Frida tuvo poliomielitis a los 6 años. La enfermedad que en 1913 todavía no tenía vacuna y que atacaba a los niños con la arbitrariedad que las enfermedades tienen cuando no hay manera de prevenirlas. La polio le dejó la pierna derecha más delgada y más corta que la izquierda, la pierna que los compañeros de escuela le señalaban, la que la hizo usar faldas largas desde niña para esconder lo que la enfermedad le había hecho.
Frida la escondida, la que usaba tres o cuatro calcetines en el pie derecho para que la pierna pareciera del mismo grosor que la otra, la que convertía la desventaja en estilo, sin que el proceso de esa conversión fuera visible para los demás. A los 15 años entró a la Escuela Nacional Preparatoria, una de las 35 mujeres admitidas entre los 2000 estudiantes.
La excepción en un sistema educativo que en el México de los años 20 todavía no estaba completamente abierto a las mujeres. No quería ser pintora, quería ser médica. la carrera que habría hecho algo diferente con el conocimiento del cuerpo humano que la vida le estaba dando.
Y el 17 de septiembre de 1925, el tranvía de la línea Tlalpan destruyó ese plan. El accidente del 17 de septiembre de 1925 merece ser reconstruido con el detalle que los testigos y los registros periodísticos de la época proporcionaron. Eran las 7:30 de la tarde. Frida y su novio Alejandro Gómez Arias viajaban en un autobús de la línea de Coyoacán.
habían perdido un autobús anterior y habían tomado este, la decisión de tomar ese autobús específico, la decisión que el destino produce sin avisar y que después de producirla ya no puede revertirse. En la esquina de Cuautemotsini, calzada de San Antonio Abad, el tranvía número 829 de la línea Tlalpan, manejado por el motorista J.
Gómez no frenó a tiempo. El tranvía se incrustó contra el autobús de madera, lo aplastó contra un muro, lo destruyó completamente. El periódico El Universal del 18 de septiembre de 1925 publicó la nota al día siguiente. Los testigos declararon que el único culpable fue el motorista Gómez, que no tuvo la precaución de disminuir la velocidad.
Frida quedó en el suelo del autobús destruido, la pieza de hierro que le atravesó el abdomen, la sangre, el polvo de oro del obrero que cubría su cuerpo, los gritos de los pasajeros que podían gritar y el silencio de los que no podían. Alejandro Gómez Arias, el novio, sufrió golpes fuertes en la cadera, pero sobrevivió sin lesiones permanentes.
Frida no tuvo la misma suerte. La columna vertebral fracturada en tres partes, dos costillas rotas, la clavícula fracturada, tres fracturas en el hueso pélvico, la pierna derecha fracturada en 11 partes, el pie derecho dislocado y la pieza de hierro que le atravesó el abdomen y le hirió el útero.
La herida que los médicos después identificarían como la causa por la que Frida nunca pudo tener hijos. el útero dañado que produciría tres abortos en los años siguientes, cada uno de ellos un dolor que se sumaba al dolor del cuerpo que el tranvía había destruido. Los médicos que la recibieron en la Cruz Roja no esperaban que sobreviviera.
Las heridas eran de una gravedad que en el México de 1925, sin los avances médicos de las décadas posteriores, raramente producía supervivencia. Frida sobrevivió. Pero lo que sobrevivió no fue la misma persona que había subido al autobús esa tarde. Lo que sobrevivió fue un cuerpo partido que durante los 29 años siguientes iba a necesitar 32 cirugías para seguir funcionando.
Y una mente que convirtió ese cuerpo partido en el arte más poderoso que México produjo en el siglo XX. Antes de seguir, quiero preguntarte algo. Frida Calo quería ser médica antes del accidente. Después del accidente, postrada en la cama durante meses, empezó a pintar porque no podía hacer otra cosa.
La pintura no fue su primera elección, fue lo que le quedó cuando el tranvía le quitó todo lo demás. ¿Crees que el dolor es necesario para producir arte? ¿O crees que lo que Frida habría hecho como médica habría sido igual de extraordinario? Escríbeme en los comentarios. La pintura llegó a la vida de Frida Calo de la manera en que las cosas más importantes de la vida llegan a veces no como una elección deliberada, sino como la única opción disponible.
