicitó la ayuda de un equipo especializado compuesto por patólogos y antropólogos forenses, quienes indicaron que el terreno debía ser removido solo con herramientas de mano y evitar la maquinaria pesada con el objetivo de preservar los restos y facilitar su
posterior identificación. La unidad de bomberos ayudó proporcionando un equipo de iluminación de alta potencia, además de ventiladores industriales para disipar el olor a descomposición, el cual causaba náuseas y vómitos entre los agentes. También se dispuso un par de estaciones de descontaminación portátiles para que aquellos oficiales que salían del subsuelo pudieran quitarse el lodo, las bacterias y sobre todo los restos de cal.
la cual produjo irritaciones oculares y quemaduras cutáneas. De hecho, en cierto momento se tuvo que evaluar el riesgo de continuar con las excavaciones en esas condiciones, ya que no se contaba con los implementos de seguridad necesarios. Algunos forenses estaban sorprendidos por la cantidad de cadáveres que iban emergiendo del barro y advirtieron que aquellos que ingresaban al sumidero corrían el riesgo de intoxicarse con metano y otros gases producto de la putrefacción.
Para facilitar el trabajo y lidiar con la falta de ventilación, finalmente se optó por retirar las paredes y el piso de la vivienda. Aún así, rescatar todos los cadáveres de la casa de Geisy tardaría semanas. Equipos periodísticos, camarógrafos y cientos de curiosos se agruparon a las afueras del domicilio observando en silencio.
Jamás se había visto algo similar. Diversos canales de televisión transmitieron las impactantes imágenes de los oficiales sacando sábanas blancas con restos humanos uno tras otro. El horrendo caso no tardó en llamar la atención de todo el país e incluso a nivel internacional. John Wayne Gisy, un respetable empresario y vecino ejemplar, era en realidad un depravado asesino que llevaba años enterrando cadáveres bajo su casa sin que nadie sospechara nada.
Las inquietantes fotografías de Gay, Disfrazado de Pogo El Payaso, fueron publicadas por todos los periódicos de la nación, lo que solo ayudó a darle un tinte aún más macabro a la historia. Y es que Geisy no solo se había convertido en otra retorcida celebridad del crimen, sino en el asesino en serie más prolífico de los Estados Unidos.
John Wayne Gisy Jr. nació el 17 de marzo de 1942 en Chicago, Illinois. Fue el segundo de tres hijos y el único varón del matrimonio compuesto por John Starley Gisy y Marion Robinson. Durante sus primeros años de vida, Gisy presentó varios problemas respiratorios. Su madre, que tenía ciertos conocimientos de enfermería, intentó tratarlo aplicándole enemas y poniéndole supositorios de forma frecuente, sin consultar a un médico.
Algunos especialistas han señalado que estos procedimientos invasivos y forzados años más tarde fueron percibidos por Gisy como una violación, asociando el dolor, el control y el cuidado con la zona rectal de manera enfermiza. La familia de Geisy era estrictamente católica y desde muy pequeño se sintió muy influenciado por la religión.
tenía una buena relación con su madre y sus dos hermanas. Sin embargo, su padre jamás le demostró afecto. John Stanley Gy era un excbatiente de la Primera Guerra Mundial que trabajaba como maquinista construyendo paneles de control para compañías de servicios públicos.
Pero su experiencia en el frente le había dejado varias secuelas. Tenía mal carácter, bebía a diario y abusaba tanto mental como físicamente de su familia. Era intransigente, paranoico e impredecible. A ratos podía parecer amable, pero cuando se emborrachaba golpeaba con su cinturón a sus hijos e incluso a su mujer sin ningún motivo aparente.
Algunos vecinos dieron aviso a la policía cuando el hombre se volvía violento, pero su esposa se negaba a realizar una denuncia. La mujer estaba obsesionada con la idea de que su matrimonio era en realidad perfecto y normalizaba el comportamiento de su marido. Gisy fue abusado a la edad de 9 años por un amigo de la familia.
El hombre solía llevarlo a comer helados y en cierta ocasión lo sometió a tocamientos bajo el pretexto de enseñarle llaves de lucha libre. Cuando el chico se dio cuenta que aquello no estaba bien, se sintió avergonzado y no se lo contó a nadie. Tenía miedo de que su padre lo culpara a él de lo ocurrido y lo golpeara, ya que varias veces le había dicho que era poco masculino, algo que lo atormentaba.
La etapa escolar de Keisy estuvo marcada por problemas de salud y dificultades de integración social. padecía de un soplo al corazón que le impedía participar en actividades físicas con otros niños de su edad. Era tímido, ansioso, inseguro, poco atlético y en la adolescencia comenzó a engordar, lo que lo convirtió en objeto de burlas por parte de sus compañeros.
A pesar de tener un CID 118, una inteligencia por sobre la media, sus calificaciones eran bajas y no destacaba en ninguna asignatura. En 1953, a la edad de 11 años, Geisy sufrió un grave accidente cuando un columpio lo golpeó en la cabeza, dejándolo inconsciente. El traumatismo produjo un coágulo cerebral que no fue diagnosticado en su momento y que le trajo varias consecuencias.
Durante un periodo de 5 años padeció de episodios de epilepsia, jaquecas y desmayos repentinos. Todo esto se vio agravado por su condición cardíaca y tuvo que ser hospitalizado en varias ocasiones. Mientras toda su familia estaba preocupada por su salud, su padre lo acusó de estar fingiendo para no hacer sus deberes, faltar a la escuela y llamar la atención.
El hombre parecía sumamente decepcionado de él y se lo recordaba todo el tiempo, ridiculizándolo enfrente de todo el mundo. Lo trataba de cobarde, estúpido, inútil y afeminado, además de propinarle fuertes palizas. De hecho, en cierta ocasión llegó a noquearlo de un puñetazo en el rostro cuando solo era un adolescente.
La relación entrey y su padre era compleja, pero a pesar de todo, el chico lo adoraba y buscaba desesperadamente su aprobación. Es muy probable que el hombre sospechara que su hijo era homosexual y aquello le provocaba un profundo rechazo. El chico evitaba participar en todo tipo de actividades físicas en la escuela y prefería leer, cocinar con sus hermanas, escuchar música clásica o ayudar con las flores del jardín.
Y si bien padecía de varios problemas de salud, lo cierto es que también era un hipocondríaco. Por otro lado, Geisy encontraba consuelo en los cuidados de su madre. La mujer era suave y cariñosa, aunque lo sobreprotegía a tal punto que algunos biógrafos insinúan algunos rasgos de síndrome de Munchusen. Barry Boschelli, un amigo de la infancia, aseguró en una entrevista que cuando tenían 12 años, Gisy lo invitó a su casa y le enseñó un par de bragas y un sostén que ocultaba en su armario y que había robado a su propia madre.
Boselli estaba confundido y le preguntó para qué los quería, pero la respuesta de Geisy lo dejó perplejo. Este aseguró que quería saber qué se sentía ponerse ropa interior de mujer. Resultaba evidente que el joven sentía curiosidad sobre su sexualidad, pero no contaba con ningún tipo de apoyo para enfrentar la situación.
Si su padre se enteraba que se probaba ropa interior femenina, seguramente le daría una paliza. Su madre, por otra parte, lo trataba como un niño pequeño, pero cuando descubrió lo que estaba pasando, lo amenazó con obligarlo a ponerse un par de sostenes y salir hacia la calle. La homosexualidad y el travestismo eran un tema tabú en la sociedad estadounidense de la época, por lo que el joven prefirió guardar el secreto durante casi toda su vida.
