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Joan Sebastian: La Mujer Que Le Quitó La Herencia A Sus 8 Hijos Acaba De Ser DESTITUIDA.

Y te voy a explicar exactamente cómo lo hizo. Y cuarto, te voy a contar lo que pasó hace dos días en ese juzgado de McAlen. ¿Por qué la jueza decidió quitarle el control a Erika Alonso? ¿Quién es Kim Low, la mujer estadounidense que ahora administra el imperio del rey del jaripeo? ¿Y por qué Maribel Guardia, después de 30 años de aguantar agravios silenciados, voló a Texas para sentarse en primera fila a ver caer a la última mujer de Joan Sebastián? Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas cuatro revelaciones, pero antes de que entremos al arem

completo, necesitas conocer al hombre, al cantautor, al ex seminarista, al niño pobre de Juliantla, que un día decidió que iba a ser sacerdote y terminó siendo el hombre más mujeriego del regional mexicano. Esa contradicción, mi gente, esa contradicción es la llave para entender todo lo que vino después. Julián Tla Guerrero, 1951, 8 de abril en una casa de adobe con techo de Teja, en un pueblo perdido en la Sierra Madre del Sur, a una hora de Tasco, nace un niño que se llama José Manuel Figueroa Figueroa. Es el séptimo hijo de un

campesino que trabaja la tierra y de una mujer dedicada a la casa. La familia es humilde. No hay dinero para zapatos. No hay luz eléctrica en muchas de las casas del pueblo. Y el sonido más constante en esa infancia es el del galope de los caballos por los caminos de tierra y el de los gallos cantando al amanecer.

Tú conoces ese tipo de pueblo. Tú quizá naciste en uno parecido o tu madre te contaba historias del suyo, esas comunidades rurales mexicanas donde el tiempo pasa diferente, donde todo el mundo se conoce y se mete en la vida de todos, donde la pobreza tiene olor a tierra mojada y a tortillas recién hechas. A los 11 años, ese niño descubre que sabe componer.

Empieza a inventar canciones en la cabeza mientras pastorea cabras. Las primeras son simples, sobre los caballos, sobre el campo, sobre la lluvia, pero algo dentro de él se enciende. Y a los 12 años, José Manuel le anuncia a su familia algo inesperado. ¿Quiere ser sacerdote? Recuerda esa palabra, sacerdote. Te la voy a recordar más adelante, porque ese deseo del niño de Juliantla, ese deseo de entregar su vida a Dios y a la castidad, va a ser exactamente lo contrario de la vida que vivirá el adulto.

Su padre no aprobó la idea. Quería que el muchacho heredara la tierra, los caballos, el oficio del campo, pero su abuela materna lo apoyó. Y a los 14 años, en 1965, José Manuel ingresó al seminario conciliar de San José en Cuernavaca, Morelos. Pasó 3 años entre rezos, latín, sotanas y silencio.

Aprendió a tocar el órgano, aprendió a leer en voz alta los pasajes bíblicos y empezó en secreto a componer canciones románticas en los cuadernos donde se suponía debía copiar oraciones. Imagina al jovencito de Juliantla con la cabeza rapada, como mandaban las reglas del seminario,  escondiendo en su bolsillo unas hojas dobladas donde había escrito letras de amor a muchachas que apenas conocía.

Por las noches en su celda  rezaba el rosario con los demás aspirantes a sacerdote. Por las mañanas tempranas, antes de los maitines, tarareaba melodías rancheras por lo bajito. El conflicto interno era brutal. Por un lado, lo llamaba el voto de castidad, la sotana negra, la promesa de servir a Dios.

Por el otro lo llamaban las mujeres del pueblo que veía los domingos en misa, sentadas en las primeras bancas con sus vestidos floreados y sus pañuelos sobre el pelo. ¿Tú te imaginas, mi gente, a Joan Sebastian vestido de sotana? Al hombre que después compondría tatuajes, eso y más, secreto de amor. Al hombre que tuvo ocho hijos con cinco mujeres.

