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MI AMANTE EL CAMIONERO | RELATOS DE BRUJERIA | RELATOS Y LEYENDAS DE TERROR

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En este mundo existen todo tipo de hombres. Los hay buenos, los hay malos, los hay medio Algunos otros también pueden ser abusivos y los hay despistados. Pero en mi caso, yo siento que tuve mucha mala suerte para conseguir novio. Pues honestamente en mi vida no me había tocado un buen hombre, uno con el que yo quisiera hacer mi vida o alguno que me hablara bonito.

Siempre me habían tocado patanes medios borrachos que solo querían divertirse un rato y nada más. Y eso me entristecía porque veía a mis amigas ya en relaciones más formales. Mis hermanas ya estaban casadas. Lo peor es que yo era la mayor y tenía miedo del refrán ese que dice que chivo brincado es chivo quedado.

Yo no me quería quedar a vestir santos o quedarme cotorra como dicen y siento que ese miedo a estar sola me daba mucha inseguridad y  por tanto dicha condición me llevó a tomar decisiones impulsivas y estoy refiriéndome a usar brujería. Mi vida era completamente normal. Yo trabajaba en una tienda de zapatos vendiendo. Estaba ahí en el mostrador.

No tenía talento para muchas cosas, simplemente tenía una belleza más o menos aceptable. Y no negaré que si tenía un poco de pegue, pero allí a la tienda llegaban puros viejos rabo verde que iban nada más a verme a sacarme plática o incluso el teléfono, pero no más no compraban, aquello me deprimía, pues yo sentía que ya los años me pesaban, que ya se me iba la vida y yo seguía encerrada en ese lugar.

Me daba tristeza que cuando salía de trabajar llegaba a mi casa. Iba directo a cenar, a convivir con mi madre, pues ya solo estábamos ella y yo. Veíamos un rato la novela y entonces a dormir, al día siguiente a trabajar y se repetía lo mismo. La rutina puede destruir a cualquiera. Es como una gota de agua que constantemente golpea una roca. Al final se crean fisuras.

Y así como la roca, la vida de una persona puede explotar, puede derrumbarse. Un mediodía estaba platicando con una compañera en la zapatería. Hablábamos de la suerte en el amor y de esas cosas. Y aquella chica de nombre Natalie me dijo que se había comprado unos jabones y unas velas especiales para un ritual de brujería para atraer el amor.

Ella me recomendó que las utilizara. Para mí eran tonterías, ridiculeces. Sin embargo, aunque lo que me platicaba mi amiga Natalie me parecía tonto, les puedo asegurar que después de un mes, justo a la hora de la salida, vi como un muchacho en un automóvil  llegó por ella para recogerla y llevarla a cenar.

Me sorprendió mucho porque Natalie me aseguró que sus supuestos jabones y sus supuestos rituales le habían traído esa suerte. Y pues aquello no voy a negar que me motivó, me inspiró. Y después de escuchar a Natalie decir tantas maravillas de su relación, entonces ella, al tener la solución para mi situación fue que me acerqué a preguntarle, “Oye, Natalie, no quisiera ser indiscreta, pero de verdad crees que ese ritual que hiciste, el de brujería, fue lo que te llevó a atraer a un muchacho tan bueno como ese que traes de novio? No quiero ser metiche, pero la

verdad me gustaría  intentarlo. Sé que al principio no lo tomé mucha seriedad cuando me lo contaste, pero ahora he llegado a mi límite. Siento que necesito ser amada. Me gustaría vivir una bonita relación como la tuya. Por favor, dime, ¿dónde compraste esas cosas?  Mi amiga Natalie, muy amable, fue entonces que me dio la respuesta.

Con gusto, Gabi, y créeme que sí. Yo estoy segura de que ese ritual de brujería lo hice con mucha fe, que mírame ahora donde estoy con un chico guapo que me quiere, que me trata como reina. Y si te contara cómo me hace el amor, definitivamente, amiga, tienes  que hacer ese ritual. Mira, toma nota. En esta tienda vas a ir a comprar estos artículos.

