4 de abril de 1958, Beverly Hills, California. Son las 9:30 de la noche del viernes santo. En una casa de dos pisos en la calle Bedford Drive, una niña de 14 años está en la cocina, tiene en la mano un cuchillo de carnicero. Lo acaba de tomar de un cajón. Lo mira durante 3 segundos y empieza a subir las escaleras en silencio, con los pies descalzos hacia el segundo piso.
Arriba, en el dormitorio principal, escucha gritos. Una mujer está llorando. Un hombre está rugiendo amenazas. La voz del hombre dice en inglés una frase que la niña va a recordar palabra por palabra durante el resto de su vida. Le dice que va a desfigurarla, le dice que va a cortarle la cara, le dice que cuando termine ningún estudio de cine va a querer contratarla.
Y la mujer llorando le suplica que se calme, le suplica que se vaya, le suplica por su vida. La niña está parada delante de la puerta. Tiene 14 años. Lleva una camisa rosa pálida. Sus manos tiemblan, pero el cuchillo no. La puerta se abre. El hombre, alto, musculoso, con el rostro deformado de furia, está delante de ella.
La niña no piensa, no grita, no llama a la policía, simplemente avanza el brazo y le clava el cuchillo en el estómago una sola vez hasta el mango. El hombre la mira sin entender, se tambalea, mira hacia abajo, ve la sangre que ya empieza a manchar su camisa blanca, mira de nuevo a la niña y dice una sola frase antes de caer de rodillas.
Dice, “Mi Dios, Sherl, ¿qué hiciste? Se desploma sobre la alfombra del pasillo. Muere en 5 minutos. La niña se llama Sheryold Cran. El hombre que acaba de matar es Johnny Stompanato, un mafioso conocido del crimen organizado de los ángeles. Pero la mujer que está dentro de la habitación llorando en silencio, congelada de terror sobre su propia cama, no es una mujer cualquiera.
Lana Turner, la actriz más cotizada del cine americano, la diosa rubia de la Metro Goldwin Mayor, la pineupamos de la Segunda Guerra Mundial, la estrella nominada al Ócar pocos meses antes por Payton Place, la madre de Sheryold. En 5 minutos, esa familia va a entrar en uno de los escándalos más grandes de la historia de Hollywood.
Una niña de 14 años acaba de matar al amante violento de su madre con un cuchillo de cocina. Ilan Turner esa noche va a tomar la decisión más importante de su vida. una decisión que va a determinar el resto de los 37 años que le quedaban en este mundo. Esta es la historia de Julia Jean Mildrid Francis Turner, una niña pobre del estado de Idaho que se convirtió en la pinuporada de los soldados americanos.
una mujer que se casó ocho veces, una madre que vio a su hija matar para protegerla y una estrella que pasó las últimas décadas de su vida intentando esconderse de un nombre que ella misma había construido. Empieza en una choa de madera en las montañas de Idaho termina en un departamento de Centry City con un cigarro en la mano y un cáncer de garganta avanzado.

Y entre las dos fechas hay tantas tragedias, tantos divorcios y tantos secretos que cuesta creer que todo le pasó a una sola mujer. 8 de febrero de 1921. Walles Idaho. Es un pueblo minero diminuto en lo alto de las montañas rocosas. Hay nieve en los tejados durante 6 meses al año. Las casas son de madera, las calles son de tierra.
Cuando llueve, todo se convierte en barro. En una casa pequeña sin calafacción, una mujer de 15 años está dando a luz. Se llama Mildred Franz Coen. Tiene 15 años. 15. Es casi una niña ella misma. A su lado, su marido, Virgil Madison Turner, tiene 20 años. Es minero, trabaja en las minas de plomo del condado.
Loading ad...
A las 2 de la madrugada, en esa habitación helada, nace una niña. La llaman Julia Jean Mildred Francis Turner. Es bonita, tiene los ojos grandes, la piel pálida, una mata de cabello castaño claro que va a oscurecer con los años. La familia Turner en 1921 no tiene nada. Virgil gana lo justo para comer.
Mildred, demasiado joven para verse casado, no sabe cocinar todavía. La pequeña Julia crece sin juguetes, sin libros, sin zapatos. Durante el verano, cuando la familia se muda a San Francisco en 1927, las cosas no mejoran. Virgil empieza a beber. Mildred trabaja como peluquera para sostener la familia, pero el verdadero golpe llega en 1929.
Julia tiene 8 años. Una noche de diciembre, Virgil Turner sale de un bar de San Francisco. Lleva una semana de salario en el bolsillo. Está borracho. Camina por una calle oscura. Tres hombres lo siguen. Lo arrinconan en un callejón. Le piden el dinero. Virgil intenta resistir. Uno de los hombres saca un cuchillo, le da una puñelada en el estómago.
Los tres hombres huyen con el dinero. Virgil Turner se desangra en ese callejón. Muere que llegue la ambulancia. La policía nunca encuentra a los asesinos. El caso queda sin resolver. Mildred y la pequeña Julia, de 8 años se quedan solas en San Francisco sin un centavo, con una hipoteca que no pueden pagar. Hay un detalle que muy pocas biografías cuentan, pero que va a marcar la vida de Julia para siempre.
Cuando le anuncian a la niña que su padre ha muerto, ella no llora inmediatamente. Se queda en silencio durante varios minutos. Su madre, asustada le pregunta si entiende lo que pasó. Y entonces Julia de 8 años dice una frase que su madre va a contar muchas veces en los años siguientes. Dice, “Mi papá murió porque era pobre mamá.
Si hubiéramos tenido más dinero, ¿no le habrían robado?” Esa pregunta hecha a los 8 años va a determinar cada decisión que Julia Turner tomara durante el resto de su vida. va a ser la razón por la que aceptara cualquier papel cuando MGM la descubriera. Va a ser la razón por la que se casara con un millonario.
Va a ser la razón por la que durante 74 años viviera con un terror constante a perderlo todo, volver a Idaho. Hay otro detalle que solo se publicó décadas después en una entrevista que dio Mildred Francez a una periodista en 1968. Después de la muerte de Virgil, Mildrid no podía pagar el funeral. No tenía dinero ni para un ataúd barato.
Fueron unos vecinos los que pagaron el entierro. Pusieron a Virgil Turner en una tumba sin nombre en una fosa común del cementerio de Colma al sur de San Francisco, Isel. Durante casi 10 años esa tumba quedó sin lápida. Solo en 1938, cuando la pequeña Julia ya había firmado con MGM y empezaba a ganar dinero, su primera compra después del primer cheque grande no fue ropa, no fueron joyas, fue una lápida de mármol blanco para la tumba de su padre.
