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GUILLERMO PÉREZ: el ídolo DESTRUIDO por el sistema… el asqueroso ENGAÑO del taekwondo

Cuarta, el regreso como entrenador, los resultados concretos y verificables que entregó, la traición salarial de la CONADE que lo empujó a decir basta. ¿Y dónde está Guillermo Pérez hoy en 2025, mientras el taondo mexicano que él abandonó dos veces no gana medallas olímpicas gastando 174 millones de pesos por ciclo.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante, entender por qué México produce campeones a pesar de sus instituciones, no gracias a ellas. ¿Y qué le costó eso al taikondo nacional durante más de una década completa? Pero antes necesita saber cómo llegó hasta ahí, porque todo empezó en un pueblo de Michoacán donde un niño de 4 años vio una película de Bruce Lee y decidió que iba a cambiar su vida a patadas.

Tareta en Michoacán. Octubre de 1979. No es Uruapan, que es la ciudad grande de la región la que aparece en los mapas turísticos con las Zararacuas y el aguacate. Taretan es un municipio más pequeño,  tierra caliente, donde las mañanas huelen a campo y las familias no tienen dinero para academias deportivas, pero sí tienen el canal de  televisión donde se proyectan las películas de artes marciales.

Guillermo Pérez Sandoval nació el 14 de octubre de 1979 en ese contexto.  No en una familia con tradición deportiva de alto rendimiento, no con entrenadores que lo buscaran desde pequeño, no con conexiones en el mundo federativo que le allanaran el camino. Era un niño de Michoacán cuya primera gran pasión deportiva no vino de un entrenador ni de un familiar, sino de una pantalla.

4 años. Esa es la edad que tenía Guillermo Pérez cuando vio una película de Bruce Lee por primera vez. No hay datos precisos sobre cuál fue exactamente. Lo que sí está documentado en múltiples entrevistas del propio Guillermo es que esa imagen, ese hombre pequeño pero devastador en el tatami, se quedó grabada en él de una manera que no se borra.

Empezó a imitar las patadas en el patio de su casa. lanzaba golpes al aire sin ninguna técnica, sin ningún entrenador, sin ningún tatami,  solo el instinto de un niño que había encontrado algo que le encendía algo por dentro. A los 5 años, sus padres lo llevaron a practicar taekwondo formalmente en Uruapan instrucción del profesor J.

Jesús Álvarez Silva. Y aquí hay algo que importa destacar porque define el tipo de historia que es esta. Los comienzos no fueron fáciles. Guillermo Pérez no fue un prodigio que arrasó desde el primer día de entrenamiento. Hubo derrotas tempranas, hubo momentos donde lo que lo sostenía en el tatami era más el carácter que la técnica.

El talento estaba ahí, pero el talento solo no basta. El trabajo constante, la voluntad de volver al día siguiente después de perder. Eso es lo que separó a Guillermo Pérez de los miles de niños mexicanos que empiezan en algún deporte y lo dejan cuando el camino se pone difícil. Grábate esto. A los 10 años de edad, Guillermo Pérez ganó su primer torneo estatal en Michoacán, el primer trofeo real.

La primera validación de que lo que estaba haciendo tenía un resultado concreto y medible. Ese triunfo le abrió la puerta para competir a nivel nacional y en esa primera competencia nacional, el niño de Michoacán se fue a casa con la medalla de bronce, no con el oro, con el tercer lugar.

Eso también es parte de la historia. El camino a Beijing empezó con un bronce nacional a los 10 años, no con victorias fáciles ni con caminos despejados. Para 1990, con 11 años, Guillermo se consagró como campeón infantil de México. Ahí empezó a consolidarse en el taondo de manera más seria. El talento ya no era solo potencial, ya se había materializado en resultados, pero el sistema deportivo mexicano no lo estaba identificando todavía como un atleta de proyección olímpica.

Era un campeón infantil estatal y nacional. Y eso era suficiente para seguir entrenando, pero no suficiente para que las puertas grandes se abrieran. 5 años después, en 1995, Guillermo Pérez hizo su primer viaje internacional como atleta. Ota, Canadá. Su primera competencia fuera de México. Tenía 16 años y trajo el segundo lugar.

Subió al podio en su debut internacional. Para cualquier atleta de 16 años, ese es un resultado que habla de que hay algo real. Un año después,  1996, el abierto estadounidense de Tae Condó, una competencia con participantes de más de 60 países. Guillermo Pérez, 17 años, primer lugar, campeón. ganándole a atletas de seis continentes,  siendo un adolescente de Michoacán que había empezado a patelar al aire en el patio de su casa imitando a Bruce Lee.

Aquí viene el dato que muy poca gente conoce y que define en profundidad la historia de Guillermo Pérez. Escucha esto. Desde los 16 hasta los 20 años de edad, Guillermo Pérez intentó entrar a la selección nacional de taikwondo 4 años. 4 años llamando a la puerta de la estructura oficial del deporte mexicano. 4 años de intentos y no entró. El sistema no lo incorporaba.

Un atleta que ya estaba ganando torneos internacionales siendo adolescente, que ya había demostrado resultados concretos fuera de México y la selección nacional no abría la puerta. ¿Por qué? Las razones exactas no están documentadas de manera pública, pero el patrón es uno que se repite en el deporte mexicano con una frecuencia que debería ser vergonzosa.

Los atletas de provincia, los que no tienen el apellido correcto, ni el entrenador correcto, ni la conexión institucional correcta, muchas veces tienen que trabajar el doble para que el sistema los vea.  Guillermo Pérez era un chico de Michoacán que ganaba torneos, pero eso no era suficiente para que la burocracia deportiva le abriera las puertas.

4 años de rechazo. Para la mayoría de las personas eso es más que suficiente para abandonar cualquier sueño deportivo. Los gastos, el sacrificio de la familia,  la pregunta constante de si tiene sentido seguir invirtiendo tiempo y energía en algo que el sistema  oficial no reconoce. Para Guillermo Pérez, esos 4 años fueron suficientes para seguir construyendo solo.

En 1999 tomó  una decisión que cambió el rumbo de su carrera. Se mudó a Puebla para entrenar con el equipo olímpico de Taondo. Dejó Taretán, dejó Uruapan, dejó Michoacán. se instaló  en una ciudad nueva sin las redes familiares y sociales que te sostienen en tu lugar de origen y se entregó a la preparación de tiempo completo con la estructura que había podido encontrar.

Esto habla del tipo de atleta que era Guillermo Pérez. No esperaba que el sistema lo levantara, no esperaba que alguien lo descubriera y le tendiera la mano. Él mismo creaba las condiciones  para crecer. identificó dónde estaba el nivel que necesitaba y se fue hasta allá. Los primeros años de la primera década del 2000 fueron de construcción progresiva.

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