El ritual es bastante sencillo. Te vas a bañar 7 días con este jabón y después,  en una noche de luna llena, vas a colocar un par de velas rojas al pie de una ventana y entonces vas a escribir una nota exactamente lo que quieres  y posteriormente vas a rezar las oraciones que vienen en el paquetito con las velas.

No tienes que hacer absolutamente nada más. Eso sí, esperar  ser paciente, porque cada proceso es distinto. A mí me tardó un mes, a ti te puede tardar un día o hasta un año. Por ello, es necesario que lo hagas con mucha fe. Confía en mí, Gabriela. Vas a ver que todo sale bien y en un dos  por tres te voy a ver bien feliz y bien enamorada.

Sin pensarlo, en mi siguiente día de descanso fui a esa tienda que me recomendó Natalie. era bastante extraña. Me atendió una mujer que parecía tal cual una bruja y ahí tenía varias cosas: cráneos de plástico, velas, figuras de demonios de la Santa Muerte, todo lo relacionado a brujería. Y entonces  ahí fue que me acerqué con timidez a preguntarle a la señora por esos artículos.

Hasta eso, la señora fue muy cuidadosa, muy discreta. No me preguntó nada, ni siquiera fue metiche. Lo único que me  dijo fue una especie de advertencia. Gracias por tu compra, muchacha. Solo ten cuidado porque las cosas de brujería relacionadas con el amor no siempre salen como uno quiere. Pero si algo te sale mal y llegas a sufrir, no dudes en venir.

Yo te puedo ayudar con lo que necesites. Para eso estoy, para servirte.  Mi nombre es Petra. Te doy mi tarjeta. Cuando gustes, llámame. Le agradecí a la señora. Me retiré a mi casa, llegué y esa misma noche me empecé a bañar con los cabones. Había calculado que cuatro noches después habría luna llena, así que siendo paciente, seguí usando los jabones y llegada la noche ahí ante la ventana de mi habitación se alcanzaba a ver la luna llena perfecta.

Para mi suerte, el cielo estaba bien despejado y entonces coloqué el par de velas rojas, tomé una nota y honestamente no sabía qué poner. Además, una parte de mí aún se sentía rara haciendo esas cosas. Por ello que solamente puse con letra lo siguiente. Por favor, que la vida le traiga un amor a mi vida. Solo pido  eso, un amor.

Comencé a rezar las oraciones que venían en el paquete. Duré así como media hora y entonces soplé las velas y dejé toda la noche la petición ahí a que la luz de la luna le diera directo,  la alimentara y entonces la convirtiera en realidad. Toda la noche estuve soñando cosas  muy raras.

Veía como a un hombre al que no le podía reconocer el rostro me abrazaba. Iba yo sentada como en un tren,  en un autobús. No podía reconocer bien el ambiente, no lo recordaba bien. Y pues bueno, al día siguiente me levanté a trabajar. Me fui un tanto desvelada. Sentía como si me hubieran absorbido toda la energía e incluso mi amiga Natalie lo notó.

Le conté lo que había hecho y ella entendió que por eso es que me veía así de agotada. Ella padeció lo mismo después del ritual. De hecho, el agotamiento le duró tres días, pero ya después se sintió mucho mejor. Fueron pasando los días y yo miraba como Natalie se iba con  su novio.

Este la llevaba en su auto y se veían muy felices. Eso olía a boda, estaba segura. Y mientras tanto, yo tenía que seguir abordando el camión urbano de transporte. La verdad es que lo detestaba porque muchas veces iba lleno. Algunas otras ni siquiera se detenía para subirme, pero era lo que tenía y debía aceptarlo. Esa misma noche, cuando salí, me fui al paradero y esperé. Había varia gente también ahí.

