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EL PIOJO HERRERA: de ÍDOLO a PROSCRITO… El SUCIO PUÑETAZO que DESTRUYÓ su carrera para siempre

y una situación específica en ese aeropuerto que puso todos esos ingredientes juntos en el momento y el lugar donde el resultado de mezclarlos era el más catastrófico posible. Su nombre completo es Miguel Ángel Herrera Aguirre. Nació el 3 de abril de 1970 en la Ciudad de México y la historia de cómo llegó a ser el técnico más popular de México y de cómo lo perdió todo en 15 segundos en un aeropuerto americano es una de las más útiles e incómodas que el fútbol mexicano tiene en su archivo.

En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que el fútbol oficial mexicano no ha puesto juntas con la claridad que merecen. Primera, ¿quién era Miguel Herrera antes de ser el Piojo Herrera? el personaje, el futbolista que nunca llegó al estrellato como jugador, el entrenador que construyó su carrera en los márgenes antes de llegar al centro y la manera específica en que tomó una selección nacional que estaba a punto de no clasificar para el Mundial de Brasil y la llevó a la cancha más grande del mundo. Segunda, lo que el Mundial de

Brasil 2014 y el periodo posterior le hicieron a su relación con los medios, la eliminación ante Países Bajos, las críticas que empezaron a acumularse sobre el juego de la selección y la manera en que Herrera procesaba esas críticas de una manera que hacía imposible distinguir entre la evaluación profesional y el ataque personal.

Tercera, el 26 y el 27 de julio de 2015, la final de la Copa Oro contra Jamaica, el aeropuerto de Philadelphia a las 7 de la mañana del día siguiente, lo que dice la versión de Martinoli, lo que dice la versión de Herrera y lo que los videos capturaron y los exactos 30 horas que pasaron entre la Copa Oro y el despido.

Cuarta, lo que vino después. Cómo Herrera reconstruyó una carrera que el sistema del fútbol mexicano había castigado severamente, lo que el incidente dice sobre las estructuras de poder en el fútbol y sobre lo que pasa cuando alguien en una posición de autoridad decide que las consecuencias de sus acciones no aplican a él.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante, entender que la historia del piojo Herrera no es la historia de un hombre que cayó por mala suerte. Es la historia de alguien que construyó su propio derrumbe con la misma energía con que había construido su éxito y que la diferencia entre el técnico que gana campeonatos y el técnico que pierde el cargo más importante del país fue exactamente la misma cosa, ese temperamento que en algunos contextos produce resultados extraordinarios y en

otros produce consecuencias que no tienen vuelta atrás. Grábate esto antes de que sigamos. Miguel Herrera como jugador nunca fue la estrella que como entrenador prometió ser. Pasó por Cruz Azul, por el Club América, por Atlante, por Tigres W, por Pumas, por el San Luis, por el Pachuca y por el Albacete de España, entre otros equipos.

No fue el goleador histórico de ninguno. No levantó los trofeos de liga que después levantaría como técnico. Fue un centrocampista, un volante, un jugador de trabajo que hacía lo que su equipo necesitaba, pero que nunca tuvo el brillo individual que convierte a un futbolista en nombre permanente de la historia del deporte.

Esa experiencia como jugador de trabajo, como el que hace lo necesario, pero no el que recibe los aplausos principales, moldeó al entrenador que después sería. Herrera entendió el fútbol. desde la perspectiva de alguien que tuvo que ganarse cada minuto en el campo con esfuerzo y no con talento desbordante.

Y ese entendimiento se convirtió en una manera de entrenar que conectaba con los jugadores que tenían algo que demostrar, que no daban nada por garantizado, que necesitaban la claridad de un técnico que les dijera exactamente lo que necesitaban hacer sin adornos innecesarios. Su carrera como entrenador empezó en las categorías menores, no en la primera división, no en los equipos con presupuesto, no en el escenario donde los resultados producen portadas, en los lugares donde el trabajo es invisible y donde la calidad de un entrenador se mide por lo que hace

con lo que tiene, que es la manera más honesta de medir a cualquier técnico. llegó a Atlante y con Atlante ganó el torneo Apertura 2007, el primero de los cuatro campeonatos de Liga MX que levantó como técnico con un equipo que no tenía las estrellas del América, ni el presupuesto del Chivas, ni el apoyo mediático de los grandes, con lo que tenía, que era un plantel trabajador y un técnico que sabía exactamente cómo sacarle el máximo a cada pieza disponible. Escucha esto.

Después de Atlante, vino Cruz Azul, donde no logró el campeonato, pero dejó una huella de trabajo profesional que el sistema del fútbol mexicano reconoció. Y después vino el Club América. Con el América ganó el Apertura 2013 y el Clausura 2014. Dos títulos consecutivos que en el fútbol mexicano tienen un peso específico porque el América es el equipo másquillero del país, el que tiene el mayor número de seguidores y el que en consecuencia tiene el mayor nivel de escrutinio en cada decisión que toman el club y su técnico. Esos dos

campeonatos consecutivos con el América fueron los que pusieron el nombre de Herrera en la conversación sobre la selección mexicana. El equipo nacional en ese momento estaba en una situación que pocas veces el fútbol mexicano ha vivido con ese nivel de urgencia, a punto de no clasificar para el Mundial de Brasil 2014.

El hexagonal de la CONCACAF había producido resultados que la federación no había anticipado. José Manuel de la Torre, el Chepo, había sido despedido y el tiempo para encontrar la solución era mínimo. La Federación Mexicana de Fútbol eligió a Herrera. Aquí viene la primera revelación que te prometí.

Lo que el Piojo hizo con la selección entre el momento en que tomó el cargo y la clasificación para el Mundial de Brasil 2014 es lo que el fútbol mexicano llama una hazaña y lo que la evaluación más seria llama trabajo profesional ejecutado bajo presión extrema. No era la selección más talentosa de la historia de México. Tenía sus limitaciones, pero tenía un técnico que sabía exactamente lo que necesitaba de cada jugador y que transmitía esa certeza de una manera que el grupo absorbió con la urgencia que la situación exigía. El camino incluyó el

repechaje contra Nueva Zelanda, que México ganó y que fue el pasaporte de última hora al mundial. No la clasificación cómoda que otros ciclos habían producido, el camino del borde del abismo, que en el fútbol mexicano tiene su propio folklore y su propia carga emocional. Llegaron a Brasil y Herrera, que había llegado con el mandato de clasificar, de repente tenía el equipo nacional en la Copa del Mundo.

Lo que hizo ahí fue lo que definió su imagen pública para siempre. No los resultados solamente las celebraciones, los saltos en la banca técnica, las reacciones físicas y visibles de un técnico que no podía contener lo que sentía cuando el equipo anotaba o cuando el árbitro pitaba a favor. Esas imágenes de Herrera saltando y gritando y corriendo en la banca técnica con la energía de alguien que estaba viviendo en el ring y no solo mirándolo, se viralizaron de una manera que ningún otro técnico mexicano había producido en

la historia reciente. México llegó a los octavos de final en Brasil 2014. La eliminación llegó contra Países Bajos en un partido que el marcador tenía 1 a1 a pocos minutos del final y que terminó con dos goles holandeses en tiempo de adición, incluyendo un penal que en México es conocido todavía como el robado, la jugada de Argen Roben, que el árbitro pitó a favor de Holanda y que según la versión mexicana no fue falta.

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