Una lápida con una sola frase tallada. decía en inglés para mi papá, la hija que nunca supiste tenías. Esa lápida en el cementerio de coma sigue ahí en 2026. Lana Turner la mandó a hacer cuando tenía 17 años. la pagó con su primer sueldo verdadero. Cada año, hasta el último año de su vida, Lana Turner viajaba en secreto a esa tumba para dejar flores, sin fotógrafos, sin asistentes, sola.
Era el único lugar del mundo donde no era una estrella, solo era Julia Jean Turner, una niña que perdió a su padre a los 8 años porque eran demasiado pobres para protegerlo. Mildred y Julia se mudan a Los Ángeles en 1931. Mildred consigue trabajo en un salón de belleza en Wilsher Boulevard. Julia entra en una escuela pública.
Es una niña tímida, callada, que casi no habla con sus compañeras. Ya. Entonces era extraordinariamente bonita, pero no lo sabía. Su madre, demasiado ocupada trabajando 14 horas al día, no se lo decía nunca. Y entonces, en 1937, en una cafetería de Hollywood llamada Top Hat Café ocurre el momento que cambia todo. Julia tiene 16 años.
Está sentada en un taburete bebiendo una Coca-Cola, esperando que su madre termine de trabajar al otro lado de la calle. Lleva un suéter ajustado, una falda gris, calcetines blancos. está leyendo una revista de moda. Un hombre se acerca, tiene unos 40 años. Le pregunta si quiere ser actriz. Julia, sorprendida, le dice que no sabe.
Él le entrega una tarjeta. La tarjeta dice William R. Wilkerson. Es el director del Hollywood Reporter, una de las revistas más influyentes del cine. Le dice que la presente a un agente, le da el nombre y la dirección. La leyenda de Hollywood, que va a circular durante décadas, dirá que Lana Turner fue descubierta en un drugstore tomando un Coca-Cola con un suéter ajustado.
La leyenda es casi cierta, solo cambian dos detalles. No era un drugstore, era una cafetería. Y Wilkerson no era ese día un descubridor de talentos, era simplemente un hombre que había visto durante 15 segundos la belleza más rara de su carrera. Tres semanas después, Julia firma su primer contrato cinematográfico. Le cambian el nombre. Julia Turner.
Suena demasiado austero, le dicen los productores. Necesitan algo más exótico, algo que las marquesinas puedan iluminar de noche. Le proponen Lana. Ella, indiferente, acepta. Julia Jean Mildred Francis Turner desaparece esa tarde y nace Lana Turner. A los 16 años. La pinup más fotografiada de los siguientes 20 años acaba de ser bautizada por un grupo de agentes que casi no la miraban a los ojos.
Su primera película llega en 1937, se llama They Won’t Forget. Es una película pequeña sobre un crimen en una pequeña ciudad del sur. Lana, en un papel diminuto aparece caminando por una calle. Lleva un suéter rojo ajustado. Camina con una languidez que las cámaras nunca habían visto en un adolescente. Su busto se mueve a cada paso.
La escena dura 15 segundos. Esos 15 segundos van a cambiar la cultura americana entera. Cuando la película se estrena, los hombres en los cines aplauden esa única escena. Las cartas empiezan a llegar al estudio. Las jóvenes empiezan a comprar suéteres ajustados. Los periodistas la bautizan inmediatamente con un apodo que va a perseguirla durante los siguientes 30 años.
La llaman Sweater Girl, la chica del sweater. A los 16 años, Lana Turner es una sensación nacional. Pero MGM, el estudio más poderoso de Hollywood, ya había puesto los ojos sobre ella. La firman en 1938. Le dan un contrato de 7 años. La someten al mismo régimen brutal que le aplicaban a todas sus jóvenes estrellas. Anfetaminas para mantener el peso, somníferos para dormir, sedantes para los rodajes.
Lana, de 17 años empieza a tomar pastillas que le dan unos hombres en bata blanca sin que nadie le explique exactamente qué son esas pastillas. Igual que con Elizabeth Taylor 5 años después, van a crear una dependencia química que Lana Turner nunca va a poder soltar. A los 40 años todavía tomaba algunas, a los 60 todavía, a los 70 todavía.
MGM le robó la posibilidad de tener un cuerpo limpio y le robó algo más. Le robó la posibilidad de aprender qué era el amor sano. Porque mientras filmaba sus primeras películas, los productores empezaron a presentarla a los hombres más poderosos de Hollywood. Le organizaban citas, le decían que tenía que dejarse ver con tal o cual actor, le explicaban que el cine era un negocio de imágenes públicas y que su imagen tenía que incluir a hombres famosos al lado.
A los 18 años, Lana Turner ya estaba saliendo con Howard Huges, el magnate excéntrico de la aviación. Tony Martin, el cantante, Robert Stack, el actor, Tommy Dorsy, el director de orquesta, Tyrone Power, el galán número uno de Hollywood. Pero el primer hombre que se casó con ella la sorprendió incluso a ella misma. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios.
Nos encanta saber desde qué país nos siguen. 13 de febrero de 1940. Lana tiene 19 años. Está en un night club de Sunset Boulevard, frente al escenario dirigiendo su orquesta hay un hombre de 30 años. Es delgado, oscuro, con un bigote fino y los ojos negros intensos. Se llama Art Shaw. Es uno de los músicos de jazz más famosos de la era del swing.
Acaba de divorciarse de la actriz Betty Kern. Esa noche, Lana y Ardy hablan durante una hora entre canciones. Al final del concierto, le propone algo absurdo. Le dice, “Casémonos, esta noche vamos a Las Vegas.” Lana, riéndose, le dice que no puede ser en serio. Yy le dice que sí, que tiene su carro afuera, que pueden estar en Las Vegas en 4 horas.
Lana tiene 19 años, no conoce a este hombre. Pero hay algo en ella, algo de esa niña pobre de Idaho que perdió a su padre a los 8 años, que necesita desesperadamente un hombre que decida por ella, que la rescate, que la lleve lejos. Sube al carro. A las 5 de la mañana, en una capilla de Las Vegas, Lana Turner se casa con Art Shaw, sin avisar a su madre, sin avisar a MGM, sin avisar a nadie.