Finalmente el autobús de la ruta 10 llegó y me subí. Y en eso vi que había un chófer, el cual era nuevo. Jamás antes lo había visto. Lo primero que noté es que el tipo hacía ejercicio porque se le notaba en los brazos, en el cuerpo, que estaba bien trabajado, como que iba al gimnasio. Y lo segundo que noté es que el tipo me miró de inmediato, como si se hubiera flechado a primera vista.

Aquello me pareció bizarro. No creía yo que la brujería me hubiera mandado un amor así de rápido y mucho menos un chóer. No es que hubiera algo de malo, pero no era lo que yo hubiera esperado. Mínimo algo como lo de mi amiga Natalie. Cuando le pagué al chófer y me entregó el boleto y el cambio. Él colocó las monedas en mi palma de mi mano y entonces con el dedo hizo como una caricia.

Ya saben, esa señal pretenciosa que se suele utilizar. El tipo me miró con ojos coquetos y yo lo único que hice fue sentir un poco de repudio. Pero entonces, como el camión estaba lleno, me tocó estar parada casi cerca de donde estaba el chóer. Me sentía bastante incómoda porque él me miraba por el espejo.

Cada que podía me miraba. Incluso me hizo la señal de un besito con la boca y me guiñó el ojo. El tipo era un descarado. Me estaba coqueteando directamente y yo sabía que seguramente era una señal que debía evitar, pero pasarían cosas que de verdad no me esperaba y poco a poco las cosas cambiarían en mi mente. Los siguientes días, por casualidad, me llegó a tocar varias veces el mismo chóer.

A veces me saludaba cálidamente o me hacía un piropo, pero yo no le hacía caso. La verdad, me parecía aberrante que un hombre tan vulgar estuviera en mi vida. Y pues una ocasión, estando yo ahí parada, iba a bordo de ese autobús, cuando en eso vi que el chóer me miraba por el espejo. En eso una persona hizo la parada tocando el timbre.

El chóer se dirigió hacia un punto donde pudo detener el autobús y en eso nos fuimos recorriendo un poco para atrás, pero delante mío iba un sujeto que como pareciendo desesperado quiso avanzar un poco más hacia atrás y entonces el sujeto directamente con su mano me tocó los glúteos, le dio un apretón bien duro, maldito miserable, me puso una torteada como nunca me la habían dado y en eso que le doy una cachetada.

viejo mañoso, ¿por qué no baile agarrar las nalgas a su abuela? Qué asco. ¡Lárguese de aquí! Aquel tipo puso una cara como si no hubiera hecho nada e incluso negó su culpa. ¿Estará loca usted, vieja? Yo no le agarré nada. Ni siquiera tiene nada que le agarre. Mírese, está toda tabla. Y no esté chingando.

No me acuse de cosas que no hice. No me vaya a meter usted en un problema. En eso el tipo quería avanzar, pero otro sujeto lo detuvo argumentando que él vio cómo me agarró. En eso el chóer, al ver el argüende y la alegata que había atrás detuvo el camión y entonces caminando fue a donde estábamos. Pues, ¿qué está pasando aquí? ¿Qué argüen traen? En eso la gente le dijo al chóer que el tipo ese me había agarrado el trasero y es como si al chófer se le hubiera metido el  porque le dio coraje que a mí precisamente me hayan toqueteado en el

camión. Y el problema es que el tipo seguía negando todo y el chóer no le creía nada y le pidió a la gente que lo ayudaran a bajarlo. Mira nomás que te faltan huevos tan  viejo y rabo verde. Órale, vamos para fuera. Vamos a agarrarnos a putazos a ver si conmigo si puedes. Ayúdenme. Vamos a sacarlo a la chingada.

Se bajó el chóer bien enojado. La gente estaba bien emocionada porque se iban a pelear y aquel tipo pues ya no le quedó más que dejarse llevar por la multitud que lo empujaba por las escaleras. Justo apenas cuando iba a pisar el último escalón, alguien por detrás le metió una patada.

