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MARIANA LEVY: El ASQUEROSO Asalto que Terminó con una de las Actrices más Queridas Ante sus HIJOS

Mariana continuó trabajando. En 1997 viajó a Perú para protagonizar Leonela, interpretando a una mujer violada que busca venganza contra su atacante. Era papel intenso, dramático,  que demostraba que Mariana podía manejar material complejo más allá de los típicos roles románticos.  Mientras tanto, en su vida personal, Mariana estaba sanando, estaba enfocada en criar a María y eventualmente estaba lista para abrirse al amor otra vez.

En el año 2000, durante una cena organizada en la casa de Jacqueline Andere,  Mariana conoció a José María Fernández Michel, conocido cariñosamente como El Pirru.  Era arquitecto, hijo medio de Chantal Andere, hombre exitoso de mundo diferente al del espectáculo.  La química entre Mariana y el Pirru fue inmediata.

La relación avanzó rápido y el 25 de noviembre del año 2000  se casaron en ceremonia que reunió a la élite del entretenimiento mexicano. Mariana se veía radiantemente feliz. Después del dolor de su primer divorcio, parecía haber encontrado finalmente la estabilidad emocional y familiar que buscaba. De este segundo matrimonio nacieron dos hijos más.

El 19 de enero de 2002 llegó Paula Fernández Levi y el 7 de julio de 2004 nació José Emilio Fernández Levi. Mariana ahora era madre de tres niños, María de su primer matrimonio, Paula y José Emilio de su segundo matrimonio. Su vida personal estaba más plena que nunca.  A nivel profesional, Mariana había tomado decisión importante, alejarse parcialmente de las telenovelas para dedicar más tiempo a su familia.

Su última telenovela fue Amor real en 2003, donde interpretó a Josefina de Icasa y se enfocó en su nuevo proyecto, ser conductora del programa de variedades Nuestra Casa, donde compartía pantalla con su propia madre Talina Fernández y con el cantante Jorge Coque Muñiz. Era proyecto perfecto para Mariana en ese momento de su vida.

Horarios más manejables que las telenovelas, trabajar al lado de su madre, fortaleciendo el vínculo familiar y aún así presencia constante en televisión que mantenía su carrera viva mientras priorizaba a su familia. Comenta esto que me parece importante.  ¿Crees que las mujeres en el mundo del espectáculo deberían pausar sus carreras cuando son madres? Mariana hizo esa elección y era feliz con ella, pero también la criticaban por desperdiciar  su talento.

¿Tú qué piensas del balance entre carrera y maternidad para mujeres famosas? Mariana hizo dos planes importantes en abril  de 2005 que nunca alcanzaría a cumplir. El primero era mudarse a Buenos Aires,  Argentina, junto con su esposo, el Pirru. La pareja había decidido que querían cambiar de aires, dar a sus hijos experiencias diferentes, alejarse del ritmo intenso de Ciudad de México.

La mudanza estaba programada para la semana siguiente a su muerte. Habían empezado a empacar sus pertenencias.  El segundo plan era más inmediato, celebrar el día del niño con sus hijas. El día del niño en México se celebra el 30 de abril y Mariana quería adelantarse un día llevando a María, su hija mayor, junto con varias amiguitas de su escuela,  al parque de diversiones Six Flags, México.

Sería tarde mágica para las niñas.  Recuerdo que ellas conservarían toda la vida. Lo que Mariana no sabía es que efectivamente sería recuerdo que sus hijas conservarían toda la vida,  pero por las razones más oscuras posibles. El viernes 29 de abril de 2005  amaneció como día normal en Ciudad de México.

Mariana se levantó, preparó a sus hijas, las arregló para la salida. María tenía 9 años, Paula tenía 3 años. José Emilio tenía apenas 9 meses, era prácticamente bebé recién nacido y junto con varias amigas de María de la escuela se subieron todos a la camioneta familiar. El Pirru manejaba. Mariana iba en el asiento del copiloto, las niñas en los asientos de atrás.

El bebé José Emilio en su sillita especial de seguridad.  La música sonaba alegre. Las niñas charlaban emocionadas sobre el día que les esperaba.  Era escena perfecta de familia feliz dirigiéndose a parque de diversiones. Pero entonces, alrededor de las 1340 horas en la zona de Lomas de Chapultepec, todo cambió para siempre.

Mariana notó algo extraño. Un auto los estaba siguiendo. Al principio pensó que era coincidencia que iban en la misma dirección, pero cuando se acercaron a un alto en el tráfico, el auto que lo seguía se aproximó más y Mariana, con instinto materno alerta vio algo que le heló la sangre.

El hombre que manejaba ese auto tenía una pistola. El Pirru también lo notó y en ese momento empezaron a actuar rápido. Mariana se quitó su reloj caro indicando a el pirru que hiciera lo mismo. Y cuando el asaltante se acercó al carro, el pirru le entregó los relojes, intentando que el hombre se fuera satisfecho con esas pertenencias. Pero el hombre no se iba.

Empezó a mirar a través de las ventanas traseras del vehículo. Estaba analizando algo. Estaba decidiendo si quería más.  Y entonces las niñas, especialmente María, se dieron cuenta de lo que estaba pasando. Empezaron a gritar de terror. Mariana, en pánico absoluto, pero intentando mantener la calma, les dijo que se calmaran, que subieran las ventanas, pero los gritos no se detenían.

La tensión era insoportable. El hombre armado seguía ahí, amenazante, indeciso entre dispararles o irse. Mariana tomó decisión valiente. Vio que había un policía custodiando un edificio cercano y aunque estaba aterrorizada, salió de la camioneta y corrió hacia el policía pidiendo ayuda. Le dijo, “Nos van a asaltar.

” Era acto de bravura puro, de madre intentando proteger a sus hijos sin importar el riesgo personal. “Comenta lo que estás sintiendo ahora. ¿Tú qué habrías hecho en su lugar? Salir del carro arriesgándote o quedarte intentando proteger a tus hijos desde adentro es decisión imposible. Cualquier opción tiene riesgos enormes. ¿Crees que Mariana hizo lo correcto? El asaltante, viendo que Mariana iba hacia el policía, decidió huir.

Tomó su auto y se alejó rápidamente del lugar. La amenaza inmediata había pasado.  Las niñas en el carro seguían llorando, pero estaban a salvo. El pirru suspiró aliviado. Habían sobrevivido el asalto. Mariana regresó corriendo a la camioneta, subió, se sentó en el asiento del copiloto y le dijo a el pirru cinco palabras que cambiarían todo.

Me voy a  desmayar. Y entonces cayó. Su cuerpo se desvaneció en el asiento. No estaba inconsciente. Estaba muerta. En cuestión de segundos, sin advertencia previa, sin oportunidad de despedirse, Mariana Levi había muerto frente a su esposo y sus tres hijos. El Pirru entró en shock instantáneo,  pero su instinto de supervivencia lo activó.

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