Cuando la noticia se sabe, dos días después, MGM monta una crisis. Sus ejecutivos llaman a Shaw. Le explican que la imagen pública de Lana es propiedad del estudio. Le piden, casi le exigen que el matrimonio se cancele rápidamente. Pero Ardawan también tiene su propio carácter. Y Lana durante los primeros meses descubre que el hombre con el que se acaba de casar es algo que ella no esperaba. Es un intelectual.
Es ferozmente celoso. Le prohíbe tener amigas. Le prohíbe maquillarse cuando él no está. Le prohíbe hablar con otros hombres. La encierra durante días enteros en su casa de Beverly Hills. Le hace leer libros que él elige. Lana, a los 19 años se siente atrapada. Después de 4 meses hace una cosa que nadie esperaba.
toma un avión a México y se hace abortar en una clínica clandestina en Tijuana. No le pide permiso a Art, no le dice nada, simplemente lo hace. Cuando vuelve, le dice a Artio se acabó. Se divorcian el 12 de septiembre de 1940. El matrimonio había durado 7 meses, pero esa primera experiencia, ese primer aborto clandestino a los 19 años va a marcar a Lana Turner para siempre.
Va a ser una decisión que ella va a llorar en privado durante las cinco décadas siguientes. En su autobiografía publicada en 1982, Lana confesaría algo terrible. diría que esa primera abortación fue el momento más oscuro de su vida, más oscuro que el asesinato de su padre, más oscuro que el escándalo stompanato.
Diría, yo había abortado a un hijo que quizás iba a ser el único que iba a quererme de verdad y lo hice por la rabia, no por amor a mí misma. Esa confesión hecha a los 62 años dice mucho sobre la mujer que se casó ocho veces, sobre la mujer que pasó 74 años buscando en cada nuevo hombre, lo que había matado a los 19 años en una clínica de Tijuana.
Mientras tanto, su carrera explotaba. En 1941, MGM la pone en Honkey Tonk, al lado de Clark Gable. La química entre los dos es eléctrica. Los rumores empiezan inmediatamente. Gable, casado con Carol Lombard niega cualquier romance. Lana también niega. Pero los testimonios posteriores de los empleados del estudio sugieren que sí ocurrió algo.
Una relación corta, intensa, ocultada por MGM con una eficiencia profesional. Cuando Carol Lombard muere en 1942 en un accidente de avión, Gable está devastado y Lana, según los testimonios, fue una de las mujeres que intentó consolarlo en los meses siguientes, pero Gable nunca volvió a estar con ella seriamente.
Lana, una vez más tuvo que admitir que no era ella la mujer elegida. Sus segundos matrimonios llegan rápidamente. En julio de 1942, Lana se casa con Stephen Cran, un restaurador de Indiana. Se casan en Las Vegas otra vez, pero hay un problema. 4 meses después, Lana descubre algo que la deja paralizada. Steven Cran no estaba legalmente divorciado de su primera esposa cuando se casó con ella.
El matrimonio es nulo, de pleno derecho. Lana, indignada, pide la anulación. Cran, desesperado, intenta suicidarse. Le envía cartas, le suplica, le promete que va a divorciarse oficialmente. Lana finalmente acepta volver a casarse con él, pero con una condición. Se casan otra vez el 14 de marzo de 1943 en una segunda ceremonia, esta vez legal y poco después descubren que Lana está embarazada.
El 25 de julio de 1943, Lana Turner da a luz a una niña en el hospital de Hollywood. La parto es complicado. La niña sufre una condición rara llamada eritroblastosis fetal. causada por la incompatibilidad de los grupos sanguíneos de los padres. La pequeña Sheryold Christina Crane casi muere en sus primeros días. Necesita transfusiones de sangre completas.
Lana, también débil después del parto, no puede acompañarla. Hay una imagen documentada por una enfermera del hospital. Lana, todavía en su cama de hospital llora pidiendo ver a su hija, pero los médicos no quieren moverla. La niña está en una sala de cuidados intensivos. Lana, sola en su cuarto escribe en un cuaderno una frase que esa enfermera, años después recordaría así.
Si Cherell muere, no quiero seguir viva. Esa niña es lo único bueno que he hecho en mi vida. Cher sobrevive y Lana, que nunca había tenido una madre presente, que nunca había sentido un amor incondicional, ve por primera vez en su vida lo que es amar a alguien sin condiciones. Esa niña va a ser durante los siguientes 14 años lo único verdadero en la vida desordenada de Lana Turner.
Lo único, pero el matrimonio con Steven Cran se desploma rápidamente. Cran resulta ser tan débil, tan dependiente, tan poco confiable, que Lana lo deja en agosto de 1944. La pequeña Sheryold tenía un año. A partir de ese momento, Lana se convierte en lo que la prensa de la época llamaba una madre soltera de Hollywood. Pero la realidad es que Cherold crece más con sus institutrices que con su madre.
Lana filma cada vez más películas, sale cada vez más con hombres distintos. Cherl, criada por niñeras, ve a su madre solo en los fines de semana. A veces, en 1945, Lana protagoniza la película que va a definirla para siempre. Se llama The Postman Always Rings Twice, una película de cine negro basada en la novela de James M.
Kan Lana interpreta a Cora Smith, una mujer fatal que convence a su amante de matar a su marido. Su entrada en la película, vestida toda de blanco en un restaurante de carretera, se considera una de las imágenes más icónicas del cine americano del siglo XX. La película es un éxito gigantesco. Lana se consolida como una de las mayores estrellas de MGM.
Su sueldo sube a $5,000 por película, una suma astronómica para 1945. En 1948 llega el tercer matrimonio, esta vez con un millonario. Henry Bob Topping Jr. Es heredero de una fortuna industrial. Tiene 41 años, es divorciado tres veces, tiene cuatro hijos de matrimonios anteriores. Le promete a Lana una vida dorada, mansiones, Yates, joyas, lana.
Exhausta de Hollywood, exhausta de la presión de MGM. Acepta. El matrimonio dura 4 años. Topping. Resulta ser un alcohólico. Tiene aventuras constantes. Pierde dinero en juegos de cartas. Lana. Otra vez pasa noche sola con su pequeña Shery en la cama de al lado llorando en silencio. En 1951, después de un aborto natural en el segundo trimestre, Lana entra en una depresión profunda.