El tipo salió volando y se cayó de puro hocico en el pavimento. Al chóer ya le dio lástima y lo único que hizo fue ponerle el pie en la cara y lo amenazó. Donde te vuelva a ver en mi camión otra vez, hijo de tu madre. Vas a ver cómo te mato. Y peor tantito, te vamos a llevar con la policía para que te metan a la cárcel un ratito, para que ahí dentro den el trato que te mereces por abusivo.

Aquel tipo se quedó ahí tirado. El chóer se volvió a subir y me preguntó si estaba bien. Disculpe, señorita. ¿Se encuentra usted bien? Venga, siéntese aquí junto a mí. Yo la voy a cuidar. Ya cuando necesite bajarse me avisa, pero me aseguraré de que nada le pase. Aquel chóer sacó una especie de banquito, lo colocó junto a su asiento y me pidió que me fuera ahí.

Sentí mucha presión porque la gente me miraba, pero yo veía como que el tipo se había aprovechado de la situación para coquetearme, pero a final de cuentas terminé ahí junto a él. El tipo me dijo que se llamaba Saul. empezó a sacarme plática y la verdad no negaré que empezó a hacerme reír. Decía cada cosa, cada ocurrencia y me di cuenta de que se veía como un buen hombre, un tipo centrado.

Y es que es una realidad que los chóeres a veces tienen fama de groseros, de albureros, de aprovechados, pero Saúl no. Como dije, se veía centrado. Incluso me di cuenta que  era muy apuesto. Noté que tenía un tatuaje. Para mí eso era algo que iba contra mi criterio. Pero aún así, inconscientemente, cuando estábamos en un semáforo en rojo, le toqué el brazo y le pregunté que ese tatuaje de qué era.

Este tatuaje se lo dediqué a mi jefecita, que en paz  descanse. La verdad es que la extraño mucho. Ella me enseñó cosas muy buenas de la vida y pues ni qué decir. Siento que con ese tatuaje la traigo siempre conmigo. Pasamos un rato agradable, la gente no más se nos quedaba viendo y pues llegué al punto donde me tenía que bajar.

Me despedí de Saúl. Él me tomó de la mano y me dijo que le gustaría verme de nuevo, que un día ojalá y fuéramos al cine o a cenar. No le dije nada, solo me bajé. Pero admito que estaba emocionada porque aquel tipo se veía buena persona. Caminé media cuadra hasta entrar a mi casa. Llegué y como de costumbre vi la novela con mi mamá.

Que en las escenas románticas solo veía como los protagonistas se daban besos y hacían el amor. Y mientras que mi mamá disfrutaba con su cafecito y su panecito, yo me imaginaba como si Saúl me estuviera haciendo el amor y me amara de por vida. Aquel muchacho me había pegado una ilusionada tremenda. Además, sabía que la brujería había hecho cosas a mi favor.

Por ello, tomé todo lo sucedido como una señal. Tampoco voy a negar que me gustó mucho que me defendiera. Se veía ahí tan fuerte, tan varonil, protegiéndome como si de verdad yo le importara. Al día siguiente no me tocó verlo, pero al tercer día sí. Ya allí en la noche él me tenía reservado el banquito. La verdad es que ya no me importó lo que la gente dijera.

Me senté ahí junto a él y empezamos a platicar. Y ahí es donde él me invitó a cenar después de que terminara su jornada. Oye, Gabi, ya nada más terminó esta vuelta de ruta y voy a entregar el camión. ¿Qué dices? ¿Te vas conmigo a cenar un rato, me gustaría conocerte un poco más. Sabía que ya era tarde y no sabía qué pretexto ponerle a mi mamá.

Pero en fin, las cosas estaban complicadas, pero aún así tomé el riesgo. Le mandé un mensaje de texto a mi madre avisándole de que Natalie me había invitado a una fiesta, que no nos tardaríamos mucho, que llegaría a eso de la medianoche. Mi mamá me dijo que sí, pero que me cuidara. Ella le tenía mucha confianza a Natalie, pues anteriormente llegué a salir una o dos veces con ella.