La personalidad de Geisy comenzó a cambiar durante la secundaria. Si bien no era un chico popular, ni tampoco mejoraron sus calificaciones, al menos se volvió más sociable e incluso asistió a fiestas con algunas chicas. Sin embargo, sus problemas de salud persistieron y sufría de desmayos continuos. La situación escaló a tal punto que finalmente tuvo que abandonar los estudios.
A la edad de 18 años, Geisy trabajó como asistente del jefe de distrito electoral para un candidato del partido demócrata. Aquella experiencia le hizo entender que la influencia política era una herramienta mucho más poderosa de lo que imaginaba. Convertirse en político o al menos tener una relación cercana con uno de ellos parecía ser sumamente conveniente.
Ese mismo año y poco después de tener una fuerte discusión con su padre, Geisy se mudó a Las Vegas y consiguió un empleo como asistente de una funeraria. Según el periodista Tim Kehill, autor del libro de 1986 Sueños enterrados, dentro de la mente del asesino en serie JN Wisy, tras ser arrestado por sus crímenes en 1978, Geisy confesó a los psiquiatras que lo trataron, que mientras trabajaba en aquel sitio veía cadáveres todo el tiempo.
Aquello despertó su curiosidad y en cierto momento se acostó al interior de uno de los ataúdes junto al cuerpo de un joven y le tocó los genitales. Años más tarde, en una entrevista cedida al exagente del FBI Robert Wrestler, Gacisy desmintió aquella historia, asegurando entre risas que los medios de comunicación solo querían hacerlo ver como un monstruo necrófilo.
- si trabajaría en la funeraria solo 3 meses antes de regresar con su familia en Chicago. A pesar de no haber terminado la secundaria, ingresó al Northwestern Business College y se graduó en administración de empresas en 1963. Esta vez su desempeño fue notable desarrollando grandes habilidades de persuasión.
En el futuro, aquello no solo lo ayudaría en sus negocios. Luego trabajó como aprendiz en una tienda de zapatos llamada Non Bush Show Company. Geisy resultó ser tan eficiente que sus empleadores quedaron gratamente impresionados. Era un joven ambicioso, inteligente y estaba dispuesto a sacrificarse para cumplir sus objetivos.
Meses más tarde, a principios de 1964 y cuando tenía solo 21 años, fue trasladado a una sede de Springfield, Illinois, y ascendió a gerente de local. Poco después comenzó una relación amorosa con una compañera de trabajo identificada como Marlin Myers. Gisy finalmente se había independizado, tenía un buen empleo y una novia de la que parecía estar enamorado.
Sin embargo, sus ambiciones iban más allá. No solo buscaba estabilidad, sino convertirse en alguien influyente, exitoso y millonario, con el fin de demostrarse a sí mismo de lo que era capaz y de paso cumplir con las expectativas de su padre. En septiembre de ese mismo año, contrajo matrimonio con su prometida y sus suegros, quienes eran de una muy buena posición económica.
Le solicitaron que administrara personalmente tres restaurantes de Kentucky Fried Chicken en Waterlou, Iowa, y se mudaran a una casa de la familia. A los pocos meses, el negocio prosperó gracias a las gestiones del diligente Geisy. Cuando no estaba en su trabajo, Gisy se dedicaba varias horas al día a colaborar con proyectos comunitarios y recaudación de fondos para organizaciones cívicas, además de formar parte de los Jas de Waterlou, un club empresarial exclusivo para jóvenes brillantes y un paso previo para convertirse en político.
Para 1965 ya se había convertido en vicepresidente de los Jasis y recibió un reconocimiento como el tercer miembro más distinguido de todo el estado. La vida de Gay si dio un giro significativo con la llegada de sus dos hijos, un varón en febrero de 1966 y una niña en mayo del año siguiente. Poco tiempo había podido consolidar la imagen de hombre de familia estable que tanto anhelaba proyectar.
Incluso tras el nacimiento de su primer hijo, Gay se obtuvo finalmente la aprobación de su padre. Este se disculpó por los años de desprecio y admitió haberse equivocado con él. En posteriores entrevistas, Geisy describiría este momento como uno de los más felices de su vida. Y si bien fue descrito como un padre amoroso y responsable para aquel entonces, Geisy se había involucrado sexualmente con un par de sujetos sin que su esposa se enterara y su matrimonio comenzaba a enfrentar varios problemas.
Pasaba poco tiempo en casa y no prestaba demasiada atención a Marlin. Era un hecho que si sus preferencias sexuales salían a la luz, sus ambiciones de convertirse en alguien influyente podían verse perjudicadas. Keisy, sin embargo, no estaba dispuesto a contenerse por más tiempo. En agosto de 1967 llevó a su vivienda a un chico de 15 años, identificado como Donald Borges.
Tras emborracharlo y enseñarle películas pornográficas, le practicó sexo oral y lo obligó a realizarle una afelación, supuestamente para que estuviera preparado antes de empezar a tener sexo con mujeres. En los meses siguientes abusaría de otros adolescentes por medio de engaños, chantajes e incluso asegurando que se encontraba realizando una especie de experimento psicológico sobre la homosexualidad, ofreciéndole $50 por todo tipo de prácticas depravadas.
Sin embargo, en marzo de 1968, Donald Borgis le contó lo ocurrido a su padre, un político local, el cual de inmediato acudió a la policía. Gisy sería acusado de abuso sexual y estaba a la espera de su juicio, pero intentaría una última maniobra para salirse con la suya. Le pagó $300 a uno de sus empleados, un chico de 18 años identificado como Russell Schruder, para que le diera una paliza a Borgis y lo convenciera de que no declarara en su contra.
Shroder cumplió con su parte del trato. Atrajo a Borgis a un sitio apartado, lo roció con gas pimienta y lo golpeó. sin embargo, sería detenido por la policía al día siguiente y confesó de inmediato. Gisy sería sometido a una evaluación psiquiátrica tras confirmarse su participación en el incidente.
Los expertos concluyeron que era un sujeto mentalmente sano, pero con claros rasgos de trastorno de personalidad antisocial. No solo era un gran manipulador, sino un narcisista perverso, incapaz de reconocer sus errores o tomar responsabilidad por sus acciones. Durante su relato insistió en que él y la víctima habían intimado de forma consensual, a pesar de que se trataba de un menor de edad.
El 7 de noviembre de 1968, Geisy no tuvo más alternativa que declararse culpable por el cargo de sodomía y el 3 de diciembre sería condenado a 10 años de cárcel en la penitenciaría estatal de Anamosa. Días más tarde, su esposa solicitaría el divorcio y Geisy nunca más volvería a ver a sus hijos. Tras su ingreso a prisión, no tardó en posicionarse como uno de los reos más influyentes.
En apenas unos meses, Gay se ascendió a jefe de cocina y desde esa posición logró que las autoridades aprobaran un aumento salarial para el equipo de reclusos que trabajaban con él. También formó parte del coro, ayudó en las gestiones para construir un campo de minigolf para los internos y supervisó diversos proyectos destinados a mejorar las condiciones de vida dentro de la cárcel.
Keisy era un sujeto inteligente y sumamente astuto que entendió de inmediato el sistema burocrático de la prisión. tenía la capacidad de convencer de cualquier cosa, tanto a sus compañeros de celda como a los guardias, una habilidad que le permitió ganarse un lugar privilegiado. Y si bien era mirado con agradecimiento y respeto por los otros reos, siempre mentía cuando le preguntaban los motivos de su encarcelamiento.
aseguraba que lo habían acusado injustamente de un cargo de sodomía solo porque le había enseñado una película pornográfica a un adolescente. Lo cierto era que si alguien se enteraba de que había abusado de un menor, podía ser asesinado en cualquier momento. La reputación de gay aumentó cuando en diciembre de 1969 fue entrevistado en un programa local sobre la Navidad en la prisión de Anamosa.
