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Miguel Ángel Félix Gallardo en la Cárcel: De Dominar México a Estar Ciego y en Silla de Ruedas

Hay un hombre de 80 años encerrado en el penal de puente grande. Está en silla de ruedas porque no puede caminar. Está casi ciego porque perdió un ojo y el otro tiene glaucom. Está casi sordo porque el oído izquierdo ya no funciona y el derecho apenas distingue sonidos. Necesita oxígeno suplementario porque sus pulmones están destruidos por la tuberculoso en la cárcel.

Come con dificultad porque le quitaron ocho hernias del estómago. Tiene diabetes, hipertensión, ansiedad crónica, depresión, carcinoma facial vértigo. 22 enfermedades documentadas que lo están matando lentamente detrás de las rejas. Cuando una periodista de Telemundo fue a entrevistarlo, tuvo que pasarle las preguntas escritas en un papel porque no podía escucharlas.Y lo que ese hombre respondió desde su silla de ruedas fue esto. Perdí todo. Perdí la sensibilidad, los oídos, los ojos. Yo soy un cadáver que no espera más que ser enterrado en la raíz de un árbol. Ese hombre es Miguel Ángel Félix Gallardo. Y si ese nombre no te dice nada, te lo voy a poner en contexto con una sola frase.

Este hombre inventó el narcotráfico mexicano moderno. Todo, cada cártel que existe hoy en México nació de este hombre. Ruta de cocaíza que cruza el país fue trazada por primera vez por este hombre. Cada plaza que se disputan los cárteles, fue asignada originalmente por este hombre.

El Chapo Guzmán trabajó para este hombre. Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los Cielos trabajó para este hombre. Los hermanos Arellano Félix de Tijuana trabajaron para este hombre. El gerero Palma trabajó para este hombre. Miguel Ángel Félix Gallardo fue el padrino, el jefe de jefes, el hombre que controló todo el narcotráfico de México durante la década de los 80.

El primero que estableció contacto directo con los carteles colombianos para traficar cocaína a través de territorio mexicano hacia Estados Unidos. El que diseñó el sistema de plazas que dividió México en territorios controlados por diferentes grupos y que sigue funcionando hasta hoy, 40 años después. Y ahora es un anciano ciego, sordo, en silla de ruedas, que le dice a una periodista que su familia está cabando un hoyo para enterrarlo en la raíz de un árbol.

Para armar esta historia cruzamos los expedientes judiciales del caso Kiki Camarena, los registros médicos filtrados del penal de Puente Grande, las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre las locicitudes de prisión domiciliarias de Félix Gallardo y los informes de la DEA desclasificados sobre la estructura del cártel de Guadalajara.

Y lo que encontramos es la historia del hombre que creó el monstruo que hoy devora a México. El hombre que inventó las reglas del juego queimos de siglo XXI y que lleva 37 años pagando por ello en una celda de la que probablemente nunca va a salir. Pero hay un dato que todavía no te he dicho, un dato sobre lo que pasó con los otros dos fundadores del cártel de Guadalajara, Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, don Neto, que hace que la situación de Félix Gallardo sea todavía más amarga, porque los tres fueron juzgados por el mismo crimen y de

los tres, el único que sigue pudriéndose en la cárcel es él. Eso lo vamos a ver. Miguel Ángel Félix Gallardo nació el 8 de enero de 1946 en Culiacán, Sinaloas, la capital del estado que décadas después se convertiría en sinónimo mundial de narcotráfico. Pero en 1946, Culiacán era un pueblo agrícola del noroeste de México, donde la vida era dura, el dinero era escaso y las oportunidades para un joven sin conexiones eran prácticamente inexistentes.

Lo que hizo Félix Gallardo para salir de la pobreza fue algo que define toda su historia. se metió a la policía, se unió a la policía judicial federal, la misma policía que supuestamente combatía el crimen. Y desde adentro de esa policía, Félix Gallardo aprendió cómo funcionaba el poder en México. aprendió quién protegía a quién, quién pagaba a quién, dónde estaban las rutas, quiénes eran los contactos, dónde estaban las debilidades del sistema y usó todo ese conocimiento para construir algo que ningún narcotraficante mexicano había construido antes, un imperio organizado.