Y mientras tanto acá acompañé a Saúl a terminar la vuelta. Cuando fuimos a que registrara su salida, volvimos a subirnos al autobús y como si fuera nuestro vehículo personal fuimos a cenar a unos tacos. Saúl pidió tacos y también pidió unas cervezas. Estuvimos ahí comiendo, bebiendo un poco y pidió otro seis de cervezas para llevar.

Nos subimos al autobús y entonces fuimos a un valdillo que estaba ahí cerca de mi casa. Saúl puso música en el estéreo del camión y estábamos ahí sentados platicando, conociéndonos. De pronto puso una cumbia que le gustaba mucho. Y aunque a mí esa música no me gustaba del todo, Saúl me invitó a bailar. Vente, Gabi, ¿sabes bailar cumbias? Esta me  encanta.

Vamos a echarnos un pasito y si no sabes, ahorita te  enseño. Ni siquiera le pude decir que no, porque en un dos por tres Saúl ya me tenía ahí parada junto a él. me tomó de la cintura y estaba moviéndose a un ritmo que yo no lo podía seguir. Me sentía más tiesa que un tronco. Ya veo, Gabi, que no sabes bailar, pero eso no es realmente importante.

Ahora que te veo bien de cerquita, estás  bien bonita y me pregunto si así como bailas besas, porque de ser así, entonces también tendré que enseñarte. Saúl me pegó un beso y y de inmediato todo mi cuerpo empezó a vibrar. Estaba emocionada y relajada con las cervezas que no me pude negar y al contrario le seguí la corriente.

Comenzamos a darnos uno y otro beso. Saúl me miraba y con sus brazos fuertes me sujetaba, mientras que yo cada vez ponía menos resistencia para que me fuera quitando la ropa. Me gustas  mucho, Gabi. Desde el primer momento en que te vi sabía que eras para mí. Creo que estoy enamorado y ya no lo puedo evitar.

Quiero hacerte el amor aquí mismo porque ya no me aguanto las ganas. Le dije a Saúl que tenía miedo porque aunque había tenido novios, jamás había tenido intimidad. Pero aquello, en lugar de que hiciera que Saúl me respetara, al contrario, lo encendió mucho más. Ay, no me digas que eres virgencita, Gabi. Qué rico. Entonces, créeme que para mí va a ser todo un honor que aquí, a bordo del maldoso, yo sé quién te haga, mujer.

De verdad, te voy a tratar como una reina. Gabi, déjame amarte, por favor. No te me niegues.  Aquello me dio risa porque en la parte frontal del parabrisas de su camión, Saúl tenía unas letras que decían el maldoso. Era la manera en que él apodaba a su camión. Y pues prácticamente con ese chiste fue que terminó haciéndome suya. Ya no me pude negar.

Le abrí mi cuerpo, mi corazón y mi alma para que él ahí a bordo de su camión me hiciera suya. Yo no más le mordía el hombro mientras él completaba su tarea de hacerme sentir como ningún hombre antes lo había hecho, pues Saúl era el primero y ahí realmente, y tal y como él lo dijo, me hizo mujer. Terminamos empapados en sudor, pero abrazados y recargados ahí en los asientos del camión.

Eran bastante duros e incómodos, pero durante el acto eso ni siquiera importó. Saúl sacó un cigarro, empezó a fumar mientras me abrazaba y me hablaba de todos sus sueños. Yo lo veía ya completamente enamorada. Él también lo estaba de mí. Y entonces fue que aquella historia de amor comenzó y me di cuenta que la brujería me había traído ese regalo, un buen hombre que me trataba bien.

Al día siguiente llegué feliz con Natalie a presumirle lo que había pasado. A mí ya no me importaba que por ella pasaran a recogerla en un bonito carro, en cambio, a mí en un camión urbano. lo importante era el amor y que tanto ella como yo éramos felices y que no había una competencia ni nada por el estilo.

