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TONY BARRERA: El ASQUEROSO Secreto que la Policía Nunca Quiso Investigar

El 22 de mayo de 1998, alguien entró al departamento de Tony Barrera en la colonia Culhuacán de la Ciudad de México y encontró algo que la prensa de la época describió con las palabras que los periódicos mexicanos de los 90 usaban cuando no querían decirlo, que realmente estaban viendo, semidesnudo, estrangulado, con indicios de violencia física y sexual.

La policía de la Ciudad de México catalogó el caso como un asalto. Nadie fue arrestado. El caso nunca fue esclarecido y México pasó a otra cosa. Así terminó la historia del hombre que en 1986 había llenado el Palacio de los deportes con más de 32,000 personas con sobrecupo, con gente afuera que no pudo entrar, pero que se quedó en la calle esperando escuchar la música que llegaba desde adentro.

El DJ que hizo que México descubriera el High Energy antes que la mayoría de América Latina, el que llevó a Poly March desde un estacionamiento en la Ciudad de México hasta el Zócalo, hasta Los Ángeles, hasta Nueva York, hasta Chicago, el que tenía 34 años cuando alguien entró a su departamento y lo estranguló.

Pero hay algo que ninguna nota periodística de la época contó completamente, porque la clasificación de asalto que la policía le puso al asesinato de Tony Barrera no fue solo negligencia institucional, fue también la decisión consciente de un sistema que en la Ciudad de México de los 90 clasificaba sistemáticamente un tipo específico de crimen como asalto para no tener que investigarlo de verdad.

El tipo de crimen que tenía que ver con quién era Tony Barrera, además de ser el DJ más grande de México. Bienvenido a este video. Hoy contamos la historia completa de Tony Barrera, la del chico de Puerto Ángel, Oaxaca, que llegó a la Ciudad de México y que construyó con Poly March el movimiento musical más masivo de la historia de la música electrónica en México.

la del hombre que hizo bailar a generaciones de chilangos en el Palacio de los Deportes, en el Toreo Cuatro Caminos, en el Hotel de México y la del crimen de 1998, que México clasificó como asalto y que la comunidad que lo amaba sabía que era otra cosa. Todo lo que cuento aquí tiene fuentes, declaraciones documentadas, registro periodístico, información de personas que estuvieron ahí.

Cuando algo es versión no confirmada, lo digo. Si este tipo de historias te llaman la atención, suscríbete al canal y dale like. Me ayuda mucho. Gracias. La historia empieza en Oaxaca. Marco Antonio Silva de la Barrera nació el 13 de octubre de 1963 en Puerto Ángel, un puerto pequeño del estado de Oaxaca, en la costa del Pacífico.

El tipo de lugar que en los 60 era exactamente lo que su nombre prometía, un rincón costero alejado de la Ciudad de México, en todos los sentidos en que un lugar puede estar alejado de la Ciudad de México. Desde muy pequeño, desde los 7 años, según las personas que lo conocieron, Tony tenía la atracción por el espectáculo que no se enseña, sino que aparece.

Animado por amigos de la infancia, organizó un pequeño teatro de títeres en Puerto Ángel. El niño que hace el teatro de títeres para el barrio es también el adulto que llena el palacio de los deportes. La escala cambia, los instrumentos cambian, pero la necesidad de hacer que las personas enfrente suyo se entretengan y sientan algo es la misma desde los 7 años.

Tony llegó a la Ciudad de México. El movimiento que todos los jóvenes con talento y sin recursos de los estados del sur de México hacían cuando querían algo más que lo que su lugar de origen podía darles. La Ciudad de México de los años 70 era también el lugar donde la música disco y el High Energy llegaban de Estados Unidos y Europa con el retraso específico de los países latinoamericanos que recibían las tendencias culturales del norte con algunos meses de diferencia.

Las discotecas de la zona rosa, m, los equipos de sonido que las personas con ingenio y recursos empezaban a construir para llevar esa música a los espacios donde las discotecas no llegaban. El High Energy mexicano no nació en una discoteca de la zona rosa. Nació en los estacionamientos y las bodegas y los salones de eventos donde el sonido móvil llegaba a transformar un espacio ordinario en algo diferente durante las horas que duraba la fiesta.

Poly March, el nombre que Apolinar Silva de la Barrera, el ingeniero que tenía la visión del proyecto, puso al colectivo que combinaba la música con la iluminación y la producción de espectáculo en un formato que el mercado mexicano no había visto exactamente de esa manera. Tony Barrera se integró a Poly March siendo adolescente, 15 años según algunas fuentes, con la energía y el talento específico que los buenos DJs tienen desde el principio, la capacidad de leer un público, de entender en qué momento de la noche el público necesita

qué tipo de música, de construir una sesión de sonido como una narrativa con inicio y clímax y cierre. La aceptación del público hacia Tony fue inmediata, no solo como DJ, también como performer. Bailaba, tenía el tipo de carisma en el escenario que convierte al DJ en protagonista del show y no solo en el operador del equipo de sonido, el que transforma la cabina de mezclas en un escenario propio.

Los shows de Poly March con Tony Barrera eran algo específico que la Ciudad de México de los 80 no había visto en ese formato. La música High Energy y Eurotras e Italo Disco que llegaba de Europa y Estados Unidos, mezclada con el espectáculo de luces y la energía de Tony en las tornamesas, en los espacios más grandes disponibles en el México, del partido único y del milagro económico que estaba llegando a su fin, el Palacio de los Deportes en 1986, 32,000 personas adentro, más afuera que no pudieron entrar. Ese número, el del

sobrecupo en el recinto más grande de espectáculos en la Ciudad de México en ese momento, dice todo lo que hay que decir sobre lo que Tony Barrera y Poly March representaban en la cultura popular de la capital mexicana de los 80. No era un fenómeno de nicho, era el fenómeno masivo de una generación que encontraba en esa música y en ese espectáculo algo que ningún otro formato cultural disponible en esa época podía darle de la misma manera.

El toreo Cuatro Caminos, el Hotel de México, el Centro de Convenciones de Acapulco, los eventos de Alfa Radio 91.3 en el Palacio de los Deportes, donde Tony también trabajaba como coreógrafo. Los Ángeles, Nueva York, Chicago. Poly March con Tony Barrera cruzó las fronteras que los artistas mexicanos de esa época raramente cruzaban, las de los mercados de la comunidad latina en Estados Unidos que querían la música de México, aunque vivieran en otro país.

Antes de seguir quiero preguntarte algo. ¿Conocías el High Energy mexicano? ¿Sabías que en los años 80 México tenía uno de los movimientos de música electrónica más grandes del mundo completamente ignorado en la historia oficial de la música latina? Escríbeme en los comentarios. Muchas personas ni saben de qué estamos hablando y eso también es parte de la historia que vamos a contar.

El high energy o High NRG, como se escribía en la industria, tenía en la cultura popular mexicana de los 80 un significado que iba más allá de la música. El género había nacido en Estados Unidos, específicamente en la escena de los clubes nocturnos de San Francisco y Nueva York a finales de los 70.

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