Se encierra en su mansión de Bellair, deja de filmar y una madrugada de noviembre se toma un frasco entero de somníferos. Es una tentativa de suicidio. La sirvienta la encuentra a tiempo. La llevan al hospital, le hacen un lavado de estómago. Sobrevive. Sherold, su hija, tiene 8 años y desde su cama ese día, escucha a las enfermeras hablando en susurros.
Una de ellas dice, “Si la niña no estuviera aquí, quizás la madre no habría intentado nada.” Sheryold Crane a los 8 años entiende que su madre se quería matar, pero no entiende por qué. Esa pregunta sin respuesta va a perseguirla durante los siguientes 70 años de su vida. Lana se divorcia de Bob Topping en 1952 y un año después, en 1953, llega el cuarto marido, el hombre que va a destruir lo poco que quedaba de la inocencia de Shery se llamaba Lex Barker.
Era actor, conocido por interpretar a Tarsan en seis películas de los años 40. Tenía 34 años. Era alto, rubio, atlético. Tenía la cara perfecta de un aero americano de cine. Lana se enamora perdidamente. Se casan el 8 de agosto de 1953. Sheryold tiene 10 años cuando ese hombre entra en la vida de su madre. Y aquí esta historia se vuelve una de las más oscuras del Hollywood de los años 50.
Una verdad que solo se va a saber décadas después, cuando Sheryold Cran publique sus memorias en 1988 a los 45 años de edad. Lex Barker abusó sexualmente de Cherold Cran durante los 4 años que estuvo casado con Lana Turner. Sherold tenía 10 años la primera vez, tenía 11, 12, 13. Lex Parker entraba en su habitación de noche mientras Lana dormía en otro piso de la mansión y la violaba.
La amenazaba con matar a su madre si hablaba. Sherold, aterrorizada, cayó. Durante 4 años cayó. Sherold, en sus memorias describiría con precisión clínica cómo funcionaba el patrón. Lex esperaba a que Lana saliera de la casa. A veces eran cenas oficiales, a veces premieres, a veces simplemente reuniones de productores. Cuando la sirvienta dormía y la casa se quedaba en silencio, Lex subía las escaleras hacia la habitación de Sheryold.
La niña aprendió a reconocer sus pasos en el pasillo. Aprendió a fingir que dormía. Aprendió que fingir no servía de nada. Aprendió a contar mentalmente los segundos hasta que él se iba. Después, cuando Lex Barker se iba, Cher bajaba al baño, se duchaba con agua hirviendo, se restregaba la piel hasta que le sangraba, volvía a su habitación.
Lloraba en silencio para que la sirvienta del piso de abajo no la oyera. Y al día siguiente, en el desayuno, sonreía. Le decía, “Buenos días, Alex.” le pasaba la mantequilla cuando la pedía. Su madre, sentada al otro lado de la mesa no veía nada. Eso en 1957 era el infierno cotidiano de Sheryold Crane, una niña de 13 años que había aprendido a ser perfectamente actriz al lado de su madre, la actriz más famosa de Hollywood.
hasta que en 1957 una tarde le contó a una amiga del colegio. La amiga le contó a su madre. La madre llamó a Lana. Y Lana esa noche finalmente entendió lo que estaba pasando dentro de su propia casa. Sheryold, en sus memorias, contaría la escena así. Esa noche, después de que la amiga se fuera, Lana llamó a Shery a su habitación.
Le pidió que le contara la verdad. Cher llorando le contó todo. 4 años de violaciones, la amenaza de muerte, el terror. Lana no dijo nada durante varios minutos. Luego se levantó, caminó al estudio de la mansión, sacó un revólver del cajón de su escritorio, lo cargó, subió las escaleras, entró en el dormitorio donde Lex Barker dormía, le puso el cañón del revólver en la frente, esperó.
Sherold, que la había seguido en silencio, vio toda la escena desde la puerta. Lana durante varios segundos miró a su esposo dormido con el revólver en la mano y luego, según contaría Sherold muchos años después, decidió no apretar el gatillo, no por compasión hacia Lex Parker, por ella misma, porque sabía que si lo mataba iba a ir a la cárcel y Cheryell iba a quedarse sola.
Bajó el revólver, despertó a Lex Parker, le dijo con una voz fría, “Tienes 10 minutos para salir de mi casa. Si vuelvo a ver tu cara, te mato y nadie te va a defender en un juicio cuando se sepa lo que hiciste.” Lex Barker se fue esa noche sin ropa, sin dinero, en bata, conduciendo su carro hacia un hotel. Lana firmó el divorcio inmediatamente.
La razón oficial fue incompatibilidad de caracteres. MGM se aseguró de que la verdad nunca se publicara en los diarios. Pagaron a periodistas para que el escándalo se silenciara. Lexarker se fue a Europa, se casó tres veces más. hizo carrera en el cine alemán e italiano interpretando al héroe Old Shatter en una serie de westerns europeos muy populares en los años 60.
Murió en Nueva York en 1973 de un infarto en plena calle mientras caminaba por la avenida Lexington. Tenía 58 años. nunca enfrentó cargos por lo que había hecho. La justicia americana en 1957 no investigaba ese tipo de casos cuando la víctima era hija de una estrella de cine.
En su funeral, según las crónicas alemanas, asistieron centenas de fans del personaje de Old Shatter, personas que lo lloraron, que lo aplaudieron, que escribieron homenajes en los diarios europeos. Ninguna de esas personas sabía lo que había hecho durante 4 años con la hija de Lana Turner. Sherold Crane, cuando supo de su muerte por la radio, esa misma tarde de 1973 llamó a su madre.
Se quedaron en silencio durante varios minutos al teléfono y entonces Lana, según Sherold, dijo solo cuatro palabras. Por fin descansamos, hija. Sherold Cran tenía 14 años en 1957 cuando lo echaron de la casa. Acababa de salir de 4 años de violaciones y ahora, además, tenía que cargar con el conocimiento de que su madre había estado a punto de matar a un hombre por ella, pero no lo había hecho.
Una mezcla de gratitud, rabia y soledad imposible de procesar. Si esta historia te está impactando, dale like ahora nos ayuda enormemente a seguir contando estas vidas olvidadas. Y entonces, apenas semanas después del divorcio de Lex Barker, Lana Turner conoció al hombre que iba a destruir la vida de su hija para siempre. Se llamaba John Steel.
