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PERRO AGUAYO: POR ESTO MATARON A SU HIJO Y LO HUMILLARON HASTA QUE MURIÓ

Seis décadas en el ring. Primer campeón mundial de la WWF, maestro del Hijo del Santo. Y ese mismo hombre, viendo asesinado en el ring a su propio hijo en un combate planeado por la empresa, 2 minutos colgado en las cuerdas, mientras le golpeaban cuando ya era un cadáver, le hicieron el 619 a su cuerpo sin vida.

Te lo advierto, no fue un accidente. Lo mataron. Hoy vas a saber la verdad sobre la inyección que le pusieron a su hijo minutos antes del combate y la macabra razón por la que le prohibieron entrar a los médicos al ring cuando cayó desplomado. Y lo más nuevo, lo que acaba de revelar Alberto del Río sobre ese oscuro combate.

Confesó por qué lo mataron y por qué humillaron al perro aguayo padre durante 4 años seguidos. Los gritos sobre el hijo muerto y la cabellera que le raparon. Y lo más oscuro de toda esta historia. Quédate hasta el final. Pero antes debes saber cómo llegó esa leyenda zacatecana hasta el cuadrilátero de Tijuana, donde su propio hijo murió esa noche de marzo.

Porque lo que pasó la noche del 20 de marzo del año 2015 no empezó esa misma tarde, empezó 70 años antes en un pueblo polvoriento del altiplano zacatecano, donde un niño campesino aprendió a pelear antes que a leer. Pedro Aguayo Damián nació el 18 de enero del año 1946 en Nochislán de Mejía.

Zacatecas, hijo de José Santana Aguayo, padre campesino, y de Gabina Damián Puentes, madre ama de casa. 16 hijos en total bajo el mismo techo de adobe. Pedrito era el más rudo de todos los hermanos, el más callado también. Crecer entre 16 hijos significaba pelear todos los días por el plato, por el catre, por la atención de los padres.

Y Pedrito aprendió a usar los puños antes que las palabras. Cuando tenía 8 años, la familia entera tuvo que emigrar del pueblo natal por carencias económicas extremas. La tierra rendía cada vez menos, los precios del trigo bajaban cada año y los padres tomaron la decisión más dura del clan rural, abandonar Nochislán para siempre. Cargaron las pocas pertenencias del hogar, subieron a los hijos a un camión de redilas y emprendieron el camino hacia el pueblo de Tala, en la zona azucarera de Jalisco.

Recuerda ese pueblo del occidente mexicano, porque sobre Tala descansa la primera clave brutal del destino del perro Aguayo. Y porque en ese mismo pueblo de Jalisco terminaría muriendo el ídolo del pancracio. 65 años después. La pobreza obligó a Pedrito a empezar a trabajar a los 12 años en una panadería local llamada La Puerta del Sol, 15 horas diarias amasando el pan del pueblo, salario miserable que entregaba completo a la madre Gabina.

Después de la panadería, Pedrito trabajó de zapatero. Aprendió a reparar las botas viejas de los campesinos del ingenio Cañero y esa habilidad zapatera marcaría toda su carrera futura en el cuadrilátero. Porque las famosas botas afelpadas del perro aguayo nacieron de la propia mano del muchacho zapatero del pueblo jaliciense.

A los 14 años empezó a boxear en los gimnasios improvisados de la zona azucarera. Sin entrenador profesional, por cada victoria le pagaban 20 pesos. Apolo Romano, exluchador retirado y casatalentos del Consejo Mundial, lo vio una de esas tardes. Le dijo cuatro palabras que cambiaron su vida. Cito literal a Apolo Romano. Muchacho, tú eres luchador.

Cierro la cita. Pedrito tenía 16 años cuando aceptó la invitación. empacó la única maleta del hogar, se despidió de Gabina y los 15 hermanos y emprendió el camino hacia Guadalajara para entrenar con Cuautemok, el  Velasco, el maestro más brutal del pancracio mexicano. Velasco le enseñó tres reglas que marcarían toda su carrera.

Regla uno, en el cuadrilátero nunca se llora, aunque te rompan los huesos. Regla dos, al rival se le da hasta la última gota de sangre, aunque sea tu hermano. Regla tres. La cabellera del luchador es lo único sagrado del oficio. Si te la quitan, empiezas de cero. Esas tres reglas marcarían las cuatro humillaciones públicas más brutales del perro Damián.

Pero esa revelación la conocerás más adelante en el guion. El 10 de mayo del año 1970, Pedro Aguayo debutó en la Arena Olímpico Coliseo de la Ciudad de México, 24 años de edad, 78 kg de peso, botas afelpadas hechas por su propia mano y un nombre artístico que Apolo Romano le había puesto. El perro Aguayo, el can de Nochislán, cobró 200 pesos esa primera noche.

ganó contra un rival de tercera categoría y supo de inmediato que lucharía dentro del cuadrilátero el resto de su vida adulta. La verdadera explosión llegaría exactamente 5 años después, 3 de octubre del año 1975. Arena México del Distrito Federal, función estelar del Consejo Mundial. Pelea de máscara contra cabellera entre el enmascarado de plata y el C de Nochislán.

25,000 aficionados en las gradas de la catedral del Pancracio y el perroayo hizo lo impensable. Paliza brutal al ídolo nacional. Le destrozó la máscara plateada del santo, le sacó sangre de la frente, lo dejó tirado tres veces en la lona y le propinó una golpiza memorable que pasó a los archivos del Salón de la Fama. Hijo del Santo lo confirmó textualmente décadas después. Cito literal a Hijo del Santo.

El perro está entre los mejores rudos. Tal vez de los mejores que he visto en toda mi vida. Ya no hay de esos rudos. Cierro la cita, pero la victoria brutal tenía un precio macabro porque la apuesta de la noche estelar era máscara contra cabellera. Y aunque el perroayo destrozó la máscara del santo en las tres caídas, el conteo final del referí Grand Davis dio la victoria al enmascarado de plata.

Primera humillación pública. Lo subieron a la silla del centro del cuadrilátero. La barbera oficial encendió la máquina rasuradora. Mechón tras mechón cayó al piso. Su melena negra de 29 años cayó por completo. 25,000 personas vieron la humillación. El candenoislán quedó calvo en la lona principal.

Recuerda esa primera humillación porque durante el calvario del año 75 apenas empezaba el camino brutal de las cuatro cabelleras perdidas del perro Aguayo Damián. Pero todavía falta para esa segunda humillación. Por ahora hay que volver al año 1979 porque el 23 de julio del año 79 nació en la Ciudad de México el hijo único oficial del perro Aguayo Damián.

Pedro Aguayo Ramírez, hijo de Luz Ramírez, esposa única del ídolo zacatecano. Recuerda esa fecha porque el muchacho que nació esa madrugada terminaría muerto en un cuadrilátero de Tijuana 35 años después. El perroayo cargó al recién nacido en sus brazos rudos, lo besó en la frente y le susurró unas palabras textuales que él mismo contaría décadas después.

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