Postrada en la cama durante meses después del accidente, sin poder moverse, sin poder ir a la escuela, sin la posibilidad de hacer las actividades físicas que la polio la había motivado a hacer como terapia de rehabilitación. Frida encontró en la pintura la actividad que podía realizar acostada. Su padre le instaló un caballete especial sobre la cama, un espejo en el techo, las herramientas que Frida necesitaba para pintar sin levantarse y lo primero que pintó fue lo que veía en el espejo ella misma.
Los autorretratos que después se convirtieron en la marca más reconocible de su obra empezaron ahí en la cama del hospital de la Cruz Roja con el caballete sobre las piernas que no podían moverse, con el espejo que le devolvía la imagen de la persona que el tranvía había destrozado y que la pintura estaba empezando a reconstruir.
Nunca pensé en la pintura hasta que tuve que guardar cama a causa de un accidente automovilístico. Me aburría muchísimo ahí en la cama con una escayola de yeso y por eso decidí hacer algo. Me aburría. La explicación más honesta y menos romántica posible para el origen de una de las carreras artísticas más importantes del siglo XX.
No una vocación que la llamaba desde la infancia, no una revelación mística, aburrimiento y un espejo. Diego Rivera entró en la vida de Frida Calo en 1928, 3 años después del accidente. Frida tenía 21 años, Diego tenía 42. La diferencia de 21 años que en el México de esa época no producía la reacción que produciría en décadas posteriores.
Diego Rivera era el muralista más famoso de México, el artista que el gobierno postrevolucionario había contratado para pintar los murales que contaban la historia del país en las paredes de los edificios públicos. El hombre que con los pinceles y la pintura estaba construyendo la identidad visual del México moderno, era también un hombre que se declaraba incapaz de amar a una sola mujer.
Lo dijo públicamente, sinvergüenza. con la naturalidad del que considera que su apetito sexual y emocional es parte de su naturaleza como artista y que limitarlo sería limitarse a sí mismo. Frida lo conoció a través de Tina Modoti, la fotógrafa italiana que era parte del círculo intelectual y político del Partido Comunista Mexicano al que Frida se había unido.
Le mostró sus pinturas, le preguntó si tenía talento. Diego vio las pinturas y vio a Frida. Se casaron el 21 de agosto de 1929. Frida tenía 22 años. Diego tenía 43. La madre de Frida lo llamó el matrimonio entre un elefante y una paloma. La descripción que tiene la precisión de las metáforas que las madres inventan cuando ven lo que los hijos no ven.
El matrimonio entre Frida Calo y Diego Rivera es una de las historias de amor más contadas y más malinterpretadas de la historia del arte. No fue una historia de amor romántico en el sentido que las películas dan a esa frase. Fue una historia de dos personas que se necesitaban mutuamente de maneras que iban más allá del amor y que incluían la dependencia emocional, la admiración artística, los celos, la traición y la incapacidad de vivir el uno sin el otro, aunque vivir juntos les producía el daño que se producían. Diego la engañaba.
Desde el principio, con la frecuencia y la naturalidad del hombre que había declarado públicamente que era incapaz de ser fiel. Frida lo sabía, lo toleraba, lo sufría y eventualmente empezó a hacer lo mismo. Las relaciones de Frida con hombres y mujeres que vinieron después del descubrimiento de las infidelidades de Diego fueron también la respuesta de alguien que decidió que si el dolor de la traición era inevitable, al menos iba a tener la compensación de la libertad propia.
Frida era bisexual, tuvo relaciones con hombres y con mujeres. Entre los nombres que la historia ha documentado están el escultor japonés estadounidense Isamunogci, la cantante mexicana Chabela Vargas, la artista y bailarina Josephine Baker y, según algunas fuentes, el político ruso Leon Trotsky durante su exilio en México.
Pero ninguna de esas relaciones tuvo el impacto que tuvo la traición más grande que Diego cometió contra ella. Diego Rivera tuvo una relación sexual con Cristina Calo, la hermana menor de Frida, la que más cerca estaba de ella, la que la cuidaba cuando la enfermedad la postraba, la que era su modelo, la que era su confidente.
Frida había sido la que convenció a Diego de que contratara a Cristina como secretaria y había sido la que convenció a Cristina de que posara desnuda para un mural que Diego estaba pintando llamado El conocimiento y la pureza. Diego, que nunca reprimía ningún impulso hacia el género opuesto según las biografías que documentaron su vida, aprovechó la cercanía con Cristina.
