Aparentemente Tilford no se encontraba en buen estado e incluso les había insinuado que no quería seguir viviendo. Las pesquisas continuaron en los días siguientes y se interrogó a unos 700 testigos, pero ninguno colaboró abiertamente. Tailford trabajaba como camarera un par de días a la semana, aunque la mayor parte del tiempo se dedicaba a la prostitución.
se involucraba con hombres que realizaban prácticas sexuales perversas y ninguno de ellos quiso entregar demasiada información por temor a ser encarcelados. Dos meses más tarde, el 8 de abril, otro cadáver sería encontrado a las orillas del Tammesis en el distrito de Cheiswick. Se trataba de Irene Lockwood, una trabajadora sexual de 26 años.
Su cuerpo estaba completamente desnudo, le faltaban varios dientes y, si bien tenía una pequeña contusión en la cabeza, la causa de muerte parecía haber sido la asfixia. Era pelirroja, medía tan solo un met y medio de estatura y, al igual que la primera víctima, también estaba embarazada. Las similitudes entre los dos casos eran evidentes y los detectives los vincularon de inmediato.
Fue entonces que surgió una teoría. Según se pudo averiguar, en el pequeño apartamento que rendaba Anna Tilford se encontraron luces y equipo fotográfico. Los investigadores supusieron que como se dedicaba al comercio sexual era probable que también posara para fotografías de corte erótico.
Por otro lado, Irene Lockwood participó en un par de cortometrajes pornográficos y tenía una compañera de cuarto identificada como Vicky Pender, la cual había sido asesinada a golpes un año antes, ya que supuestamente había fotografiado a unos clientes sin que estos lo supieran. Por aquel entonces, algunas trabajadoras sexuales del oeste de Londres participaban en una red dirigida por la mafia que se dedicaba a extorsionar y chantajear a aquellos sujetos que recorrían el barrio rojo y se acostaban con mujeres, fotografiándolos en
situaciones sexuales comprometedoras. Dicha práctica era conocida como Badger Games. Aparentemente tanto Tailford como Lockwood de alguna u otra forma estaban vinculadas a este tipo de actividades ilegales y frecuentaban fiestas clandestinas a las cuales asistían hombres adinerados, por lo que los investigadores sospechaban que alguien se había visto afectado y estaba tomando represalias por ello.
La extracción de los dientes podía tratarse de una tortura previa a los asesinatos. El 24 de abril, un nuevo cuerpo fue hallado, esta vez en un callejón cerca de Swimcom Avenue en Brentford. La víctima sería identificada como Helen Bartelemy de 22 años. Su cadáver desnudo estaba tendido boca abajo sobre un montón de basura.
Le habían arrancado los dientes y si bien mostraba abraciones en el cuello, la causa de muerte no pudo ser confirmada como estrangulación. Los forenses pensaban que podía haber sido sofocada con una bufanda o incluso un almohadón. No se encontró ninguna prenda de vestir de la víctima en la escena, aunque su cuerpo tenía pequeñas partículas de pintura en aerosol de color verde, amarilla, naranja y negra sobre la piel.
Aquella sería la primera pista importante del caso. Partelemi tenía antecedentes penales por colaborar con unos sujetos a perpetrar un asalto con una navaja, asunto por el cual sería condenada a una pena de 4 años de prisión, aunque solo estuvo un par de semanas encarcelada antes de ser dejada en libertad.
También era conocida por prestar servicios sexuales poco convencionales a hombres adinerados de la ciudad. El asesinato de Helen Bartelemy era el tercero registrado en tan solo 3 meses, lo que inquietó a los detectives, pues toda la evidencia indicaba que habían sido cometidos por el mismo individuo.
De hecho, relacionaron estos tres casos con otros dos hallazgos realizados en Hammersmith, que no habían sido vinculados en un comienzo. Primero había ocurrido 5 años antes, el 17 de junio de 1959. Elizabeth Fig, una prostituta de 22 años, fue hallada muerte en Dux Midows, un parque ubicado en la orilla norte del río Thesis.
