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FRIDA KAHLO: La VERDAD del Accidente que la DESTROZÓ… y el Hombre que la Acabó de Romper

Frida tuvo poliomielitis a los 6 años. La enfermedad que en 1913 todavía no tenía vacuna y que atacaba a los niños con la arbitrariedad que las enfermedades  tienen cuando no hay manera de prevenirlas. La polio le dejó la pierna derecha más delgada y más corta que la izquierda, la pierna que los compañeros de escuela le señalaban, la que la hizo usar faldas largas desde niña para esconder lo que la enfermedad le había hecho.

Frida la escondida, la que usaba tres o cuatro calcetines en el pie derecho para que la pierna pareciera del mismo grosor que la otra, la que convertía la desventaja en estilo,  sin que el proceso de esa conversión fuera visible para los demás. A los 15 años entró  a la Escuela Nacional Preparatoria, una de las 35 mujeres admitidas entre los 2000 estudiantes.

La excepción en un sistema educativo que en el México de los años 20 todavía no estaba completamente abierto a las mujeres.  No quería ser pintora, quería ser médica. la carrera que habría hecho algo diferente con el conocimiento del cuerpo humano que la vida le estaba dando.

Y el 17 de septiembre de 1925, el tranvía de la línea Tlalpan destruyó ese plan.  El accidente del 17 de septiembre de 1925 merece  ser reconstruido con el detalle que los testigos y los registros periodísticos de la época proporcionaron. Eran las 7:30 de la tarde. Frida y su novio Alejandro Gómez Arias viajaban en un autobús de la línea de Coyoacán.

habían perdido un autobús anterior y habían tomado este, la decisión de tomar ese autobús específico, la decisión que el destino produce sin avisar  y que después de producirla ya no puede revertirse. En la esquina de Cuautemotsini, calzada de San Antonio Abad, el tranvía número 829 de la línea Tlalpan, manejado por el motorista J.

Gómez no frenó a tiempo. El tranvía se incrustó contra el autobús de madera, lo aplastó contra  un muro, lo destruyó completamente. El periódico El Universal del 18 de  septiembre de 1925 publicó la nota al día siguiente. Los testigos declararon que el único culpable fue el motorista Gómez,  que no tuvo la precaución de disminuir la velocidad.

Frida quedó en el suelo del autobús destruido, la pieza de hierro que le atravesó el abdomen, la sangre, el polvo de oro del obrero que cubría su cuerpo, los gritos de los pasajeros que podían gritar y el silencio de los que no podían. Alejandro Gómez Arias, el novio, sufrió golpes fuertes en la cadera, pero sobrevivió sin lesiones permanentes.

Frida no tuvo la misma suerte. La columna vertebral fracturada en tres partes, dos costillas rotas, la clavícula fracturada,  tres fracturas en el hueso pélvico, la pierna derecha fracturada en 11 partes,  el pie derecho dislocado y la pieza de hierro que le atravesó el abdomen y le hirió el útero.

La herida que los médicos después identificarían como la causa por la que Frida nunca pudo tener hijos. el útero dañado que produciría tres abortos en los años siguientes, cada uno de ellos un dolor que se sumaba al dolor del cuerpo que el tranvía había destruido. Los médicos que la recibieron en la Cruz Roja no esperaban que sobreviviera.

Las heridas eran de una gravedad que en el México de 1925, sin los  avances médicos de las décadas posteriores, raramente producía supervivencia. Frida sobrevivió. Pero lo que sobrevivió no fue la misma persona que había subido al autobús esa tarde. Lo que sobrevivió fue un cuerpo partido que durante los 29 años siguientes  iba a necesitar 32 cirugías para seguir funcionando.

Y una mente que convirtió ese cuerpo partido  en el arte más poderoso que México produjo en el siglo XX. Antes de seguir, quiero preguntarte algo. Frida  Calo quería ser médica antes del accidente. Después del accidente, postrada en la cama durante meses, empezó a pintar  porque no podía hacer otra cosa.

La pintura no fue su primera elección, fue lo que le quedó cuando el tranvía le quitó todo lo demás.  ¿Crees que el dolor es necesario para producir arte? ¿O crees que lo que Frida habría hecho como médica habría sido igual de extraordinario? Escríbeme en los comentarios. La pintura llegó a la vida de Frida Calo de la manera en que las cosas más importantes de la vida llegan a veces no como una elección deliberada, sino como la única opción disponible.

Postrada en la cama durante meses después del accidente, sin poder moverse, sin poder ir a la escuela, sin la posibilidad de hacer las actividades físicas que la polio la había motivado a hacer como terapia de rehabilitación. Frida encontró en la pintura la actividad que podía realizar acostada. Su padre le instaló un caballete especial sobre la cama, un espejo en el techo, las herramientas que Frida necesitaba para pintar sin levantarse  y lo primero que pintó fue lo que veía en el espejo ella misma.

Los autorretratos que después se convirtieron en la marca más reconocible de su obra  empezaron ahí en la cama del hospital de la Cruz Roja con el caballete sobre las piernas  que no podían moverse, con el espejo que le devolvía la imagen de la persona que el  tranvía había destrozado y que la pintura estaba empezando a reconstruir.

Nunca pensé en la  pintura hasta que tuve que guardar cama a causa de un accidente automovilístico. Me aburría muchísimo ahí en la cama con una escayola de yeso y por eso decidí hacer algo. Me aburría. La explicación más honesta y menos  romántica posible para el origen de una de las carreras artísticas más importantes del siglo XX.

No una vocación que la llamaba desde la infancia, no una  revelación mística, aburrimiento y un espejo. Diego Rivera entró en la vida de Frida Calo en 1928,  3 años después del accidente. Frida tenía 21 años, Diego tenía 42. La diferencia de 21 años que en el México de esa época no producía la reacción que produciría en décadas  posteriores.

Diego Rivera era el muralista más famoso de México, el artista que el gobierno postrevolucionario había contratado para pintar los murales que contaban la historia del país en las paredes de los edificios públicos. El hombre que con los pinceles y la pintura estaba construyendo la identidad visual del México moderno, era también un hombre que se declaraba incapaz de amar a una sola mujer.

Lo dijo públicamente, sinvergüenza. con la naturalidad del que considera que su apetito sexual y emocional es parte de su naturaleza como artista y que limitarlo sería limitarse a sí mismo. Frida lo conoció a través de Tina Modoti, la fotógrafa italiana que era parte del círculo intelectual y político del Partido Comunista Mexicano al que Frida se había unido.

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