Y la relación entre Diego y Cristina ocurrió en las casas de San Ángel. Las dos casas unidas por un puente que Diego y Frida habían construido como su hogar, una casa para él, otra para ella, conectadas por un puente que simbolizaba la unión entre dos personas que necesitaban su propio espacio, pero que también necesitaban estar conectadas.
La traición ocurrió en ese espacio, en las casas que representaban la conexión entre los dos, en la casa de Diego con la hermana de Frida. Cuando Frida lo descubrió, la reacción fue la de alguien que ha sufrido muchas traiciones, pero que esta última cruza un límite que las anteriores no habían cruzado.
Se fue de la casa, se cortó el pelo largo que era parte de su imagen, pintó el cuadro más sangriento de toda su obra, unos cuantos piquetitos. La pintura que muestra a una mujer acuchillada en una cama cubierta de sangre con un hombre de pie a su lado sosteniendo el cuchillo. La pintura inspirada en una noticia que Frida leyó en el periódico sobre un hombre que había apuñalado a su esposa y que al ser interrogado dijo que solo le había dado unos cuantos piquetitos.
Las personas que analizan la obra de Frida ven en ese cuadro no solo la noticia del periódico, ven también la expresión del dolor que la traición de Diego con Cristina le produjo. La herida más profunda pintada con la sangre más visible. Han ocurrido dos accidentes en mi vida. Uno es el del tranvía. El otro es Diego. Diego fue el peor de todos.
Aquí quiero preguntarte algo. Diego Rivera engañó a Frida con su propia hermana, la que la cuidaba, la que ella misma había puesto a trabajar con él. Y después de eso, Frida y Diego se divorciaron en 1939 y un año después, en 1940, se volvieron a casar. ¿Cómo es posible que alguien vuelva a casarse con la persona que la traicionó con su propia hermana? Escríbeme en los comentarios porque esta pregunta dice algo sobre la naturaleza del amor que las respuestas fáciles no pueden explicar. Los abortos que Frida
Calo sufrió son la parte de su historia que conecta el accidente del tranvía con el dolor más profundo que una mujer puede experimentar, querer ser madre y no poder serlo. El primer embarazo terminó en aborto en 1930. Los médicos determinaron que debido a las secuelas del accidente, la posición del feto era anómala y el embarazo debía ser interrumpido.
Otros médicos opinaron que probablemente Frida nunca podría tener hijos. En 1932 en Detroit, Frida volvió a quedar embarazada. Esta vez estaba radiante de felicidad. le escribió a su amigo el doctor Eloer, diciendo que tenía muchas esperanzas de tener al pequeño Dieguito. A los 3 meses y medio de gestación, el 4 de julio de 1932, tuvo una hemorragia masiva y perdió al bebé.
El cuadro Henry Ford Hospital, que pintó después de ese aborto, es una de las obras más desgarradoras de la historia del arte. Frida acostada en una cama de hospital, desnuda, bañada en sangre, rodeada de los objetos que simbolizan lo que perdió. El feto, el caracol, la orquídea, el hueso pélvico roto.
La mujer que quería ser madre y cuyo cuerpo destruido por un tranvía cuando tenía 18 años no podía sostener la vida que quería crear. Un tercer embarazo también terminó en aborto. La repetición del dolor que cada vez confirmaba lo que los médicos habían dicho, que Frida probablemente nunca podría tener hijos, nunca los tuvo.
La pieza de hierro del tranvía que le hirió el útero en 1925 le quitó también la posibilidad de ser madre. El accidente que le destrozó la columna y la pelvis y la pierna le destrozó también el futuro que incluía hijos. Las 32 cirugías que Frida Calo enfrentó a lo largo de su vida son el registro del cuerpo que el sistema médico de su época intentó reparar con las herramientas que tenía disponibles.
Cirugías en la columna, cirugías en la pierna, cirugías en el pie, injertos de hueso que se infectaron, corsés ortopédicos que usó durante años para mantener la espalda en posición, el aparato de metal que le recorría la espalda como una columna artificial externa, la columna rota, el cuadro de 1944, que es el autorretrato más conocido de Frida.
La mujer semidesnuda con una columna jónica partida en lugar de la columna vertebral. Los clavos clavados por todo el cuerpo, las lágrimas en el rostro, el corsé ortopédico, la pintura que dice con la imagen lo que las palabras no pueden decir de la misma manera, que el dolor era constante, que estaba en todas partes del cuerpo, y que la persona que lo vivía seguía mirando al frente con los ojos abiertos, aunque las lágrimas cayeran.