Con Saú viví cosas muy bonitas. Íbamos al cine, salíamos, pero él tenía horarios de trabajo muy pesados. A veces empezaba muy temprano y terminaba después de las 10, 11 de la noche, por lo cual a veces solo nos veíamos un rato en su día de descanso. Y para mí eso era poco, porque yo quería tenerlo conmigo siempre toda la vida.

Si él me llevaba a vivir a su casa, yo estaría feliz, aunque no viviéramos en algún lugar lujoso. A mí lo que me importaba era lo que él me daba y cómo me hacía sentir como  mujer. Se nos fueron varios meses de esa forma. Yo estaba emocionada porque veía a Saúl bien entusiasmado. Cada que nos veíamos, él me trataba muy bien y me hacía el amor. Muchas veces allí en su camión.

A veces, incluso, hasta estacionábamos el camión afuera de un motel y nos metíamos corriendo. La verdad es que muchas cosas no importaban. Yo me sentía libre y plena con él y hasta le llegué a platicar a mi madre. Lo único que me daba tristeza es que Saú me decía que hasta que formalizáramos algo, podríamos ir a conocer a mi mamá para que yo lo presentara ante ella.

me fue dando largas y entonces fue que empecé como a desanimarme porque sabía que Saú de alguna forma solo estaba divirtiéndose conmigo mientras que yo estaba enamorada, pero no tenía ningún argumento para terminarlo. Realmente él era como un príncipe para mí. Nunca me gritó, ni me ofendió, ni me trató mal. Siempre fue respetuoso, cálido, amoroso y muy maduro.

Pero, ¿saben? Todo ese sueño del cuento de hadas adentro de un camión urbano con ese chóer. En algún punto tenía que llegar a un declive. Fue una tarde de mediodía, era mi día de descanso e iba junto con mi madre. Íbamos a las compras y pasamos cerca del boulevard. Cuando en eso vi que pasó el camión que pertenecía a Saúl. Seguramente él no nos vio, pero vi como se paró a unos metros de distancia, justo en el paradero y ahí  entonces Saul bajó por un instante.

Ni siquiera terminó de bajar del autobús, se quedó ahí en el último escalón y en una señora entonces se  le acercó y le entregó unas tortas en bolsa y un refresco. Cuando ella lo hizo, yo me imaginé que le pagaría porque las había comprado, pero no. Aquella mujer parecía que se las había preparado y Saúl, Saúl en agradecimiento le dio unos buenos besos.

Aquella mujer le dio la bendición mientras Saúl agachaba la cabeza humildemente y entonces regresó a conducir y arrancó el camión. La mujer se quedó ahí sentada, sacó su teléfono y entonces le pedí a mi mamá que nos acercáramos porque necesitaba averiguar algo. Mi idea era preguntarle a la mujer quién era, porque había besado a mi novio de esa forma.

Pero no hubo necesidad. En cuanto nos sentamos en el banquillo de al lado, solo bastó con ver como la mujer sacó el celular y empezó a llamar y dijo algo que me rompió el  corazón. Buenas tardes, mamá. ¿Cómo vas? ¿Ya pasaste por los niños a la escuela? Yo ahorita ya acabo de dejarle la comida a mi marido.

Ya se fue. Ahorita paso allá a tu casa. Dime si necesitas algo. Más o menos llego como en una media hora. Ahí entendí todo. Saúl era casado. Todo el tiempo me había engañado. Volteé a ver a la mujer y créanme que era realmente guapa. Tenía un cuerpazo pese haber tenido ya hijos. Y eso creo que me dio más coraje porque me sentí como una basura.

Entendí que no podía competir por el amor de Saúl con una mujer tan monumental a su lado. Fue inevitable que se me salieran las lágrimas. Me levanté y le pedí a mi madre que nos fuéramos. Ella no entendía nada. Pero cuando llegamos a la casa le tuve que contar todo. Le conté que Saú realmente estaba casado con esa mujer del paradero y que me había engañado.