Si bien la joven no estaba completamente desnuda, el asesino le había robado la ropa interior, los zapatos y rajó su vestido, dejando sus pechos expuestos. La causa de muerte parecía haber sido estrangulamiento manual. El 8 de noviembre de 1963, Ginette Ris, una prostituta de 22 años, había sido encontrada en un vertedero de cenizas cerca del puente de Cheeswick.
Su cadáver, desnudo y en avanzado estado de putrefacción, no mostraba señales de agresión evidentes y los especialistas fueron incapaces de determinar la causa de muerte. Por lo visto, el cuerpo llevaba casi 6 meses descomponiéndose a la intemperie. Cuando los crímenes de Tailford, Lockwood y Bartelemy fueron vinculados, los casos de Elizabeth Fig y Ginet Reis fueron inmediatamente reabiertos por los investigadores y no tuvieron demasiadas dudas.
A pesar de que el modus operanti y la manipulación de los cadáveres no eran exactamente iguales, parecían haber sido las dos primeras víctimas del asesino al que estaban buscando. El asunto había escalado rápidamente y los medios de comunicación se enteraron de la noticia, aunque en un comienzo el nombre de Elizabeth Fig no figuraba dentro del listado oficial de víctimas.
El hecho de que un sujeto recorriera las calles de Londres matando prostitutas y que las autoridades no contaran con ningún sospechoso a quien seguirle la pista traía a la memoria el infame caso de Jack el destripador, aunque guardando las distancias. Este nuevo criminal no destripaba a sus víctimas ni tampoco enviaba cartas desafiantes a la policía, por lo que en un comienzo fue apodado por la prensa como Jackel invisible.
A medida que se fueron filtrando otros detalles, como el hecho de que los cadáveres eran encontrados completamente desnudos, algunos columnistas lo bautizaron como Jack el desnudador o Jack de Striper, un juego de palabras que hacía una burda referencia a Jack de Reaper. Habían transcurrido solo tres días del hallazgo del cuerpo sin vida de Helen Bartelemy, cuando el 27 de abril de 1964 un sujeto se presentó en la comisaría de Nothing Hill asegurando que había matado a una mujer.
Kenneth Archival, de 54 años, trabajaba como vigilante del club de tenis de Holland Park Lo y vivía en el distrito de Hammersmith. Según su declaración, a principios de abril se encontró con Irene Lockwood en un bar y posteriormente salieron a la calle en donde comenzaron a discutir por dinero.
Archival reconoció que perdió el control y tras estrangularla desnudó su cuerpo y lo lanzó desde lo alto de un puente. Luego se llevó la ropa de la víctima a casa en donde la quemó para borrar toda evidencia del crimen. Aunque los detectives lo interrogaron insistentemente por los otros cuatro asesinatos, el hombre fue enfático en asegurar que solo se responsabilizaba por el asesinato de Irene Lockwood.
El juicio programado para el 19 de junio de ese mismo año fue bochornoso. Kenneth Archival se declaró inocente del cargo de asesinato, asegurando que el día que se presentó en la comisaría había bebido seis cervezas y estaba completamente borracho. Además, atravesaba una profunda depresión porque había sido acusado injustamente de participar en un robo en el club de tenis donde trabajaba.
Aquello lo había afectado tanto que estaba al borde del colapso nervioso y se sentía desorientado. 4 días más tarde, el 23 de junio, el jurado tardó menos de una hora en declararlo inocente. No existía ninguna prueba en su contra más allá de su propia declaración. A pesar de todo el lío en torno a la falsa confesión de Kenneth Archival, los detectives continuaron su trabajo.
Una de las pistas más importantes con la que contaban eran las minúsculas manchas de pintura que presentaba el cadáver de la última víctima, Helen Bartelemy. Tras ser analizadas detenidamente, los expertos concluyeron que la base de dicha pintura era el acetato compuesto que generalmente era utilizado para el pintado de automóviles, muebles o piezas de metal.
Los investigadores estaban seguros de que el asesino rondaba la zona roja de Londres, en donde contrataba los servicios de prostitutas y se las llevaba en su coche a algún sitio donde nadie podría molestarlos. Quizá en ese lugar era donde los cuerpos se ensuciaban con pintura. Después de atacarlas por la espalda, las desnudaba, les arrancaba los dientes y las sofocaba hasta la muerte, aunque el método asesino no estaba del todo claro.
