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EL SOLITARIO: LA MACABRA VERDAD DETRÁS DE SU MUERTE

Era un sábado por la noche del año 59. una arena pequeña del interior del estado de Jalisco. Aproximadamente 200 personas dentro del recinto polvoroso. Jesús González Cruz,  el SICA, subió al cuadrilátero esa noche para enfrentar a un luchador rival,  del que la historia oficial no ha conservado el nombre exacto en sus archivos.

Llevaba puesta su máscara de tela cocida a mano por su  madre. Pesaba 82 kg. tenía 27 años de edad recién cumplidos. Lo que ocurrió durante los siguientes 17 minutos de aquella lucha fue una combinación brutal de movimientos profesionales mal ejecutados, una caída desde la tercera cuerda calculada de manera equivocada y un golpe seco contra la base de madera del cuadrilátero que sonó en toda la arena polvorosa del interior del  estado.

Jesús González Cruz cayó sobre la lona de la arena sin moverse. Los espectadores pensaron durante los primeros segundos que era parte del espectáculo. El árbitro contó hasta 10. El rival levantó  los brazos celebrando la victoria y después, durante los siguientes 8 minutos completos, el sica no se movió de la lona del cuadrilátero.

La sangre empezó a salir lentamente desde la boca de su máscara de tela. Los promotores subieron al ring,  lo cargaron en brazos, lo llevaron a la parte trasera del recinto, llamaron a un médico que tardó más de 40 minutos en llegar desde la cabecera municipal más cercana.  Jesús González Cruz, el SICA, falleció esa misma noche dentro del consultorio  improvisado de la Arena Polosa del interior del estado de Jalisco, a los 27 años de edad, sin haber recuperado nunca la conciencia. Tres

días después, según los reportes que han ido apareciendo, el cuerpo del hermano mayor fue trasladado de regreso al pueblo de Yahwálica y enterrado en el cementerio municipal junto a la tumba del abuelo paterno. El pequeño, el muchacho, con 13 años recién cumplidos asistió al funeral parado al lado de su madre y durante los siguientes 6 meses, el menor de los González Cruz no volvió a hablar dentro de la casa modesta de Yahwálica.

se sentaba durante las tardes en el patio  trasero sobre la banca de madera donde su hermano mayor le había enseñado los movimientos básicos de la lucha libre profesional.  Miraba el cielo durante horas seguidas, lloraba en silencio y una tarde específica del verano del 60, según se supo después,  el muchacho de 14 años se acercó a su madre dentro de la cocina de la casa modesta del centro de Yahwálica y le pronunció una sola frase que su madre escucharía  durante los siguientes 27 años seguidos. Mamá, voy a ser luchador

profesional y voy a hacerlo en honor a mi hermano Jesús. Esa decisión del muchacho  de 14 años pronunciada dentro de la cocina de la casa modesta de Yahwualika marcó el inicio del camino que iba a llevar al menor de los González Cruz hasta el salón de la fama del American Wrestling Observer. Los padres de Roberto desaprobaron desde el primer momento la decisión del menor de la familia.

Habían enterrado a un hijo dentro del cementerio de Yaoalik apenas un año antes. No estaban dispuestos a enterrar a otro. La madre lloró durante semanas seguidas dentro de la cocina de la Casa Modesta. El padre Francisco se negó a hablar del tema durante las cenas familiares. Los hermanos mayores intentaron convencer al muchacho de 14 años de que la lucha libre profesional  no era para él, que el cuerpo del menor era demasiado pequeño para resistir los golpes profesionales del cuadrilátero, que el destino de Jesús podía repetirse

en cualquiera de las arenas del interior del país. Roberto no escuchó a ninguno. Durante el otoño del 61, el muchacho de 15 años empezó a entrenar en secreto dentro del gimnasio de un veterano luchador jaliciense llamado Joe el hermoso, que tenía un pequeño espacio de entrenamiento detrás del mercado municipal de Guadalajara.