Sería presentado como un prisionero modelo que con esfuerzo y buen comportamiento había ascendido a jefe de cocina. En la nota habló tranquilamente sobre sus labores y los preparativos para las festividades. Para aquel entonces, el Consejo de Libertad Condicional había llegado a la conclusión de que Geisy estaba completamente rehabilitado.
Su comportamiento en prisión había sido excepcional. Era trabajador, responsable, generoso y proyectó una imagen positiva al liderar mejoras en las condiciones del centro penitenciario. Podría optar a la libertad condicional en los próximos meses. Sin embargo, mientras seguía tras las rejas, sucedió algo inesperado.
El 25 de diciembre de 1969, el padre de Geisy falleció a causa de una cirrosis. Aquello lo afectó profundamente y aunque solicitó una salida especial para visitarlo en el cementerio local, esta le fue denegada. El 18 de junio de 1970, Keisy recuperó su libertad después de cumplir solo 18 meses de prisión y regresó a Chicago.
A pesar de todo, tendría que realizar firmas nocturnas en una comisaría durante un año. En este periodo sería nuevamente acusado de abuso sexual contra un menor de edad, pero el joven no se presentó al juicio y el caso fue desestimado. A pesar de este alarmante incidente ante la ley, Keasy no fue condenado por más delitos y a finales de 1971 sus papeles quedaron limpios al terminar su libertad condicional.
Familiares, amigos y conocidos de Keisy estaban seguros de que había sido víctima de una terrible injusticia. Algunos jamás creyeron en las acusaciones que pesaban sobre él y que lo llevaron a la cárcel. La experiencia en Iowa no había sido buena, pero estaba dispuesto a rehacer su vida y recobrar todo lo que había perdido.
En 1971 consiguió un empleo como cocinero y gracias a la ayuda económica de su madre compró una vivienda en un tranquilo suburbio de Norwood Park, el 8213 de la avenida Summerdale. Ese mismo año, Gisy volvió a ser detenido por la policía después de que un adolescente lo denunciara por haberlo obligado a practicarle una afelación.
El caso sería desestimado después de que la víctima intentara chantajearlo y fuera descubierto por la policía. Keis se había convertido en un peligroso depredador sexual. Había tenido suerte, pero comprendió que para sostener aquella doble vida sin ser detectado, debía refinar sus métodos y actuar con mucha más cautela.
Pocos meses más tarde se comprometió con una excapañera de escuela llamada Carol Hoff. La mujer y sus dos hijas de una relación anterior se mudaron a la casa de Geisy y comenzaron a convivir como una familia normal, o al menos eso parecía. La madrugada del lunes 3 de enero de 1972, mientras Carol y las niñas estaban fuera de la ciudad, Key conducía cerca de una estación de buses de Chicago cuando vio a un adolescente que parecía estar solo.
Se trataba de Timothy Mcoy, de 15 años. Había llegado desde Michigan y se dirigía a Nebraska para visitar a su padre, pero debía hacer una escala de casi 13 horas antes de abordar el siguiente autobús. Keis lo convenció de que subiera a su vehículo para enseñarle algunos sitios de interés de la ciudad. Luego lo invitó a pasar la noche en su casa para que no tuviera que dormir en la fría estación de buses.
Según afirmó G años más tarde a la policía, ambos se emborracharon y mantuvieron relaciones sexuales consensuadas. Sin embargo, cerca de las 4 de la madrugada y mientras dormía en su habitación, escuchó un ruido y descubrió a Makoy con un cuchillo en la mano frente a su puerta. Comenzaron a forcejear.
Geisy consiguió quitarle el arma y se la clavó repetidas veces en el pecho hasta que dejó de respirar. Resulta imposible saber si efectivamente el primer asesinato cometido por Gisy fue en defensa propia. Sin embargo, él mismo confesaría que al cometer aquel crimen experimentó un subidón de adrenalina similar a un orgasmo. A pesar de que la experiencia resultó finalmente placentera, Geisy se enfrentaba a un gran inconveniente, deshacerse del cuerpo.
limpió la sangre del piso, envolvió el cuerpo en una sábana y lo escondió en el garaje mientras decidía qué hacer. Enterrarlo en el patio resultaba imposible debido a que el suelo estaba parcialmente congelado. Fue entonces que recordó que bajo su casa había un espacio de tierra que al estar cubierto por la estructura y recibir el calor de la calefacción permanecía húmedo y blando.
se dio a través de la trampilla de madera que estaba en el suelo dentro de un armario ubicado al costado del pasillo. Se arrastró por el lodo y comenzó a cabar una tumba con una pala de mano en la esquina noreste de la casa, justo bajo la cocina. Una vez que el agujero quedó terminado, introdujo el cadáver de Mcoi, lo cubrió con cal y lo enterró.
Geisy pensó que aquello bastaría para que el olor a putrefacción no se extendiera por toda la casa, pero la humedad y el calor produjeron todo lo contrario. A los pocos días, cuando Carol y las niñas ya habían regresado, un extraño edor comenzó a salir por las rejillas de ventilación. Geisy la convenció de que se trataba de gas de alcantarillado y aguas residuales que se habían estancado debido a la rotura de una cañería.
Poco después bajó al subsuelo, echó un par de sacos de cal sobre la tumba de Makoi y la cubrió con cemento. A pesar de todo, con el pasar de las semanas el olor persistió. En el libro Killer Clown, escrito por el fiscal del caso, Terry Sullivan, se recoge el testimonio de Carol, quien afirmó que durante ese periodo el olor a descomposición era insoportable, impregnándose en la ropa y las cortinas.
La mujer compraba constantemente ambientadores y desinfectantes, pero cada vez que el sistema de calefacción se encendía, la fetidez volvía a esparcirse por toda la casa. Geisy reconocía que había mal olor y bajó en varias ocasiones al subsuelo para verter calviva, supuestamente para matar las bacterias del agua estancada y resecar el lodo que se formaba.
Sin embargo, con el tiempo intentó convencerla de que estaba exagerando y que la pestilencia había desaparecido. En julio de 1972, la pareja contrajo matrimonio y todo parecía marchar bien. Cy no solo proyectaba la imagen de un hombre de familia correcto y respetable, sino también alguien sumamente preocupado por el bienestar de su vecindario.
Limpiaba la nieve de las aceras de sus vecinos sin cobrar un solo dólar. facilitaba sus herramientas de trabajo cuando alguien las necesitaba y llegó a formar parte de un comité de alumbrado público con el fin de mejorar la seguridad del barrio. Se había convertido en un pilar de la comunidad, sin embargo, no lo hacía de forma desinteresada.
Siempre exigía el debido reconocimiento y se jactaba de sus logros. Mientras trabajaba como cocinero, a mediados de 1973, Geisy fundó Contratistas PDM, inicialmente como un negocio de tiempo parcial. reclutaba jóvenes que buscaban empleos ocasionales y delegaba trabajos menores de pintura, decoración y mantenimiento.
El emprendimiento no solo le sirvió para complementar sus ingresos, sino que comenzó a ofrecer manos de obra gratuita a algunas oficinas locales del partido demócrata. Poco a poco, Geisy se acercó a líderes sindicales y personalidades ligadas a la política. lo que bajo su punto de vista resultaba conveniente.
El negocio de Keisy prosperó rápidamente y le brindaba cada vez más beneficios. Aquello se debía en gran parte a que era un excelente vendedor y adicto al trabajo. Podía pasar entre 14 y 16 horas diarias yendo de un lado a otro ofreciendo sus servicios. Debido al éxito alcanzado por contratistas PDM, su participación ciudadana en eventos sociales y su fachada de vecino servicial, Gisy comenzó a tener una gran influencia.