Porque antes de Félix Gallardo, el narcotráfico en México era un negocio artesanal. pequeños productores de marihuana y amapola en la sierra de Sinaloa, Durango y Chihuahua, que vendían su producto a intermediarios que lo cruzaban a Estados Unidos. No había organización, no había estructura, no había un sistema, cada quien trabajaba por su cuenta.

Félix Gallardo cambió eso para siempre. A finales de los 70 y principios de los 80, Félix Gallardo hizo algo que transformó el narcotráfico mundial para siempre. estableció una alianza comercial directa con los cárteles colombianos de cocaína. Fue el mexicano que cruzó la línea, el que vio la oportunidad donde otros solo veían riesgo.

En esos años, la cocaína colombiana llegaba a Estados Unidos principalmente a través del Caribe y Florida. Los colombianos Pablo Escobar y su cártel de Medellín, los hermanos Rodríguez Orejuela y su cártel de Cali, los hermanos Ochoa. Controlaban la producción en Colombia y el transporte marítimo y aéreo hasta las costas de Florida y los callos de Las Bahama.

El negocio era fabulosamente rentable, pero las autoridades estadounidenses estaban cerrando las rutas del Caribe con operaciones como la fuerza de tarea del sur de Florida, liderada por el vicepresidente George H. W. Bush. Cada vez era más difícil y más caro meter la cocaína por mar o por aire directamente a Florida.

Los colombianos necesitaban una ruta alternativa. Necesitaban un camino que no pasara por las aguas vigiladas del Caribe. Necesitaban un socio que conociera la frontera terrestre entre México y Estados Unidos como La palma de su mano. Necesitaban a alguien que tuviera infraestructura, contactos policiales, protección política y la capacidad logística de mover toneladas de producto a través de miles de kilómetros de territorio.

Félix Gallardo les ofreció todo eso y les ofreció México. El acuerdo era sencillo en su concepción y brillante en su ejecución. Los colombianos entregaban la cocaína en P frontera sur de México en Guatemala o directamente en la costa del Pacífico, mediante lanzamientos aéreos o desembarcos en playas remotas de Guerrero, Oaxaca o Michoacán.

Félix Gallardo se encargaba de todo lo demás. Recoger el producto, almacenarlo en bodegas seguras, transportarlo en camiones, tráilers y avionetas a través de los 2000 km separan la frontera sur de la frontera norte. cruzarlo al otro lado. Ustneles, tráileres con doble fondo, mulas humanas y cientos de putots de cruce que su organización había identificado y comprado a lo largo de la frontera.

A cambio, Félix Gallardo se quedaba inicialmente con un porcentaje del cargamento que oscilaba entre el 30 y el 50%. Un porta fui creciendo a medida que su poder de negociación aumentaba. En cuestión de pocos años, México dejó de ser un productor menor de marihuana y amapola para convertirse en la autopista principal y eventualmente la única, de la cocaína colombiana hacia el mercado más grande y más lucrativo del mundo, Estados Unidos.

Y Miguel Ángel Félix Gallardo era el dueño de esa autopista, el cobrador del peaje, el hombre sin cuyo permiso no cruzaba un solo gramo de cocaína por territorio mexicano. Lo que hizo después fue todavía más importante para entender el México actual. Félix Gallardo creó el sistema de plazas, dividió el territorio mexicano en zonas controladas, plazas, y asignó cada plaza a un operador de confianza.

Tijuana para los hermanos Arellano Félix, el Pacífico para Joaquín el Chapo Guzmán y el Gerüero Palma. Ciudad Juárez para Amado Carrillo Fuentes. El Golfo para otros operadores. Cada operador controlaba su territorio, pagaba una cuota a Félix Gallardo y mantenía la paz con los demás. Era un sistema de franquicias del narcotráfico, un modelo de negocio criminal tan sofisticado que los expertos de la DEA lo compararon con la estructura de la mafia italiana, pero adaptada a la realidad mexicana.

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