Eso fue lo primero que le dijo. Un guapo italiano americano de unos 32 años, fuerte, vestido siempre de manera elegante, con anillos caros y trajes hechos a medida. La conoció en una fiesta de Hollywood, le mandó flores al día siguiente, la invitó a cenar. Lana, todavía herida, todavía en shock por lo que había descubierto sobre Lex Parker, sin la fuerza emocional para resistir, aceptó.
Solo dos meses después, Lana descubrió la verdad. John Steel no se llamaba John Steel. Su verdadero nombre era Johnny Stompanato. Era un mafioso conocido del crimen organizado de Los Ángeles. Había sido el guardaespaldas personal de Mickey Cohen, uno de los gangsteres más temidos de la costa oeste durante los años 50.
Tenía un historial de violencia. tenía cuentas pendientes con la policía, pero Lana, en lugar de Weir, se quedó. ¿Por qué? Esa pregunta los biógrafos llevan 70 años intentando contestarla. Lana misma, en sus memorias daba una respuesta parcial. Decía que en ese momento de su vida, después de Lex Barker, después de la depresión, después del aborto natural, ella se sentía indigna de cualquier hombre decente.
Decía que Estompanato la había mirado con una intensidad que ningún hombre antes le había dado. Decía, sobre todo, que tenía miedo. Miedo de quedarse sola, miedo de envejecer sin nadie, miedo del silencio. Don Panato, según Sherold iba a contar después, supo aprovecharse de ese miedo desde el primer día.
Hay un episodio que Sherold describiría con detalle en sus memorias. Era octubre de 1957, apenas dos semanas después de que Ston Panato se mudara a la casa de Beverly Hills. Una noche, Lana llegó tarde de un rodaje. Sheryell, que tenía 14 años, estaba en el comedor cenando con la sirvienta.
Cuando Lana entró, Stompanato la esperaba en el salón sin saludar, sin sonreír. Le preguntó por qué había llegado tarde. Lana le explicó que el rodaje se había alargado. Estompanato, sin avisar, le dio una bofetada delante de la sirvienta y de Sheryell. Sheryold, de 14 años, vio toda la escena. se levantó, quiso intervenir.
Stompanato le dijo mirándola fijamente una frase que iba a recordar para siempre. Le dijo, “Si te metes, te corto la cara y después la de tu madre.” Las dos juntas. Sheryold se sentó otra vez. La sirvienta, aterrorizada, salió del comedor. Lana, llorando en silencio, no dijo nada. Esa noche las tres mujeres de la casa, Lana, Sheryell y la sirvienta, se durmieron sabiendo que dentro del edificio dormía un hombre que podía matarlas y se quedaron.
Esa pasividad, esa parálisis ante la violencia era exactamente el patrón que Lana había vivido toda su vida. su padre asesinado por la pobreza, su primer marido que la encerraba, el hombre que le había hecho abortar a los 19 años, Lex Barker, y ahora Stompanato. Cada vez Lana sabía cómo iba a terminar la historia, pero cada vez no podía hacer nada para cambiarla. La relación duró 14 meses.
14 meses. Durante los cuales Stompanato se convirtió en una sombra constante en la vida de Lana. La acompañaba a todas partes. Decidía a qué fiestas iban. decidía qué amigos podían visitarlos. Decidía sobre todo cuánto dinero salía de las cuentas bancarias de lana hacia los bolsillos de estompanato. Cifras enormes desaparecían cada mes para pagar deudas que nadie entendía y empezó a pegarle. Hay testimonios documentados.
La sirvienta de la casa, una mujer mexicana llamada Esperanza, contó años después. que vio moretones en los brazos de Lana al menos 10 veces durante esos 14 meses. Le preguntaba qué le había pasado. Lana le respondía que se había caído. Esperanza no le creía, pero callaba. La escalada llegó en febrero de 1958.
Lana estaba en Londres filmando una película llamada Another time, Another Place. Su compañero de reparto era un actor escocés joven y desconocido en ese momento. Se llamaba Sean Connery. Tenía 27 años. Todavía no era James Bond, pero ya era guapo, alto, magnético. Stompanato, celoso, patológico. Viajó a Londres sin avisar.
Una mañana en el plató de filmación irrumpió. Llevaba una pistola en el bolsillo. Acusó a Sean Connery de tener un romance con lana. Le apuntó la pistola en la cara. Lo que pasó después es legendario en Hollywood. CN Connery, con el sangre fría que iba a hacer su carrera de James Bond pocos años después, le dio un puñetazo a Stompanato. Un solo puñetazo.
Lo dejó inconsciente sobre el suelo del estudio. Cuando Stompanato volvió en sí, Connery le dijo con su voz grave escocesa, una frase que también iba a entrar en la leyenda. Antu, si te veo otra vez, te mato. Stanato, humillado delante de todo el equipo de rodaje, salió de Londres al día siguiente.
Volvió a Los Ángeles unos días antes que Lana la esperó en su casa. Y cuando ella llegó, según los testimonios posteriores de la sirvienta, hubo una pelea brutal. Stompanato le pegó. le dijo que iba a matarla si volvía a humillarlo en público. Lana esa noche durmió en otra habitación con la puerta con llave, pero ya se acercaba la noche del viernes santo de 1958.
4 de abril de 1958. Lana acaba de regresar a su casa. Sher, su hija, había venido a pasar las vacaciones de Pascua con ella. La pequeña Shery que ahora tenía 14 años, había estado viviendo durante los últimos meses con su abuela Mildred después del escándalo Lex Barker. Pero esa semana Lana había insistido en tenerla en su casa.
Cher, según iba a contar después, había notado durante esos días que algo no estaba bien entre su madre y Stompanato. Las peleas eran constantes, los gritos, los insultos. Una noche, Shery había escuchado a Stompanato amenazar a Lana con un cuchillo. Le había puesto el cuchillo en la garganta. Shery había escuchado todo desde el pasillo.
La tarde del 4 de abril hubo una pelea más fuerte que las otras. Lana le había dicho a Stompanato definitivamente que la relación se acababa. Stompanato, fuera de control, había empezado a gritar amenazas, que iba a desfigurarla, que iba a cortarle la cara, que iba a matarla. Cherold, en su habitación escuchaba todo.
Esperó, esperó y cuando los gritos llegaron a un punto que ya no podía soportar, bajó a la cocina. sacó del cajón de cuchillos un cuchillo de carnicero de 15 cm de hoja y subió las escaleras. Sherold describiría años después en sus memorias el momento exacto. Decía que mientras subía las escaleras no estaba pensando en matar, no estaba pensando en nada concreto, solo quería que los gritos pararan.