Se codeaba con empresarios, políticos, agentes de la ley e incluso jueces, algo que de alguna forma lo hacía sentir poderoso e incluso intocable. O al menos eso era de lo que siempre presumía. Meterse en problemas con Gy no parecía ser buena idea. En enero de 1974 y aprovechando nuevamente que su esposa había salido de la ciudad, cometería su segundo asesinato.
La víctima, quien aún a día de hoy sigue sin ser identificada, fue recogida en un terminal de buses de Buen Park en Chicago. El joven lo acompañó hasta su casa pensando que solo beberían un par de tragos. Aquella fue la primera vez que Geisy utilizó el truco de las esposas. El engaño consistía en tomar un par de esposas y cerrarlas alrededor de sus propias muñecas, asegurando que se trataba de un truco de magia.
Con solo un par de movimientos, Geisy se las quitaba en cuestión de segundos sin necesidad de utilizar una llave. Luego animaba a la víctima a que lo intentara y se colocara las esposas, pero cuando este lo hacía, ya no podían abrirse. En realidad, Keisy utilizaba esposas auténticas cuyo funcionamiento dominaba a la perfección.
Al ponérselas, él mismo, evitaba pasar el último esllavón, pero al ajustarlas en las muñecas de los jóvenes, accionaba el doble bloqueo, cerrándolas por completo. De esta forma los dejaba completamente indefensos. Geisy asesinó al chico del terminal de buses de Buenapark esa misma noche después de esposarlo, torturarlo y violarlo.
Esta vez prolongó la experiencia durante horas, algo que no pudo hacer la primera vez. En aquel momento ya había decidido enterrar el cuerpo en el subsuelo de la casa. Después de todo, su esposa aceptó la explicación de que los fétidos olores se debían a algunos desperfectos de las cañerías. Geisy volvió a acabar una tumba y luego de cubrirlo con cal viva lo sepultó.
El 31 de julio de 1975, un joven de 18 años identificado como John Budkovic desapareció misteriosamente en el área de Chicago. Su familia realizó la denuncia y se dio inicio a una desesperada búsqueda. La policía pudo averiguar que en aquel momento Butkovic se encontraba trabajando en una obra y que el día anterior él y dos amigos se presentaron en la vivienda de su empleador, ya que este le debía dos semanas de sueldo.
El sujeto en cuestión era John Wayn Gy. Tras ser interrogado, Gisy le dijo a los agentes que el chico llevaba 2 años trabajando para él y que efectivamente lo había visitado el día anterior, pero que llegaron a un acuerdo y luego se marchó con sus amigos, algo que era cierto. A pesar de que los padres de Bkovic siempre manifestaron a la policía que sospechaban de Geisy y que creían que podía estar involucrado en la desaparición de su hijo, no existía ni una sola prueba en su contra y su actitud al ser interrogado tampoco llamó
la atención de los investigadores. El mismo Geisy se había mostrado afectado por la situación, ya que aseguraba que mantenía una relación de padre e hijo con todos sus empleados. Se acercó a la familia de Butkovic para manifestar su preocupación, aunque también diría a la policía que creía que el chico sencillamente se había marchado de casa.
Años más tarde, Gy admitió que al día siguiente de que el chico lo confrontara por el sueldo adeudado, se lo topó casualmente por la calle mientras conducía su vehículo. Intentó ser amistoso y lo invitó a casa, supuestamente para resolver el tema del dinero. Bebieron un trago y lo hizo caer en la trampa de las esposas.
Cuando se dio cuenta que estaba atrapado, ya era demasiado tarde. Geisy lo torturó, violó y estranguló hasta la muerte. planeaba enterrarlo en el subsuelo al igual que los otros, pero su esposa llegó a casa y tuvo que improvisar ocultando el cuerpo en el garaje, donde finalmente lo introdujo en un agujero que estaba previsto para instalar un desagüe y lo cubrió con cemento.
meter tres asesinatos y esconder los cadáveres bajo el piso de su propia casa, donde además convivía con su mujer y sus hijas. Era una imprudencia extrema para un sujeto metódico como Gisy. Sin embargo, sentía que aquello ponía a prueba su intelecto y capacidad de persuasión. Estaba convencido de que no solo podría engañar a su esposa y a sus vecinos con respecto a los olores fétidos que salían de su vivienda, sino que incluso a la policía si era necesario.
Al mismo tiempo, mantener aquellos cuerpos cerca le otorgaba una sensación de control absoluto y la certeza de que no serían descubiertos por casualidad. Bajo su lógica, si no había un cadáver, entonces no existía ningún crimen que las autoridades pudieran investigar. De momento su plan parecía estar funcionando.
Para mediados de 1975, el matrimonio de Geisy ya se había enfriado. Él mismo le había confesado a Carol que era bisexual y que no tenía intenciones de seguir manteniendo relaciones sexuales con ella. Durante el día se la pasaba trabajando y cuando estaba en casa se encerraba en el garaje durante horas. Por las noches visitaba bares para homosexuales intentando ligar con hombres jóvenes ofreciéndoles dinero, alcohol y drogas.
Los encuentros no terminaban necesariamente en asesinatos, pero siempre se mostraba manipulador y dominante. Mientras tanto, Contratistas PDM seguía creciendo y no solo le otorgaba grandes beneficios económicos, sino que le permitía estar en contacto con varios chicos que trabajaban para él. Solía hacerles insinuaciones sexuales, pero si se mostraban molestos o lo confrontaban.
simplemente decía que estaba bromeando y los mantenía bajo control dándoles dinero, regalos o invitándolos a beber, aunque también podía ser agresivo con aquellos que parecían manipulables. Por lo general, lo visitaban en el garaje de su propio domicilio, donde redactaba contratos, coordinaba trabajos de obra y guardaba gran parte de las herramientas y maquinarias de construcción.
Todos los vecinos estaban al tanto del emprendimiento de Geisy y que algunos jóvenes entraran y salieran de su vivienda se había convertido en algo cotidiano. Además de continuar con sus servicios comunitarios y activismo político por el partido demócrata, ese mismo año se unió al Jolly Joker Clown Club, una organización en la que participaban algunos sujetos que se disfrazaban de payaso para actuar de forma gratuita en desfiles, hospitales infantiles y fiestas benéficas.
Fue solo entonces que Geisy creó a Pogo el payaso. No existen registros de que Geisy sintiera un especial interés por los payasos durante su infancia o adolescencia. Biógrafos, criminólogos como Robert Wrestler o el fiscal Terry Sullivan en su libro Killer Clown coinciden en que el personaje Pogo fue una creación de su etapa adulta.
La construcción de Pogo dejaría nuevamente en evidencia la perversa personalidad de Keisy. Disfrazarse de payaso, realizar trucos de magia, regalar globos y dulces en actividades benéficas eran otra forma de parecer un ciudadano modelo, compasivo y desinteresado. Pero más allá de que aquello sirviera como una máscara, Gy había tomado muy en serio la caracterización de Pogo.
Comenzó con disfraces sencillos e improvisados, pero poco a poco la apariencia de su personaje se volvió distintiva hasta darle una estética inusual. En el mundo de los payasos profesionales se recomienda que el maquillaje perfile bordes redondeados sobre las líneas de expresión, transmitiendo docilidad. Gisy, en cambio, dibujaba sobre sus ojos puntas afiladas, las cuales, desde un punto de vista psicológico, son asociadas al peligro y la agresión, como podrían ser las garras o los colmillos de un animal.