Finalmente se deshacía de los cuerpos lanzándolos al támesis o abandonándolos en sitios apartados. Era probable que se quedara con sus ropas a modo de trofeo o bien las hiciera desaparecer para no dejar ninguna evidencia. A finales de junio, el comandante del Scotland Yard, George Hatterill, se vio en la obligación de realizar un llamamiento público a la comunidad para que los ayudaran a resolver el caso.
Dicha petición iba especialmente dirigida a las trabajadoras sexuales de la zona roja de Londres, algo que llamó la atención de los medios de la época. Aunque era un hecho que todas las mujeres que trabajaban en sitios como el Sojo, North Kentington y Base Water corrían peligro, su relación con la policía nunca había sido buena.
Esta vez, sin embargo, docenas de prostitutas se comunicaron con las autoridades para colaborar, entregando testimonios y realizando informes de aquellos clientes con comportamientos violentos. Incluso un par de proxenetas se comprometieron a dar aviso a la policía si veían algo extraño. Al mismo tiempo, varias oficiales se vistieron de forma llamativa haciéndose pasar por trabajadoras sexuales y salieron de noche a recorrer las calles a modo de carnada.
Llevaban grabadoras entre sus ropas y eran vigiladas todo el tiempo por otros agentes encubiertos. Aún así, el asesino consiguió eludir a sus perseguidores y volvió a atacar. Cerca de las 5:30 de la madrugada del 14 de julio, un sujeto llamó a la policía tras presenciar un extraño incidente. Mientras conducía por una zona residencial de Cheiswick, una camioneta salió a toda velocidad desde un callejón y estuvo a punto de estrellarse.
Un grupo de agentes se presentó en el sitio a los pocos minutos y tras registrar la zona encontraron el cadáver desnudo de una mujer justo enfrente del garaje de una vivienda. La víctima sería identificada como Mary Fleming, una prostituta de 30 años que tenía dos hijos. Había sido vista con vida por última vez el 11 de julio y algunas de sus amigas confirmaron que era consciente del riesgo que corría trabajando en las calles del oeste de Londres.
Siempre llevaba un cuchillo en su cartera para defenderse y estaba segura de que nadie podría hacerle daño. La autopsia confirmó que había sido asesinada tres días antes y si bien tenía una contusión en la cabeza, la causa de muerte parecía ser la asfixia. En la piel de la víctima nuevamente se hallaron pequeñas partículas de pintura.
El conductor que realizó la denuncia aquella mañana era el único testigo y no pudo ver la matrícula de la camioneta que salió disparada del callejón, porque aún estaba demasiado oscuro. Era muy probable que aquel fuera el asesino y que huyera al verse descubierto abandonando el cuerpo. parecía tratarse de un sujeto temerario, ya que no había necesidad de dejar un cadáver en plena vía pública.
Resultaba evidente que sabía que estaban tras su pista y quería burlarse de la policía. Los investigadores ya habían interrogado a más de 8,000 sospechosos, pero no se pudo sacar nada limpio. Las calles de Hammersmith eran constantemente patrulladas por oficiales y agentes encubiertos, pero el asesino parecía haberse esfumado y no se registraron más crímenes en las siguientes semanas.
4 meses más tarde, el 25 de noviembre, las autoridades fueron alertadas de un nuevo hallazgo, esta vez en el área de Kensington. El cuerpo completamente desnudo de una joven fue encontrado por un oficial entre unos matorrales bajo dos losas de cemento. Tenía el rostro cubierto con la tapa de un cubo de basura y se encontraba en avanzado estado de descomposición.
Poco después, la chica sería identificada como Margaret Mcghan, una trabajadora sexual de 21 años, madre de tres hijos. Al igual que las otras víctimas, era de corta estatura, le faltaban piezas dentales y la causa de muerte parecía ser la asfixia. Nuevamente los forenses encontraron rastros de pintura en su cadáver.
Sin embargo, esta vez la policía contaba con un testimonio prometedor. MCA había sido vista por última vez la noche del 23 de octubre, un mes antes del hallazgo. Ella y una amiga identificada como Kim Taylor habían salido de un bar y se encontraban en el cruce de las calles Portovelo y Lancaster, cuando dos sujetos que conducían distintos vehículos se les acercaron.
