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Christina Onassis: Heredó Mil Millones… y Murió Sola a los 37

11 años cuando sus padres se divorciaron en 1960. Para el mundo exterior fue un divorcio civilizado entre dos personas de alta sociedad que simplemente habían tomado caminos diferentes. Para Cristina fue el momento en que aprendió que el amor era temporal, que las promesas se rompían e que incluso en los palacios de mármol la felicidad era una ilusión fugaz.

Veía a su madre llorar. veía a su padre desaparecer por semanas enteras en viajes de negocios que todos sabían que incluían amantes en cada puerto. Y en algún lugar profundo de su mente infantil, Cristina comenzó a creer algo que la perseguiría toda su vida, que ella no era suficiente para que nadie se quedara. [música] Mientras tanto, su padre se enredaba en la relación más famosa y escandalosa de la década, su afería Callas, la soprano más célebre del mundo.

Cristina, con apenas 12 años leía en los periódicos cómo su padre paseaba públicamente con otra mujer, como la prensa los fotografiaba en el Cristina o el yate nombrado en su honor, pero donde ella ya no era bienvenida cuando la [música] callas estaba a bordo. Era como si su padre hubiera decidido que su hija, con su cara redonda y sus inseguridades adolescentes, no era suficientemente glamorosa para el mundo que él quería habitar.

La adolescencia de Cristina fue un campo de batalla silencioso. Asistió a colegios privados en Suiza, en Inglaterra, en Francia, instituciones donde las hijas de la realeza europea y de magnates americanos aprendían a ser señoritas. Pero Cristina nunca encajó mientras sus compañeras eran delgadas y elegantes. Ella luchaba con su peso, un problema que comenzó en la pubertad y que se convertiría en el tormento de toda su vida. No fue solo vanidad.

En el mundo de su padre, la apariencia lo era todo. Cada kilo extra era una decepción. Cada vestido que no le quedaba era un recordatorio de que no cumplía con las expectativas de ser una onis. ¿Alguna vez han sentido que no importa lo que hagan, nunca serán suficientes? Esa sensación de estar constantemente siendo medidos contra un estándar que nunca alcanzarán.

Cristina vivió en ese estado desde que tiene memoria. Su padre no era cruel intencionalmente. Al menos eso creía ella. Simplemente era un hombre de su época, un griego tradicional que valoraba la belleza femenina, el glamur, la perfección. Y Cristina, con sus luchas de peso, con su tendencia a la melancolía, con su necesidad desesperada de afecto, no era el tipo de hija que él había imaginado.

Pero había una persona que la amaba incondicionalmente, su hermano Alexander. [música] Dos años mayor que ella, Alexander era el heredero varón, el favorito obvio de Aristótle, el que llevaría el apellido Onasis a la siguiente generación. Pero Alexander odiaba el mundo de su padre tanto como Cristina. Juntos formaron una alianza, dos niños dorados que desde afuera parecían tenerlo todo, pero que en privado se aferraban el uno al otro como náufragos a una balsa en medio del océano.

Corría el año 1968 cuando el mundo de Cristina experimentó otro terremoto. Su padre, Aristótle Onazis, anunció su compromiso con Jacqueline Kennedy, la viuda del presidente asesinato de Estados Unidos. Para el mundo fue la boda del siglo, la unión entre el poder griego y la realeza americana. Para Cristina, de apenas 17 años fue una traición imperdonable.

Jackie no era solo otra amante como María Callas. Jackie llegaba con todo, con sus hijos, con su glamur intocable, con su aura de tragedia que la hacía intocable, ¿no? Y con un contrato matrimonial que aseguraba que parte de la fortuna o nazis terminaría en sus manos. La boda se celebró en Escorpios el 20 de octubre de 1968.

Cristina se negó a sonreír en las fotografías. Mientras el mundo miraba con fascinación esta unión imposible, Cristina veía como otra mujer usurpaba el lugar que debería haber sido de su madre, cómo su padre elegía de nuevo a alguien más, como el apellido Onasis se convertía en un circo mediático. La isla, que había sido su refugio, ahora estaba invadida por fotógrafos, por la prensa internacional, por la locura de una celebridad que ella nunca había pedido.

[música] Jackie Kennedy Oazis resultó ser exactamente lo que Cristina temía. Una mujer que sabía jugar el juego del poder mejor que nadie, fría, calculadora, perfectamente educada. Jackie trataba a Cristina con una cortesía glacial que dolía más que cualquier crueldad abierta. No hubo peleas, no hubo escándalos, solo una distancia educada, [música] una indiferencia envuelta en buenos modales.

Y para Cristina, que desesperadamente necesitaba amor y aceptación, esa frialdad era peor que el odio abierto. Entonces sucedió lo impensable. El 22 de enero de 1973, Alexander Onais murió en un accidente aéreo en Atenas. Tenía 24 años. Estaba pilotando un hidroavión que acababa de ser reparado cuando algo falló. El avión se estrelló segundos después del despegue.

Alexander, que era un piloto experimentado que había volado miles de horas, murió [música] porque alguien había conectado mal los controles durante la reparación. Un error humano, un error estúpido, un error que le costó la vida al heredero del imperio Onais. Para Aristle, la muerte de Alexander fue el final.

[música] El magnate, que había desafiado a gobiernos, que había construido un imperio desde la nada que parecía invencible, se desmoronó. Comenzó a beber compulsivamente. Su salud se deterioró rápidamente, su legendaria energía se evaporó. Algunos dicen que nunca se recuperó, otros creen que simplemente decidió rendirse. La verdad probablemente está en algún punto intermedio.

Era un padre destrozado que había perdido al hijo que llevaba sus sueños. Para Cristina, de 22 años, la muerte de Alexander fue el día en que su mundo se desintegró por completo. No solo había perdido a su hermano, a su mejor amigo, a la única persona que realmente la entendía. Había perdido su lugar en la sombra, porque ahora, de repente ella era la única heredera.

La fortuna de Aristotel Onzis estimada en más de 1000 millones de dólares recaería sobre sus hombros. Y Cristina no estaba preparada, nunca había sido preparada. Su padre la había mantenido deliberadamente alejada de los negocios, creyendo que una mujer no tenía lugar en el mundo brutal del comercio naviero internacional.

Lo que comenzó como un duelo privado terminaría convirtiéndose en una pesadilla pública. Cristina intentó suicidarse por primera vez en 1974, solo un año después de la muerte de Alexander. Tomó una sobredosis de barbitúricos en su apartamento de Londres. fue encontrada a tiempo. Su estómago fue bombeado. Los médicos dijeron que había sido una llamada de atención, pero quienes la conocían sabían la verdad.

Cristina realmente quería morir. El peso de ser la única onasis viva de su generación era insoportable. Mientras tanto, si su padre continuaba su decline, Aristótel o Nazis, que había sido un titán, ahora era un anciano enfermo de apenas 69 años que parecía tener 90. Su matrimonio con Jacki se había convertido en una farsa fría, donde ella vivía en Nueva York gastando su dinero mientras él se marchitaba en Atenas.

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