Su piel era completamente blanca en contraste con una gran sonrisa de color rojo intenso, también con bordes puntiagudos. Se ignora si Geisy estaba al tanto del efecto de esta señal psicológica, pero lo cierto es que él mismo declararía en una entrevista con Robert Wrestler que caracterizara Pogo le permitía que las personas bajaran la guardia cuando interactuaba con ellas.
podía ridiculizarlas e incluso en el caso de los chicos o las mujeres, manoarlos a modo de broma sin ninguna consecuencia. Quizás se sentían un tanto incómodos e intimidados por su perturbadora apariencia. Aquellas bromas pesadas no resultaban graciosas, pero al fin y al cabo solo parecía ser un sujeto disfrazado de payaso y no un peligroso asesino en serie.
El mismo Geisy describiría a poco como un payaso alegre, ruidoso y divertido que siempre buscaba ser el centro de la atención. Sin embargo, también había creado a Paches, un payaso vagabundo mucho más serio, dirigido supuestamente a un público adulto. La obsesión con los payasos quedó reflejada en varias pinturas, lámparas y figuras con la que comenzó a decorar su casa.
Incluso después de visitar a niños enfermos en hospitales o participar en desfiles, pasaba a un bar cercano a beber un trago con el maquillaje y su traje puesto. En marzo de 1976, Carol finalmente se divorció de Gacy y se marchó con sus hijas. Solo un mes más tarde, Geisy daría inicio a una segunda oleada de asesinatos que duraría más de 2 años.
A todas las víctimas, a quienes encontraban las inmediaciones de Baachouse Park, estaciones de buses o bares para homosexuales, las atraía a su vivienda con promesas de trabajo, alcohol o drogas. Tras emborracharlas, utilizaba el truco de las esposas para dejarlas indefensas antes de someterlas a tortura física y terror psicológico.
En primer lugar, cuando los chicos se daban cuenta de que no podían quitarse las esposas, Gisy comenzaba a reír mientras les decía exactamente lo que haría con ellos. De nada servía que lloraran o suplicaran. En ese punto ya no había vuelta atrás. Los desnudaba y les introducía a la fuerza trapos, calcetines o su propia ropa interior dentro de la boca hasta taponarles la garganta.
Aquello no solo lo hacía para ahogar sus gritos, sino que les provocaba una constante sensación de náusea y ahogamiento. Además de abusar sexualmente de ellos, los sodomizaba con enormes tiltos y le sumergía la cabeza en una bañera llena de agua durante varios minutos. También utilizaba un trozo de cuerda y un martillo o un destornillador para crear un torniquete alrededor del cuello, el cual giraba con fuerza y de forma intermitente.
El proceso se repetía varias veces mientras la víctima se desmayaba y recuperaba la conciencia entrando en pánico. rato se sentaba frente a ellos con un rosario en la mano y comenzaba a leerles pasajes de la Biblia mientras les preguntaba si se arrepentían de sus pecados. Aquello no era un acto guiado por un fanatismo religioso ni mucho menos, sino una perversa estrategia de humillación para forzar la sumisión absoluta.
Si quería tomarse un descanso, Geisy solía dormir a los jóvenes con cloroformo para continuar con las torturas más tarde. La reconstrucción de estas atrocidades fue posible gracias a las declaraciones de dos víctimas. que lograron sobrevivir y que entregaron su testimonio durante el juicio. Cuando finalmente Gisy decidía que la víctima debía morir, utilizaba dos métodos, los que fueron confirmados por el equipo forense que realizó las autopsias.
El primero era la estrangulación con el método del torniquete. El segundo era la asfixia, metiendo con fuerza un mango de madera por la boca de la víctima hasta encajarle la mordaza de tela en el fondo de la garganta. Bajo el pretexto de renovar las cañerías, G había ordenado a algunos de sus trabajadores cavar varios agujeros en el subsuelo de su casa.
Poco a poco fue llenando todo el espacio con cadáveres. Aquel sitio se convertiría en su cementerio privado. An solo en 1976, Keasy asesinó al menos a 14 chicos, entre los cuales se encontraban Daryel Samson de 18 años, Randal Reffett, Samuel Stappleton de 14, Michael Bonning de 17, William Carold de 16, James Hackerson de 16, Rick Johnston de 17, Kenneth Parker, Michael Marino y William Bondy de 19, Francis Alexander de 21, y Gregory Godzig de 17.
Los cadáveres de otras dos víctimas asesinadas en este periodo aún no han sido identificados. A pesar de que Geisy se había transformado en un prolífico asesino en serie, nadie de su entorno sospechó nada. seguía siendo el mismo vecino amigable, servicial y adicto al trabajo, que siempre se hacía un tiempo para ayudar a los demás.
Incluso organizó fiestas en el patio de su casa, a las cuales asistieron más de 200 personas. Si alguno de los invitados preguntaba por el olor a descomposición que de vez en cuando se colaba por los pasillos, volvía a excusarse con el supuesto problema de cañerías y aguas estancadas bajo la vivienda.
En 1977, otros 11 cadáveres fueron enterrados bajo la propiedad de Geisi. Posteriormente, estos serían identificados como John Sick de 19 años, John Prestid de 20, Matthew Bowman de 19, Robert Kilroy de 18, John Mowery de 19, Russell Nelson de 21, Tommy Bowling de 20, David Talsma de 19 y otros dos jóvenes cuya identidad sigue siendo desconocida.
Otra víctima, un adolescente llamado Robert Wind, de 16 años, fue lanzado al río de Splains en vez de ser enterrado. Para aquel entonces, Keis había perfeccionado su modo soberani. No solo intentaba atraer a chicos desprevenidos, sino que en ocasiones los detenía a punta de pistola, fingiendo ser un agente de policía.
usaba una placa y los arrestaba por vagancia o conducta las, pero luego los llevaba a su casa en donde les daba un poco de alcohol y los hacía entrar en confianza. Poco después comenzaba con el truco de las esposas y los hacía caer en la trampa. El sadismo y frenecí asesino de Geisy llegó a un punto en el cual podía llevar a su vivienda a dos o tres adolescentes al mismo tiempo.

Los iba asesinando uno a uno mientras los otros observaban con horror lo que les esperaba. Las torturas físicas y psicológicas a las que sometía a las víctimas también fueron evolucionando. Gisy incluso fingía cargar un revólver y jugaba con los jóvenes indefensos a la ruleta rusa mientras estos suplicaban por sus vidas.
Matarlos no era suficiente, sino que debían estar aterrorizados. Aquello le producía placer y lo hacía sentir poderoso. El 30 de diciembre de ese mismo año, Geisy secuestró desde una parada de autobuses a un chico de 19 años llamado Robert Donnely. Lo llevó a su casa en donde lo violó y torturó durante horas.
Sin embargo, cerca de las 3 de la madrugada, lo subió a su vehículo, condujo hasta un sector apartado y lo dejó en libertad, no sin antes amenazarlo de muerte si le contaba a alguien lo que había ocurrido y advertirle que era un hombre con muchos contactos. A pesar de todo, Donell acudió al Departamento de Policía a principios de enero para realizar la denuncia.
Gisy sería interrogado por el incidente, pero insistió en que el joven era un prostituto y que su único error era no haberle pagado el dinero acordado. Como no había pruebas en su contra, el caso sería rápidamente desestimado por las autoridades. El 16 de febrero de 1978, Gisy conoció a William Kinred 19 años cerca de la intersección entre Diversy Parkway y Broadway en Chicago.
Por lo visto, el chico aceptó una invitación hasta su casa en donde lo sometió y asesinó siguiendo el mismo modus operanti. Kindred se había convertido en la víctima número 29. Sin embargo, este crimen marcó un punto de inflexión en la carrera criminal de Geisy. Tras cavar una tumba en el subsuelo de la vivienda y enterrar el cadáver de Kindred, se dio cuenta que ya no había más espacio.