Viajaba todos los sábados por la mañana desde Yahwálica hasta la capital jaliciense en un autobús destartalado que tardaba 3 horas en llegar. entrenaba durante seis horas seguidas con Joe el hermoso. Volvía al pueblo el sábado por la noche,  agotado, con los músculos doloridos, y se acostaba sin cenar dentro de la habitación que había compartido durante años con su hermano mayor Jesús.

Y a principios del 62, según los archivos del entrenamiento profesional jaliciense, Joe el hermoso le dijo al muchacho de 15 años una frase que iba a cambiar el rumbo completo de su carrera profesional. Roberto, para ser luchador en serio tienes que irte a Tijuana. Aquí en Guadalajara no vas a llegar muy lejos.

Tres semanas después, según los reportes que han  ido apareciendo, el menor de los González Cruz tomó una decisión que destrozó definitivamente la relación con sus padres dentro del pueblo de Yahwualica. Abandonó la casa familiar sin avisar. Cruzó solo el país en autobús durante 4 días seguidos y llegó a Tijuana, Baja California, el 12 de febrero del 62, cargando una sola maleta de cartón con dos camisetas  dobladas, un par de zapatos viejos y una fotografía descolorida de su hermano mayor Jesús con la máscara de Otón Bancica

puesta sobre el rostro. El muchacho tenía 15 años recién cumplidos y empezaría profesionalmente  2 años más tarde bajo el nombre de batalla del Sica 2 en honor directo al hermano mayor enterrado dentro del cementerio del pueblo de Yahualica. Pero el nombre de El SICA 2, según los registros del fútbol mexicano, duró solamente 4 años seguidos dentro del cuadrilátero profesional, porque en 1966 dentro de una arena pequeña del estado de Jalisco, el joven luchador de 20 años de edad iba a tomar una decisión

profesional que lo convertiría durante los siguientes 20 años  en el luchador enmascarado más importante de la historia moderna de México. Entre el 62 y el 66. Según los registros documentados del fútbol mexicano profesional, Roberto González Cruz luchó dentro de arenas pequeñas del norte  del país y de la zona centro bajo distintos nombres de batalla  que la historia oficial ha conservado con dificultad.

Primero fue el SIC 2 en honor directo al hermano mayor enterrado dentro del cementerio de Yahwualica. Después adoptó, sin permiso oficial de los promotores nacionales, el nombre de el hijo del santo, aprovechando que el legendario enmascarado de plata vivía durante esos años una etapa de máxima popularidad nacional.

Y poco tiempo después, también sin permiso oficial, adoptó el nombre de El hijo de Blue Demon, aprovechando la rivalidad histórica entre el Santo y el otro gran enmascarado del cuadrilátero mexicano.  Ninguno de esos dos nombres falsos duró más de 6 meses seguidos, porque los promotores nacionales del fútbol mexicano descubrieron rápidamente que el joven luchador jaliciense no tenía relación familiar alguna con ninguno de los dos enmascarados legendarios.

Lo amenazaron con expulsarlo definitivamente del circuito profesional. le exigieron que adoptara un nombre original. Y a principios de 1966, según la historia oficial del cuadrilátero, Roberto González Cruz se sentó dentro del vestidor de una arena pequeña del estado de Jalisco junto con su entrenador Joe el hermoso y empezó a buscar un hombre de batalla nuevo que no pudiera ser disputado por ningún otro luchador del país.

La inspiración llegó durante una noche específica del invierno del 66. Roberto González Cruz vio en la televisión de blanco y negro del vestidor un episodio repetido del programa norteamericano El Llanero solitario, con un cowboy enmascarado montado sobre un caballo blanco y un antifaz negro cubriendo los ojos. Y al día siguiente por la mañana, Roberto González Cruz le pronunció a su entrenador una frase que iba a cambiar definitivamente el rumbo completo de la lucha libre mexicana contemporánea.

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