Posted in

Iñaki Urdangarin: el escándalo que sacudió a la corona española

Sin embargo, una investigación periodística posterior revelaría que había obtenido sus títulos en esa institución en tan solo dos cursos académicos gracias a una convalidación extraordinaria que sus detractores calificarían de irregular. Con ese bagaje en el bolsillo y sobre todo con el poderoso apellido que le daba su vinculación con la familia real, Urdangarí se lanzó al mundo empresarial.

En 2003 se asoció con Diego Torres, un antiguo profesor suyo en ESADE, experto en estrategia corporativa y patrocinio. Juntos tomaron el control de una pequeña asociación llamada Instituto de Investigación Aplicada, que rebautizaron con un nombre que muy pronto se haría tristemente famoso. Lo llamaron Instituto Nos.

Un nombre que sonaría inocente, un nombre que escondería lo que vendría después. El Instituto Nos comenzó presentándose al mundo como una organización sin ánimo de lucro. Su misión declarada era promover el deporte, el turismo y el desarrollo social a través de eventos y congresos. En el papel todo sonaba impecable.

En la práctica, lo que Urdangarín y Torres construyeron fue algo muy diferente. La clave del negocio era simple en su concepto, aunque sofisticada en su ejecución. Ordangarín era yerno del rey de España. Eso le abría puertas que permanecían cerradas para cualquier otro empresario del país. Presidentes de comunidades autónomas, directores generales de turismo y deporte, funcionarios de alto rango.

Todos querían sentarse a la mesa con el hombre que tenía acceso directo a la familia real. Y Urdangarín lo sabía, lo utilizó. Entre los años 2004 y 2006, el Instituto NOS firmó convenios millonarios con el gobierno de las Islas Baleares y con la Generalidad Valenciana para organizar foros internacionales sobre turismo y deporte.

El Gobierno Balear, presidido en aquel momento por Yaume Matas del Partido Popular, pagó 2,300,000 € por dos congresos que la organización prometió organizar. La Generalidad Valenciana aportó su parte. En total, el dinero público que fluyó hacia el Instituto NOS superó los 5,800,000 € Dinero del contribuyente español. Dinero que debía financiar eventos de interés general, Wikipedia.

Pero cuando los investigadores comenzaron a examinar esos eventos, la imagen que encontraron era perturbadora. Uno de los foros celebrado en Palma de Mallorca en noviembre de 2005 duró apenas 3 días y tuvo una repercusión mínima. Por esa actividad, el gobierno Balear había pagado 1,200,000 € No había justificación real para ese precio.

No había concurso público, no había competencia. Había un hombre con un apellido poderoso y funcionarios dispuestos a firmar. Wikipedia. La arquitectura del fraude, que el juez y los fiscales irían desentrañando, era más compleja de lo que aparentaba en la superficie. El Instituto NOS no era un organismo aislado, era la punta visible de una red societaria diseñada para mover el dinero público hacia los bolsillos privados de quienes la controlaban.

Wikipedia. Alrededor del instituto se crearon múltiples empresas satélite, NOS, consultoría estratégica, The Goes Center for Stakeholder Management, Virtual Strategies, hay más intuitation, nombres en varios idiomas, estructuras societarias en distintas jurisdicciones y entre todo es arquitectura empresarial, una sociedad que llamó especialmente la atención de los investigadores.

Se llamaba Aon y era de propiedad conjunta de Iñaki Urdangarin y su esposa, la infanta Cristina. A través de esa sociedad, que figuraba como empresa de gestión y consultoría, el dinero del instituto NOS llegaba también a las cuentas personales de la pareja. Entre los años 2004 y 2007, Urdangarín recibió directamente 747,889 € de la inmobiliaria AON.

Su socio Torres recibió cantidades similares a través de las otras sociedades y el Instituto, que era supuestamente una entidad sin fines lucrativos, había cobrado millones de euros de fondos públicos por trabajos que, según los peritos, en muchos casos nunca se realizaron o se ejecutaron a precios completamente alejados de la realidad del mercado.

Mientras tanto, la vida exterior de los duques de Palma seguía siendo brillante. Actos sociales, viajes, residencias de lujo. En sus correos electrónicos privados, que más tarde se convertirían en prueba judicial, Urdangarí firmaba con una jactancia que revelaría mucho de su carácter.

Se hacía llamar a sí mismo, con zorna y desparpajo, el duque en palma do. una broma privada que resumía, sin saberlo, la distancia que empezaba a crecer entre su imagen pública y la realidad que se cosía debajo. En el año 2006 algo cambió. Quizás fue la acumulación de rumores, quizás fueron los primeros artículos periodísticos que comenzaban a hacer preguntas incómodas sobre los contratos del instituto NOS.

Lo cierto es que desde la casa real llegó un mensaje en Ñakiurdangarín a través de un intermediario, un abogado amigo del rey llamado José Manuel Romero Moreno. El mensaje era claro. Debía abandonar formalmente la presidencia del instituto NOS. Urdangarín obedeció en las formas. En junio de 2006 dejó oficialmente la presidencia de la Fundación NOS y aceptó nuevos cardos dentro del mundo corporativo, principalmente en Telefónica.

la gran empresa de telecomunicaciones española, donde fue nombrado consejero de Telefónica Internacional en Barcelona. Era un movimiento calculado para alejar su nombre de cualquier sospecha y de paso para dotarlo de un salario millonario que justificara su elevado nivel de vida. Pero lo que la casa real no sabía o no quería saber es que Urdangarín no había abandonado nada.

Lo que había abandonado era solo la apariencia. Las operaciones del instituto nos siguieron, los contactos con las administraciones públicas continuaron. Los negocios que ya estaban en marcha no se detuvieron. Su socio, Diego Torres, lo explicaría años después en el juzgado con una precisión escalofriante. La recomendación de la casa real de Claro Torres era que se cubrieran las apariencias, pero no que no pudiera seguir estando detrás de los proyectos.

Y así durante dos o tres años más, el entramado siguió funcionando. El público veía a un ex deportista convertido en ejecutivo respetable. Los jueces, cuando llegara el momento, verían algo completamente diferente. En agosto de 2009, Iñayangarín y la infanta Cristina pusieron rumbo a Washington. Él había sido ascendido a consejero y presidente de la Comisión de Asuntos Públicos de Telefónica Latinoamérica y Estados Unidos con un suendo anual que rondaba el millón de euros.

La familia entera se trasladó a la capital estadounidense. Para muchos era la prueba de que Urdangarí había encontrado su camino fuera del ruido español. Para los investigadores que trabajaban en silencio en Palma de Mallorca, era simplemente la siguiente página de una historia que todavía tenía mucho que decir. Ese mismo año, en el verano de 2007, un descubrimiento aparentemente ajeno había activado una maquinaria judicial que tardaría años en detenerse.

Read More