Si quería seguir matando, tendría que buscar otro sitio en donde deshacerse de los cuerpos. Es muy probable que por este mismo motivo dejara con vida a Robert Tonell en el mes de diciembre. Poco después, la noche del 21 de marzo de 1978, Jeffrey Rignal, de 26 años, se dirigía a un bar local cuando un hombre se le acercó y lo invitó a subir a su vehículo para fumar un poco de marihuana.
El joven accedió, pero en cierto momento el extraño le puso un paño con cloroformo en el rostro y perdió el sentido. Cuando despertó, estaba al interior de una casa, completamente desnudo y sujeto con cadenas en una tabla de madera. El sujeto lo violó, sodomizó y azotó durante varias horas mientras amenazaba constantemente con matarlo.
Sin embargo, despertaría al día siguiente, tendido bajo la estatua de Alexander Hamilton en el parque Lincoln de Chicago. Rignal sería hospitalizado y no solo se pudo probar que fue víctima de un horrendo ataque sexual, sino que tenía el rostro quemado por el cloroformo. El joven realizó la denuncia a la policía, pero no pudo entregar demasiados antecedentes de su agresor.
La descripción de un sujeto obeso de aproximadamente 35 años y 1,75 de estatura no fue suficiente. Otra de las pocas cosas que recordaba era el vehículo negro del atacante. Rignal sería dado de alta se días más tarde, pero se había obsesionado con la idea de descubrir quién era aquel individuo.
vigiló durante días la rampa de salida de la autopista del noreste de Chicago, ya que mientras era llevado por su secuestrador, recobró el sentido por un par de segundos y pudo ver aquel sitio antes de volver a desmayarse. Mientras rondaba la zona, creyó identificar el coche y comenzó a seguirlo hasta un suburbio de Norwood Park.
Regnó nuevamente en el departamento de policía. esta vez con un número de matrícula y una dirección, el 8213 de la avenida Summerdale. Su dueño era el empresario John Wayne Gisy. A pesar de que fue detenido y se levantaron cargos contra él por abuso sexual, no existía claridad sobre el incidente ni suficientes pruebas, por lo que el caso no llegó a tribunales en ese momento y pudo salir en libertad bajo fianza.
G se había enfrentado dos acusaciones por abuso sexual en los últimos tr meses. Aquello no lo intimidó, sino que más piel le produjo indignación. Su arrogancia y narcisismo eran tan grandes que estaba convencido de que sus víctimas sencillamente no valían la pena. En muchos de estos casos, la policía ni siquiera se molestó en buscarlos una vez que desaparecieron, lo que bajo su punto de vista le daba la razón.
Entre junio y noviembre de 1978 asesinó a otros cuatro jóvenes, de los cuales tres serían identificados. Timothy Rurk, de 20 años, Fran Landingin de 19 y James Maara de 20. Gay se había planeado esconder los cadáveres en el ático de su casa, pero finalmente decidió lanzarlos desde un puente en el río de plins.
La última víctima sería Robert Beast. Días después de que Geisy fuese detenido por la policía en diciembre de 1978 y comenzaran acabar bajo su casa, este insistió en que Robert debía estar allí abajo. Sin embargo, a medida que las labores de búsqueda se prolongaban y emergían docenas de restos humanos de entre el lodo, el cuerpo del joven seguía sin aparecer.
No fue sino hasta el 27 de diciembre, 6 días después de su arresto, que Geisy reconoció haber lanzado a las últimas cinco víctimas al río de spla. Hasta ese momento jamás se lo había mencionado a los investigadores. El 28 de diciembre y siguiendo las coordenadas proporcionadas por el mismo Casey, los equipos de rescate recuperaron el cadáver de James Masara.
El joven fue hallado bajo el agua cerca de un puente de la interestatal 55 en la localidad de Juliet, 64 km al suroeste de Chicago. Y si bien la búsqueda continuó en las semanas siguientes, esta tuvo que ser suspendida por las adversas condiciones climáticas. Una nevada histórica que causó más de 1000 millones de dólares en daños en el medio oeste de los Estados Unidos impidió que los rescatistas realizaran sus labores de forma segura.
Las tormentas y las bajas temperaturas que descendieron hasta los 19 ºC bajo cer no solo frenaron las inmersiones en el río, sino también las excavaciones en la casa de Geisy durante varios días. Poco después, cuando el clima comenzó a mejorar, cientos de personas se acercaron a las afueras de la casa del asesino mientras los investigadores continuaban con la exumación de restos humanos.
La gran mayoría estaba allí por una mezcla de morvo y curiosidad, aunque entre la multitud también se encontraban padres desconsolados que creían que sus hijos desaparecidos podían haber sido víctimas de Gisy. Los cadáveres estaban sumamente descompuestos y las autoridades decidieron solicitar a las familias los registros dentales de todos aquellos jóvenes que habían sido reportados como desaparecidos entre 1972 y 1978.
Fue así como muchos de ellos pudieron ser identificados. En marzo de 1979, otros dos cuerpos fueron hallados en el río de Splains. Estos pertenecían a Timothy Rurk y Frank Landingin. A pesar del enorme esfuerzo realizado por los rescatistas, voluntarios y la policía, Robert Pe continuaba desaparecido.
No fue sino hasta entrada la primavera, el lunes 9 de abril que un cadáver apareció flotando en la superficie del río. El aumento en la temperatura del agua produjo que este comenzara a descomponerse y expulsara gases que le permitieron salir a flote. Tras comparar sus registros dentales, se pudo probar que se trataba de Robert Beast.
El joven tenía un enorme trozo de tela metida hasta el fondo de la garganta y una soga en el cuello con un torniquete, el inconfundible método asesino de Gisy. Justamente un día después del hallazgo de Robert Pe, el 10 de abril, la casa de Geisy sería demolida hasta sus cimientos. Los vecinos del barrio no querían verla en pie y las autoridades deseaban remover hasta el último espacio de tierra en busca de otros restos.
En total se encontraron 29 cadáveres bajo la vivienda y otros cuatro en el río de plins. Ocho de ellos no pudieron ser identificados. A pesar de que G se aseguró que había lanzado cinco cuerpos desde el puente de la I55, recordaba que uno de ellos cayó accidentalmente sobre una barcaza cuando esta pasaba por el lugar.
Los investigadores intentaron dar con el paradero de esta última víctima, pero todos los esfuerzos fueron inútiles por aquel entonces. A nivel mediático, casos como los de Geisy eran conocidos como asesinatos múltiples o asesinatos sexuales de forma indistinta, ya que el término asesino en serie solo se manejaba dentro del FBI y aún formaba parte de un estudio del comportamiento criminal dirigido por los agentes Robert Wrestler y John Douglas.
Hasta ese momento, Din Cor, también conocido como el hombre de los caramelos, era el asesino más prolífico de los Estados Unidos con un total de 28 víctimas confirmadas, muchas de las cuales enterró en un cobertizo para embarcaciones en la ciudad de Houston. Cor falleció a la edad de 33 años en agosto de 1973, cuando uno de sus cómplices lo abatió a tiros después de que también intentara matarlo a él.
John Wayne Gisy había batido el macabro récord de Carl y se jactaba de ello. Durante las entrevistas cedidas a psicólogos y psiquiatras. En ningún momento se mostró arrepentido ni expresó remordimientos. A pesar de que no era cierto, aseguraba que todas sus víctimas eran prostitutos homosexuales y por ende sujetos débiles y enfermos que no merecían compasión.
