Posted in

🇲🇽 ¡MÉXICO HIZO HISTORIA! El Mundo Entero Habla del Tri Tras Derrotar a Ecuador 2-0

” Los periodistas internacionales no podían creerlo. NBC News escribió que la escena era indescriptible. The Guardian publicó fotografías de aficionados con ponchos de lluvia, empapados, con los brazos levantados cantando bajo los relámpagos. Alguien en Twitter escribió, “Esto no es un estadio, esto es un templo.” Y tenía razón, porque el Azteca no es cualquier estadio, es el lugar donde Pelé levantó la Copa del Mundo en 1970.

Es el lugar donde Maradona marcó el gol más famoso de la historia en 1986. Es el lugar donde el fútbol ha vivido sus momentos más sagrados. Y aquella noche bajo la tormenta, con las luces parpadeando y la lluvia cayendo como si el cielo estuviera llorando de emoción anticipada, el Azteca se preparaba para escribir otro capítulo en su leyenda.

A las 10 de la noche, hora del este de Estados Unidos. 8 de la noche, hora local. Una hora después de lo programado, el árbitro esloveno Slavko Kovinchic finalmente sopló el silvato y el Azteca explotó. Capítulo 2. Ecuador ya estaba bajo presión, pero la verdadera batalla, la batalla que no se juega con balones ni se mide con goles, había comenzado mucho antes de que el árbitro soplara el silvato.

Había comenzado la noche anterior en las calles oscuras del barrio de Santa Fe, en la zona poniente de la Ciudad de México. Imaginen la escena. Es lunes 29 de junio, son las 11 de la noche. La selección de Ecuador acaba de llegar a su hotel, el Westing Santa Fe, después de un viaje que solamente puede describirse como una pesadilla logística.

Habían salido esa mañana desde Columbus, Ohio, donde habían establecido su base durante la fase de grupos. El vuelo debía durar unas pocas horas, pero desde el principio todo salió mal. El avión se retrasó más de 3 horas. Nadie les explicó por qué. Después aterrizaron no en el aeropuerto principal de la Ciudad de México, sino en el aeropuerto Felipe Ángeles, que está a 65 km del hotel.

65 km que en el tráfico infernal de la Ciudad de México, agravado por la lluvia que ya caía con fuerza, se convirtieron en una eternidad. El entrenador Sebastián Becascese lo resumió con amargura. Un retraso de vuelo después el traslado al hotel terminó siendo un viaje de 9 horas. Tomamos 3 horas más de las programadas, 9 horas de viaje para jugar al día siguiente el partido más importante de tu vida.

Pero lo peor todavía no había llegado porque había un plan, un plan que los aficionados mexicanos habían organizado en las redes sociales con días de anticipación. Un plan que se compartió miles de veces en Twitter, en Facebook, en TikTok, en grupos de WhatsApp. El plan era simple y despiadado, no dejar dormir a Ecuador.

Y lo cumplieron al pie de la letra. Desde la medianoche, docenas de aficionados mexicanos comenzaron a congregarse frente al hotel. Primero llegaron los que traían bocinas, esas bocinas grandes y portátiles que retumban como si tuvieran vida propia. Después llegaron los de las trompetas y los silvatos. Después los de los tambores.

Después, como si fuera una procesión interminable, llegaron las motocicletas acelerando sus motores una y otra vez, produciendo un estruendo que subía por las paredes del edificio y se metía por cada ventana. Y después llegaron los cohetes. Pólvora de verdad, fuegos artificiales lanzados hacia el cielo. Algunos dicen que desde la calle, otros aseguran que desde la azotea misma del hotel.

El estallido de cada cohete resonaba entre los edificios de Santa Fe, como si fuera un trueno más de la tormenta que se acercaba. Los videos se volvieron virales en cuestión de minutos. En uno de ellos se puede ver a jugadores ecuatorianos asomándose por las cortinas de sus habitaciones con la cara de alguien que sabe que no va a dormir esa noche.

En otro se ve la calle llena de personas vestidas de verde, cantando, brincando, haciendo ruido con todo lo que tenían a la mano. La policía antimotines llegó alrededor de la medianoche, pero la multitud era persistente. Cada vez que los agentes dispersaban a un grupo, otro aparecía en la esquina siguiente. La Federación Ecuatoriana de Fútbol reaccionó con una declaración oficial al día siguiente y sus palabras fueron contundentes.

Dijeron textualmente, “Dicha conducta se encuentra muy alejada de los principios de juego limpio, equidad y unidad que debe representar una Copa del Mundo.” Agregaron que habían presentado una queja formal ante los organizadores y pidieron a las autoridades competentes que prestaran mayor atención a estos incidentes para salvaguardar la integridad de sus jugadores, cuerpo técnico y aficionados.

La queja fue cubierta por todos los grandes medios del mundo. Al Yasira publicó un reportaje extenso. Yahoo Sports lo puso en primera plana. Reuters lo distribuyó a cientos de periódicos. Fox News tituló que Ecuador no estaba nada contento y las reacciones del público se dividieron exactamente a la mitad.

Algunos lo llamaron falta de respeto. Dijeron que era vergonzoso, que era antisportivo, que no representaba los valores del fútbol. Otros lo llamaron tradición. Dijeron que siempre se ha hecho en Sudamérica, que en Buenos Aires lo hacen, que en Bogotá lo hacen, que es parte de la cultura del fútbol latinoamericano tan vieja como el propio juego.

Pero había algo en lo que todos estaban de acuerdo. Fuera tradición o fuera falta de respeto, una cosa era absolutamente evidente. Todo México estaba viviendo este partido como si fuera una final del mundo, no como un partido de la ronda de 32, no como un trámite, como una final. Y eso para Ecuador, para cualquier rival era aterrador, porque no iban a enfrentar solamente a 11 jugadores, iban a enfrentar a un país entero. Capítulo 3.

Cuando el Azteca explotó. Ahora sí. Ahora vamos a la cancha. Vamos al momento en que todo cambió. El partido comenzó y México salió como un huracán. No hubo tanteo, no hubo cautela, no hubo esos primeros minutos en los que ambos equipos se estudian, se miden, se respetan. No. México salió a devorar a Ecuador desde el primer segundo.

Minuto 4. Roberto Alvarado dispara. Pasa cerca. Minuto 5. Gilberto Mora, el niño de 17 años, el chamaco que no le tiene miedo a nada, lanza un tiro desde fuera del área, se va apenas por arriba del travesaño. Minuto 6. Luis Romo intenta de larga distancia, el portero Galindez responde. Minuto 7.

Raúl Jiménez recibe un centro perfecto de Romo. Es un cabezazo franco, limpio, sin marca y falla. se va apenas desviado del poste derecho. El Azteca gime. 80,000 personas dicen ay. Al mismo tiempo, Ecuador no puede ni respirar, no puede salir de su mitad de la cancha. El balón no les pertenece, el partido no les pertenece, la noche no les pertenece.

Read More