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Grace Kelly: Dejó Hollywood por un Príncipe… y se Arrepintió Toda su Vida

Trabaja en obras de teatro minúsculas en sótanos del Greenwich Village. Hace anuncios de televisión en directo de los que si te equivocas, todo el país te ve equivocarte. No es la más talentosa de su clase. No es la más carismática. No tiene la voz potente ni la presencia física de las actrices que dominan Broadway en esa época, pero tiene algo que ninguno de sus compañeros tiene.

Una disciplina de hierro forjada en la casa de los Kelly y una determinación silenciosa que nadie ve venir. Mientras otros alumnos salen de fiesta, Grace ensaya. Mientras otros se rinden después del primer rechazo, Grace vuelve a presentarse. No hace ruido, no se queja. solo trabaja. Su primer papel importante llega en 1950 en la serie de televisión The Filco Television Playhouse.

No es un papel grande, pero alguien la ve. Un productor de Hollywood anota su nombre en una servilleta y aquí es donde la historia empieza a acelerarse. Un productor la recomienda para una prueba de cámara en Hollywood. Grace viaja a Los Ángeles sin muchas expectativas. Tiene 21 años, un par de maletas y un acento de Philadelphia que intenta suavizar.

Es una desconocida total en la industria del cine, pero cuando la cámara se enciende, algo extraordinario ocurre, algo que los técnicos del estudio no pueden explicar. Grace no actúa como las otras actrices de la época. No gesticula, no grita, no exagera cada emoción como si fuera la última escena de su vida. Hay una quietud en ella, una contención casi hipnótica.

Sus ojos dicen lo que su boca calla, la cámara la adora. Cada plano de su rostro parece contener una novela entera que el espectador quiere descifrar. Su primer papel importante en cine es Mogambo en 1953. Junto a Clark Gable y Ava Gardner. La filman en Kenia en el corazón de África. Grace tiene 23 años y está rodeada de las mayores estrellas del mundo.

La selva, el calor, las noches alrededor del fuego bajo un cielo sin contaminación lumínica. Es durante ese rodaje donde, según múltiples testimonios, Grace tiene una relación con Clark Gable. Él tiene 52 años, ella 23. La diferencia de edad no le importa. Quizás porque Gable, con su presencia imponente y su voz grave le recuerda a alguien, quizás porque Grace siempre busca lo mismo en cada hombre.

Su actuación en Mogambo le vale una nominación al Óscar como mejor actriz de reparto. Hollywood se da cuenta de que Grace Kelly no es una moda pasajera, es algo completamente nuevo, algo que nunca se ha visto en pantalla. Pero aquí hay que detenerse un segundo para entender algo crucial. En 1953, las estrellas femeninas de Hollywood son Marilyn Monroe, Audrey Heppern, Elizabeth Taylor.

Mujeres extraordinarias, cada una a su manera. Pero Grace Kelly no se parece a ninguna de ellas. No tiene la sensualidad explícita de Monro. No tiene la fragilidad de Heurn. No tiene el fuego visible de Taylor. Grace tiene otra cosa. Tiene misterio. Cuando la miras en pantalla, sientes que hay algo debajo de la superficie, algo que no puedes alcanzar, algo que ella te está ocultando deliberadamente.

Y eso, esa sensación de que hay un secreto detrás de esos ojos azules es más adictivo que cualquier escena de amor. En un solo año, 1954, Grace rueda cinco películas. Cinco. Es una cifra absurda para cualquier actriz de la época. Green Fire con Stuart Granger, The Bridges atoko Ry con William Holden, con quien según múltiples fuentes también tiene una relación. Holden está casado.

Grace lo sabe, pero el patrón se repite como un disco rayado. Hombres mayores, hombres inalcanzables, hombres que se parecen demasiado a Jack Kelly. Y entonces llegó Hitchcock. Alfred Hitchcock, el director más influyente y más obsesivo del cine, descubre a Grace Kelly y ve en ella algo que nadie más ha sabido articular.

La llama un volcán cubierto de nieve. Por fuera, Grace es la elegancia hecha persona fría, contenida, impecable, por dentro arde. Hitchcock entiende que esa dualidad, hielo por fuera, fuego por dentro, es exactamente lo que el público desea sin saberlo. La contrata para tres películas seguidas que se convierten en tres obras maestras.

Primero, Dial M for Murder, en 1954. Después, Rear Window, finalmente, To Catch a Thief, filmada en la costa azul francesa, exactamente en las mismas carreteras donde Grace morirá 27 años después. Una coincidencia que hiela la sangre. En Rear Window, Grace consigue algo que muy pocas actrices logran, robarle cada escena a James Stewart, uno de los actores más queridos de América.

Hay una escena que define lo que es Grace Kelly en pantalla. Stuart está sentado en su silla de ruedas mirando por la ventana. De repente la puerta se abre. Grace entra como una aparición vestido de noche blanco, collar de perlas, cada paso medido como una coreografía. Y antes de que Stuart pueda abrir la boca, ella se inclina, lo besa y enciende una lámpara mientras dice su nombre. Todo en un solo movimiento.

La escena dura 15 segundos y en esos 15 segundos Grace Kelly demuestra más talento del que la mayoría de las actrices demuestran en una carrera entera. Hitchcock está obsesionado. Le escribe notas personales entre tomas. La llama por teléfono a medianoche para discutir escenas que no se van a rodar hasta semanas después.

controla su vestuario, su maquillaje, el ángulo exacto de su cabeza en cada plano. Algunos historiadores del cine creen que Hitchcock estaba profundamente enamorado de Grace, que todas sus rubias heladas posteriores Kim Novak, Tipren, Eva Marie Saint, fueron intentos desesperados de replicarla. Según Tippy Hedren, Hitchcock le dijo una vez, si Grace no se hubiera ido, nunca te habría necesitado.

La frase es tan cruel como reveladora, pero es to catch a thief, la que cambia la vida de Grace para siempre. Y no solo por la película. El rodaje tiene lugar en la Costa Azul francesa. En el verano de 1954, Grace y Carry Grant recorren las carreteras sinuosas entre Nisa y Mónaco en un descapotable, filmando escenas de persecución que se convertirán en clásicas.

Grace conduce a toda velocidad por esas curvas con una sonrisa deslumbrante mientras Grant finge estar aterrorizado. La química entre los dos es eléctrica. Hay una escena, la del picnic en la colina con el Mediterráneo al fondo donde Grace mira a Grant y le dice, “¿Quieres un muslo o una pechuga?” Es una frase que parece inocente, pero la forma en que Grace la dice, con esos ojos que prometen y esa voz que susurra, la convierte en uno de los momentos más sensuales de la historia del cine, sin tocar a nadie, sin mostrar nada, solo con la voz y la mirada. Esa es la magia

de Grace Kelly. Y aquí hay algo que parece sacado de una novela. Las mismas carreteras donde Grace y Carry Grant filman esas escenas de persecución son exactamente las mismas carreteras donde Grace morirá 27 años después. La misma curva, el mismo precipicio, el mismo Mediterráneo brillando abajo. Una coincidencia que hiela la sangre.

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