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¡OPERACIÓN ENJAMBRE! HARFUCH CAPTURA A “JESÚS Z.” Y 10 MÁS POR EXTORSIÓN EN PLAYAS DE ACAPULCO

En la madrugada del miércoles 3 de junio de 2026, más de una docena de agentes federales se desplegaron de forma simultánea en nueve puntos distintos del puerto de Acapulco. Guerrero, el objetivo era un solo hombre, Jesús Amora Cervantes, un individuo que durante años había construido una doble vida perfecta.

De frente al sol aparecía en fotografías oficiales junto a funcionarios del gobierno del estado. Recibía reconocimientos públicos por su compromiso y labor y cobraba mensualmente un sueldo del erario como asesor general del Ayuntamiento de Acapulco. A la sombra, según las autoridades, comandaba una organización criminal que sometía a decenas de vendedores, rentadores de motos acuáticas, restauranteros y trabajadores de playa a un régimen de terror económico. Paga o no trabajas.Pero eso no es todo. Detrás de su detención se abre una pregunta que nadie en Guerrero puede ignorar. Fue esta misma red la que hace poco más de un año mandó matar a Marco Antonio Suasteggi Muñoz, el activista más valiente que se atrevió a negarse a pagar la cuota. Marco Antonio Suátegi Muñoz tenía 49 años cuando lo mataron.

Para entender por qué murió, hay que entender quién era. No era un hombre fácil de intimidar. Durante más de dos décadas encabezó el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la presa La parota, conocido como SECOP. La presa La Parota era un proyecto hidroeléctrico de la Comisión Federal de Electricidad que amenazaba con inundar tierras comunales en la zona de Cacahuatepec, en la región rural de Acapulco.

Marco Antonio se puso al frente de esa lucha y no se dio, aunque el precio fue altísimo. Fue encarcelado en tres ocasiones distintas. Fue torturado, fue criminalizado por el Estado, pero nunca se rindió. A esa historia de resistencia se sumó con el tiempo Otra batalla, la defensa de las playas de Acapulco frente a los intentos de privatización y el control ilegal que ciertos grupos ejercían sobre la zona federal marítima terrestre.

Marco Antonio impulsó la creación de la agrupación Turisteros Unidos en defensa y rescate de playa Ica conocida como Tulerpi. Ahí en la playa Ica sobre la calle Fragata Yucatán del fraccionamiento Costa Azul rentaba mobiliario recreativo y equipo acuático a los turistas. era su sustento de vida, pero también su trinchera política más reciente.

Fue precisamente en ese espacio donde comenzó a sentir la presión. Según relató posteriormente el director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinoyan, Abel Barrera Hernández, los operadores de la organización criminal que hoy conocemos como la red de Jesús Zamora Cervantes llegaron a la playa y cacos a cobrar cuotas.

No eran negociaciones, eran imposiciones, paga para poder trabajar. Los restauranteros, los que rentaban lanchas, los propietarios de motos acuáticas, los que ofrecían sombrillas a los turistas, todos debían pagar. Marco Antonio, en un primer momento, como muchos otros prestadores de servicios, accedió. El peso de la amenaza era demasiado, pero llegó un punto de quiebre.

Las cuotas aumentaron, la organización quería más. Y fue entonces cuando Marco Antonio decidió organizarse junto con otros trabajadores del sector para rechazar colectivamente las nuevas exigencias. Esa decisión, según TACinoyan, lo convirtió en un problema que había que eliminar. La represalia fue inmediata y escaló con rapidez.

En primer lugar, la organización le robó dos motos acuáticas. Después, en algún momento previo al ataque final, sufrió un intento de homicidio cuando viajaba a bordo de su camioneta hacia los bienes comunales de Cacahuatepec. En la zona rural donde vivía con su familia, Marco Antonio sobrevivió ese ataque, pero la señal era clara.

Estaban dispuestos a matarlo. Ante esa situación, solicitó medidas cautelares a los gobiernos estatal y federal. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos también le había otorgado medidas cautelares a él y a su familia, en parte por el hostigamiento que sufrían desde la desaparición de su hermano Vicente, ocurrida el 5 de agosto de 2021.

Vicente Iván Suáteggi Muñoz fue desaparecido por presuntos criminales y hasta la fecha se desconoce su paradero. Marco Antonio se puso al frente de su búsqueda. Reiteradamente denunció la inacción de las autoridades. A pesar de todo, siguió trabajando. Siguió en la playa Icaacos. Siguió luchando.

El viernes 18 de abril de 2025, era viernes santo. Las playas de Acapulco estaban repletas de turistas. Era uno de los días de mayor afluencia del año. Marco Antonio terminó su jornada laboral en la playa Icacos y comenzó a caminar hacia su camioneta estacionada a unos metros de la orilla. Los delincuentes lo seguían, conocían sus movimientos, estaban al acecho.

Un hombre se le acercó y le disparó en varias ocasiones. De acuerdo con el relato de proceso, el atacante le disparó ocho veces en una calle oscura cerca de la playa. Los disparos lo alcanzaron en el abdomen, el tórax y el cuello. A pesar de los 4,000 efectivos de la Guardia Nacional que habían sido desplegados en la zona turística para garantizar la seguridad durante las vacaciones de Semana Santa, los atacantes actuaron sin ningún temor a ser interceptados.

Marco Antonio cayó gravemente herido. Fue trasladado de urgencia a un hospital privado de Acapulco donde quedó internado en estado crítico. Lo intervinieron quirúrgicamente en dos ocasiones debido a la gravedad de las lesiones. Fuerzas de seguridad estatal lo resguardaban en el nosocomio ya herido de muerte. Permaneció hospitalizado durante 7 días entre la vida y la muerte.

El viernes 25 de abril de 2025, a las 2:18 de la tarde, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinoyan confirmó oficialmente su fallecimiento. Marco Antonio Suastegi Muñoz murió a consecuencia de las heridas de bala que sufrió el día del ataque. Tenía 49 años. Más de dos décadas de lucha social culminaban en una calle de Acapulco durante las vacaciones más concurridas del año mientras nadie lo salvaba.

Al día siguiente, el sábado 26 de abril de 2025, familiares y comunidades enteras se reunieron para despedirlo en su sepelio en Acapulco. El dolor era profundo, la indignación mayor aún. Organizaciones sociales, defensores de derechos humanos, colectivos de todo Guerrero se sumaron al llamado de Tlachinoyán.

Justicia, investigación exhaustiva, identificación de los autores materiales e intelectuales. Amnistía internacional también condenó el asesinato y exigió protección urgente para su familia, que ya había sido blanco de la violencia con la desaparición de Vicente. La Fiscalía General del Estado de Guerrero inició una investigación.

Sin embargo, pasaron los meses, llegó el aniversario de su muerte en abril de 2026 y el caso seguía completamente en la impunidad, sin detenidos, sin sentenciados, sin respuestas para su familia. Fue hasta la madrugada del miércoles 3 de junio de 2026, 13 meses después del asesinato de Marco Antonio, cuando una pieza clave del rompecabezas cayó detenida en el fraccionamiento costa azul de Acapulco.

El mismo fraccionamiento donde Suáasteggi había sido atacado. El mismo territorio donde la organización criminal había operado durante años con aparente impunidad. La operación recibió el nombre de operación enjambre y fue ejecutada a las 8 de la mañana. elementos de la Guardia Nacional, la Fiscalía General de la República, la Secretaría de Marina, policías estatales de Guerrero y agentes federales de la SSPC actuaron de manera coordinada y simultánea nueve puntos del municipio.

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