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EN UN FIN DE SEMANA M4TARON A 86… CUATRO AÑOS DESPUÉS ESTÁN ESPOSADOS EN EL CECOT

calculó que la presión mediática de 86 muertos en 72 horas obligaría al gobierno a negociar, a ceder, a buscar algún tipo de acuerdo que redujera la tensión. Era la lógica que había funcionado durante generaciones con gobiernos anteriores. Era la razón por la que la violencia masiva y coordinada había sido siempre una herramienta efectiva de presión política [música] para la organización.

Lo que no calcularon es que Bukele no era un gobierno anterior y lo que no calcularon es que ese fin de semana no iba a ser el principio de una negociación, iba a ser el principio del expediente. Pero eso no es lo más importante de esta historia todavía. Lo más importante es lo que pasó en las semanas siguientes al fin de semana de los 86.

Porque la respuesta del régimen no fue solo el endurecimiento del operativo de capturas, fue la decisión paralela tomada en silencio mientras los operativos se desplegaban de que lo que la fiscalía construyera a partir de ese momento no iba a ser solo un caso más contra la MC13. iba a ser el caso, el expediente que conectara la cadena de mando completa, el que llegara no solo a los ejecutores, sino a los que dieron las órdenes, el que fuera lo suficientemente sólido como para asentar a 480 y seis cabecillas frente a un juez con todas las garantías procesales

procesales y con todas las posibilidades reales de condena. Construir ese expediente tardó meses. Requirió interceptaciones de comunicaciones, requirió testimonios de personas que habían estado dentro de la estructura y que ahora, bajo el marco del régimen de excepción, tenían incentivos para cooperar que antes no existían.

requirió cruzar datos de múltiples investigaciones que hasta ese momento habían corrido en paralelo sin conectarse y requirió la decisión institucional de que el resultado no iba a ser una serie de casos individuales que la defensa pudiera fragmentar, contradecir y eventualmente vaciar de contenido.

Iba a ser un solo expediente, 486 acusados, todos juntos. ¿Por qué era eso tan importante? La respuesta está en como la MS13 había sobrevivido históricamente a los procesos judiciales, no porque sus abogados fueran mejor, sino porque la fragmentación de los casos era su escudo más efectivo, cuando cada acusado tiene su proceso individual, cuando la evidencia se divide en expedientes separados, cuando los testimonios tienen que sostenerse en múltiples salas al mismo tiempo, aparecen contradicciones, aparecen grietas, aparecen recursos que ralentizan años y eventualmente vacían

de contenido condenas que en el papel eran sólidas. La historia judicial del Salvador y de toda América Latina estaba llena de ese patrón y la MS13 lo conocía mejor que nadie porque lo había vivido desde adentro durante décadas. Un solo expediente con 480 acusados eliminaba ese escudo no porque ignorara las garantías procesales, sino porque las concentraba, porque la evidencia que conectaba la cadena de mando completa era la misma evidencia para todos, porque los recursos de la defensa tenían que enfrentarse a un

andamiaje construido para resistirlos en bloque, no en fragmentos. Y porque el juicio que arrancara con ese expediente iba a producir condenas que se apilaban unas sobre otras en lugar de diluirse en procesos paralelos que se alargaban indefinidamente. Quédate porque lo que viene ahora es el momento en que los que creían que este juicio también iba a colapsar entendieron que esta vez era diferente.

Cuando el megaicio arrancó, la estrategia de la defensa fue exactamente la que los analistas anticipaban. Recursos para cuestionar la legalidad del marco del régimen de excepción. Argumentos sobre la imposibilidad de garantizar derechos procesales individuales en un proceso de esta escala.

Peticiones para fragmentar el expediente en causas separadas. Presión mediática internacional sobre las condiciones de detención y el marco legal del régimen. Era el manual que había funcionado en el pasado. Era la forma en que los abogados defensores habían conseguido durante generaciones retrasar, desgastar y eventualmente erosionar procesos que en el papel eran irrebatibles.

Y el sistema respondió de una forma que no habían visto antes. Los recursos fueron procesados dentro del marco legal establecido. Los argumentos de la defensa fueron escuchados y el juicio continuó, no porque se ignoraran las garantías procesales, sino porque el andamiaje que el régimen había construido durante 2 años estaba diseñado específicamente para resistir exactamente este tipo de presión.

Cada movimiento de la defensa encontró una respuesta dentro del mismo sistema legal y el expediente no se fragmentó. Los 486 acusados seguían siendo 486 acusados en un solo proceso. Las semanas pasaron, el juicio avanzó y la audiencia salvadoreña que lo seguía desde fuera, la que había vivido bajo el terror de la MS13 durante generaciones, empezó a entender que algo diferente estaba pasando, que esta vez el sistema no iba a ceder.

Pero la pregunta seguía en el aire. La misma pregunta que cualquier salvadoreño que ha visto fracasar procesos judiciales contra la MS3 en el pasado [música] tenía en la cabeza, ¿aguantaría hasta las condenas o en el momento en que llegara la sentencia concreta, el sistema encontraría la forma de suavizar los números? La sala de audiencias está en silencio.

Las pantallas dentro del Seot muestran el proceso a los acusados que siguen el juicio desde el interior de la instalación. El juez tiene el [música] expediente abierto, lee los cargos, lee la evidencia, lee las conclusiones que la fiscalía construyó durante meses, conectando nombres, apodos, comunicaciones interceptadas y testimonios con los crímenes concretos que ese expediente documenta.

Y luego el juez empieza a dictar la primera condena del megajuicio. El número que pronuncia no es una cifra simbólica, es la suma de los años correspondientes a cada uno de los delitos probados en el expediente del primer acusado. Cada asesinato ordenado, cada extorsión coordinada, cada decisión que desde su posición en la jerarquía de la SMMES 13 activó consecuencias concretas en la vida de personas concretas, el número se acumula y cuando el juez termina de leerlo, cuando el número completo está en la sala, el silencio que sigue no es el silencio de

la sorpresa, es el silencio de algo que se cierra para siempre. Los acusados que escuchan desde las pantallas del Seot entienden en ese momento lo que ese número significa para todos y cada uno de ellos. No es una amenaza, no es una posibilidad, es una realidad ejecutable. Y el Secot, que hasta ese momento era el lugar donde ya estaban detenidos preventivamente, se convierte en ese instante en su dirección permanente, sin reducción, sin negociación, sin la grieta por la que en el pasado siempre había aparecido alguna salida. Eso es el

crack real de esta historia. No fue el inicio del juicio, no fue la acumulación de los 486 expedientes, fue ese momento específico en que el primer número se pronunció en voz alta en una sala de audiencias y el sistema demostró que podía sostenerlo porque ese momento le dijo a los otros 485 acusados es exactamente lo que les esperaba y le dijo a toda América Latina que el megajuicio más grande contra una pandilla en la historia de la región no era propaganda, era una sentencia.

Real, ejecutada, inapelable. Las condenas no se detienen en el primer acusado. El expediente tiene 486 personas y 47,000 delitos documentados. Los años se acumulan. El número total de años de condena que el megajuicio está generando supera cualquier cifra que el sistema judicial salvadoreño haya producido contra una organización criminal en [música] toda su historia.

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