A mi madre le dio coraje y pues yo estaba muy avergonzada. Mientras tanto, Saúl me escribía y me mandaba mensajes. Me llamaba, pero no le contesté. Sentía mucho coraje con él, con su mujer. Tenía ganas de ir a matarlo, de ofenderlo, de gritarle a todo el mundo que era un maldito patán, un infiel y que me había utilizado.

Pero me di cuenta que la única burra y que quedaría como pendeja  sería yo, que solamente iba a mostrarme como tonta y me humillaría ante el público. Por eso es que recordé las palabras de la señora Petra, quien me pidió que si tenía alguna situación o cualquier cosa relacionada con las consecuencias de una brujería, que entonces la buscara.

Obvio no le conté a mi mamá que había hecho un trabajo de magia para atraerlo y mucho menos que haría otro para vengarme. Pero créanme que al siguiente día de descanso que tuve, estuve ahí presente en el lugar de la señora Petra. Le llevé una foto y también algunas cosas que me pidió.

Lo demás ella lo puso de ahí de su negocio y entonces comenzó  con el ritual. Ay, muchachita, entonces te rompió el corazón este joven. Pues, ¿cómo es que hiciste el ritual? A ver, explícame. Cuando le dije todo y como escribí en  la nota, aquella señora me regañó. Pues es que tú también, mija, no seas tonta. Si no le pusiste que querías un amor así como ya.

Pues entonces la vida te mandó lo primero que se le acercó. Debiste ser más específica, colocar más características positivas de ese amor que soñabas. Por ello es que la cosa te salió mal. Tú fuiste la primera responsable. Pero mira ya como te salió todo. Y si ahora quieres que sigamos con esto, pues entonces vamos a darle un escarmiento a ese miserable, porque seguramente así como a ti, también ya ha de haber embaucado a otras muchachitas y se las ha de haber llevado a bailar cumbia y hacer las suyas en el camión.

La señora Petra tomó la imagen.  Ella tenía una vela negra encendida. Empezó a rezar y cuando empezó a escurrir la cera la empezó a dejar caer sobre la fotografía. mientras recitaba algunas palabras.  Cuando terminó, me entregó unos alfileres, me pidió que los encajara  en donde yo quisiera y que me concentrara con todo mi odio en que aquello me traería una venganza dulce, la venganza que yo estaba pidiendo.

Créanme que tomé uno a uno esos alfileres, los fui encajando mientras sentía como se me retorcía el hígado de coraje de solo acordarme de la risa y del cómo es que Saúl me había visto la cara de pendeja. Estaba enojada, irritada.  Tenía ganas de destruir todo lo que tenía enfrente mío, pero principalmente a ese hombre.

Estuve llorando en la sesión con la señora Petra. Ella estuvo ahí dándome palabras de aliento y consolándome. Me preparó un tecito relajante y me fui a casa a descansar. Dormí como hacía tiempo no lo hacía. Y pues después de aquello, pues también tuve que contarle las cosas a Natalie. Le dije que la brujería me había salido mal y que pues todo había sido mi culpa por pedir mal.

Sin embargo, también le platiqué que había hecho una venganza, que estaba bien enojada. A Natalie le daba miedo mi reacción. Me decía que las cosas se podían poner mucho peor y pues solo era cosa de tiempo para esperar qué cosas ocurrían o cómo es que todo esto terminaba. Pasó el tiempo. Estuve evitando la ruta en la que conducía Saúl.

Él me confrontó una vez por llamada y le dije que ya no quería saber nada de él, que lo había visto besándose con una mujer y él, aunque trató de evadir y mentir, le dije que ya no tenía caso, que ya  no quería verlo. Me daba más coraje, que incluso hasta negó a su esposa. Pero yo ya no quería saber nada de él, quería que pagara.

Y así que cada que salía del trabajo y veía que él venía manejando en su dichoso maldoso, yo lo que hacía era que mejor me esperaba hasta el siguiente. Y así fue durante un tiempo. Y en una ocasión estaba medio llovisnando, se venía una tormenta. Ya habían pasado como 6 meses y en eso vi que se acercaba un camión y a la distancia vi que se trataba del camión de Saúl.

