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Jenni Rivera: El Padre Que V10L0 A Chiquis Y A Jacqie Está LIBRE. TODAS Lo Perdonaron Menos ELLA.

habían decidido desde el principio que su salida de la pobreza iba a ser a través de la música. Pedro Rivera, padre empezó a grabar a otros artistas en una pequeña discográfica que fundó en su propia casa. La llamó Cintas Acuario. Era el comienzo de algo grande. Esa pequeña empresa familiar terminaría siendo, con los años uno de los sellos más importantes del regional mexicano en Estados Unidos.

Pero al principio eran solo casetes hechos a mano. La familia los grababa en el garaje, los hermanos los empaquetaban en la cocina y los niños, todos los niños, incluida Jenny, los vendían los fines de semana en el swap Meet, el mercado de pulgas de Paramount en el sur de Los Ángeles. Imagínate la escena. Sábado por la mañana, 5 de la madrugada.

Doña Rosa preparando huevos cocidos para los niños, los hermanos cargando las cajas de cassetes al autofamiliar y una niña de 6 o 7 años con el cabello recogido en dos colitas, sentada detrás de una mesa plegable bajo el sol californiano, ofreciendo discos en español a los compradores latinos que llegaban al Swam Meet.

Esa niña era Jenny y aprendió desde chiquita una lección que más tarde la haría famosa en todo el mundo de habla hispana. Aprendió que la familia y el negocio eran la misma cosa. Esa lección con los años se convertiría en la trampa más grande de su vida. Porque cuando todo está mezclado, cuando tu papá es tu jefe, tu hermana es tu albacea, tu hermano administra tus regalías, tu manager es tu primo y tu agente de prensa es tu cuñado, entonces el día que algo se rompe dentro de la casa, no hay a quien recurrir, no hay un tercero

neutral, no hay un afuera, porque todos son parte de lo mismo y todos tienen algo que perder si la verdad sale. Recuerda esa idea, la vas a necesitar para entender el final. Jenny creció en ese mundo. Era distinta a sus hermanos. Era inteligente, muy inteligente. Sacaba calificaciones altas en la escuela.

Era la mejor estudiante de su generación en la preparatoria. Soñaba con ser maestra, con tener una vida ordenada, con dejar atrás la pobreza de sus padres. Y entonces, a los 15 años conoció a un muchacho en la escuela secundaria. Se llamaba José Trinidad Marín. Era unos años mayor que ella. Tenía buen porte. Sabía hablarle bonito.

Y para una adolescente como Jenny, criada en una familia donde el cariño se demostraba a través del trabajo más que de las palabras, ese muchacho fue como una ventana abierta. A los 15 años, Jenny quedó embarazada. Era 1984. Su primera hija nació el 26 de junio de ese año. Le pusieron Janney igual que su mamá, pero todo el mundo la conocería como chiquís.

Y unos meses después de que naciera la bebé, Jenny y Trino se casaron por la iglesia. Ella todavía no cumplía los 16. Él rondaba los 18. eran dos niños jugando a ser adultos y los problemas empezaron casi de inmediato porque Trino, según relataría la propia Jenny durante años en entrevistas con periodistas como Chariingoiko y con programas como El Gordo y La Flaca, fue un esposo violento desde muy pronto.

la golpeaba, la gritaba delante de la bebé, le prohibía estudiar, le prohibía trabajar fuera de la casa y cuando ella se atrevía a contradecirlo, las cosas se ponían peor. Doña Rosa, la mamá de Jenny, declaró años después que veía a su hija llegar a la casa con marcas en los brazos y en la cara. Pero Jenny, como tantas mujeres de su generación, ocultaba lo que pasaba.

Lo ocultaba porque tenía vergüenza. Lo ocultaba porque pensaba que era su problema. Lo ocultaba porque su mundo, el mundo de los Rivera, era un mundo en el que las cosas malas no se hablaban afuera. Quizá tú conoces a alguien así. Quizá tú misma fuiste así alguna vez. En el camino llegó la segunda hija Jqueline, a quien todos llamarían Jacki.

Nació en 1989 y dos años después, en 1991, llegó el tercer hijo Michael. Tres bebés, tres bocas y un esposo que cada día era más violento. Para 1992, Jenya no aguantaba más. Pidió el divorcio. Trino se opuso. Hubo discusiones, peleas, amenazas. Pero Jenny se sostuvo a los 22 años, con tres hijos pequeños a su cargo, dejó a Trino Marín y se mudó de regreso con sus padres. Recuerda esa fecha, 1992.

Te la voy a recordar más adelante porque esa fecha lo cambia todo. Escúchame bien. Lo que sigue tú no lo has pensado con cuidado. una mujer de 22 años, tres niños pequeños, sin estudios universitarios terminados, sin un trabajo estable, sin un peso propio en el banco, con un exmarido que la amenazaba por teléfono, con una familia mexicana tradicional que esperaba que ella aguantara, que perdonara, que volviera a la casa del esposo. Y Jenny Rivera dijo que no.

Esa decisión, mi gente, es la decisión que cambió todo en su vida. Porque a partir de ese momento, Jenny tuvo que aprender a sobrevivir sol. Trabajaba durante el día vendiendo bienes raíces en una pequeña inmobiliaria local. Trabajaba por las tardes ayudando en la discográfica de su papá. trabajaba por las noches haciendo cualquier cosa que le pagaran y al mismo tiempo atendía a tres niños menores de 8 años en una casa pequeña del sur de Long Beach.

Doña Rosa, a su mamá le ayudaba con los chiquillos, sin esa abuela, sin ese apoyo de las generaciones anteriores que tú conoces bien, porque tú misma fuiste una abuela así para tus nietos. Jenny habría sobrevivido. Esto es lo que las revistas nunca contaron como debían. La diva de la banda, antes de ser diva, fue una madre soltera que dependió de la cocina de su mamá para que sus hijos no se quedaran sin cenar.

Y en medio de esa lucha, en 1995, en un bar de California, Jenny conoció a otro hombre. Se llamaba Juan Manuel López. Era mexicano, tenía pinta de buen tip. Le decían el cinco y Juan se enamoró de Jenny en cuestión de semanas. Le ofreció lo que ningún hombre le había ofrecido antes. Le ofreció estabilidad. Le ofreció ayudar con los niños.

Le ofreció ser un padre presente para Chiquis, Jackie y Michael. Jenny, agotada de tanto pelear sola, le abrió la puerta de su corazón. Pero Juan también arrastraba problemas. Apenas habían empezado a salir cuando lo arrestaron por un delito federal en Estados Unidos. La acusación era pasar inmigrantes ilegales por la frontera.

Lo metieron a la cárcel federal por 6 meses. Jenny le esperó, lo visitó cada vez que pudo y cuando él salió, en lugar de huir decidió quedarse. Se casaron por la iglesia en junio de 1997. Para ese momento, Jenny ya había aprendido una lección, que los hombres de su vida iban a tener problemas con la justicia. lo aceptó.

Trató de mirar para otro lado y en octubre de 1997, 4 meses después de la boda, nació Jenica, la cuarta hija de Jenny, la hija que en teoría era de Juan López. Pongo en teoría porque hay algo que quizá tú no sabías y que merece ser contado ahora antes de seguir adelante. En 2022, Jenica López Rivera, ya como una mujer adulta de unos 25 años, reveló públicamente en su propio podcast lo que algunos miembros de la familia ya sospechaban.

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