Incluso llegó a afirmar lo siguiente: “Si compras a un prostituto por una o dos horas, para mí no son seres humanos”. Es como ir a una tienda. Si pagas por algo, te lo llevas a casa, pero no te gusta y quieres romperlo, puedes hacerlo porque lo pagaste. Gay si evitaba referirse a sí mismo como gay y prefería definirse como bisexual.
aseguraba que mantener relaciones sexuales con hombres le resultaba más fácil y casi igual de placentero que con las mujeres. Sin embargo, por ellos no sentía ningún tipo de afecto, sino todo lo contrario. Eran solo objetos para usar y descartar. Algunos especialistas creen que aquel rechazo enfermizo podía deberse a que él mismo no aceptaba su homosexualidad.
Durante toda su infancia, su padre lo había recriminado por sus conductas afeminadas y no deseaba identificarse con ellos, a quienes incluso tildó de enfermos mentales. A Geis le complacía verse a sí mismo como alguien mucho más astuto que sus víctimas, aprovechándose de su ingenuidad y vulnerabilidad. El hecho de que aceptaran acompañarlo a su domicilio y accedieran a esposarse por voluntad propia no era solo una táctica de captura, sino una confirmación de su malicioso racionamiento.
Su padre lo había tratado de tonto durante toda su vida. Esta vez los tontos eran otros y terminaron enterrados bajo su casa. Para Gis y la relación con las personas no se basaba en el amor, la confianza o el respeto, sino en la explotación, la manipulación, el control, la crueldad y la humillación. El juicio contra John Wayne Gacisy comenzó el 6 de febrero de 1980 en el Tribunal Penal del Estado de Cook.
El acusado había sido evaluado por un total de 13 psiquiatras, pero no existía consenso acerca de su verdadero estado mental durante los crímenes. Algunos de los diagnósticos lo señalaron como un sujeto con un trastorno antisocial de la personalidad, neurótico y obsesivo, completamente consciente de la gravedad de sus crímenes.
era frío, narcisista, manipulador, calculador, mentiroso y carente de empatía. Otros especialistas, en cambio, creían que Geisy padecía de esquizofrenia paranoide y un trastorno límite de la personalidad, presentando episodios psicóticos que lo llevaban a sufrir alucinaciones. Durante los meses previos al juicio y en las entrevistas con los psiquiatras, Gisy había hecho referencia a un sujeto al que llamaba Jack, un alterego que supuestamente lo llevó a cometer los crímenes.
También veía a Pogo el payaso como una parte del mismo que conectaba con su niño interior y buscaba aceptación comunitaria. Incluso se planteó la posibilidad de que Geisy sufriera de personalidad múltiple, un concepto controvertido que aún enfrentaba varios detractores dentro de la comunidad científica.
La estrategia legal de la defensa era demostrar que Geis estaba loco y que debía ser enviado a una institución mental. Por otro lado, la fiscalía afirmaba que en realidad se trataba de un psicópata y solicitó la pena capital. El caso marcó un oscuro precedente, ya que nunca antes en la historia de los Estados Unidos un solo individuo se había enfrentado a 33 cargos de asesinato en un mismo proceso.
Finalmente el 12 de marzo y tras una breve deliberación, John Wayne Gisy sería encontrado culpable de todos los cargos y al día siguiente condenado a la pena de muerte antes de ser enviado al Centro Correccional de Menard en Chester, Illinois. El 12 de junio de 1981 se realizó una emotiva ceremonia fúnebre y los restos de las ocho víctimas no identificadas de Geisy fueron enterrados en distintos cementerios de Chicago.
El departamento forense guardó los maxilares y los tientes con la esperanza de que en algún futuro sus familiares se acercaran a la policía buscando a sus seres queridos y así poder cotejar sus registros dentales. En los años siguientes, alentado por sus abogados y la administración de la cárcel, Geisy comenzó a pintar como una actividad terapéutica y para combatir el aburrimiento.
no contaba con ningún tipo de formación artística. Sin embargo, no tardó en darse cuenta que aquello podía resultar más beneficioso de lo que pensaba. Durante la década de 1980, el fenómeno de los asesinos en serie aterrorizó a los estadounidenses y se convirtió en una verdadera epidemia. Wayne Williams en Atlanta, Robert Hansen en Alaska, Henry Lee Lucas ytis en Texas y Richard Ramírez en California.
Todos eran criminales despiadados, aunque al mismo tiempo algunos despertaban una morbosa fascinación. Entre todos ellos, Geisy parecía ser uno de los más llamativos y perturbadores. No solo recibía cartas de psicólogos, psiquiatras y periodistas que querían entrevistarlo, sino también de cientos de sujetos que aseguraban admirarlo.
Al sentirse halagado por la atención recibida, Geisy decidió responder aquellas notas y regalar sus primeras obras. Lo que empezó como un intercambio de cortesía terminó en un negocio de pinturas por encargo que le reportó importantes sumas de dinero. Sus obras alternaban escenas infantiles como la versión de Blancanieves y los siete enanitos de Disney con representaciones gráficas de muerte, cadáveres, homenajes a otros asesinos reales y monstruos del cine.
Sin embargo, las más costosas y preciadas eran aquellas donde se retrataba a sí mismo disfrazado de pogo el payaso. Llegó a pintar más de 2,000 cuadros. Algunos llegarían a ser rematados en cientos de miles de dólares por coleccionistas. Incluso estando aislado en el corredor de la muerte, Geis había conseguido beneficiarse de su nuevo estatus de asesino en serie, posiblemente uno de los más infames del mundo.
A mediados de mayo de 1992 y después de pasar 13 años en el corredor de la muerte, Geisy se dio una entrevista televisada a la gente del FBI Robert Wrestler. Por aquel entonces, Wrestler había alcanzado gran reconocimiento por sus estudios sobre la mente criminal y el comportamiento violento. Durante la década de 1980 visitó un par de veces a Key, el cual quedó gratamente impresionado.
A diferencia de otros especialistas, Wrestler no se limitaba a preguntarle por su pasado y sus crímenes, sino que buscaba comprender cómo funcionaba su mente. Aquello hizo que Geisy se sintiera importante y pensaba que solo Wrestler era lo suficientemente inteligente como para entrevistarlo.
Le envió varias cartas invitándolo a la cárcel para que grabaran una entrevista para un documental. hasta que Wrestler accedió. Desde un principio, Gis intentó mostrar dominio sobre la situación. daba órdenes a los guardias que lo custodiaban, le hacía sugerencias de los planos al camarógrafo y llegó con una enorme carpeta en donde decía tener evidencia de que todo su caso se basaba en pruebas circunstanciales y que era completamente inocente, retractándose así de la confesión realizada en 1978,
cuando fue detenido. supuestamente estaba al tanto de solo cinco de los crímenes que se cometieron en su propia casa y afirmaba que los verdaderos responsables eran dos de sus empleados, David Crsy. Según la versión de Gisy, ambos jóvenes poseían copias de las llaves de su vivienda. Como trabajaban para él desde hacía tiempo y les tenía confianza, solían pasar la noche allí.
Debido a su negocio, Gisy viajaba con frecuencia fuera de la ciudad y no era extraño que se ausentara por varios días. Era durante estos viajes que Cram y Rossy atraían a las víctimas y las asesinaban. Si bien reconoció haber visto a un par de chicos tendidos en una de las habitaciones y que supuso que estaban muertos, prefirió no realizar ninguna denuncia para no meterse en problemas.
Bajo su punto de vista, él mismo se había convertido en víctima de una investigación deficiente. Cuando Gisy terminó su exposición, preguntó sus impresiones a Wrestler, pero este fue cauteloso y no emitió ningún juicio. Más allá de señalar que en este tipo de casos algunas investigaciones se pueden realizar de forma apresurada.
habló con objetividad sobre las evidencias, aunque tampoco rebatió su historia, algo que enfadó a Geisy. De pronto lo interrumpió, subió el tono de voz y le dijo que estaba siendo políticamente correcto. Quería que le respondiera con sinceridad qué pensaba de todo lo que le había contado, si le creía o no. Finalmente, Wrestler le dijo que si era culpable tenía que ser castigado y si había otros involucrados, entonces la ley tendría que tomar cartas en el asunto.