Y por las circunstancias climáticas no me tocó más que subir, pero eso sí sabía que lo iba a evadir. Al abordar me di cuenta que Saúl no era quien manejaba. Eso me resultaba raro porque era el mismo camión. Pero entonces, después de pagarle al chóer, vi que ahí junto al retrovisor tenían una foto que correspondía a Saul. La foto era en blanco y negro y tenía un moño negro.

De inmediato me imaginé algo trágico. Por ello es que le pregunté  al chóer qué había pasado. Disculpe, chóer, este camión le pertenecía a ese muchacho de la foto, ¿no es así? Él era amigo mío. Dígame qué le pasó, porque esa fotografía parece como si él ya hubiera muerto. Aquel chóer se puso como triste. Quizá también era muy amigo de Saú.

Híjole, herita, pues ni qué decirle. Ya fue hace como un par de meses, pero aquí al buen Saúl pues no quiero ser indiscreto, pero lo mataron. Cosas de faldas. Dicen que se metió con una mujer que era casada y pues el marido fue y lo buscó. Lo encontró y le metió un par de plomazos, uno en la cabeza y uno en el pecho. El pobre ya no pudo resistir.

Nadie sobrevive a unos disparos así. Pero pues mire, allá mi compadre le gustaba la mala vida. era adicto a las mujeres y a sus encantos. Y pues mire, todo terminó pagando. Lástima por su mujer que se quedó con los niños ella sola. Ahorita la pobre no encuentra trabajo y pues se las anda batallando, pero yo espero que Dios la socorra.

Ella es joven para recer alguien que le pueda ayudar porque es buena mujer. Ella siempre estuvo al pie del cañón con mi Saúl, a pesar de que él era un cabrón. Pero pues Dios me lo tenga en su santa gloria, porque como quiera que haya vivido, él siempre fue responsable. Le agradecí la información al chóer, acepto que me sentí triste, sobre todo culpable.

Creo que al haber pasado tanto tiempo, el coraje ya se me había ido. Y entonces me di cuenta de lo que había hecho, de lo que había logrado con brujería, que no había sido para nada bueno. Le mandé un karma a un embrujo y terminó mal. Terminó bajo tierra Saúl y entonces entendí que había desamparado a unos niños inocentes,  había dejado a una mujer sin marido y entonces, más allá de haberme desquitado, les había complicado la vida a esas pobres gentes.

Aquello me hizo llorar. Me sentí una basura de persona. Tenía ganas de vomitar de lo mal que me percibía. Yo era mala, era muy mala, quizá hasta peor que Saú. Y aquel sentimiento de culpa me duró mucho tiempo. Hasta la fecha lo tengo. Y también sé que he pagado porque hoy en día que ya pasó tiempo, vivo sola con dos hijos.

El hombre con el que me involucré terminó yéndose de la casa. No más vino a embarazarme y se largó. Ya no supe nada. Ahora estoy batallando igual como esa mujer a la cual le provoqué lo mismo. La vida no es fácil cuando tienes dos hijos y estás sola. Todo se complica, el mundo es más difícil y pues honestamente  sé que lo que yo tengo, yo me lo busqué.

Fueron mis decisiones las que me pusieron aquí. Y hay cosas que ya no puedo remediar, pero créanme que cada día trato de esforzarme lo más posible por hacer mejor las cosas y darles un buen ejemplo a mis hijos. Pero sé que hay algo más. Hay un karma o algo que debo  pagar porque por mi culpa y mi brujería, un hombre perdió la vida.

Y eso eso es algo muy grave que ante los ojos de Dios se paga con el infierno y sobre todo con una condena en vida que pesa como una culpa,  como una piedra en la espalda que no te deja avanzar porque te aplasta, te detiene y entonces no te afecta solo a ti, sino a quienes te rodean. Y en este caso quienes también salieron perdiendo fueron mis hijos.

Oh.

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