Solo quería que su madre dejara de tener miedo. Solo quería entrar en la habitación y de alguna manera hacer que el monstruo se fuera para siempre. Cuando llegó al rellano del segundo piso, escuchó algo que la decidió. Escuchó la voz de Stompanato. Le decía a Lana, “Voy a desfigurarte. Voy a cortarte esa cara que te hizo famosa.
Voy a hacer que ningún hombre quiera mirarte nunca más.” Y después de eso voy a matar a la perra de tu hija. La perra de tu hija. Sher, sin pensar abrió la puerta. El resto de la historia, ya lo sabes, lo contamos al principio. Sheryold Cran, de 14 años, mató a Johnny Stpanato con una sola puñalada en el estómago.
Lo que pasó en las siguientes horas es lo que va a definir la imagen pública de Lana Turner durante los siguientes 37 años. Lana, que había salido de la habitación principal después del crimen, tomó una decisión rápida. llamó a su abogado, primero le pidió consejo, después llamó a la policía. Para ese momento ya habían pasado 30 minutos.
Esos 30 minutos durante años iban a alimentar las teorías conspirativas. Algunos creyeron que Lana en realidad había matado a Stompanato ella misma y que Sheryold había aceptado cargar con la culpa para proteger a su madre. Esa teoría, basada en rumores anónimos y testimonios contradictorios, nunca se pudo comprobar.
La policía concluyó que Cher había sido la asesina, pero el debate iba a perdurar. Cuando la primera patrulla de la policía llegó a la mansión, encontró una escena que iba a ser la portada de todos los diarios al día siguiente. Stompanato muerto en el pasillo, rodeado de un charco de sangre. Shery sentada en el borde de la cama, todavía con la camisa rosa manchada, sin llorar, sin hablar.
Lana en bata blanca, con el maquillaje corrido, gritándole a los policías que su hija no era responsable, que era ella, Lana, la que había matado al hombre. Los policías, que conocían demasiado bien los cinemas de Hollywood, no le creyeron a Lana. La sangre en la mano de Sherold, las huellas digitales en el cuchillo, los testimonios contradictorios, todo apuntaba a la niña.
Esa noche, Sheryold pasó sus primeras horas en una celda del centro juvenil del condado de Los Ángeles. Tenía 14 años. Era la primera vez en su vida que dormía sola fuera de una cama familiar. Lloró sola durante toda la noche sin que nadie la consolara. El juicio, sin embargo, fue breve. Después de 18 días de cárcel preventiva, un jurado declaró a Sheryold Crane, culpable de homicidio justificable.
fue absuelta de los cargos, volvió a casa, pero el escándalo fue cataclísmico. Los diarios del mundo entero titularon la historia el Los Angeles Times, el New York Times, Lemond, la prensa española, la italiana, la sudamericana. Todos hablaron del caso Stompanato durante meses.
Las cámaras de televisión seguían a Lana a todas partes. Los fans le escribían cartas de odio, otros le escribían cartas de apoyo. Hubo un detalle que la prensa norteamericana destacó durante semanas. Durante el juicio, Lana Turner subió al estrado a declarar como testigo. Habló durante una hora entera llorando, contando los abusos de Stompanato, las amenazas, los moretones, el terror constante.
Los periodistas presentes en la sala dijeron que su testimonio fue tan convincente, tan dramático, tan perfectamente medido, que parecía la mejor actuación de su carrera. Algunos críticos hasta sugirieron cínicamente que Lana habría debido ganar el Óscar por esa declaración. Esa frialdad de la crítica hacia Lana, esa sospecha permanente de que ella estaba actuando incluso en el peor momento de su vida, era el peso que ella iba a cargar durante todas las décadas siguientes.
Para mucha gente en América, Lana Turner nunca fue una víctima. Era una actriz que incluso en el dolor real era acusada de Fingir. Pero el verdadero costo, el que nadie veía, lo pagó Sherold Cran. A los 14 años, Sherold había matado a un hombre, lo había visto morir. Había vivido el juicio, había escuchado a la prensa llamarla la niña asesina.
Había leído sus propias fotos en los diarios. Había sido enviada después del juicio a un centro de reeducación psiquiátrica para chicas problemáticas en California. Sheryold, en sus memorias publicadas 30 años después, describiría esos años como El infierno verdadero. Decía que el centro de reeducación era casi una cárcel.
Las niñas eran golpeadas si no obedecían. A Sheryold la castigaron tres veces por intentar fugarse. La encerraron en cuartos de aislamiento. Le aplicaban tratamientos psiquiátricos que hoy se considerarían tortura. Y todo eso mientras su madre Lana Turner volvía al cine. Porque la ironía más cruel de toda esta historia es que el escándalo Stanato, en lugar de destruir la carrera de Lana Turner, la salvó.
La película Payton Place, que se había estrenado pocos meses antes del crimen, tuvo un éxito disparado por toda la publicidad del juicio. Lana fue nominada al Oscar a la mejor actriz. La película hizo más dinero del previsto. Y un año después, en 1959, Lana protagonizó Imitation of Life, dirigida por Douglas Cirk.
Fue uno de los éxitos más grandes de su carrera. recaudó más de 50 millones de dólares en taquilla. La película era cruelmente irónica. Lana interpretaba a una madre actriz que sacrificaba a su hija por la carrera. La trama incluía escenas en las que la hija reprochaba a la madre haber estado ausente toda su vida.
Cuando Imitation of Life se estrenó, los críticos no pudieron evitar señalar la coincidencia perversa con la vida real de Lana. Los espectadores en los cines hispanos reaccionaban a las escenas con murmullos. Algunos lloraban abiertamente. Lana, durante una entrevista promocional fue preguntada por una periodista francesa si la película no le recordaba demasiado a su propia vida.
Lana respondió con una sonrisa cansada, una frase que apareció en Lefígaro al día siguiente. Dijo, “El cine, señora, siempre imita a la vida, solo que nadie se atreve a contar la verdad. Yo en esta película conté lo que pude. El resto todavía no me atrevo a contarlo.” Esa frase dicha en 1959 era una confesión velada.
Lana sabía que su carrera entera, incluyendo el éxito gigantesco The Imitation of Life, se construía sobre el sufrimiento de su hija Sherold, que en ese momento estaba en un centro de reeducación para chicas problemáticas. Lana ganaba dinero. Lana firmaba autógrafos. Lana iba a Premieres, mientras Sheryold a los 15 años era encerrada en cuartos de aislamiento por intentar fugarse.