Aquella respuesta no fue la que G esperaba y en su rostro se podía notar la disconformidad. La formalidad e imparcialidad de Wrestler no le permitió ejercer el control que esperaba en la conversación. Pocos días más tarde, también en el mes de mayo, Geisy se dio una segunda entrevista, esta vez al periodista de la CBS, Walter Jacobson.
Al igual que en la entrevista con Robert Wrestler, afirmaba ser inocente y que todo se trataba de una conspiración orquestada por la policía y las autoridades de Spla. El entrevistador parecía confundido. Gis insistía en que todo había sido un montaje y que los medios de comunicación lo hacían ver como si fuera un monstruo, comparándolo con otros criminales de la talla de Wayne Williams, David Berkovic, Ted Bundy, Charles Manson o Jeffre Dammer.
Sin embargo, realizaba declaraciones innecesariamente ofensivas y odiosas, como cuando aseguró que todas las víctimas no eran más que basuras de la calle, prostitutos y drogadictos, cuyas vidas no tenían ningún valor. En cierto momento, Jacobson le preguntó que si en realidad no era el responsable de los crímenes que se le habían imputado, por qué había descrito a los detectives con tanta precisión el tipo de nudo con torniquete que varios de los cadáveres tenían en el cuello.
Keis explicó que aquello había sido sacado de contexto cuando él mismo les habló acerca de un nudo que había aprendido en los boys scout durante la adolescencia. Fue entonces que ocurrió algo inesperado y espeluznante. Con una frialdad que dejó atónitos a los presentes, Gisy solicitó a Jacobson un lápiz y un fragmento de cordón para realizar la demostración del nudo.
Tras pedirle al periodista que extendiera el brazo, comenzó a ejecutar la maniobra bromeaba, asegurándole que estaba en problemas. que ya era demasiado tarde para escapar y si acaso no sentía miedo de estar sentado frente a él. Con movimientos precisos, realizó dos nudos y deslizó un lápiz entre ellos, girándolo y ejerciendo la presión del torniquete.
En una exhibición macabra y televisada para todo el país, Gay se había demostrado exactamente cómo asesinó a sus víctimas. Los abogados de Gisy llevaban más de 13 años intentando apelar a la sentencia de muerte, solicitando una conmutación por cadena perpetua. Sin embargo, la última instancia que se produjo en octubre de 1993 fue finalmente rechazada por el Tribunal Supremo de Illinois y se fijó la fecha de ejecución para el 10 de mayo de 1994.
La mañana del 9 de mayo de 1994, Casy fue trasladado al centro correccional de Stateville, donde se llevaría a cabo el procedimiento. Más de 1000 personas se reunieron a las afueras del edificio a la espera de la ejecución. Algunos llevaban camisetas con la imagen de pogo y carteles que decían, “No hay lágrimas para el payaso”.
Otro grupo pequeño de activistas en contra de la pena de muerte solicitaban clemencia. A pesar de todo, no parecía demasiado nervioso. A las 12 de la noche con 40 minutos, Geisy se acostó en la camilla, cerró los ojos, respiró profundo y recibió una inyección letal. Debido a la inexperiencia de los funcionarios, el procedimiento tardó 18 minutos, más de lo habitual.
Durante años, diversos textos y medios de comunicación han señalado que las últimas palabras de Geisy fueron las siguientes: “Vésenme el culo. Jamás sabrán dónde están los otros, insinuando que había matado a más personas.” En realidad, dicha frase se la dijo a sus propios abogados burlándose de los investigadores.
Sin embargo, lo cierto es que en 1978, cuando fue arrestado, Geisy efectivamente había dicho a los oficiales que la cantidad de víctimas oscilaban entre las 30 y 45. El mismo Robert Wrestler aseguró en su libro Dentro del monstruo que Geisy viajaba constantemente a otras ciudades por motivos de negocio y que pensaba que podía ser responsable de unos 60 asesinatos, ya que no solo era un psicópata que actuaba de forma metódica, sino también un depredador oportunista e impulsivo.
Tras su muerte, Geisy fue incinerado, aunque su cerebro fue cedido a la psiquiatra forense y perfiladora criminal Helen Morrison, quien testificó para la defensa durante su juicio. En su libro Mi vida con los asesinos en serie, Morrison aseguró que a pesar de realizar diversos estudios, no pudo encontrar ninguna anomalía significativa en el cerebro de Gisy que pudiera justificar su comportamiento.
En el documental de Netflix, las cintas de JN Wengy del año 2022 se enseñaron reveladoras confesiones del asesino. Se trataba de conversaciones con sus abogados y algunos psiquiatras en donde queda en evidencia su enorme arrogancia y cinismo. En uno de los segmentos, Gisy habló de su eventual juicio en 1980, asegurando lo siguiente.
Nadie tuvo las agallas de hacer lo que yo hice y salirse con la suya. Si ganara el caso, podría sentarme ahí y reírme una hora entera. Imbéciles de fui más listo que ustedes. Poco antes de su ejecución también aseguró a uno de sus abogados, “Tengo algo que decirles. Maté 33 veces.
Ustedes solo me matarán una vez.” Geisy ganó de nuevo. En el año 2010, las ocho víctimas no identificadas de Geisy fueron exhumadas y enviadas al Centro de Identificación Humana de la Universidad del Norte de Texas. Allí se lograron obtener sus perfiles completos de ADN para ser comparados con los de distintos familiares que habían reportado la desaparición de algún adolescente en el área de Chicago entre 1972 y 1978.
Entre 2011 y 2021 se pudo identificar a tres de las víctimas. Estas serían William Bandy de 19 años, Jimmy Hakinson de 16 y Wayne Alexander de 21. A día de hoy, otros cinco cuerpos continúan sin ser identificados. En 1992, Robert Wrestler publicaría su libro El que lucha con monstruos, en donde aborda el caso de John Wayne Gisy.
Si bien manifestó sus sospechas de que podría haber recibido ayuda de alguno de sus empleados para atraer jóvenes al domicilio, creía que solo él era el asesino y que la cantidad de víctimas podía ser el doble. Cuando Gisy leyó su libro, comenzó a enviarle varias cartas indicándole supuestos errores en su relato e incluso en sus interpretaciones psicológicas que debía corregir en una segunda edición.
Keisy no solo pretendía enseñarle a Wrestler cómo hacer su trabajo, sino que tenía la esperanza de que creyera su historia, la publicara y sembrara dudas en la opinión pública acerca de su culpabilidad. En su siguiente libro de 1997, titulado Dentro del monstruo, Wrestler vuelve a referirse a las entrevistas que tuvo con Geisy, en especial a la impresión que le produjo cuando lo vio llegar con un enorme manuscrito con notas y fotografías de las víctimas, en donde se detallaban todos los crímenes de los que se le acusaba como si él
mismo fuese un investigador. Las autoridades se lo habían permitido, ya que estaba intentando apelar a la pena de muerte junto a sus abogados. Para Wrestler, sin embargo, las fotos que Geisy guardaba de los jóvenes que asesinó funcionaban como la pornografía. Contemplarlas lo ayudaba a revivir sus crímenes y estimularse sexualmente.
Keisy llevaba varios años escondiendo los cadáveres bajo su casa y cuando fue descubierto su cementerio personal fue desmantelado. Tener las fotografías de cada uno de ellos al interior de su celda era una nueva forma de poseerlos. Si este video te gustó, dale like, comenta y suscríbete al canal del crimen, además de compartirlo en tus redes sociales.
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