En 1953, un año antes de morir, los médicos le amputaron la pierna derecha debajo de la rodilla, la pierna que la polio había atacado cuando tenía 6 años. 53. La que el tranvía había fracturado en 11 partes cuando tenía 18. La que las cirugías habían intentado salvar durante 28 años. Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar? La frase que Frida escribió en su diario después de la amputación.
La frase que convierte la pérdida en la libertad que la pérdida produce cuando la persona que la sufre decide que la pérdida no la va a definir. El divorcio de 1939 y el segundo matrimonio de 1940 son el capítulo de la relación entre Frida y Diego, que dice más sobre quiénes eran que cualquier otro capítulo.
Se divorciaron después de la traición con Cristina, después de años de infidelidades mutuas, después de que la relación había producido más dolor que alegría y dos, y un año después se volvieron a casar. La condición que Frida puso para el segundo matrimonio fue que no tendrían relaciones sexuales, que la relación sería de compañerismo, de apoyo mutuo, de respeto, pero no de intimidad física. Diego aceptó.
El segundo matrimonio fue el matrimonio de dos personas que habían aceptado que lo que los unía no era lo que normalmente une a las parejas, era algo más complejo. La dependencia del artista con el artista, la necesidad del otro como espejo, la incapacidad de vivir separados, aunque vivir juntos les produjera daño.
Frida volvió a la casa azul de Coyoacán. Diego seguía con sus otras relaciones, Frida seguía con las suyas y los dos seguían pintando. La pintura como el espacio donde los dos se encontraban de la manera más honesta posible. No en la cama, ni en la cocina, ni en los viajes, en los lienzos, en los murales, en el arte que los dos producían con la intensidad de quienes tienen dentro de sí algo que solo sale cuando pintan.
Los últimos años de la vida de Frida Calo, entre 1950 y 1954, son los años del deterioro que el cuerpo destruido ya no pudo seguir sosteniendo. Las cirugías se multiplicaron, los corsés se hicieron más frecuentes, el dolor se intensificó, la morfina y otros analgésicos que los médicos le recetaban para manejar el dolor producían la dependencia que los analgésicos producen cuando se usan durante años.
Frida pintaba con las manos que le temblaban por el dolor y por los medicamentos. Los cuadros de los últimos años tienen una cualidad diferente de los cuadros anteriores, las líneas menos precisas, los colores más intensos, la urgencia de alguien que sabe que el tiempo se acaba y que quiere decir todo lo que le queda por decir antes de que ya no pueda decirlo.
En abril de 1953, la Galería de Arte Contemporáneo de la Ciudad de México organizó la primera y única exposición individual de Frida en México durante su vida. La exposición que Frida no iba a perderse, aunque los médicos le habían dicho que no podía ir. Frida llegó en ambulancia. La pusieron en una cama que habían instalado en la galería para ella y desde esa cama, rodeada de sus cuadros, recibió a las personas que habían ido a ver su obra.
La artista en la cama en medio de su propia exposición. La imagen que resume toda su vida, el cuerpo que no funciona y la voluntad que sigue funcionando a pesar del cuerpo. El 13 de julio de 1954, Frida Calo murió en la casa azul de Coyoacán. Tenía 47 años. La causa oficial de muerte fue en bolia pulmonar.
Los médicos que la atendieron determinaron que un coágulo de sangre había viajado hasta los pulmones y los había obstruido. Pero las circunstancias de la muerte produjeron las preguntas que 30 años de dolor constante producen cuando la persona que lo vivió muere. La última entrada en el diario de Frida decía, “Espero que la salida sea alegre y espero no volver jamás.
Espero que la salida sea alegre.” Las palabras de alguien que ve la muerte como una salida, que espera que esa salida tenga la cualidad que la vida no tuvo, que no quiere volver. Algunos biógrafos han interpretado esa entrada del diario como una despedida, como la nota de alguien que sabía que iba a morir y que había aceptado la muerte como el alivio que el cuerpo destrozado necesitaba.
Otros han ido más lejos, han sugerido que Frida se suicidó, que la sobredosis de analgésicos que los informes médicos documentaron no fue accidental. sino deliberada, que la mujer que había sobrevivido 32 cirugías y la amputación de una pierna y tres abortos, y la traición de su hermana y 29 años de dolor constante, decidió que ya era suficiente.