Según Taylor, ambos hombres parecían conocerse y tras una breve charla, las jóvenes se marcharon cada una con un cliente. El individuo que se fue con Mcganowan debía tener entre 30 y 35 años. Era robusto, medía aproximadamente 1,70 de estatura. tenía las orejas un poco separadas y el rostro ovalado.
La policía realizó un retrato hablado de los dos sujetos, el cual fue difundido por todos los medios de comunicación. Cientos de ciudadanos se comunicaron con las autoridades, creyendo haber reconocido al asesino. Y aunque se interrogó a varios sospechosos, todos resultaron ser inocentes. El 16 de febrero de 1965, el cuerpo de otra prostituta identificada como Brigit Ohara, de 28 años, sería encontrado detrás de un almacén en una zona industrial de Acton.
Al igual que las demás, era de baja estatura, estaba desnuda, le faltaban varios dientes, había muerto sofocada y su cuerpo tenía minúsculas manchas de pintura. Este nuevo crimen no solo acrecentó el pánico en la población, sino que causó gran indignación en el Scotland Yard, que finalmente decidió dar inicio a una de las mayores cacerías humanas de la historia británica.
Para esto se puso a cargo de la investigación al inspector con más experiencia de todo el cuerpo, John Rose. Du Rose tenía fama de ser extremadamente inteligente, intuitivo y metódico, capaz de resolver casos en cuestión de días. De hecho, en 1949 había participado en el arresto del infame asesino del baño de ácido, John George H.
Cuando solicitó un equipo de más de 600 hombres para atrapar a Jack el desnudador, las autoridades no pusieron ningún reparo. A diferencia de muchos otros detectives, Du. Rose creía que el asesino era un sujeto con gustos sexuales anormales y rechazó las teorías que apuntaban a alguien que simplemente buscaba venganza contra las prostitutas.
Hasta ese momento, la policía se había limitado a patrullar la zona donde desaparecían las trabajadoras sexuales e interrogar a cualquiera que pareciera sospechoso. El enfoque de Du Rose, en cambio, se centró en la escasa evidencia forense con la que contaba. ¿Sabía que las pequeñas partículas de pintura de aerosol halladas en cuatro de los cuerpos no eran una simple coincidencia y que posiblemente se encontraban flotando en el aire en el mismo sitio donde el asesino cometía sus crímenes o almacenaba los cadáveres
antes de deshacerse de ellos. Supo que podía tratarse de un galpón o garaje en donde se pintaran y refaccionaran vehículos. Aquello podía explicar el detalle de las manchas de pintura. Fue así como se organizó una operación especial que abarcó más de 38 km² destinada a revisar cada taller, fábrica o garaje de la zona industrial cercana al Tammesis y se recogieron cientos de muestras de pintura que serían analizadas por el equipo científico.
Al mismo tiempo, Dur Rose aparecía constantemente en los medios, entregando antecedentes de la investigación y asegurando que estaban a punto de resolver el caso. Si bien los días pasaron y aún no contaban con ninguna pista realmente importante, quería presionar al asesino para que cometiera un error.
Finalmente, los esfuerzos de Du Rose y su equipo dieron resultados. Una de las muestras de pintura analizadas coincidió con las halladas en algunos de los cadáveres. Esta provenía de una planta del polígono industrial Headon Trading State en la ciudad de Acton. Se trataba de una fábrica de aerosoles llamada Shaw andan Kilburn.
Se interrogó a los más de 7,000 trabajadores de la empresa en busca de algún testimonio que sirviera la investigación. Sin embargo, cuando los oficiales registraron las instalaciones, se dieron cuenta de que a un costado del galpón principal había un enorme extractor de aire que arrojaba las partículas de pintura al exterior, justo sobre una pequeña subestación eléctrica perteneciente a una fábrica de aviones abandonada.
Al revisar la caseta se pudo confirmar que las gotas de pintura entraban por la ventana y el sistema de ventilación. Si alguien llevaba un cadáver y lo escondía allí, definitivamente quedaría manchado. Du. Rose estaba seguro que había dado con la guarida del asesino y se volvió a realizar una serie de interrogatorios a todos los hombres y mujeres que trabajaban en el polígono industrial Heron Trading State, pero no se obtuvieron resultados.
