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Princesa Margarita: La Obligaron a Elegir… y Perdió Todo

Una princesa tiene 25 años. Le quedan exactamente 12 meses para tomar la decisión más importante de su vida. Si dice sí, pierde su título, su dinero, su lugar en la familia real y el derecho a pisar un palacio. Si dice no, pierde al único hombre que ha amado de verdad. No hay opción intermedia, no hay negociación, no hay escapatoria.

La princesa es Margaret de Inglaterra, la hermana menor de la reina más poderosa del mundo. Y la decisión que está a punto de tomar va a destruirla de una manera que tardará 50 años en manifestarse completamente. Esta no es la historia de una princesa rebelde. Es la historia de lo que pasa cuando el sistema que se supone que te protege es el mismo que te aplasta.Cuando la familia que se supone que te ama es la misma que te obliga a elegir entre tu corazón y tu existencia. Y lo peor no es la decisión que tomó, lo peor es que eligiera lo que eligiera iba a perder. Londres, 31 de octubre de 1955. El palacio de Kensington está en silencio. No el silencio normal de un palacio real por la noche, un silencio diferente.

El silencio de alguien que está a punto de romper algo que no se puede reparar. Margaret tiene 25 años. Está sentada en su salón privado con un comunicado de prensa frente a ella. Un comunicado que ha escrito y reescrito durante días, que ha mojado con lágrimas que nadie ha visto porque las princesas de Inglaterra no lloran en público ni en privado. Si alguien puede enterarse.

El comunicado dice esto, que ha decidido no casarse con el coronel Peter Towns que ha tomado esta decisión consciente de las enseñanzas de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio y de su deber hacia la Commonwealth, que pide que se respete su vida privada. Cada palabra es una mentira envuelta en protocolo. Margaret no ha decidido nada.

le han obligado a decidir. La Iglesia de Inglaterra, el gobierno de su majestad, el parlamento, el arzobispo de Canterbury y su propia hermana, la reina Isabel II, le han dejado exactamente una opción disfrazada de dos. Puedes casarte con Peter y perderlo todo, o puedes renunciar a Peter y conservar todo, excepto la razón para vivir.

Eso no es una elección, es una sentencia. Margaret firma el comunicado, se lo entregan a la prensa y al día siguiente los periódicos de todo el mundo publican la noticia como si fuera una victoria del deber sobre el deseo, como si Margaret hubiera elegido la corona sobre el amor, como si fuera noble, como si fuera admirable.

Eh, nadie escribe lo que realmente pasó, que una mujer de 25 años acaba de ser destruida por las personas que más quiere en el mundo y que esa destrucción va a durar el resto de su vida. Pero para entender cómo llegamos hasta aquí, hay que volver al principio a una niña que nació siendo la segunda y que nunca jamás dejó de pagar el precio de no haber nacido primera.

Margaret Rose Winser nace el 21 de agosto de 1930 en el castillo de Glamis en Escocia. Es la segunda hija del duque de York, el futuro rey Jorge VI y de Elizabeth Bow Lion. Tiene una hermana mayor, Lilibeth, que tiene 4 años. Desde el primer día, las dos hermanas son todo lo que la otra no es.

Lilibeth es seria, responsable, ordenada. A los 6 años ya alinea sus zapatos perfectamente antes de dormir. A los 8 estudia la Constitución británica como si fuera un libro de cuentos. Es la niña que nació para ser reina, aunque todavía no lo sabe, porque en 1930 el rey es su abuelo Jorge V y el heredero es su tío Edward y nadie imagina lo que va a pasar.

Margaret es todo lo contrario, es ruidosa, es graciosa, es la niña que hace reír a toda la habitación, que imita a los ministros cuando se van, que canta canciones a voz en grito en los pasillos del palacio. Donde Lilbeth es disciplina, Margaret es caos. Donde Lileth obedece, Margaret pregunta por qué. Su padre las adora a las dos, pero de maneras diferentes.

A Lilyet la admira, a Margaret la consiente. Es su favorita, eso lo saben todos en el palacio, aunque nadie lo dice en voz alta. Jorge VI, que es un hombre tímido, tartamudo, que nunca quiso ser rey, ve en Margaret algo que reconoce en sí mismo. La necesidad de ser visto, la necesidad de que alguien te diga que existes más allá de tu función.

Margaret es la que lo hace reír cuando el peso de la corona es demasiado. La que se sienta en sus rodillas después de una cena de estado y le cuenta chistes hasta que la tensión se va de su rostro. La que canta para él en el salón del palacio cuando los ministros se han ido y la casa se queda en silencio. Para Jorge Sex, Margaret no es la segunda hija, es la primera alegría.

Y aquí está el primer detalle que cambia todo. En diciembre de 1936, cuando Margaret tiene 6 años, su tío Edward abdica. Abdica por amor por Wallis Simpson, la mujer que la monarquía británica consideró inaceptable. Y de repente, de un día para otro, el padre de Margaret se convierte en rey. Jorge Sex, el hombre que no quería la corona recibe como un castigo.

Hay una anécdota que cuenta mucho sobre cómo Margaret vivió ese momento. Su institutriz, Maryan Crawford Croffy, como la llamaban las niñas, escribe en sus memorias que el día en que se anunció la abdicación, Margaret preguntó a Lilet. Eso quiere decir que tú vas a ser reina. Lilibet respondió que sí. Y Margaret, con la lógica brutal de una niña de 6 años, dijo, “Pobre de ti, pobre de ti.

” A los 6 años, Margaret ya entendía que la corona no era un premio, era una cárcel. Lo que no entendía todavía es que la cárcel no era solo para quien la lleva, es también para todos los que viven cerca de ella. Y Lilibeth, la hermana mayor, se convierte en heredera al trono. Margaret, con 6 años no entiende exactamente lo que ha pasado, pero entiende algo que ningún adulto le explica con palabras, pero que absorbe como se absorbe el frío, que su hermana acaba de convertirse en la persona más importante del país y que ella, Margaret, acaba de convertirse en la

segunda, en la suplente, en la que está ahí por si acaso. La sombra es una posición imposible. No es lo bastante importante para tener un propósito oficial. No va a ser reina, no va a gobernar, no tiene función constitucional, pero es demasiado importante para ser libre. Es la hermana de la futura reina, lo que significa que cada cosa que haga será juzgada, criticada, analizada como si tuviera consecuencias políticas.

Responsabilidad sin poder, visibilidad sin propósito, es la peor combinación posible y Margaret va a vivir con ella durante 71 años. La infancia en el palacio es, a pesar de todo, relativamente feliz. Las dos hermanas son inseparables, comparten habitación, comparten institutriz, comparten juegos. Margaret es la que inventa las aventuras y Lilibet la que pone las reglas.

Es un equilibrio que funciona en la infancia, que funcionará mucho menos en la vida adulta. Y entonces llega la guerra. En septiembre de 1939, cuando Margaret tiene 9 años, Gran Bretaña entra en la Segunda Guerra Mundial. Las princesas son trasladadas al castillo de Winser, lejos de Londres, lejos de las bombas.

Pero Winsor no es un refugio, es una prisión con jardines. Las ventanas están tapadas con cortinas negras por los bombardeos. Los pasillos son fríos y húmedos. Los soldados patrullan los terrenos. Y Margaret, que es una niña que necesita movimiento, ruido, gente, se encuentra encerrada en un castillo medieval con su hermana, su institutriz y el eco de sus propios pasos. Son 6 años de guerra.

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