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La HUMILDE Vida de Fernando Redondo a Sus 55 Años: El Príncipe que Desapareció del Fútbol

Hay jugadores que necesitan los reflectores para existir y hay otros que cuando se apagan simplemente desaparecen. No porque fracasaron, no porque los olvidaron, sino porque eligieron hacerlo. Fernando Redondo eligió desaparecer y eso en el mundo del fútbol moderno es quizás el gesto más revolucionario que pudo hacer.

Imagina al mejor mediocampista de la década de los 90, el hombre que le robó la pelota a Henningberg con un taconazo imposible frente al Manchester United en el Bernabéu. El jugador del que Sir Alex Ferguson dijo, “¿Qué tiene este hombre en el pie? Un imán. Ese hombre hoy vive en Buenos Aires, sale poco, habla menos y cuando aparece en público es para ver a su hijo jugar al fútbol, no para dar entrevistas, no para vender su imagen, no para recordarle al mundo quién fue, simplemente para vivir.

Esto es lo que nadie te cuenta sobre Fernando Redondo, que su vida actual no es una historia de caída, ni de olvido, ni de fracaso silencioso. Es una historia de coherencia radical. El mismo hombre que se negó a cortarse el pelo cuando Pasarella se lo exigió, que rechazó mundiales por principios, que fue vendido por el Real Madrid contra su voluntad y lo dijo sin rodeos, es el mismo que hoy vive alejado de las cámaras, no porque no pueda acceder a ellas, sino porque no las necesita, no las quiere, nunca las quiso. Hoy a sus

56 años, Fernando Redondo lleva una vida de una coherencia que pocos entienden y que muchos envidian. Y en este video vas a descubrir todo, cómo construyó su fortuna, cómo se niega a gastarla en ostentaciones, cómo vive su día a día en Argentina y por qué su historia puede ser el mejor ejemplo de que la grandeza real no necesita aplausos para sostenerse.

La historia comienza en Adrogué, un barrio del sur del Gran Buenos Aires, donde el 6 de junio de 1969 nació Fernando Carlos Redondo Neri. No fue una infancia de pobreza extrema, pero tampoco una de privilegios. Su padre, también llamado Fernando, era un hombre de trabajo. Su hermano Leonardo compartió esos años de calles de tierra y potreros improvisados donde se aprende el fútbol de verdad, el fútbol sin entrenadores, sin tácticas, sin aplausos.

Desde muy chico, el pequeño Fernando mostró algo difícil de enseñar. Elegancia. No era el más rápido, no era el más fuerte, pero cuando tocaba la pelota, el tiempo parecía detenerse. Tenía una zurda que acariciaba el balón en lugar de pegarlo, una visión que anticipaba los movimientos antes de que ocurrieran y una calma bajo presión que desconcertaba a rivales y compañeros por igual.

A los 10 años, su padre lo llevó a la cantera de Argentinos Juniors, el mismo club que años antes había formado a Diego Maradona. Allí, entre canchas pequeñas y trabajo silencioso, redondo fue creciendo. El 29 de septiembre de 1985, con solo 16 años, debutó en primera división en un partido ante Gimnasia y Esgrima.

era el más joven del equipo, era también el más tranquilo. En Argentinos Juniors ganó el torneo sudamericano sub 17 en 1985 y fue construyendo su reputación partido a partido. Sus ingresos en esos años eran modestos, entre 500 y $,500 mensuales según la categoría, pero suficientes para sostenerse. Redondo ya mostraba en esa época un rasgo que lo definiría para siempre.

No gastaba en lo que no necesitaba. Vivía con lo justo, ahorraba con disciplina. El dinero era una herramienta, no un objetivo. El quiebre llegó en 1990 de la manera más inesperada. Argentinos Juniors olvidó enviar los telegramas de renovación de los contratos, lo que dejó libre a toda la plantilla.

En una situación que hoy parecería imposible, Fernando Redondo quedó libre sin habérselo propuesto. Y fue en ese momento que Jorge Solari, el técnico del Club Deportivo Tenerife en España, entró en escena. Solari no era un desconocido para redondo. Era el padre de Natalia, la mujer de la que Fernando estaba enamorado y con quien se casaría en 1992.

La propuesta era tentadora y personal al mismo tiempo. Antes de seguir, tenemos una sorpresa para ti. Si eres un verdadero fan del fútbol y quieres entender cómo el factor humano influye en cada jugada o en cada futbolista, como en el caso de Fernando Redondo, tenemos un libro exclusivo con unidades limitadas.

Haz clic ahora y transforma la manera en que ves y sientes el deporte rey. Y ahora continuemos con el video. Redondo llegó a Tenerife en 1990 con un contrato modesto para los estándares europeos, estimado en unos $150,000 anuales, pero con una oportunidad que valía más que el dinero. Demostrar en Europa que su talento no tenía fronteras geográficas y lo hizo.

En cuatro temporadas transformó a un equipo que luchaba por no descender en uno, que clasificó a la Copa de la UEFA. Las famosas ligas de Tenerife, donde el equipo canario le arrebató el título al Real Madrid en la última jornada, dos temporadas consecutivas, en 1992 y 1993, pusieron a redondo en el mapa continental.

Su nombre ya circulaba en los despachos de los grandes clubes europeos. En el verano de 1994, Jorge Baldano, ahora director deportivo del Real Madrid, cerró su fichaje. El traspaso rondó los 2 millones de dólares y los salarios iniciales oscilaban entre 700,000 y $900,000 anuales. Para Redondo era un salto enorme, pero lo recibió con la misma calma con la que recibía un balón en el medio campo, sin dramatismo, con concentración.

En el Real Madrid, Redondo no tardó en convertirse en el eje del equipo. Ganó dos ligas españolas en 1995 y 1997 una Supercopa de España y luego las dos Champions League que definieron su leyenda, la de 1997 hasta 98 y la de 1999 hasta 2000. Esta última siendo capitán del equipo y siendo elegido mejor jugador del torneo por la UEFA.

Sus ingresos en la cúspide de su carrera madridista rondaban entre 2 y 3 5 millones de dólares anuales complementados por primas de rendimiento y títulos. Pero el momento que todo el mundo recuerda no fue la final de Champions, fue el cuarto de final de la Champions 2000 frente al Manchester United en Old Trafford.

Con el marcador complicado, Redondo recibió la pelota cerca de la línea de fondo con el defensor Henningberg pegado a su espalda. En lugar de ceder el balón, ejecutó un autopase de tacón por debajo de las piernas del inglés, superó su marca y asistió a Raúl para el gol. Ferguson, que jamás elogiaba al rival, declaró después, “¿Qué tiene este hombre en el pie? Un imán.

” Ese gesto se convirtió en uno de los momentos más replicados y celebrados de la historia del fútbol europeo y sigue circulando en redes décadas después. Pero justamente en el P de su carrera, el destino jugó una de sus ironías más crueles. En el verano del 2000, Florentino Pérez llegó a la presidencia del Real Madrid derrotando a Lorenzo Sans, a quien Redondo había apoyado públicamente.

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