No hay prueba definitiva de suicidio. La causa oficial sigue siendo embolia pulmonar, pero la frase del diario, la sobrecarga de medicamentos y la historia de dolor que Frida cargaba producen la pregunta que los que la conocían se hicieron y que nadie respondió completamente. Diego Rivera dijo que el día de la muerte de Frida fue el día más trágico de su vida.
El hombre que la había engañado con su hermana, que la había hecho sufrir durante 25 años de matrimonio, que la había necesitado con la misma intensidad con que la había dañado, dijo que perderla fue lo peor que le había pasado. Diego murió 3 años después, en 1957, y las cenizas de Frida quedaron en la casa azul de Coyoacán, en la casa donde nació, donde pintó, donde sufrió y donde el espejo sobre la cama le devolvió la imagen que convirtió en los autorretratos más poderosos de la historia del arte. El legado de
Frida Calo en el siglo XXI tiene una dimensión que la propia Frida no habría podido imaginar. Su cara está en camisetas, tazas, bolsas, imanes de nevera, cuadernos, fundas de teléfono, la imagen de Frida con las cejas unidas y la corona de flores se convirtió en un icono comercial que genera millones de dólares al año en productos que llevan su imagen.
La marca Frida Calo, el nombre que se convirtió en producto. artista que pintó el dolor más profundo que un cuerpo humano puede sentir convertida en estampado para la mercancía que el capitalismo produce cuando encuentra una imagen que vende. La ironía de esa comercialización es también parte de la historia.
La mujer que fue comunista, que militó en el Partido Comunista Mexicano, que recibió a León Trotsky en su casa cuando el político ruso necesitaba asilo, que pintó cuadros con la y el martillo. Esa mujer es ahora el icono comercial más rentable del arte mexicano. Pero debajo de la mercancía, debajo de las camisetas y los imanes y las tazas, la historia real sigue estando.
La del tranvía, la del cuerpo destrozado, la del polvo de oro sobre la sangre. La de las 32 cirugías, la del marido que la engañó con su hermana, la de los abortos que el útero herido no pudo sostener, la de la pierna amputada, la del diario que decía, “Espero que la salida sea alegre y espero no volver jamás.
” Esa historia es la que la mercancía no cuenta y es la que este video cuenta. Frida Calo, Coyoacán, la Casa Azul, el tranvía de la línea Tlalpan, el polvo de oro sobre la sangre, la columna fracturada en tres partes, las 32 cirugías, Diego Rivera, Cristina Calo, unos cuantos piquetitos, Henry Ford Hospital, La columna rota, pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar? Y la frase que resume los dos accidentes de su vida.
Yo sufrí dos accidentes graves. Uno en el que un autobús me tumbó al suelo. El otro es Diego. Diego fue el peor de todos. 47 años, 29 de dolor constante, 32 cirugías, una pierna amputada, 143 pinturas que el mundo no ha dejado de mirar desde que ella dejó de pintar. Espero que la salida sea alegre y espero no volver jamás. Gracias por quedarte hasta aquí.
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Nos vemos en el siguiente. La casa azul de Coyoacán, donde Frida nació, vivió, pintó y murió, es el espacio físico que contiene toda esta historia en sus paredes y que hoy es el museo más visitado de México. La casa que Guillermo Calo construyó en 1904, 3 años antes de que Frida naciera, las paredes azul cobalto que le dan el nombre.
El patio interior con las plantas que Frida cultivaba cuando podía moverse y que las personas que la cuidaban cultivaban cuando ella no podía. La cocina donde las ollas de barro que Frida coleccionaba siguen en las repisas como si la persona que las puso ahí fuera a volver en cualquier momento. El museo recibe más de 500,000 visitas al año.
Las personas que viajan desde todo el mundo para estar en el lugar donde Frida pintó los cuadros que después vieron en los museos de otras ciudades. Los turistas que recorren las habitaciones con la reverencia de quien está en un lugar sagrado. Los fans que compran las camisetas en la tienda del museo sin conocer la historia que las camisetas no cuentan.

La cama donde Frida pintó con el caballete sobre las piernas y el espejo en el techo sigue en la casa. El espejo que le devolvía la imagen de sí misma. El espejo que produjo los autorretratos que ahora están en los museos más importantes del mundo. Los corsés ortopédicos que usó durante décadas están en vitrinas.
