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EDSON ÁLVAREZ: CONFESÓ LLORANDO EL CALVARIO QUE SUFRIÓ PARA SER EL CAPITÁN DEL TRI

La prueba duró 72  minutos. Al terminar, el entrenador de fuerzas básicas del club América, don Ignacio Vázquez Reyes, caminó hacia la madre Adriana. Le dijo siete  palabras. Las siete palabras decían, “Quiero ver a este niño la próxima semana.” Y desde ese miércoles de febrero del año 2007, la vida del niño Edson cambió para siempre.

La madre Adriana no tenía dinero para inscribirlo dentro del programa de fuerzas básicas. Cambió porque el padre Evaristo tres días  después se enteró por accidente de la prueba cuando encontró dentro del bolsillo del pantalón  de mezclilla de la madre el boleto usado del metro. Guarda ese boleto de metro  porque 3 años después el niño Edson iba a vivir la noche más peligrosa de toda su infancia dentro del mismo metro de Tlalnepantla.

Vamos a volver a ese boleto. La discusión entre el padre Evaristo y la madre Adriana esa noche dentro de la cocina duró 44 minutos  y al terminar el padre entró al cuarto de los dos hermanos, miró al hijo menor  y le dijo cuatro palabras que iban a cambiar para siempre la relación entre padre  e hijo.

Las cuatro palabras decían, “Entrenamos mañana los tres.” Desde el 4 de febrero del año 2007, el padre Evaristo  empezó a entrenar a los dos hijos dentro del patio trasero, pero de manera distinta.  Al hermano Cristian le enseñaba técnica avanzada. Al hijo menor Edson le hacía correr con una mochila cargada de ladrillos alrededor del patio durante 40 minutos seguidos y le repetía con la misma frase de siempre, ocho palabras.

Las ocho palabras decían, “Tienes que ganarte el lugar como yo.” El padre Evaristo Álvarez, dentro de  su mente frustrada de futbolista que jamás llegó a primera división, había decidido probar al hijo menor de la manera más dura imaginable.  Lo iba a exigir hasta que se rompiera o hasta que se probara.

Y a los pocos meses, el niño Edson empezó a demostrar algo.  Cargaba la mochila de ladrillos los 40 minutos completos sin quejarse. Aguantaba las burlas del hermano Cristian. Regresaba todos los días a las 4 de la tarde después de la escuela primaria y se paraba dentro del patio esperando al padre hasta el 21 de febrero del año 2007.

Esa  tarde el niño Edson salió a jugar al llano polvoriento de la esquina de Sauce con Fresno con los otros niños del barrio. Un partido informal de cinco contra cinco. El niño Edson dominaba el balón como  ningún otro chamaco. Hacía túneles a los niños más grandes. Metía goles con la izquierda y  con la derecha.

Y esa tarde un adolescente de 16 años lo estaba observando desde la banca de cemento pegada al  muro del taller mecánico de la esquina. El adolescente se llamaba Kevin. Era el líder de una banda juvenil  del barrio llamada dentro de los archivos policiales del municipio como el grupo de la calle Fresno.

Kevin había abandonado la secundaria a los 14 años. Había probado suerte en las fuerzas básicas  del club Necaxa. Había sido rechazado por el mismo entrenador Vázquez  del América 3 años antes y desde ese rechazo cargaba dentro del pecho una  rabia contenida contra cualquier niño del barrio que jugara mejor que él.

El niño Edson esa tarde del 21 de febrero jugó mejor que Kevin. Kevin caminó desde la banca hacia el Llano polvoriento a las 6:47 minutos de la tarde. Tres amigos de la banda de la calle Fresno lo acompañaron. Se pararon en medio del  partido y Kevin le dijo al niño Edson delante de los otros ocho niños del barrio siete palabras exactas.

Las siete palabras decían, “Te voy a partir la madre, enano.”  Los otros ocho niños del barrio salieron corriendo. Se refugiaron dentro de las casas de la calle  Sauce. Cerraron las puertas con llave por dentro y el niño Edson, de 9 años quedó solo con el adolescente Kevin de 16  años y sus tres amigos, lo que ocurrió durante los siguientes 14 minutos dentro de ese llano polvoriento de la colonia San Rafael, el 21 de febrero del año 2007, permaneció escondido dentro de los archivos del hospital Rubén Leñero durante los

siguientes 14 años de la carrera profesional  de Edson Álvarez. ¿Te has preguntado alguna vez qué le hacen tres adolescentes de 16 años a un niño de 9 años dentro de  un llano polvoriento sin testigos? El adolescente Kevin tumbó al niño Edson al piso con una zancadilla  desde atrás.

Los otros tres amigos le sujetaron los brazos y las piernas, y Kevin  con el brazo derecho tomó una piedra de 2 kg y del borde del llano,  se sentó encima del pecho del niño, colocó la piedra encima del brazo izquierdo del niño, extendido  contra el piso y bajó la piedra con las dos manos sobre el brazo. El sonido del hueso, partiéndose en dos  lugares distintos, se escuchó dentro de la cocina de la casa de la calle Sauce.

La madre Adriana Velázquez lo escuchó. Soltó  la máquina. Singer salió corriendo por la puerta principal del taller y llegó al llano polvoriento del cruce de Sauce con Fresno a las 7:02 minutos  de la tarde. Kevin y los tres amigos habían huído 3 minutos antes. La madre Adriana encontró al hijo menor Edson tumbado dentro del llano con el brazo izquierdo  doblado en un ángulo imposible, con la boca llena de tierra, con los ojos abiertos mirando al cielo sin llorar una sola  lágrima.

lo cargó en los brazos, corrió tres cuadras hasta la avenida Mario Colín y paró un taxi colectivo y llegó al hospital Rubén Leñero de Tlalnepantla a las 7:34 minut de la tarde. La radiografía del brazo izquierdo del niño Edson, tomada a las 8:14 de la noche mostró dos fracturas limpias. La primera fractura en el hueso húmero  a la altura del codo.

La segunda fractura en el hueso cúbito a la altura de la muñeca.  El traumatólogo del hospital, un médico de 52 años llamado Dr. Salvador  Beltrán, entró a la sala de espera a las 10:11 de la noche. Habló con la madre Adriana, le dijo tres palabras exactas. Las tres palabras decían, “No volverá a jugar. Ga,  Ga, guarda ese diagnóstico porque 14 años después, ese mismo brazo izquierdo del niño Edson  iba a levantar el trofeo del debut oficial dentro de la primera división holandesa con el Ajax de Ámsterdam. Vamos a volver

a ese brazo. Esa noche, dentro del cuarto compartido con el hermano mayor Cristian, el niño Edson lloró por primera  y única vez desde el ataque. Lloró durante 14 minutos seguidos.  El hermano Cristian, de 13 años, se acercó a la cama, se sentó al borde y le dijo  dos palabras. Las dos palabras decían, “Yo defiendo.

” Al día siguiente, el hermano mayor Cristian dejó de ir a los entrenamientos de fuerzas básicas del Tampico Madero. Empezó a acompañar al hijo menor Edson a la escuela primaria todas las mañanas con un palo de escoba escondido dentro de la mochila. Pero el padre Evaristo Álvarez, durante los siguientes 6 meses de rehabilitación del brazo izquierdo del hijo menor, tomó una decisión silenciosa dentro del taller familiar.

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