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ADRIANO EL EMPERADOR : LA PROMESA DEL FÚTBOL QUE QUEDÓ EN DEUDA CON EL MUNDO

Los primeros  dos años fueron un desastre. Jugaba poco, entendía menos. Los hinchas del Inter lo abucheaban. La prensa italiana lo llamaba el gordo brasileño que no sirve para nada. Pero Adriano no se rindió.  Entrenaba doble turno. Aprendió italiano en 6 meses. Se quedaba  después de los entrenamientos practicando tiros libres hasta que los encargados del estadio  lo echaban.

Y entonces, en la temporada 20032004 explotó. 15 goles  en 28 partidos. El Inter terminó cuarto en la Serie A. Adriano se convirtió  en titular indiscutible, pero lo que vino después fue lo que lo convirtió en leyenda. Copa América 2004, Perú. Brasil llegaba como favorito. Adriano era suplente de Ronaldo y Ronaldinho, los dos mejores del mundo en ese momento.

Primera fase, Brasil 3,  Chile 0. Adriano entra de cambio, anota dos goles, uno de ellos un misil desde 30 met que el arquero  ni siquiera vio. Semifinal, Brasil 2, Uruguay 1. Adriano titular, un gol,  potencia pura. El arquero intenta detener el disparo y termina en la red con el balón. Final Brasil 2, Argentina 1.

Estadio  Nacional de Lima, 50,000 personas. Adriano anota el primero. Un cabezazo que rompe la red. Argentina empata, Brasil sufre, pero en el minuto  89 un contragolpe. Kaká corre, Adriano corre más.  Centro perfecto. Gol. Brasil campeón. Adriano,  máximo goleador del torneo con siete goles.

A los 22 años ya no era promesa, era presente, era futuro.  Era el hombre que reemplazaría a Ronaldo como el nueve de Brasil. Esta es la primera revelación  que te prometí al principio. La muerte que lo destruyó. Agosto  de 2004, Adriano regresa a Milán como héroe. Contrato  nuevo, 6 millones de euros al año.

Cláusula de rescisión de  50 millones. El Inter le pone el dorsal número 10, el número  de los elegidos. Temporada 200425.  Adriano anota 28 goles en 41 partidos. Números de Messi,  números de Cristiano, números de leyenda. La prensa italiana lo llama il  Imperatore. El emperador, el apodo que lo seguiría para siempre.

Pero en marzo  de 2005, el teléfono suena a las 3 de la mañana en su departamento de Milán. Era su  hermano llorando. Papá murió. Almir Ribeiro, 45  años, infarto fulminante. El hombre que lo sacrificó todo para que su hijo saliera de la favela, no llegó a  ver su momento de máxima gloria.

Adriano tomó el primer avión a Brasil. El funeral fue en Vila Cruceiro, miles de personas en la  calle. El ídolo de la favela enterrando a su héroe. “Hazlo por tu familia.”  Las últimas palabras de su padre resonaban en su cabeza. Pero ahora la familia estaba incompleta. Adriano regresó a Italia dos semanas  después. Físicamente estaba ahí.

Mentalmente nunca volvió. Aquí viene lo fuerte, porque lo que nadie sabía es que Adriano empezó a beber esa misma noche del funeral. No una  copa, no dos botellas enteras de bodka y whisky, solo en su cuarto de hotel en Río. Era mi forma de no sentir,  confesaría años después en una entrevista.

El alcohol me  apagaba por dentro, pero el mundo del fútbol no perdona debilidades  y el Interbault. Temporada  2005-2006. Adriano sigue brillando, 19 goles  en 32 partidos, pero algo cambió. Llegaba tarde  a entrenamientos, discutía con entrenadores. Se peleó con Roberto Mancini,  el técnico en pleno vestuario.

Los compañeros empezaron a notar el olor a alcohol en  su aliento durante los partidos. Mundial de Alemania 2006. Brasil llega como favorito. Ronaldo, Ronaldinho,  Kaká, Adriano. El ataque soñado. Pero Adriano jugó mal, desconcentrado, lento.  Brasil cae en cuartos de final contra Francia.

El emperador había fallado  en el momento más importante y entonces, en agosto de  2006, sucedió algo que cambiaría todo para siempre. Esta es la segunda revelación que te prometí,  las conexiones con el crimen organizado. Adriano regresó a Vila  Cruceiro oficialmente para visitar a su madre, extraoficialmente  porque ya no quería estar en Italia.

En la favela lo recibieron como a un rey. Fiestas,  música, cerveza y personas que no debían estar cerca de un futbolista de élite. Vila Cruceiro estaba controlada  por el comando vermelio, una de las organizaciones criminales más poderosas de  Brasil. Tráfico de drogas, armas, violencia.

Adriano estaba involucrado. No hay evidencia  de eso. Pero las fotos existen. Adriano en fiestas con miembros conocidos de la organización.  Adriano bebiendo con hombres que aparecían en los periódicos por asesinatos. La pregunta  no es si Adriano era criminal. La pregunta es, ¿por qué un futbolista millonario  elegía estar ahí? Es mi gente, decía él.

es  donde me siento yo mismo. Pero el Inter de Milán no pensaba igual. En septiembre  de 2006, la directiva le dio un ultimátum. O regresas ahora o te multamos. Adriano regresó,  pero con 20 kg de más, fuera de forma, sin ganas de entrenar. Mancini lo  mandó a la banca. Los hinchas lo abucheaban.

La prensa lo  destrozaba. El emperador se convirtió en mendigo, tituló La Gatzeta de los Port. Piensa en esto un momento.  Un hombre que hace dos años era el mejor delantero del mundo, ahora  no puede completar 90 minutos sin jadear.  Pero había algo más profundo que el sobrepeso y el alcohol.

Adriano estaba cayendo en una depresión devastadora. Me despertaba y no quería vivir”, confesó después.  Lloraba sin razón. El fútbol ya no me importaba, nada me importaba. ¿Qué harías tú si  lo tuvieras todo y sintieras que no tienes nada? El Inter intentó ayudarlo.  Psicólogos, nutricionistas, entrenadores  personales.

Pero Adriano rechazaba todo. En diciembre de 2006,  el club tomó una decisión drástica. Lo cedieron a préstamo a la Roma. Un cambio de  aires, un nuevo comienzo. Pero Roma no fue la solución. Fue otra parada  en el descenso. Temporada 200627 en la Roma. Adriano  jugó bien los primeros meses.

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