Los objetos que dicen con su presencia lo que las palabras no alcanzan, que la persona que vivía en esta casa tenía el cuerpo partido y que seguía pintando a pesar de eso. La casa azul es también el lugar donde Frida recibió a las personas que marcaron la historia del siglo XX.
Leon Trotsky vivió ahí durante su exilio en México. André Breton, el fundador del surrealismo, visitó la casa y declaró que Frida era surrealista. Frida respondió que no era surrealista. Porque ella no pintaba sueños, sino su propia realidad. Yo no pinto sueños, pinto mi propia realidad. La frase que separa a Frida de los surrealistas que querían adoptarla y que dice exactamente lo que su obra dice, que lo que pintaba no era fantasía, sino la descripción precisa de lo que vivía. La relación entre Frida Calo y
León Trotsky tiene una historia que el análisis de la vida de Frida raramente desarrolla con el detalle que merece. Trotsky llegó a México en 1937. El político ruso que había sido parte de la revolución de octubre y que después fue expulsado de la Unión Soviética por Stalin, necesitaba asilo.
Diego Rivera, que era comunista y que tenía las conexiones políticas para gestionar ese asilo, intercedió para que el gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas lo aceptara. Trotzk y su esposa Natalia Cedova se instalaron en la casa azul de Coyoacán, en la misma casa donde vivían Frida y Diego.
Y según las fuentes que documentaron ese periodo, Frida y Trotsky tuvieron una relación. El político ruso de 57 años y la pintora mexicana de 30. La relación que según quienes la documentaron fue breve pero intensa. Diego se enteró. No reaccionó de la manera que habría reaccionado si él mismo no hubiera tenido docenas de relaciones fuera del matrimonio.
Pero la incomodidad existió y Trotsky eventualmente se mudó de la Casa azul a otra casa en Coyoacán. En 1940, un agente estalinista llamado Ramón Mercader asesinó a Trotsky en esa otra casa de Coyoacán con un piolet. El político ruso que había vivido en la casa azul de Frida murió asesinado a pocas calles de donde había vivido.
Frida y Diego fueron brevemente sospechosos del asesinato de Trotsky. Fueron interrogados, fueron liberados. La sospecha se disipó cuando Mercader fue identificado y capturado. La cercanía de Frida con Trotsky y la cercanía del asesinato de Trotsky con el mundo de Frida son también parte de la historia que la persona que compra la camiseta con la cara de Frida probablemente no conoce.
El México postrevolucionario en el que Frida Calo vivió y pintó tiene una relación con su obra que es fundamental para entender por qué sus cuadros dicen lo que dicen. El México de los años 20 y 30 estaba construyendo su identidad nacional después de la revolución. Los muralistas como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco estaban pintando en las paredes de los edificios públicos la historia que el Nuevo México quería contarse a sí mismo.
Los intelectuales estaban escribiendo la literatura que definía lo que significaba ser mexicano. Frida estaba en el centro de ese movimiento, no como muralista, sino como la pintora que convertía la experiencia personal en arte de una manera que los muralistas con sus grandes narrativas históricas no hacían.
Los muralistas pintaban la historia del país. Frida pintaba la historia de su cuerpo y en la historia de su cuerpo estaba también la historia de México. El dolor, la resistencia, la capacidad de seguir de pie, aunque todo esté roto. La belleza que existe en medio del sufrimiento.
Los símbolos mexicanos que Frida incorporaba en sus cuadros, los monos, los pájaros, las plantas, los vestidos de teuana, las calaveras, los colores del arte popular mexicano, eran también la declaración de identidad de alguien que podía haber pintado como los europeos, que la invitaban a exponer en París, pero que eligió pintar como mexicana.
La mexicanidad de Frida no era una pose, era la decisión consciente de alguien que tenía las herramientas para hacer otra cosa y que eligió hacer lo que hizo porque creía que lo que México tenía para ofrecer al mundo era mejor que lo que el mundo le ofrecía a México. La amputación de la pierna derecha en 1953 es el momento en que la historia de Frida Calo llega a su punto más bajo en términos del cuerpo que el tranvía había destruido 28 años antes.
la pierna que la polio había atacado a los 6 años, la que el tranvía había fracturado en 11 partes a los 18, la que las cirugías habían intentado salvar durante décadas, la pierna que Frida había escondido con faldas largas desde niña. La gangrena que se desarrolló en esa pierna dejó a los médicos sin opciones.
