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Natalie Wood: Le Temía al Agua… y Murió Ahogada y

Una mujer seoga en las aguas oscuras del Pacífico. Tiene 43 años. Es una de las actrices más famosas del mundo y le tiene un miedo atroz al agua oscura. Un miedo que arrastra desde que era niña. Un miedo que, según ella misma contó muchas veces, su propia madre le implantó como una maldición. Esta noche de noviembre de 1981, ese miedo se cumple de la manera más cruel posible.

Y lo que ocurrió realmente en ese yate en esas últimas horas sigue siendo uno de los misterios más perturbadores que Hollywood jamás intentó enterrar. Es la noche del 29 de noviembre de 1981. El Jade Splender se mece frente a la isla Catalina a unos 30 km de la costa de California. El aire es frío, el océano negro como la tinta.A bordo hay cuatro personas. Robert Wagner, el marido. Un hombre guapo, elegante, con una sonrisa que durante décadas conquistó a todo Hollywood. Christopher Walken, el actor invitado, brillante y enigmático que acaba de terminar de rodar una película con Natalie. Dennis Davern, el capitán del barco, un hombre sencillo que esa noche va a presenciar algo que lo perseguirá el resto de su vida.

y Natalie Wood, la estrella, la niña prodigio que creció frente a las cámaras, la mujer que esa noche lo va a perder todo. La cena ha sido tensa, se ha bebido mucho, demasiado. Según algunos testimonios, ha habido gritos. Según otros, algo peor. Lo que se sabe con certeza es que en algún momento de la madrugada, Natalie desaparece del yate sin aviso, sin explicación y nadie llama a la guardia costera de inmediato.

Pasan horas, horas enteras en las que una mujer que no sabe nadar está sola en el océano Pacífico en plena noche con una temperatura del agua de apenas 15 gr. Cuando la encuentran al amanecer flota boca abajo. Lleva puesto un camisón de franela y una chaqueta de plumas rojas empapada. Tiene moretones en los brazos y en las piernas, rasguños en el rostro y nadie puede explicar cómo llegó al agua.

La versión oficial dice que fue un accidente, que salió sola a amarrar el bote auxiliar que golpeaba contra el casco y resbaló. Pero cualquiera que conociera a Natalie Wood sabía que eso era prácticamente imposible. Ella jamás habría salido sola de noche a tocar un bote en el océano oscuro. No con ese miedo. Aik. No en esas condiciones.

Pero para entender cómo llegamos hasta esta noche, hay que volver atrás a una infancia que fue todo menos una infancia. Natalie Wood no nació siendo Natalie Wood. Nació siendo Natalia Nicolaevna Zachareno, el 20 de julio de 1938 en San Francisco. Sus padres eran inmigrantes rusos. Su padre Nikolay era un carpintero silencioso que encontraba refugio en la botella.

Bebía mucho y cuando bebía desaparecía. No era violento, era ausente, un fantasma en su propia casa. Pero su madre era otra cosa. María Stepanovna Sudilova era una mujer de una ambición feroz y de una capacidad de manipulación que resulta escalofriante. Incluso décadas después había sobrevivido a la revolución rusa, había cruzado medio mundo y había llegado a California con una convicción grabada en hierro.

Su hija iba a ser estrella de cine. No era un sueño, era un decreto. Hay una historia que Natalie contó muchas veces a lo largo de su vida. Siendo muy pequeña, María la llevó a un puente sobre un río. Le dijo que mirara el agua y entonces, según el relato, algo ocurrió que marcó a la niña para siempre.

Los detalles cambian según la fuente. Algunos dicen que María empujó una mariposa al agua delante de sus ojos. Otros que fue la propia Natalia quien casi cayó y que María la agarró en el último segundo. Lo que nunca cambia es el resultado. Natalia desarrolló un terror profundo, visceral, al agua oscura. un terror que no era simplemente miedo, era algo más primitivo, más absoluto.

El sonido del agua en la oscuridad la paralizaba. El olor del mar de noche le provocaba náuseas. La idea de estar sola cerca de agua profunda la hacía temblar como si tuviera fiebre, un terror que la acompañaría cada día de su vida hasta el final. ¿Y por qué habría permitido una madre que ese miedo echara raíces? Porque según la tradición familiar, María había consultado a una gitana que le dijo que una de sus hijas moriría en aguas oscuras.

Nunca se pudo confirmar si esa consulta realmente existió o fue un mito familiar que creció con los años. Pero lo que sí es un hecho documentado es que María nunca intentó ayudar a Natalie a superar ese miedo. Nunca la llevó a un psicólogo, nunca intentó calmarla. Al contrario, muchos de quienes conocieron a la familia creen que María alimentó ese terror deliberadamente, porque una niña que tiene miedo es una niña que obedece, una niña que no se aleja, una niña que depende de su madre para sentirse segura. A los 4 años, María llevó a

Natalia a un rodaje en su vecindario. La niña consiguió un pequeño papel como extra en la película Happy Land en 1943. Era un papel minúsculo, pero fue suficiente, suficiente para que María decidiera que el destino estaba hablando. Y desde ese momento la infancia de Natalia terminó. María cambió el apellido de la familia de Sacharenko.

Pasaron a ser Gurdin y a la niña le puso un nombre artístico, Natalie Wood, un nombre que sonaba a Hollywood, un nombre que se podía vender. Lo que siguió fue una sucesión imparable de audiciones, de sets de rodaje donde Natalie era la única niña entre adultos. María la llevaba a todas partes, la vestía, le decía cómo sonreír, cómo mirar.

Cómo llorar, porque María descubrió un método terrible para conseguir lágrimas reales frente a la cámara. Según múltiples fuentes, justo antes de rodar una escena emocional, le arrancaba las alas a una mariposa delante de la niña. Natalie lloraba de verdad y esas lágrimas se convertían en tomas perfectas. El sufrimiento de la niña era el combustible de la carrera.

María controlaba cada aspecto de la vida de Natalie fuera de los sets. Le elegía la ropa. Ay, le dictaba lo que podía comer, le decía con quién podía hablar. Cuando otros niños se acercaban a ella, María los alejaba. No quería distracciones y cuando María no estaba satisfecha, el castigo no era físico, era peor.

Era el silencio, la retirada del afecto. María dejaba de hablarle durante horas, a veces días. Y para una niña cuyo mundo entero giraba alrededor de su madre, ese silencio era devastador. Natalie creció en un mundo de adultos donde era la única menor. Aprendió a leer las emociones de los mayores antes de aprender a leer libros. Sabía cuándo un director estaba contento y cuándo estaba a punto de explotar.

Sabía cuando un productor la miraba con interés profesional y cuando la miraba de otra manera, una manera que no entendía. pero que le daba escalofríos y sabía, sobre todo, cuándo su madre estaba satisfecha y cuándo no. A los 7 años, después de varios papeles menores que fueron afinando su talento natural, Natalie consiguió el papel que la convirtió en estrella.

En 1947 interpretó a Susan Walker en Miracle on 34th Street, la película navideña que se convertiría en un clásico eterno. Su interpretación de esa niña demasiado madura para su edad, que ha aprendido a desconfiar del mundo adulto, fue tan natural que el público se rindió ante ella.

De repente, Natalie Wood era una de las niñas más famosas de Estados Unidos y María lo controlaba todo, cada contrato, cada dólar, cada segundo. Pero detrás de esa fama había una realidad invisible, un padre borracho, una madre obsesiva y una niña que aprendió antes de cumplir 10 años que su valor como persona dependía de su valor como actriz, que el amor era condicional, que si dejaba de brillar dejaría de existir.

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