Posted in

Jackie Kennedy: El Mundo La Admiraba, Pero Nadie La Conocía

Blackjack le enseña algo que ella nunca olvidará. Cómo seducir sin decir una palabra, cómo entrar a un lugar y hacer que todos voltín. Había en la familia Bovier un secreto que decía mucho sobre cómo se criaba a Jacqueline. Los Bovier se presentaban ante el mundo como descendientes de la aristocracia francesa de una estirpe noble y antigua.

Era mentira. Sus orígenes eran mucho más humildes de lo que dejaban ver. Pero la familia había construido con el tiempo una versión más elegante de sí misma y todos vivían dentro de esa versión como si fuera verdad. Jacqueln creció dentro de esa lección sin darse cuenta. Aprendió que una historia bien contada puede pesar más que la realidad.

Aprendió que la imagen, si se cuida con suficiente esmero, termina volviéndose más real que los hechos. Años después, esa misma niña convertiría la presidencia de su esposo en una leyenda. No fue casualidad, lo llevaba en la sangre. Pero Blackjack también le enseña sin querer otra cosa mucho más dura, porque la madre de Jacqueline, Janet, vive un infierno silencioso.

Sabe de las otras mujeres, sabe de las mentiras, sabe que el hombre encantador que todos admiran le es infiel sin el menor pudor. Y Jaceln, todavía una niña, lo ve todo. Ve las peleas a puerta cerrada. Ve a su madre llorar. Ve como el amor más grande puede convivir en la misma casa con la traición más profunda.

En 1940, cuando Jacn tiene 11 años, sus padres se divorcian y no es un divorcio discreto. Los periódicos de Nueva York publican los detalles más sórdidos de las infidelidades de Blackjack. La familia perfecta queda expuesta ante todo el mundo, humillada en letras de molde. Para una niña de 11 años, criada en un mundo donde las apariencias lo son todo, es una herida que no se cierra nunca.

A partir de ese momento, Jacqueline vive partida en dos mundos. Los fines de semana con su padre en Nueva York son pura magia, regalos, restaurantes, atención total. La sensación de ser la niña más amada del planeta. El resto del tiempo vive con su madre y después con el nuevo esposo de su madre en un mundo de orden, de reglas, de fortuna ajena.

Y entre esos dos mundos, aprende a no pertenecer del todo a ninguno. Aprende a observar, a leer una habitación antes de entrar, a guardarse para sí lo que siente. Quienes la conocieron de niña la recuerdan ya distinta, reservada, demasiado madura para su edad, capaz de retirarse a un rincón con un libro y desaparecer durante horas, como si el mundo real le quedara siempre un poco chico.

Tenía una hermana menor, Lee, con quien compartía esa infancia partida en dos. Entre las dos hermanas había amor, pero también una competencia silenciosa que duraría toda la vida. Lee era considerada por muchos la más bonita, Jaceln, la más inteligente, crecieron midiéndose la una a la otra en un juego sutil que décadas más tarde tendría un giro que ninguna de las dos podía imaginar.

Su madre vuelve a casarse, esta vez con un hombre inmensamente rico, Hugincla, heredero de una gran fortuna. Ah, de pronto, Jaceln crece entre mansiones, caballos de pura sangre y veranos en propiedades enormes, pero crece también, sintiéndose en cierto modo una invitada en la casa de otros. Una niña pobre rodeada de lujo prestado se refugia en dos cosas.

En los caballos, donde encuentra una libertad que no siente en ningún otro lado. Gana premios desde muy chica, cabalga con una elegancia que sorprende a todos. Y en los libros, lee con una hambre feroz, aprende francés, se enamora de Europa, del arte, de la historia, de un mundo más elegante y más antiguo que el suyo.

Es brillante, mucho más brillante de lo que se espera de una joven de su clase y de su época, pero ha aprendido a esconderlo. ha aprendido que una mujer hermosa, que además es inteligente, incomoda a los hombres. Así que disimula, baja la voz, hace preguntas en lugar de dar respuestas. En 1947, a los 18 años es presentada en sociedad, como manda la tradición de su clase.

Un cronista influyente la nombra la debutante del año. La describe como una joven de belleza serena, con clase y conte. Es la primera vez que la prensa habla de ella. No será ni de lejos la última. Esa voz suave, casi de niña, que el mundo entero conocería años más tarde, no era del todo natural.

Era en parte una armadura, una forma de no entregar nunca demasiado. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. En 1949, Jacqueln hace algo que la marca para siempre. Se va a estudiar un año a París. Ese año en Francia lo cambia todo.

Allí no es la hija del divorcio escandaloso ni la invitada en la mansión del padrastro. Allí es simplemente ella. Vive con una familia francesa, lejos del lujo al que está acostumbrada. Pasa las tardes en el Lufa, durante horas. Asiste a clases en la Sorbona. va a la ópera con vestidos prestados y absorbe todo, el idioma, el arte, la manera europea de entender la conversación y la belleza.

Descubre quién quiere ser. Cuando años después conquistó a Francia entera como primera dama, no estaba fingiendo. Estaba volviendo a casa, a la única ciudad donde alguna vez se había sentido completamente libre. De regreso en Estados Unidos, termina sus estudios y consigue un trabajo que para una joven de su posición resulta casi rebelde.

Se convierte en reportera de un periódico de Washington. La llaman la fotógrafa preguntona, sale a la calle con su cámara, detiene a la gente común y les hace preguntas. Le pagan poco, le encanta. Una de las preguntas que se le recuerdan de esa época, casi como una ironía del destino, giraba en torno a si una mujer podía ser feliz casada con un hombre demasiado encantador para serle fiel.

Pronto descubriría la respuesta en carne propia, porque por primera vez tenía una vida que era suya, una vida que no dependía de ningún hombre y estaba a punto de perderla. En una cena en Washington conoce a un joven congresista alto, delgado, con una sonrisa que parece encender la habitación entera. Viene de una de las familias más ambiciosas y poderosas de Estados Unidos.

Se llama John Fitzgerald Kennedy. Lo que Jacqueline ve esa noche es a un hombre fascinante, ingenioso, con un futuro enorme por delante. Lo que no ve todavía, lo que tardaría años en ver con claridad, es que acaba de conocer a un hombre que en muchos sentidos es idéntico a su padre, encantador, magnético e incapaz de serle fiel a una sola mujer.

Read More