Nadie había notado actividades inusuales en las fechas de los crímenes y algunos que despertaron las sospechas de los investigadores contaban con cuartadas sólidas. Para junio de 1965 habían pasado más de 4 meses desde el último crimen de Jack el desnudador y el caso estaba cayendo en el olvido.
La noticia dejó de aparecer en los periódicos y la vida nocturna del oeste de Londres regresó a la normalidad. Los patrullajes de la policía disminuyeron paulatinamente y las prostitutas dejaron de colaborar con los agentes para dedicarse a sus negocios. El inspector John Du Rose se sentía frustrado, ya que creía haber estado cerca de descubrir quién era el asesino.
Este era, de hecho, el único caso que no había podido resolver en toda su carrera. Fue entonces que la investigación dio un extraño giro. En marzo de 1965, un mes después del hallazgo de la última víctima, un guardia de seguridad de origen escocés que trabajaba en el polígono industrial de Heron Trading State se había quitado la vida inhalando monóxido de carbono al interior del garaje de su casa.
Su nombre era Mungo Ireland y había dejado una inquietante nota que decía lo siguiente: “No puedo soportarlo más. Puede que sea culpa mía, pero no toda. Salva a mi esposa y a mi familia de este estigma.” Cuando Durrowe se enteró que Mungo Ireland había sido interrogado por la policía en el mes de febrero en relación a los asesinatos, ordenó inmediatamente que se allanara su vivienda en busca de pruebas.
Varios agentes registraron el inmueble, pero no se encontró ninguna evidencia que lo incriminara. Du Rose no tenía dudas de que había descubierto al asesino y que este se había quitado la vida por temor a ser enviado a prisión. De hecho, tras su muerte, los asesinatos de prostitutas habían cesado. Sin embargo, ante la falta de nuevas pistas y de un sospechoso al cual interrogar, la investigación quedó a la deriva y se estancó irremediablemente.
Primero de julio de 1966, el Scotland Yard dio por finalizada la búsqueda de Jack el desnudador y todos los agentes involucrados regresaron a sus funciones habituales. No volverían a registrarse ataques similares en todo Londres. En 1971, John. Rose publicaría Muras My Business, un libro en donde detalla su extensa carrera como agente de la ley.
En cierto capítulo hace alusión al caso, explicando que a pesar de que estaba seguro que Mungo Ireland era el verdadero asesino, su hipótesis no fue aceptada por las autoridades porque consideraron que sus deducciones solo se basaban en pruebas circunstanciales. Pero es justamente en este punto que comienzan a surgir las teorías más oscuras en torno al caso.
En 1972, un periodista del periódico de San publicó una incendiaria columna en donde insinuó que Dur Rose había culpado públicamente a Ireland de ser Jack el desnudador porque se negaba a aceptar que aquel fuese el único caso que no había conseguido resolver en toda su carrera. Y es que si bien Ireland conocía perfectamente la zona industrial y tenía acceso a la subestación eléctrica donde supuestamente se habían cometido los crímenes, llevaba solo 3 semanas trabajando allí.

El 25 de julio de 1965, 5 meses después de que la última víctima de Jack el desnudador fuera asesinada, el campeón mundial de peso semipesado Freddy Mills fue hallado muerto al interior de su vehículo. Tenía un rifle entre las piernas y se había disparado en la cabeza. Además de dedicarse al boxeo de forma profesional, Mills siguió una carrera ligada al mundo del espectáculo trabajando en radio y televisión, acumulando una considerable fortuna.
Además, abrió un restaurante y un club nocturno en donde poco a poco comenzó a relacionarse con algunos grupos de gangsters. Familiares y amigos estaban seguros de que Mills se había involucrado en negocios turbios y que posiblemente había sido asesinado. A principio de la década de 1970 se comenzó a correr el rumor de que Mills era en realidad Jack el desnudador.
supuestamente varios de sus cercanos lo sabían, pero nadie se atrevió a denunciarlo debido a que se relacionaba con los bajos fondos londinenses. De hecho, algunos aseguraban que el mismo agente John Du Rose sabía perfectamente que Mills era el responsable de los crímenes, pero que no podía denunciarlo, ya que ambos formaban parte de la masonería.
