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Lana Turner: La Noche en que su Hija de 14 Años la Salvó

4 de abril de 1958, Beverly Hills, California. Son las 9:30 de la noche del viernes santo. En una casa de dos pisos en la calle Bedford Drive, una niña de 14 años está en la cocina, tiene en la mano un cuchillo de carnicero. Lo acaba de tomar de un cajón. Lo mira durante 3 segundos y empieza a subir las escaleras en silencio, con los pies descalzos hacia el segundo piso.

Arriba, en el dormitorio principal, escucha gritos. Una mujer está llorando. Un hombre está rugiendo amenazas. La voz del hombre dice en inglés una frase que la niña va a recordar palabra por palabra durante el resto de su vida. Le dice que va a desfigurarla, le dice que va a cortarle la cara, le dice que cuando termine ningún estudio de cine va a querer contratarla.

Y la mujer llorando le suplica que se calme, le suplica que se vaya, le suplica por su vida. La niña está parada delante de la puerta. Tiene 14 años. Lleva una camisa rosa pálida. Sus manos tiemblan, pero el cuchillo no. La puerta se abre. El hombre, alto, musculoso, con el rostro deformado de furia, está delante de ella.

La niña no piensa, no grita, no llama a la policía, simplemente avanza el brazo y le clava el cuchillo en el estómago una sola vez hasta el mango. El hombre la mira sin entender, se tambalea, mira hacia abajo, ve la sangre que ya empieza a manchar su camisa blanca, mira de nuevo a la niña y dice una sola frase antes de caer de rodillas.

Dice, “Mi Dios, Sherl, ¿qué hiciste? Se desploma sobre la alfombra del pasillo. Muere en 5 minutos. La niña se llama Sheryold Cran. El hombre que acaba de matar es Johnny Stompanato, un mafioso conocido del crimen organizado de los ángeles. Pero la mujer que está dentro de la habitación llorando en silencio, congelada de terror sobre su propia cama, no es una mujer cualquiera.

Lana Turner, la actriz más cotizada del cine americano, la diosa rubia de la Metro Goldwin Mayor, la pineupamos de la Segunda Guerra Mundial, la estrella nominada al Ócar pocos meses antes por Payton Place, la madre de Sheryold. En 5 minutos, esa familia va a entrar en uno de los escándalos más grandes de la historia de Hollywood.

Una niña de 14 años acaba de matar al amante violento de su madre con un cuchillo de cocina. Ilan Turner esa noche va a tomar la decisión más importante de su vida. una decisión que va a determinar el resto de los 37 años que le quedaban en este mundo. Esta es la historia de Julia Jean Mildrid Francis Turner, una niña pobre del estado de Idaho que se convirtió en la pinuporada de los soldados americanos.

una mujer que se casó ocho veces, una madre que vio a su hija matar para protegerla y una estrella que pasó las últimas décadas de su vida intentando esconderse de un nombre que ella misma había construido. Empieza en una choa de madera en las montañas de Idaho termina en un departamento de Centry City con un cigarro en la mano y un cáncer de garganta avanzado.

Y entre las dos fechas hay tantas tragedias, tantos divorcios y tantos secretos que cuesta creer que todo le pasó a una sola mujer. 8 de febrero de 1921. Walles Idaho. Es un pueblo minero diminuto en lo alto de las montañas rocosas. Hay nieve en los tejados durante 6 meses al año. Las casas son de madera, las calles son de tierra.

Cuando llueve, todo se convierte en barro. En una casa pequeña sin calafacción, una mujer de 15 años está dando a luz. Se llama Mildred Franz Coen. Tiene 15 años. 15. Es casi una niña ella misma. A su lado, su marido, Virgil Madison Turner, tiene 20 años. Es minero, trabaja en las minas de plomo del condado.

A las 2 de la madrugada, en esa habitación helada, nace una niña. La llaman Julia Jean Mildred Francis Turner. Es bonita, tiene los ojos grandes, la piel pálida, una mata de cabello castaño claro que va a oscurecer con los años. La familia Turner en 1921 no tiene nada. Virgil gana lo justo para comer.

Mildred, demasiado joven para verse casado, no sabe cocinar todavía. La pequeña Julia crece sin juguetes, sin libros, sin zapatos. Durante el verano, cuando la familia se muda a San Francisco en 1927, las cosas no mejoran. Virgil empieza a beber. Mildred trabaja como peluquera para sostener la familia, pero el verdadero golpe llega en 1929.

Julia tiene 8 años. Una noche de diciembre, Virgil Turner sale de un bar de San Francisco. Lleva una semana de salario en el bolsillo. Está borracho. Camina por una calle oscura. Tres hombres lo siguen. Lo arrinconan en un callejón. Le piden el dinero. Virgil intenta resistir. Uno de los hombres saca un cuchillo, le da una puñelada en el estómago.

Los tres hombres huyen con el dinero. Virgil Turner se desangra en ese callejón. Muere que llegue la ambulancia. La policía nunca encuentra a los asesinos. El caso queda sin resolver. Mildred y la pequeña Julia, de 8 años se quedan solas en San Francisco sin un centavo, con una hipoteca que no pueden pagar. Hay un detalle que muy pocas biografías cuentan, pero que va a marcar la vida de Julia para siempre.

Cuando le anuncian a la niña que su padre ha muerto, ella no llora inmediatamente. Se queda en silencio durante varios minutos. Su madre, asustada le pregunta si entiende lo que pasó. Y entonces Julia de 8 años dice una frase que su madre va a contar muchas veces en los años siguientes. Dice, “Mi papá murió porque era pobre mamá.

Si hubiéramos tenido más dinero, ¿no le habrían robado?” Esa pregunta hecha a los 8 años va a determinar cada decisión que Julia Turner tomara durante el resto de su vida. va a ser la razón por la que aceptara cualquier papel cuando MGM la descubriera.  Va a ser la razón por la que se casara con un millonario.

Va a ser la razón por la que durante 74 años viviera con un terror constante a perderlo todo, volver a Idaho. Hay otro detalle que solo se publicó décadas después en una entrevista que dio Mildred Francez a una periodista en 1968. Después de la muerte de Virgil, Mildrid no podía pagar el funeral. No tenía dinero ni para un ataúd barato.

Fueron unos vecinos los que pagaron el entierro. Pusieron a Virgil Turner en una tumba sin nombre en una fosa común del cementerio de Colma al sur de San Francisco, Isel. Durante casi 10 años esa tumba quedó sin lápida. Solo en 1938, cuando la pequeña Julia ya había firmado con MGM y empezaba a ganar dinero, su primera compra después del primer cheque grande no fue ropa, no fueron joyas, fue una lápida de mármol blanco para la tumba de su padre.

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