La amputación debajo de la rodilla fue la única alternativa a la muerte por infección. Frida escribió en su diario después de la amputación la frase que se convirtió en una de las más citadas de toda su historia. Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar? La frase que transforma la pérdida en libertad, que dice que lo que le quitaron no la define, que tiene algo que es más importante que lo que perdió.
Pero debajo de esa frase, que es la que el mundo repite y pone en las camisetas, estaba también la depresión que la amputación produjo. La persona que durante 28 años había luchado por mantener su cuerpo funcionando y que ahora veía como ese cuerpo perdía una de sus partes. La Frida de la frase con alas y la Frida de la depresión eran la misma persona, la que públicamente convertía el dolor en poesía y la que privadamente lloraba por lo que el dolor le hacía.
La última exposición de Frida en México en abril de 1953 tiene la dimensión de los eventos que el destino convierte en despedida sin que la persona que los vive los sepa completamente. La galería de arte contemporáneo de la Ciudad de México. La exposición que los organizadores le dedicaron y que Frida se negó a perderse, aunque su cuerpo le decía que no podía ir. Llegó en ambulancia.
Le instalaron una cama en medio de la galería y desde esa cama recostada recibió a las personas que habían ido a ver sus cuadros. La imagen del artista en la cama en medio de su propia exposición tiene la fuerza de las imágenes que resumen una vida entera. El cuerpo que no funciona y la voluntad que funciona a pesar del cuerpo.
La persona que llega acostada a la celebración de lo que hizo de pie. Los asistentes la saludaban, la felicitaban, le decían lo que su arte significaba para ellos y Frida los recibía desde la cama con la gracia de alguien que sabe que ese momento es probablemente el último de ese tipo y que quiere vivirlo completamente.
Un año después estaba muerta. La exposición de abril de 1953 fue la despedida y la cama en medio de la galería fue el último escenario de Frida Calo. La obra de Frida Calo que el mundo conoce incluye 143 pinturas. De esas 143, 55 son autorretratos. Más de un tercio de toda su producción es su propia cara mirándose desde el lienzo.
Esa proporción dice algo que ningún análisis externo puede decir mejor, que Frida era su propio tema principal, que lo que pintaba era lo que veía en el espejo que su padre le había instalado sobre la cama después del accidente, que la artista y el sujeto de la obra eran la misma persona.
Los autorretratos de Frida no son los autorretratos de la artista que se pinta por vanidad o por conveniencia. son los autorretratos de alguien que usa su propia imagen como el mapa donde marca el dolor que vive, las cejas unidas, la mirada directa, los fondos que cambian según el momento de su vida, los animales, las plantas, las raíces, los instrumentos médicos, la sangre.
Cada autorretrato es un capítulo del diario de un cuerpo que estaba roto y de una mente que se negaba a romperse. Las Dos Fridas de 1939, el cuadro doble donde dos versiones de Frida se sientan juntas con los corazones visibles y una arteria que las conecta. La Frida vestida de blanco con el corazón roto y la Frida vestida de teuana con el corazón entero.
Las dos versiones de la misma mujer que el divorcio de Diego había producido, la que sufre y la que sobrevive. El venado herido de 1946. Frida como un venado con su propia cara, atravesado por flechas, sangrando en un bosque. La metáfora del animal herido que sigue de pie, aunque las flechas lo atraviesen.
La imagen que dice lo que Frida sentía sobre su propia condición, sin necesitar las palabras que la imagen reemplaza. Autorretrato con collar de espinas y colibrí de 1940. Las espinas que le hacen sangrar el cuello. El colibrí muerto que en la cultura mexicana simboliza la suerte en el amor, el mono y el gato negro. La composición que dice que el amor le hace daño, pero que el amor muerto es peor que el dolor.
Cada cuadro es un capítulo y los 143 juntos son la novela completa de una vida que la pintura permitió documentar con la precisión que ningún otro medio habría permitido de la misma manera. La relación de Frida Calo con el dolor físico tiene una dimensión médica que los análisis centrados en el arte raramente desarrollan con la profundidad que merece.