Al mismo tiempo se pudo probar que al menos una de las víctimas de Jack el desnudador trabajaba para los infames gemelos cry, los gangsteres más notorios de List en londinense. Entre los años 50 y 60 formaron una banda criminal llamada La firma, la cual estaba relacionada con extorsiones, robos y asesinatos.
Los Cry se habían dedicado al boxeo durante gran parte de sus vidas, lo que los ayudó a forjar una reputación de tipos duros entre los delincuentes de Londres. La firma había nacido justamente gracias a sus conexiones con matones y exboxeadores, todos dispuestos a seguir sus órdenes.
Fue de esta forma que los Cry comenzaron a hacer negocios con otros boxeadores como el campeón de peso semipesado Freddy Mills. Mills y los Cry fueron vistos en varias fiestas y parecían llevarse bien. Sin embargo, en cierto punto comenzaron a distanciarse. Si Mills era en realidad Jack el desnudador y los gemelos Cry se enteraron de que era el responsable de la muerte de una de las prostitutas que trabajaba para ellos, existía la posibilidad de que buscaran venganza y ordenaran su asesinato.
En el año 2011, el investigador Neil Milkins publicó un libro llamado ¿Quién fue? ya que el desnudador, los asesinatos desnudos de Hammersmith, en el cual planteó una nueva teoría. Harold Jones era un sujeto que vivía en Hammersmith en la época de los asesinatos. Estaba casado, tenía un hijo y parecía alguien completamente normal.
Sin embargo, ocultaba un oscuro secreto que se remontaba a su pasado cuando vivía en Gales. El 5 de febrero de 1921, una niña de 8 años identificada como Freda Burnell salió de su casa para comprar un poco de sémola a una tienda cercana llamada Mortimer Store en Somerset Street. Sin embargo, los minutos pasaron y la chica no regresó, por lo que sus padres salieron a buscarla y finalmente dieron aviso a la policía.
Al día siguiente, su cuerpo sería encontrado al interior de un saco, a pocos metros de la tienda. Estaba amordazada, tenía una contusión en el cráneo y había fallecido estrangulada con una soga. El atacante también había abusado sexualmente de ella. Los investigadores sospecharon que el dependiente de Mortimer Store podía estar involucrado y fue inmediatamente detenido.
Su nombre era Harold Jones y tenía solo 15 años. A pesar de que el joven aseguraba que se trataba de una equivocación y que era absolutamente inocente, se contradijo en varias ocasiones. Se pudo probar que el crimen se había perpetrado en un cobertizo del mismo almacén, llaves que solo Jones tenía en ese momento.
El 21 de junio, Harold Jones sería llevado a juicio por el asesinato de Freda Bornell, pero finalmente fue declarado inocente, ya que el jurado consideró que las pruebas entregadas por la fiscalía eran circunstanciales. Jones regresó a su barrio entre los pítores de los vecinos. Ninguno de ellos creía que un chico tan joven pudiese ser un asesino y estaban seguros de que todo era una terrible injusticia.
Incluso le obsequiaron un reloj de oro para que olvidara el mal rato. 17 días después de la absolución de Jones, otra menor desapareció del vecindario. Esta vez se trataba de Irene Little, de 11 años. Los padres de la menor dieron aviso a la policía y cientos de voluntarios se unieron a la búsqueda, incluyendo el mismo Harold Jones.
Al día siguiente, el superintendente local Henry Lewis se presentó en la vivienda de Jones y habló directamente con sus padres para realizar un allanamiento. Sospechaban que el joven podía estar involucrado. Al registrar el interior del inmueble, notaron manchas de sangre en la trampilla del desván. Al abrirla descubrieron el cadáver de Gollado de Irene y Harold Jones fue nuevamente puesto bajo arresto.
Esta vez confesó la autoría de ambos crímenes. Debido a que era un menor de edad, no pudo ser condenado a la pena capital. Sin embargo, pasó 20 años recluido en la prisión de Wesworth y fue puesto en libertad el 6 de diciembre de 1941 a la edad de 35 años. Poco después se unió al ejército británico y sirvió en Libia antes de residir un breve periodo en Newport y mudarse definitivamente a Londres en 1948.