Lana ganó. Sheryold perdió. La carrera de Lana. A partir de 1960 empezó un descenso lento, los papeles cada vez más débiles, las películas cada vez peor recibidas, pero Lana siguió casándose. Tres maridos más entre 1960 y 1972. Fred May, un ranchero. Robert Eton, un productor menor. Ronald Peller, un hipnotizador de night club que después de 5 meses de matrimonio, desapareció con $15,000 de las cuentas de Lana y fue condenado años después por intentar contratar a un sicario para matar a un rival hipnotizador. Cada matrimonio terminaba
peor que el anterior. Fred May, el ranchero, era alcohólico. Robert Eton, el productor, le robaba dinero discretamente y lo gastaba en otras mujeres. Ronald P, el hipnotizador, era un estafador profesional que había usado su falso encanto para acercarse a Lana, casarse rápidamente, vaciar las cuentas y desaparecer.
Cuando Lana descubrió la verdad sobre Pellar, llamó a la policía, pero Pellar ya estaba en otro estado viviendo bajo otro nombre. Lana nunca recuperó el dinero. Esos tres últimos matrimonios fueron, según los biógrafos, una especie de búsqueda desesperada de lana por algún tipo de protección. Cada vez que firmaba el divorcio, juraba que no se casaría más.
Cada vez que conocía a un hombre nuevo, se enamoraba de nuevo en pocas semanas. Era como si su cuerpo no supiera vivir sin tener a alguien a su lado, aunque ese alguien fuera un estafador, un alcohólico o un hipnotizador delincuente. A partir de 1975, Lana entró en lo que ella misma llamaba los años fantasma. Bebía sola en su departamento. Casi no salía.
Recibía solo a Shery que la visitaba una vez por semana. Veía películas viejas en la televisión. Lloraba cuando aparecía alguna de sus propias películas en algún canal. Su madre, Mildred había muerto en 1982. Lana fue al funeral. No lloró durante la ceremonia, solo lloró después en el carro durante el regreso a Beverly Hills.
Ocho matrimonios en total, siete maridos distintos y al final ningún amor verdadero, ningún hombre que la cuidara. Sheryold, su única hija, se distanció emocionalmente de su madre durante años. Estuvo en clínicas psiquiátricas. se reveló como lesbiana a los 13 años durante el juicio Stompanato. Vivió toda su vida adulta con una pareja femenina llamada Joyce Leroy.
Cuando Lana descubrió finalmente la homosexualidad de Sher, le costó años aceptarla, pero al final, según sus propios testimonios, llegó a aceptarla. Lana pasó las últimas décadas de su vida en un departamento pequeño en Century City, Los Ángeles. Bebía, fumaba sin parar, veía a sus amigos cada vez menos. Sheryold la visitaba semanalmente.
Las dos, según los testimonios posteriores, hablaban poco, pero al menos hablaban. Hay una imagen del año 1990 captada por un fotógrafo callejero que apareció después en un libro sobre la vida de Lana Turner. La foto muestra a Lana ya con 69 años saliendo de un supermercado de Beverly Hills. Lleva un sombrero grande, lentes oscuros, un abrigo viejo.
Está empujando un carro con una sola bolsa de compras. Una bolsa con leche, pan, cigarrillos. Eso era todo. La leyenda más grande del Hollywood de los años 40 y 50, sola en un supermercado comprando lo mínimo para sobrevivir. Esa foto, según la prensa que la reprodujo años después, era una imagen brutal. Mostraba lo que el tiempo hace con las estrellas.
Lana en el supermercado no era reconocible. Las cajeras no la reconocían. Los otros clientes pasaban a su lado sin mirarla. Era una anciana cualquiera. Era exactamente lo que ella había temido toda su vida ser. Una mujer común como su madre, como las mujeres de Idaho que ella había abandonado a los 16 años. En su autobiografía, Lana confesaba algo terrible sobre esos años.
Decía que cada mañana cuando se miraba en el espejo del baño, no se reconocía que la mujer que veía era una desconocida. Una anciana con la cara hinchada por el alcohol, los ojos pequeños, el cabello sin brillo. Decía, “La verdadera Lana Turner murió hace mucho. Lo que queda en este departamento es un fantasma de ella misma.” En 1992, Lana fue diagnosticada con cáncer de garganta, demasiados cigarrillos durante demasiadas décadas.
Hizo radioterapia, tuvo una remisión breve, pero el cáncer volvió. Durante los últimos 3 años de su vida, Lana volvió secretamente a la fe católica, la fe que tenía de niña, que había abandonado al firmar con MGM una vez por semana. Una sirvienta la llevaba a una pequeña iglesia católica en Westwood.

Lana se sentaba en el último banco. Rezaba, no se confesaba con el cura, pero rezaba. Sherold, que le acompañaba a veces, contó después que su madre rezaba siempre por la misma persona, por Stompanato. Le pedía a Dios que le perdonara a Sheryold haber matado a aquel hombre. Le pedía a Dios que recibiera el alma de estompanato a pesar de todo lo que había hecho.
Le pedía sobre todo que la perdonara a ella, Lana, por no haber sabido proteger a su hija de los hombres equivocados. Esos rezos, durante los últimos meses fueron el único momento de paz que Lana Turner conoció en su vida. El 29 de junio de 1995, en su departamento de Century City, Lana Turner murió. Tenía 74 años.
Estaba sola. Cherold no había tenido tiempo de llegar. La encontró su sirvienta esa misma mañana. Lana estaba en la cama con una foto de Shery niña, sobre la mesita de noche. La foto era de 1947. Sheryold tenía 4 años. Sonreía. Estaban en la playa de Malibu. Era una de las pocas fotografías felices que existían de las dos juntas.
Al lado de la foto había una nota manuscrita. Lana la había escrito esa misma noche antes de dormirse. La nota decía solo cinco palabras. En inglés decía. Cherl, te cuidé como pude. Estaba firmada simplemente con una M, la M de Mom, mamá. Esa nota fue lo último que Lana Turner escribió en su vida. Cinco palabras dirigidas a la única persona que la había amado de verdad.
La hija a la que ella nunca había sabido cuidar bien. La hija que a los 14 años había matado por ella. Sheryold Cran heredó casi todo, pero tomó una decisión que sorprendió a todos. Vendió la mayoría de los objetos personales de su madre. Donó el dinero a organizaciones que ayudaban a víctimas de violencia doméstica.
