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Ex Escolta del Mencho CONFIESA TODO: Él Sabía Que No Iba a Salir Vivo de Jalisco

No era de muchas palabras con la gente nueva. Conmigo tardó como dos meses en empezar a hablarme más allá de darme órdenes. Pero cuando agarraba confianza hablaba y a veces hablaba de cosas que yo sentía que no debería estar escuchando. Mi trabajo era básicamente estar cerca de él, armado, listo para reaccionar si algo pasaba.

Éramos un grupo de entre seis y 10 escoltas que rotábamos. Nunca estábamos todos al mismo tiempo. Siempre había relevos. El mencho se movía mucho. No se quedaba más de tres o cuatro días en un mismo lugar. Tenía varios puntos, ranchos, casas en pueblos chicos. A veces hasta se metía en casas normales de gente que ni sabía quién era el que estaba durmiendo en su cuarto de visitas.

Bueno, algunos sí sabían, pero se hacían  Lo que la gente no entiende es que el mencho no vivía como rey, o sea, tenía dinero, claro, todo el dinero del mundo, pero su vida diaria era de esconderse, de moverse de noche, de no poder ir a ningún lado sin que 10 cabrones armados fueran adelante revisando, de no hablar por teléfono, de mandar mensajes a través de tres o cuatro personas para que no lo rastrearan.

Eso no es vida y creo que él lo sabía. Hubo una noche, si mal no recuerdo, fue como en septiembre o octubre del año pasado, que estábamos en un punto cerca de la zona de Masamitla. Había llovido fuerte y el camino de terracería estaba hecho un lodasal. No se podía mover nadie y el mencho estaba sentado afuera bajo un tejabán fumando.

Normalmente no fumaba tanto, pero esa noche se acabó como media cajetilla. Yo estaba a unos metros haciendo guardia y me dijo que me acercara. Me preguntó que cuántos años tenía. Le dije que 29. se quedó callado un rato y luego me dijo algo que se me quedó grabado. Me dijo, “A tu edad, yo ya había estado preso en el gabacho, ya me habían deportado y ya andaba metido en esto.

Y mira, 30 años después sigo escondiéndome en el monte como animal, nada más que ahora el monte es más chico y los que me buscan son más.” No supe qué contestarle. Creo que le dije algo como, “Usted es el mero mero patrón o alguna pendejada así.” Él nada más se rió, pero no era una risa de que le diera gracia, era una risa como de resignación.

Y luego me dijo, “De aquí no voy a salir vivo, de Jalisco no salgo. Ya lo sé.” Yo pensé que estaba hablando por hablar, que era el cansancio, la lluvia, la noche, pero no. Él ya sabía. Llevaba meses diciendo cosas así a los que estábamos cerca, como que ya se había hecho a la idea. El mencho sabía que los gringos lo tenían ubicado.

Eso no era secreto para nadie dentro del círculo. Los 15 millones de dólares de recompensa no eran poca cosa. Y él sabía que la información de inteligencia que usaban las fuerzas federales venía de allá, de la DEA, del Departamento de Justicia. Me acuerdo que una vez, esto fue como en noviembre o diciembre, llegó el chore todo agitado diciendo que habían detectado un dron sobrevolando una zona donde el patrón había estado dos días antes.

Nos movimos esa misma noche. Caminamos como 3 horas por el monte con lámparas cargando mochilas. El mencho iba adelante sin quejarse. El hombre estaba enfermo, pero caminaba. tenía eso, era duro para esas cosas, pero cada vez el cerco se cerraba más. Yo lo notaba porque los cambios de ubicación eran más frecuentes.

Antes nos quedábamos tres o cuatro días en un punto, después era cada dos días y al final era diario. A veces nos movíamos dos veces en un mismo día. La gente que nos llevaba comida y suministros cambiaba también. Ya no confiaban en las mismas personas. Había mucha paranoia y con razón. Alguien estaba dando información. El mencho lo sabía.

Una vez escuché que le dijo al chore, “Hay un dedo adentro. Búscalo. No sé si lo encontraron. No sé si era alguien de los escoltas o alguien más arriba, pero la filtración era evidente. La última vez que vi al mencho fue como cuatro o cco días antes del operativo. Si mal no recuerdo, fue un martes o miércoles. Estábamos en un punto que no voy a decir exactamente dónde, pero estaba en la zona de Tapalpa, en la sierra.

Él se veía más tranquilo de lo normal, lo cual era raro. Normalmente andaba tenso revisando cosas, dando órdenes por radio, pero ese día estaba como en paz. Comió bien, habló con algunos de los muchachos, hasta hizo un par de bromas. Yo creo que ya había aceptado lo que venía o a lo mejor estoy proyectando porque ya sé lo que pasó después, no sé, pero se sentía diferente.

El jueves me dijeron que me tocaba descanso, que me fuera a un pueblo cercano por dos días y que regresara el domingo en la noche. Normalmente los descansos eran de un día, pero el chore me dijo que aprovechara porque iba a querer haber un reacomodo de turnos. No le di importancia. Me fui a casa de un conocido en un pueblo que está como a hora y media de ahí.

Y el domingo en la mañana, tipo 6 o 7, empecé a escuchar los helicópteros. No era un helicóptero, eran varios. Se oían lejanos pero constantes. Y luego empezaron los mensajes. El teléfono me empezó a sonar como loco. Mensajes de los compañeros, de gente del pueblo, de todos lados. Están entrando los federales. Hay enfrentamiento en la sierra.

Tiraron desde el helicóptero con minigun. Yo no lo podía creer. Traté de comunicarme con el chore, pero no contestaba. Nadie del círculo cercano contestaba. Prendí la tele y ahí estaba. Los narcobloqueos empezaron casi de inmediato. Camionetas quemadas en Puerto Vallarta, en Guadalajara, en la carretera a Chapala.

Vi los videos en redes sociales, la gente grabando el humo, los carros ardiendo. Era un caos que no había visto en años. Ni siquiera en el Culiacanazo se había sentido así de fuerte en Jalisco. La orden de arriba era quemar todo, bloquear todo y después de cierta hora empezar a atacar directamente a los federales. Y así fue.

Vi los reportes de que en San Juan de los Lagos le explotaron una pipa de gas a la Guardia Nacional. En La Piedad, Michoacán, hubo enfrentamiento y mataron a tres sicarios. En la Moreno emboscaron a elementos federales. Todo esto porque el patrón había caído. Lo que sé del operativo en sí es lo que me contaron después los pocos que lograron salir de ahí.

Fueron fuerzas especiales del ejército con apoyo de helicópteros artillados de la Fuerza Aérea y elementos de la Guardia Nacional. Entraron de madrugada coordinados. El Mencho estaba en un punto con un grupo de escoltas, creo que eran como siete u ocho. Los helicópteros abrieron fuego con Minigoon desde el aire. Eso es algo que no puedes combatir.

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