Fallecería de cáncer el 2 de enero de 1971. Harold Jones era un psicópata que había cometido dos horrendos asesinatos y los doctores de la prisión habían recomendado que no se le otorgara la libertad porque aún lo consideraban una amenaza. Vivía en Fullham, muy cerca de Hammersmid y Cheeswick, los sitios donde se encontraron los cadáveres de las víctimas de Jack el desnudador.
Otro dato inquietante era que Jones trabajaba reparando y pintando automóviles, por lo que efectivamente utilizaba latas de pintura en aerosol. A día de hoy, la hipótesis de que Harold Jones era el verdadero asesino es una de las más plausibles. Pero quizá el aspecto más oscuro y controversial del caso gira en torno a la forma en la que Jack el desnudador realmente asesinaba a sus víctimas.
Según los informes forenses de la época, a varias les había arrancado los dientes y parecían haber muerto por sofocación, aunque no se explica cómo exactamente. Después de revisar los documentos, varios reconocidos criminólogos, entre ellos el británico David Wilson, han entregado una conclusión perturbadora.
Todo parece indicar que el asesino les obstruía la tráquea con su propio pene mientras les practicaba una afelación forzada, lo que tras varios minutos les provocaba la muerte. escogía mujeres de baja estatura y débiles para que no tuvieran ninguna oportunidad de defenderse. La extracción de piezas dentales era básicamente para evitar que lo mordieran y le produjeran una lesión grave en los genitales.
Desde un punto de vista psicológico, la boca era la zona de humillación, control y castigo escogida por Jack el desnudador. Unos de los cuerpos habían sido escondidos varios días antes de ser arrojados al támesis, lo que indica que el asesino prolongaba su fantasía reteniéndolos en algún sitio, muy posiblemente la pequeña subestación eléctrica perteneciente a la fábrica de aviones abandonada en la zona industrial.
No se descarta que haya realizado prácticas necrófilas. Dejar los cadáveres desnudos y expuestos en sitios donde podían ser encontrados fue un método que se hizo cada vez más evidente en su modus operanti y formaba parte de su ritual. No solo era la humillación final de la víctima, sino que quería jactarse de sus crímenes y que el Scotland Yard supiera que no tenía intenciones de detenerse.
Al igual que Jack el Destripador, la verdadera identidad de Jackel Desnudador sigue siendo un misterio. Las autoridades han indicado de manera oficial que fue responsable de seis asesinatos perpetrados entre febrero de 1964 y febrero de 1965. Estos corresponden a los de Anna Tilford, Irene Lockwood, Helen Bartelemy, Mary Fleming, Francis Brown y Brigit Ojara.
Si bien en un principio se le relacionó con los crímenes de Elizabeth Fig y Ganette Pris cometidos en 1959 y 1963, a día de hoy han sido descartados por el Scotland Yard por motivos que se desconocen. Según algunos investigadores, el hecho de que a ninguna de estas dos mujeres les faltaran piezas dentales y que incluso una de ellas tuviera un vestido opuesto al momento de ser encontrada sin vida, las convertía en víctimas que no encajaban en el modus operante del asesino.
A pesar que el caso no parece ser demasiado conocido, en su momento causó un enorme impacto en el público británico. En 1972, el director de cine Alfred Hitchcock dirigió una película llamada Frenada directamente en los crímenes de Jack el desnudador. Si bien la cinta está basada en el libro de Arthur Lavern, Good by Picadili, Farwell Lcester Square de 1966, las referencias a la serie de asesinatos que despertó el pánico en el oeste de Londres a mediados de la década de los 60. resultan evidentes.
Bob Rask, el asesino de la película, estrangula a sus víctimas con una corbata, esconde sus cadáveres en un vehículo de carga y luego los arroja al río Thesis o en lugares públicos, replicando el método de Jack el desnudador. Si este video te gustó, dale like, suscríbete y compártelo en tus redes sociales. Esto me ayudaría mucho para seguir subiendo este tipo de contenido.
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