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HUGO SANCHEZ : CONFESÓ LO QUE LE HIZO AZCÁRRAGA Y TELEVISA

Vamos a crear la Asociación de Futbolistas Profesionales de México, un sindicato reconocido legalmente. No es una huelga. No vamos a dejar de jugar, solo vamos a organizarnos. La propuesta era razonable. En cualquier liga seria del mundo hubiera sido completamente normal, pero alguien habló. Uno de los jugadores de las reuniones le contó todo a  su directivo, no por traición, por miedo. El directivo lo había amenazado.

Si sigues en esto, te corto  y me aseguro de que ningún equipo te contrate. La noticia llegó a oídos de Emilio Azcárraga Milmo. El tigre convocó una reunión de emergencia. con los dueños de los equipos grandes de la liga. América, Guadalajara, Cruz Azul, Pumas, Monterrey, Atlante,  Necaxa, todos ahí, todos nerviosos.

Si permitimos que los jugadores se organicen, perdemos  el control. Van a exigir salarios más altos, contratos protegidos. El pacto de caballero se acaba y con él nuestro negocio. Silencio. ¿Y qué hacemos con Hugo? No podemos cortarlo directamente. Es demasiado famoso, demasiado querido. La gente se voltearía contra nosotros.

Entonces, Azcárraga encendió un puro. Lo aislamos. Presionamos a los otros jugadores para que se alejen de él y esperamos la oportunidad perfecta. para mandarle un mensaje que nunca olvide. Esa oportunidad llegó un año después en Estados Unidos, en el partido más importante del fútbol mexicano en una década.

El Mundial junio de 1994, Copa del Mundo, Estados Unidos, México llegaba con esperanza real. Miguel Mejía, varón como técnico, una generación buena y Hugo Sánchez, 36 años en la convocatoria como el referente histórico. Desde el primer día de concentración algo estaba raro. Hugo entrenaba, Hugo corría, Hugo llegaba primero, pero Mejía varón casi no le hablaba, no le daba indicaciones específicas, no lo incluía en las charlas tácticas.

importantes.  Primer partido, México contra Noruega. 11 titular sin Hugo. México ganó 1 a0. Hugo entró al minuto 70. Seis toques al balón. Segundo partido, México contra Irlanda. 11 titular sin Hugo otra vez. México ganó 2 a 1. Hugo entró al minuto 80. 10 minutos de partido. Los periodistas preguntaban cada día.

¿Por qué no juega Hugo? ¿Está lesionado? ¿Hay un problema? Decisiones técnicas, respondía Mejía Varón. Siempre lo mismo. Decisiones técnicas. Tercer partido, México contra Italia. Campeones del mundo en ese momento. Hugo, 0 minutos. México empató 1 a un y clasificó a octavos. Esa noche, según personas que cubrían de cerca la concentración mexicana, Hugo  golpeó la pared de su habitación.

Al día siguiente fue a buscar a Mejía varón. ¿Por qué no me pusiste ni un minuto contra  Italia? Hugo, todavía hay tiempo. En octavos vas a jugar. ¿Me estás guardando  para octavos? Confía en mí. Hugo no confiaba y tenía razón en no confiar. 5 de julio de 1994, octavos de final. Estadio Giants en Nueva Jersey.

México contra Bulgaria. México salió bien al partido. Gol de García Aspe de penal al minuto 6. 1 a0. Todo bien. Hugo seguía en la banca calentando,  mirando, esperando. Bulgaria reaccionó. Stof empezó a dominar. El empate llegó 1 a un y las tribunas empezaron a cantar. Hugo, Hugo, Hugo. Mejía varón hizo cambios mediocampista por mediocampista.

Hugo, Hugo, Hugo. Los minutos pasaban 60, 70, 80. Hugo seguía sentado. El partido terminó 1 a un en tiempo extra. Llegaron los penales.  García Aspe mandó su remate a las nubes. Jorge Rodríguez pateó directo a las manos del portero Mik Loveov. Marcelino Bernal también falló. México eliminado. Hugo Sánchez, el máximo goleador de la historia de la selección en ese momento, no tocó el balón ni un segundo en el partido más importante del torneo.

Esa noche fue a buscar a Mejía Varón una última vez. ¿Por qué no me pusiste? El equipo que estaba jugando era el mejor para ese momento. Alguien te dijo que no me pusieras, ¿verdad? Nadie me dijo nada. Yo tomo mis propias decisiones. No te creo. Mejía varón no respondió. Años después, Jorge Campos declaró en una entrevista para Fox Sports.

Todos sabíamos que Hugo debía jugar. era nuestro mejor delantero, pero el profesor Mejía tenía sus razones, las que no se dicen en público. Hugo entendió esa noche que su carrera en la selección había terminado, no por decisión propia, por decisión de alguien más, de alguien con más poder que el técnico, de alguien que nunca pisó esa cancha.

El castigo. Hugo regresó al América para la temporada 1994 a 95, pero ya nada era igual. Los directivos del club, siguiendo instrucciones desde arriba, empezaron a presionarlo de maneras sutiles. Horarios de entrenamiento cambiados sin explicación, privilegios de viaje eliminados, recortes presupuestarios y lo más importante, quisieron adueñarse de los derechos de su imagen para campañas comerciales del mundial 94.

Hugo se negó. Eso estaba en su contrato original. Él aprobaba el uso de su imagen. Eso era innegociable. Al final de la temporada el América lo dejó ir. Razones deportivas, dijo el club. Hugo declaró después. Me fui porque no iba a permitir que me humillaran. Querían absorber lo que yo ganaba con mi imagen para vender productos.

Me fui al Rayo Vallecano, no por gusto, sino por no aceptar que me doblaran. Después del rayo vino el Atlante. Después el Lincer de Austria. En 1997, con 39 años, Hugo se retiró sin homenaje oficial del América, sin partido de despedida, sin reconocimiento de la Federación Mexicana de Fútbol, el mejor futbolista mexicano de la historia.

Y nadie organizó ni un acto para despedirlo como merecía. Pero el castigo de verdad vino después. Hugo buscó trabajo en televisión. La opción natural era Televisa, que transmitía el 90% del fútbol mexicano. Hugo mandó mensajes, pidió reuniones con ejecutivos de deportes. La respuesta, silencio.

Ni un correo,  ni una llamada, ni un No, gracias. Lo ignoraron. TV Azteca, la competencia sí lo contrató. Y desde ahí Hugo dijo todo lo que Televisa no quería escuchar. El fútbol mexicano está controlado por una sola empresa. Los jugadores siguen sin tener derechos reales y mientras  eso no cambie, México no va a crecer como potencia.

Televisa respondió de la única forma que sabía, borrándolo. En documentales sobre la historia del fútbol mexicano producidos por Televisa, Hugo aparecía a 30 segundos. A Jorge Campos le dedicaban 5 minutos, a Luis Hernández  3 minutos, a Cuautemoc Blanco, 4 minutos. grandes jugadores, ninguno al nivel histórico de Hugo, nadie en el mundo con sus cinco botas de oro.

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