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BLUE DEMON: LA ASQUEROSA VERDAD QUE OCULTARON 20 AÑOS

El oficial que llegó al lugar esa noche se llamaba Rolando Vera. Y Rolando Vera, además de oficial municipal de Monterrey, era luchador profesional retirado de la lucha libre mexicana. Aquí entra la persona que cambió la vida de Alejandro Muñoz Moreno para siempre. Rolando Vera no detuvo a Alejandro esa noche.

Lo llevó a un puesto de tacos de la calle Madero, le pagó la cena y le hizo dos preguntas concretas. La primera fue si había peleado profesionalmente alguna vez. Alejandro le contestó que no. La segunda fue si le gustaría aprender a hacerlo. Alejandro tardó 3 segundos en contestar y le dijo que sí. Rolando Vera entrenó a Alejandro Muñoz Moreno durante 18 meses en un gimnasio de la colonia industrial de Monterrey, sin paga, sin contrato, solamente con la promesa de que cuando Alejandro estuviera listo iba a tener su primera pelea profesional en una arena pequeña

de Laredo, Texas. Esa pelea llegó el 12 de marzo de 1948. Comornó. Alejandro Muñoz Moreno, 25 años, debutó en el ring contra un luchador llamado Chema López. Ganó la pelea en tres caídas. Salió del ring sin máscara, con el rostro descubierto, usando el nombre artístico que Rolando Vera le había sugerido para esa noche, el Tosco.

Pero ese nombre, el Tosco, le iba a durar a Alejandro Muñoz Moreno apenas 6 meses, porque en septiembre del mismo año, Rolando Vera lo llamó por teléfono al cuarto compartido de la Pensión Obrera de Monterrey. Le pidió que tomara el tren hacia la Ciudad de México. le dijo que había conseguido una pelea para él en la Arena México y le pidió una sola cosa específica, que llegara al vestidor con una bolsa.

Adentro de la bolsa tenía que estar una máscara, una máscara de piel sin diseño, color azul, sin antifaz ni adornos, mandada a hacer por Rolando Vera, con un talabartero del barrio de Tepito de la Ciudad de México durante las semanas anteriores. Esa pieza de cuero azul iba a cambiar para siempre el rostro público de Alejandro Muñoz Moreno.

El 22 de septiembre de 1948 en la Arena México ante un público de 4000 personas, Alejandro Muñoz Moreno se puso esa máscara azul por primera vez salió al ring sin que nadie supiera quién era. ganó la pelea en dos caídas y cuando el locutor preguntó al final del combate cuál era el nombre del enmascarado misterioso, Rolando Vera, desde la esquina del ring, le contestó en voz alta una frase de tres palabras que el locutor repitió por el micrófono al público. Blue Demon, el demonio azul.

Esa noche nació la leyenda y esa misma noche, sin que el público de la Arena México lo supiera, Alejandro Muñoz Moreno tomó la decisión más oscura y silenciosa de toda su vida. La decisión que 41 años después iba a explicar por qué un hombre de 78 años murió tirado en una banca de parque sin máscara, sin que nadie lo reconociera, agarrándose el pecho con la mano izquierda.

Porque aquella noche del 22 de septiembre de 1948, después de quitarse la máscara azul en el vestidor de la Arena México, después de guardarla en una bolsa de tela negra, después de despedirse de Rolando Vera con un abrazo seco, Alejandro Muñoz Moreno regresó a su Pensión obrera de Monterrey por última vez.

recogió sus dos mudas de ropa, pagó la deuda pendiente al casero y se subió a un tren rumbo a la Ciudad de México. Pero antes de subirse al tren en la estación de ferrocarril del centro de Monterrey, le entregó a una mujer dos cosas concretas. Esa mujer se llamaba Concepción. Tenía 22 años. Trabajaba como mesera en el mismo billar de la colonia Mirador, donde Alejandro Muñoz Moreno había peleado contra los tres asaltantes la noche que conoció a Rolando Vera 2 años antes.

Concepción llevaba puesto un vestido de algodón color crema y unas sandalias de cuero gastadas. Estaba embarazada de 4 meses. Lo que Alejandro Muñoz Moreno le entregó a Concepción esa tarde en la estación de ferrocarril del centro de Monterrey, frente a la fila de pasajeros que estaban subiendo al tren. Fueron dos cosas.

La primera, un sobre con 200 pesos en efectivo, equivalente a 3 meses del sueldo que él ganaba como peón de los ferrocarriles. La segunda cosa, una hoja de papel con una sola dirección escrita a lápiz, una dirección de la colonia Doctores de la Ciudad de México, la dirección de una pensión obrera donde Alejandro iba a vivir durante los siguientes 4 años de su carrera como Blue Demon. Número seto.

Número seto. Concepción le dio las gracias por el dinero. Le pidió otra cosa. Le pidió que se quedara, que se casaran, que reconociera al hijo que llevaba en el vientre. Alejandro Muñoz Moreno le contestó con cuatro palabras concretas que Concepción iba a repetir 40 años después. en una conversación grabada con un periodista de Monterrey en 1988 mientras lavaba ropa ajena en el patio trasero de una casa modesta de la colonia Mirador.

“Búscame cuando él nazca.” Alejandro Muñoz Moreno se subió al tren. Concepción se quedó parada en el andén con el sobre de 200 pesos apretado contra el vientre. Durante los siguientes 11 minutos vio el tren alejarse hacia el sur y supo, sin que nadie se lo dijera, sin tener pruebas de ninguna clase, que el hombre que se iba en ese tren no iba a volver a buscarla nunca y que tampoco iba a buscar al hijo que ella estaba esperando.

El hijo nació 5co meses después. Un varón. Lo bautizaron Alejandro Muñoz Lomeli, llevando el apellido paterno por decisión de Concepción y el segundo apellido de la madre. Concepción lo crió sola en la colonia Mirador de Monterrey durante los siguientes 32 años, trabajando como lavandera y cocinera, sin volver a casarse, sin volver a tener más hijos, esperando una visita del padre del niño que nunca ocurrió.

Pero esa visita y ese reencuentro están a varios capítulos de aparecer en este guion. Lo que pasó primero fue otra cosa. Alejandro Muñoz Moreno se convirtió en Blue Demon y Blue Demon se convirtió en uno de los dos ídolos más grandes del pancracio mexicano. 41 años de carrera, más de 2000 combates profesionales.

Campeón mundial welter de la NWA en dos ocasiones distintas en 1953. y campeón nacional welter en tres ocasiones, ganador de las máscaras de espectro segundo, matemático y rayo de Jalisco, ganador de la cabellera de Cavernario Galindo, rivalidad histórica con el Santo, El Enmascarado de Plata. Durante tres décadas continuas, 26 películas como protagonista del cine mexicano de luchadores.

Un programa de televisión propio en la cadena Telesistema mexicano. 11 presentaciones internacionales en países como Japón, España, Cuba, Estados Unidos y Venezuela. Y aquí entra la rivalidad que cambió la lucha libre mexicana para siempre. 25 de septiembre de 1953, Arena México, lleno absoluto, 21,000 espectadores.

Pelea por el campeonato mundial welter de la NVUA entre el campeón vigente, el Santo, el Enmascarado de Plata, y el retador, Blue Demon, el demonio azul. Tres caídas a definitiva, apuestas familiares en cada cantina del centro de la Ciudad de México. El público mexicano dividido entre los dos enmascarados más grandes del momento.

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