Posted in

AGUSTIN PALAVECINO: CONFESO lo que NADIE IMAGINABA

Esa experiencia formó a Palavecino de una manera que los atajos no pueden formar. lo hizo entender que el rendimiento es la única moneda que vale en el fútbol. No el nombre del club donde jugás, no el salario que cobrás, no las expectativas que los medios construyen alrededor de un jugador, el rendimiento sostenido partido a partido en los momentos que importan.

[resoplido] Eso es lo que abre puertas. Y las puertas que se abrieron después de Platense llevaban a un destino que Palavecino no esperaba. La explosión en Colombia. Deportivo Cali, el club más exitoso de la historia del fútbol colombiano, con una afición apasionada, con una historia de títulos que en Colombia tiene el mismo peso que los títulos de los grandes en Argentina y con [carraspeo] una liga que tiene una identidad futbolística propia, física e intensa, pero también técnica cuando los jugadores que la componen tienen la

calidad para imponerse. Palavino llegó a Cali en 2019 y lo que pasó ahí es lo que en el fútbol sucede cuando un jugador que estuvo esperando el contexto correcto finalmente lo encuentra. no se adaptó de manera progresiva, no tuvo un periodo de ajuste donde las cosas fueran de a poco, explotó directamente.

El mediocampista que en Platense había mostrado cosas prometedoras se transformó en Deportivo Cali en uno de los mejores volantes del fútbol colombiano. 74 partidos, 19 goles. Múltiples asistencias en un tipo de juego que le pedía exactamente lo que sabía dar. Libertad para moverse entre las líneas, llegada al área, asociación rápida con los delanteros.

El sistema le pedía lo mejor de él y Palavecino respondía con eso en cada partido. Los entrenadores del fútbol sudamericano empezaron a mirarlo. Los periodistas colombianos escribían sobre el conelenguaje que se usa para los jugadores, que no necesitan que nadie les explique lo que tienen que hacer dentro de una cancha.

Sus compañeros en Cali ya lo describían como el mediocampista que hacía más fácil el trabajo de todos, porque cuando la pelota le llegaba a él, las decisiones que tomaba eran siempre las correctas, no las más vistosas, no necesariamente las que hacían que el estadio se pusiera de pie, las correctas. Y hay una diferencia enorme entre un jugador vistoso y un jugador correcto.

Los vistosos emocionan a la tribuna. Los correctos ganan partidos. Palavecino era de los que ganaban partidos. Y eso en el circuito de los intermediarios del fútbol sudamericano que rastrean los torneos locales buscando piezas que todavía no tienen precio europeo pero que tienen nivel real, generó una cadena de reportes que terminó llegando al oído de alguien muy particular.

Marcelo Gallardo, el técnico más exitoso de River Plate en la era moderna, el hombre que había construido el equipo más dominante del fútbol argentino en la última década y que tenía esa capacidad de identificar el tipo de jugador que su sistema necesitaba antes de que ese jugador se convirtiera en noticia de etapa en los grandes medios.

Gallardo lo pidió expresamente. Eso no es un detalle menor en la historia de Palavecino. Cuando un entrenador de ese nivel te pide de manera específica, no es porque hayas tenido un par de buenos partidos, es porque vio algo en tu manera de jugar que encaja en lo que está construyendo. Llegar a River en el momento en que Gallardo lo dirigía era llegar a un equipo que tenía el nivel más alto de exigencia del fútbol argentino.

Un vestuario con jugadores de primer nivel, con una manera de trabajar que no dejaba margen para la media tinta, con una afición que en un buen día te llevaría en hombros y en un mal día te recordaría con toda la claridad del mundo que River es River y que los que visten esa camiseta tienen que estar al nivel de lo que ese escudo representa.

Los hinchas de River recibieron la llegada de Palavecino con dudas, no con hostilidad, pero sí con la reserva que tiene una afición acostumbrada a ver como llegan jugadores con nombres mediáticos que después no terminan de cuajar en el sistema del muñeco. Y Palavecino no llegaba con nombre mediático, llegaba desde el fútbol colombiano, desde un club que en Argentina muchos aficionados no veían en sus pantallas habitualmente.

La pregunta implícita que rondaba en las redes y en los programas deportivos era si ese jugador tenía nivel para River. Lo que siguió fue el mejor inicio que Palavecino podía haber tenido. El debut fue positivo. El equipo empezó a mostrar que Gallardo había tenido razón y entonces llegó el partido que en el fútbol argentino tiene un peso específico que ninguna final de Champions puede igualar para los que crecieron ahí.

El superclásico [carraspeo] en la Bombonera, Boca en su estadio, la hinchada más ruidosa y más difícil del mundo cuando está en contra de VZ. El partido donde los nervios se sienten en el primer toque de balón y donde solo sobreviven los que tienen la cabeza lo suficientemente sólida como para que todo ese ruido no los paralice.

Y Palavino no solo sobrevivió, metió un gol en la Bombonera, en su primer superclásico con la camiseta de River. Ese gol no era un gol cualquiera en un partido cualquiera. Era la declaración de presentación de un jugador en el escenario más grande y más hostil del fútbol argentino. Y la afición de River entendió en ese momento que Gallardo había acertado.

Lo que vino después confirmó la tendencia. Campeón de la Liga Profesional 2021, campeón del trofeo de campeones 2021, campeón de la Liga Profesional 2023. tres títulos en el club más ganador del periodo. Palavescino era parte de ese equipo. Era una pieza de ese mecanismo que Gallardo había construido con una precisión que muchos técnicos del mundo hubieran querido replicar.

Pero el fútbol tiene una capacidad particularle la vida, incluso a los que parecen estar en el mejor momento. Y lo que llegó después de los títulos fue algo que Palavcino no supo manejar del todo al principio. Porque el fútbol de élite no solo te pide que juegues bien cuando estás en racha, te pide que sigas siendo el mismo jugador cuando las cosas no salen, cuando las críticas llegan, cuando el técnico empieza a mirarte con preguntas en los ojos que antes no tenía.

La caída. Palavcino empezó a perder protagonismo gradualmente, no de golpe, no en un momento específico donde se pueda poner el dedo y decir, “Acá empezó el problema.” Fue un proceso lento, casi imperceptible al principio, que se fue haciendo más evidente con los meses. Los minutos se fueron reduciendo. Los partidos donde era titular indiscutible empezaron a ser partidos donde el técnico evaluaba si era el mejor para ese contexto específico.

Y esa evaluación, cuando uno está acostumbrado a ser el que resuelve, genera un tipo de presión que se mete adentro y que es muy difícil de ignorar. Las personas cercanas a Palavecino en ese periodo cuentan que algo en él cambió, que dejó de ser el jugador que disfrutaba el proceso, que empezó a cargar el peso de cada partido de una manera que no tenía que ver con la responsabilidad natural de un futbolista de nivel, sino con algo más profundo, el miedo a decepcionar, el miedo a confirmar lo que los que dudaban de él desde el principio habían

Read More