La fundación que creó con esos fondos lleva hasta hoy el nombre del asesinato del viernes santo. La fundación 4 de abril. Sheryold Cran sigue viva en 2026. Tiene 82 años. Vive en Hawaii con su pareja Joyce. Ha publicado tres novelas. Da conferencia sobre violencia doméstica y abuso infantil.
Habla, sin parar durante todas sus presentaciones de su madre. habla de Lana Turner como una víctima, también como una mujer que nunca fue protegida cuando era niña y que por eso no supo proteger a su propia hija. Sheryold en una entrevista de 2008 dijo algo que quizás resume toda esta historia. Le preguntaron si seguía recordando esa noche del 4 de abril de 1958.
Si seguía pensando en Stompanato. Cherold respondió, yo no maté a Stompanato esa noche. Maté a una sombra. Una sombra que mi madre llevaba arrastrando desde Idaho. Una sombra que era el padre que no la cuidó. El productor que le daba pastillas a los 17 años. El primer marido que la encerró. El cuarto marido que me violó.
Stpanato era solo el último de una larga fila. Yo en realidad no maté a nadie, solo terminé un trabajo que nadie había querido empezar. Esa frase hecha por una mujer de 65 años a una periodista de The New Yorker es quizás la verdad más profunda sobre Lana Turner, sobre todas las mujeres que ella representaba, sobre las niñas pobres que se convertían en estrellas y que pagaban un precio que el mundo nunca quiso reconocer.
Lana Turner murió a los 74 años, pero en cierto modo ya había muerto mucho antes. Murió un poco a los 8 años cuando le mataron a su padre por 8. Murió un poco a los 19 cuando abortó en Tijuana. Murió un poco a los 37 cuando le tuvo que dar la noticia a su hija de 14 de que un hombre la había violado durante 4 años.
Murió un poco a los 38. cuando vio el cuerpo de Stompanato en el pasillo de su casa, cada uno de esos golpes la fue matando hasta que a los 74 ya no quedaba casi nada que matar. Pero hay algo que muy pocas biografías cuentan y que es quizás el legado más importante de Lana Turner. En su autobiografía publicada en 1982, Lana dedicó el libro a una sola persona.
No a sus maridos, no a su madre, ni siquiera a su nieta. Lo dedicó a Shery y la dedicatoria escrita con su propia letra en la primera edición decía a Sheryl que me salvó la vida. Yo nunca pude pagarte lo que me debías, pero ahora, al menos lo digo en voz alta. Eres la única razón por la que yo todavía estoy aquí.
Sheryold, cuando leyó esa dedicatoria por primera vez y oró durante una hora. Después llamó a su madre, le dijo solo dos palabras. Gracias, mamá. Esa fue, según la propia Cherold, la única conversación verdadera que tuvieron sobre la noche del 4 de abril, la única en 70 años. Pero según ella fue suficiente. Hoy, 31 años después de la muerte de Lana Turner, su nombre sigue siendo un símbolo doble.
Por un lado, una de las mujeres más bellas que pisaron Hollywood. Por el otro, una madre cuya negligencia llevó a su hija a matar a los 14 años. Las dos cosas son ciertas, las dos cosas se contradicen y las dos cosas conviven todavía hoy en cada documental que se hace sobre ella, en cada libro que se publica, en cada foto que circula por internet con su famoso suéter blanco.
Lana Turner es quizás el símbolo más perfecto de algo que las generaciones futuras quizás van a entender mejor que la nuestra, que las mujeres famosas pagan un precio que poco se imaginan, que las niñas pobres que lleguen a Hollywood casi siempre terminan rotas. Y que las hijas de las estrellas heredan una soledad que ningún juicio puede deshacer, ningún óscar puede compensar, ninguna foto puede capturar.
Hay un detalle más que aparece solo en una entrevista que Sheryold Cran dio al New York Times en 2018, cuando ya tenía 75 años. La periodista le preguntó si guardaba alguna pertenencia de su madre. Sherold le respondió que no, que había vendido casi todo, pero que se había quedado con un solo objeto, un sué blanco ajustado con cuello redondo.
El mismo suéter que su madre había llevado en 1937 cuando un hombre llamado William Wilkerson la descubrió en una cafetería de Hollywood, el suéter que había hecho de Lana Turner una leyenda. Sheryold decía que ese suéter planchado y guardado en una caja de cedro en su casa de Hawai era su recordatorio más doloroso, que cada vez que lo miraba pensaba en aquella adolescente de 16 años que había entrado en una cafetería sin saber que iba a salir convertida en otra persona, en una persona que ya no se llamaba Julia Jean Turner, en una
persona que iba a perder a su padre, a su inocencia, a su salud, a su tranquil ilidad a su capacidad de amar en una persona que iba a tener que ver a los 37 años a su única hija matar a un hombre por ella. Si pudiera decía Cherold en esa entrevista, volvería a esa cafetería, encontraría a Wilkerson. Le rogaría que no le diera la tarjeta a mi madre.
Le rogaría que la dejara seguir siendo Julia Jean. Le rogaría que la dejara crecer en San Francisco, casarse con un hombre normal, tener tres o cuatro hijos y morir a los 90 años en una casa pequeña. Mi madre nunca quiso ser Lana Turner. Le tocó como te toca un cáncer, como te toca un terremoto. Le tocó y la mató lentamente durante 74 años.
Esas palabras de Cherold Crane, dichas a los 75 años, son quizás el verdadero epitafio de Lana Turner. Mejor que cualquier biografía, mejor que cualquier película, mejor que cualquier homenaje en el paseo de la fama de Hollywood. Su mejor papel, el más importante de su vida, fue uno que nadie le pagó, el de madre. Y ese papel, según ella misma confesó al final de su vida, fue el único que nunca aprendió a interpretar bien.
Y en nuestra próxima historia vamos a entrar en la vida de otra mujer cuya belleza era considerada una maldición. Una mujer que se enamoró del hombre equivocado y pagó esa elección con la vida de un hijo, una mujer cuyo nombre prohibido durante años por una de las dictaduras más brutales del siglo XX y cuya historia todavía hoy hay países donde no se permite contar abiertamente.
Suscríbete y activa la campanita para no perderte la próxima historia. Y cuéntanos en los comentarios, ¿conocías toda esta historia? ¿Qué es lo que más te ha sorprendido?