Al hombre que le coqueteó a Salma Hayek y a Chiquis Rivera. Ese hombre durante 3 años fue un aspirante a sacerdote católico que rezaba todos los días por la salvación de su alma. Mi gente, antes de seguir, déjame interrumpir un momento contigo, porque sé que muchas de ustedes están escuchando este video con sorpresa. Quizá no sabías que John Sebastian, el rey del jaripeo, había sido seminarista durante 3 años de su adolescencia.

Y quizá te impresiona pensar que ese pasado religioso, ese intento de entregarse a Dios, fue exactamente lo opuesto a la vida que terminó viviendo. Si esta historia te está atrapando, si tú quieres que sigamos contándote la verdad detrás de las leyendas del espectáculo mexicano, hazme un favor pequeño, suscríbete al canal, dale me gusta al video y comparte este con tu hermana o con tu mejor amiga.

Son detalles pequeños que nos ayudan a llegarle a más mujeres como tú. Sigamos. A los 17 años, José Manuel abandonó el seminario. Algunos dirán que se dio cuenta de que no tenía vocación. Otros dirán que descubrió a las mujeres y eso le quitó las ganas de Dios. Lo cierto es que un día, en 1968, se quitó la sotana, se puso una camisa civil y se fue a buscar la vida que verdaderamente quería, la vida de un cantante.

Sus compañeros de seminario nunca lo entendieron. Su padre se sintió aliviado porque ya no perdería a un hijo a la iglesia. Su madre lloró un poco en silencio porque ella había soñado con un hijo sacerdote y la abuela materna, la que lo había apoyado en su vocación religiosa, le dijo una frase que él jamás olvidaría.

Si Dios no te quiere, las mujeres te van a tener que querer mucho. Y vaya si lo quisieron. Pero el camino fue duro. Llegó a la ciudad de México sin dinero. Durmió varias semanas en bancas de la Alameda Central. Trabajó lavando platos y luego, harto de no encontrar trabajo en la capital, se subió a un autobús que iba al norte.

Aterrizó en Chicago, Illinois, en plena comunidad mexicana, donde encontró trabajo en un hotel. Allá aprovechaba los intercomunicadores del hotel para cantar canciones a los huéspedes. Era una manera primitiva de hacerse escuchar, pero funcionó porque alguien lo escuchó y le ofreció grabar su primer disco. En esos años de Chicago, además, José Manuel conoció a una jovencita de Juliantla, que también estaba allá visitando familiares. Tenía 15 años.

Era hija de campesinos como él, hermosa, callada, con una trenza larga y los ojos profundos de las muchachas de pueblo serrano. Se llamaba Teresa González. Y aquí entra a esta historia la primera mujer del rey del jaripeo, la que Joan Sebastian, en sus propias palabras nunca pudo olvidar del todo, la que le dio sus tres primeros hijos y la que 50 años después sería la única que aseguraría públicamente en Cámara Nacional haber sido la única que se casó legalmente con él.

Recuerda ese nombre también, mi gente. Teresa González. La vas a necesitar para entender el final de este video, porque lo que ella dijo y lo que Erika Alonso presentó ante una jueza de Texas se contradicen directamente. El sistema en el que Joan Sebastian construyó toda su vida amorosa tiene un nombre que el mundo del jaripeo nunca dijo en voz alta, pero todos conocían.

Se llamaba Poligamia Romántica. Era una versión rural mexicana del Arema oriental, pero sin la formalidad religiosa, sin las paredes de un palacio, sin la estructura legal. Era el sistema donde un hombre de rancho, con dinero, con fama, con caballos, con voz y con encanto, podía tener varias mujeres simultáneamente, cada una con sus hijos, cada una en su propia casa, cada una sabiendo o intuyendo o aceptando la existencia de las otras.

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