Frida vivió con dolor crónico durante 29 años, desde los 18 hasta los 47, sin un solo día libre de dolor, sin un momento en que el cuerpo le permitiera olvidar lo que el tranvía le había hecho. El dolor crónico tiene efectos sobre la persona que lo vive que van más allá del dolor mismo. La fatiga constante, la irritabilidad que la falta de descanso produce, la depresión que la experiencia sostenida del dolor genera en el sistema nervioso, la dependencia de los analgésicos que el dolor requiere para ser manejable. Frida usó
morfina y otros opiácios durante años. Los medicamentos que los médicos de su época le recetaban para el dolor y que producían la dependencia que los opiáceos producen cuando se usan durante periodos largos, la dependencia que en las últimas semanas de su vida puede haber sido parte de lo que produjo la sobredosis que algunos biógrafos interpretan como suicidio.
La persona que pintó la columna rota no estaba pintando una metáfora, estaba pintando exactamente lo que sentía. Los clavos en el cuerpo del cuadro son la representación visual del dolor que cada día le clavaba algo en alguna parte del cuerpo que el tranvía había destrozado. La columna jónica que reemplaza la columna vertebral en el cuadro es la imagen de lo que Frida sentía que su columna era algo roto que un artificio externo mantenía en su lugar, pero que por sí mismo ya no tenía la capacidad de sostenerla. Los corsés ortopédicos que
usó durante décadas son los artefactos físicos que confirman lo que el cuadro dice. Los corsés de cuero y de yeso y de metal que Frida decoraba con pinturas y con símbolos. Porque si tenía que llevar un instrumento de tortura en el cuerpo, al menos iba a convertirlo en algo que tuviera belleza. La artista que decoraba sus instrumentos de tortura. Eso también es Frida Calo.
El feminismo que adoptó a Frida Calo como icono en las décadas posteriores a su muerte tiene una relación con la Frida real que es al mismo tiempo legítima y complicada. legítima porque Frida fue una mujer que vivió en sus propios términos en una época en que eso era extraordinariamente difícil, que pintó su cuerpo con la honestidad que ninguna artista antes de ella había tenido en la historia del arte occidental, que habló de la menstruación, del aborto, del dolor físico, de la sexualidad, de
la traición, de las cosas que las mujeres vivían, pero que el arte de su época no mostraba. complicada porque la Frida de las camisetas y los imanes de nevera es una versión simplificada de alguien cuya vida fue cualquier cosa menos simple. La imagen de la mujer fuerte con la corona de flores y las cejas unidas es una imagen que funciona como icono comercial, pero que reduce la complejidad de alguien que fue también frágil, dependiente, contradictoria y que volvió a casarse con el hombre que
la había traicionado con su hermana. La Frida Real no es el icono limpio que la mercancía produce. La Frida Real es la mujer que sufrió 32 cirugías y que se cortó el pelo cuando descubrió que Diego la engañaba con Cristina y que bebía tequila para manejar el dolor y que pintaba con las manos temblorosas y que escribió espero no volver jamás.
Esa Frida es más poderosa que el icono porque es real y porque lo real siempre es más poderoso que la simplificación. Para terminar completamente la historia de Frida Calo, hay que hablar de la cremación. y de lo que ocurrió después de su muerte. Frida murió el 13 de julio de 1954. Su cuerpo fue velado en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.
El edificio más importante de la cultura mexicana, sirviendo como escenario para la despedida de la artista que había convertido el dolor mexicano en arte universal. El féretro fue cubierto con la bandera del Partido Comunista. El acto político que en el México de los años 50 producía las reacciones que los actos políticos producen.
El director del Instituto Nacional de Bellas Artes tuvo que enfrentar las consecuencias de haber permitido que la bandera comunista estuviera en el Palacio de Bellas Artes. Frida fue cremada en el Panteón Civil de Dolores. Las cenizas fueron llevadas a la casa azul de Coyoacán, a la casa donde había nacido y donde había muerto.
El ciclo completo en el mismo lugar. Diego Rivera declaró que la muerte de Frida fue el día más trágico de su vida. El hombre que la había hecho sufrir más que nadie diciendo que perderla fue lo peor que le había pasado. Tres años después, Diego murió y dejó la casa azul como museo. El espacio que desde entonces recibe a las 500,000 personas que cada año van a Coyoacán a estar donde Frida estuvo.
Las cenizas de Frida están en la casa azul. En una urna con forma de rana que está sobre la cama. donde pintó con el espejo en el techo la rana, porque en el argot mexicano rana suena como Frida. La urna que los visitantes del museo miran con el silencio que los objetos que contienen los restos de las personas importantes producen y en las paredes de la Casa azul los cuadros que Frida pintó con el dolor de un cuerpo destrozado y con la belleza que solo el dolor más profundo puede producir. Yeah.
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