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Bette Davis: Ganó 2 Óscar… Pero Su Mayor Dolor Fue Su Propia Hija

Y esa es una de las ironías más tristes de esta historia. Bet aprendió el amor de su madre, un amor inmenso, generoso, pero también asfixiante, lleno de expectativas, un amor que da todo y que a cambio lo pide todo. Décadas después, ella amaría a su propia hija exactamente de la misma manera y no entendería hasta que fuera demasiado tarde por qué ese amor tan grande podía sentirse del otro lado como una jaula.

Pero todo eso está lejos todavía. Por ahora hay una niña en Nueva Inglaterra que busca, sin saberlo, una salida y la salida llega una noche en un teatro. Siendo todavía una adolescente, Bet ve a una actriz en el escenario de un pequeño teatro y algo se enciende dentro de ella. No es admiración, es reconocimiento. Es como mirar un espejo del futuro.

Ve a esa mujer transformándose, llorando, riendo, sufriendo delante de cientos de personas que apenas respiran. Y en ese instante, según ella misma contaría muchos años después, supo exactamente lo que iba a hacer con su vida. Iba a ser actriz, no una actriz cualquiera, la mejor. El problema es que Hollywood en esos años no buscaba talento, buscaba caras, buscaba mujeres dulces, suaves, hermosas, según molde muy estrecho y muy concreto.

Y Bet no encajaba en ese molde. No era la rubia perfecta de las revistas. Tenía unos ojos enormes, casi demasiado grandes para su rostro, una mirada intensa, a veces inquietante y una personalidad que no sabía ni quería callarse. Cuando llega a Nueva York para estudiar actuación, una de las primeras cosas que escucha es demoledora.

Le dicen, según los testimonios de esa época, que tiene tan poco atractivo como un lápiz, que jamás va a triunfar en el escenario, que se busque otra cosa. Imagina por un momento que tienes 19 años, que has dejado tu casa, que tu madre ha hecho sacrificios enormes para pagarte la escuela, que lo has apostado todo a un sueño y que el mundo entero te mira a la cara y te dice que no sirves, que mejor te rindas.

La mayoría se habría rendido. Bet, no. Cada rechazo lo guardaba. Cada insulto lo convertía en combustible. No lloraba el rechazo, lo masticaba, lo tragaba y lo usaba para trabajar más duro que nadie en la sala. Mientras los demás descansaban, ella ensayaba. Mientras los demás dudaban, ella avanzaba.

Tenía algo que no se enseña en ninguna escuela, una rabia limpia y profunda de demostrar que todos se habían equivocado con ella. Antes de seguir queremos saber una cosa. ¿Desde qué país nos estás escuchando esta historia? Déjanoslo en los comentarios. Nos hace muy felices ver de dónde vienen ustedes. Y ahora sigamos, porque lo que viene es el momento en que una niña, a la que llamaron fea, se convirtió en una de las mujeres más poderosas de la historia del cine.

Bet empieza desde abajo. papeles pequeños en el teatro, obras que casi nadie ve, compañías que viajan de pueblo en pueblo, pero hay algo en ella que es imposible de ignorar. Cuando entra en escena, el público deja de mirar a los demás actores. No es belleza, es presencia. Es una intensidad que llena la sala entera, que obliga a todos a mirarla a ella.

Poco a poco ese talento la lleva a los escenarios de Broadway y a finales de los años 20 llega el momento que cambiaba la vida de cualquier joven actriz. Una prueba para el cine en Hollywood. La historia de esa primera prueba es casi cómica si no fuera tan cruel. Cuando llega a la estación de tren de Los Ángeles, el hombre del estudio que iba a recogerla no la encuentra.

Se va sin ella, la deja plantada. ¿Por qué? Porque según contaría después, dijo que no vio bajar del tren a ninguna mujer que pareciera una actriz. Así de invisible era Bet Davis al principio, tan poco glamorosa, tan poco lo que Hollywood esperaba de una estrella, que ni siquiera la reconocían en una estación de tren. Las primeras pruebas de pantalla fueron desastrosas.

La maquillaban para que pareciera otra persona, una versión más suave, más bonita, más vacía de sí misma. Le ponían vestidos que no eran suyos. Intentaban convertirla en algo que no era y, claro, no funcionaba. Un ejecutivo viendo sus primeras imágenes dijo una frase que se haría famosa, que no tenía ningún tipo de atractivo para el público.

Estuvo a punto de ser descartada, de que la mandaran de vuelta a casa como un experimento fallido, como tantas otras chicas que llegaban a Hollywood con un sueño y se iban con el corazón roto. Pero había algo que jugaba a su favor, aunque ella todavía no lo sabía. El cine estaba cambiando, el cine mudo se moría y nacía el cine sonoro.

De repente, la voz importaba, la actuación de verdad importaba. Ya no bastaba con una cara bonita posando en silencio. Ahora había que actuar, había que sentir, había que llenar la pantalla con algo real. Y Bet tenía exactamente eso, la capacidad de hacerte sentir con un solo gesto, con una sola mirada, todo lo que un personaje llevaba por dentro.

Un actor veterano y muy respetado de la época se fijó en ella y le dio una oportunidad en una de sus películas. Fue su primera puerta de verdad. A partir de ahí, firmó un contrato con un estudio que la llevaría a su verdadero hogar, su cárcel. y su campo de batalla durante casi 20 años. Warner Brothers, una relación de amor y de odio tan intensa que definiría toda su carrera.

Al principio, en Warner le dan más papeles mediocres, mujeres decorativas, novias que solo existen para que el héroe tenga alguien a quien salvar. Bet se desespera, sabe que tiene algo enorme dentro y siente que nadie le da la oportunidad de mostrarlo. Cada guion malo es una herida. Cada papel sin alma es un año perdido.

Vivía en una contradicción que la consumía por dentro. Por fuera era una actriz de Hollywood con contrato, con sueldo, con una vida que millones de jóvenes habrían matado por tener. Por dentro sentía que se estaba ahogando, que estaban desperdiciando lo único valioso que tenía para ofrecer. Iba a las oficinas del estudio a rogar por mejores papeles.

Le decían que no. Le decían que se conformara, que sonriera, que fuera agradecida. Le decían en el fondo lo mismo que le habían dicho toda la vida, que era suficiente solo si se quedaba callada y obediente. Bet nunca supo quedarse callada y esa fue al mismo tiempo su maldición y su salvación, hasta que llega un papel que nadie más quería.

En 1934, otro estudio pide prestada a Bet para una película. El personaje es una mujer cruel, vulgar, despiadada, una camarera que seduce y luego destruye al hombre que la ama, arrastrándolo a la ruina sin una pisca de compasión. Ninguna actriz famosa del momento quería ese papel. Era demasiado feo, demasiado sucio, demasiado peligroso para la imagen de una estrella.

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