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Infanta Cristina: La Hija del Rey Juan Carlos Que Cayó Por Amor a un Hombre

Hay una fotografía que circuló en todos los periódicos de España el 17 de enero de 2022. Una fotografía tomada por un paparazzi en una calle de la ciudad de Vitoria, en el norte de España. La foto muestra a un hombre de 54 años, alto, deportivo, caminando por la calle, agarrado de la mano de una mujer rubia de 48 años.

Los dos sonríen, los dos están relajados como cualquier pareja enamorada de un domingo por la mañana. Ese hombre es Iñaki Urdangarin Liabart, excampeón olímpico español de balonmo, exduque de Palma de Mallorca, yerno del rey emérito Juan Carlos I de España, padre de cuatro hijos. Y esa mañana de enero de 2022, marido todavía oficial de la mujer que durante 25 años había sido la quinta en la línea de sucesión al trono español.

Esa mujer era Cristina Federica Victoria Antonia de Borbón y Grecia, la infanta Cristina, hija menor del rey Juan Carlos I y de la reina Sofía, hermana del actual rey de España, Felipe VI. Y esa misma mañana del 17 de enero de 2022, según se sabría después, ella estaba en Ginebra, en Suiza, en la casa familiar donde vivía exiliada desde hacía 7 años.

Cuando la fotografía de Iñaki agarrando la mano de Ainoa Armentia llegó al celular de la infanta Cristina, esa mañana lo que le envió un familiar cercano, según se filtraría meses después, doña Cristina cerró los ojos durante varios segundos. Después abrió los ojos, después dejó el celular sobre la mesa y después, según la versión que contaría su entorno más íntimo, dijo solamente cuatro palabras en castellano.

Dijo, “Ya no hay vuelta atrás.” Esta es la historia de la infanta Cristina de Borbón, una mujer que nació en 1965 como la cuarta persona en la línea de sucesión. al trono más antiguo de Europa. Una niña que creció entre el palacio de la zarzuela y los yates en Mallorca. Una joven que ganó una medalla olímpica de vela en 1992. Una mujer que a los 32 años se casó por amor con un héroe deportivo nacional ante 700,000 españoles emocionados y una infanta que 25 años después vio como su marido la traicionaba públicamente con una abogada vasca mientras ella vivía

exiliada en Suiza, expulsada de la familia real por su propio hermano, el rey Felipe VI, una mujer que tuvo todo lo que española puede soñar y que por amor lo perdió todo. Su título de duquesa de Palma de Mallorca, retirado por su hermano, el rey, en 2015. Su lugar en los actos oficiales de la familia real, prohibido desde 2014.

Su matrimonio destruido por la traición pública. Sus cuatro hijos desorientados entre un padre en libertad condicional después de la cárcel y una madre exiliada en Ginebra. Su casa de Pedralves en Barcelona, abandonada después de los insultos en la calle y su reputación que durante 25 años había sido la de la infanta más querida de España, reducida hoy en 2026.

a la de la hermana caída del rey Felipe. Pero la historia de la infanta Cristina no es solo la historia de un escándalo financiero, es la historia de una mujer que, según testimonios de su entorno cercano, eligió defender a su marido cuando todos le decían que lo abandonara, que firmó documentos sin leerlos porque confiaba en él, que aguantó las burlas de la prensa, las acusaciones del fiscal, los insultos en las calles de Barcelona y la convocatoria historia histórica como primera infanta española juzgada por un tribunal en 400 años. Todo por amor a un

hombre que una mañana de enero de 2022 eligió cogerle la mano a otra mujer en una calle de Victoria. Esta es la caída más espectacular de la realeza española moderna y según los expertos en monarquía, todavía no ha terminado. 13 de junio de 1965, Madrid, España. En la clínica Nuestra Señora de Loreto, en el barrio de Argüeyes, una mujer joven de 26 años llamada Sofía de Grecia y Dinamarca está dando a luz a su segunda hija.

Su marido, un hombre delgado de 27 años con bigote llamado Juan Carlos de Borbón y Borbón dos Sicilias, espera nervioso en el pasillo. Es un príncipe, el presunto futuro rey de España. Aunque en 1965, España todavía está bajo la dictadura de Francisco Franco y nadie sabe con certeza si la monarquía borbónica volverá a reinar algún día sobre el país.

A las 11:30 de la mañana nace una niña. Le ponen un nombre largo, Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia. Pero desde el primer minuto todos en la familia la van a llamar simplemente Tina. Tina en el círculo íntimo de la familia real. Cristina, en los actos oficiales, cuando empiece a tenerlos a partir de 1975, la pequeña Cristina nace en una posición curiosa.

Es la cuarta persona en la línea de sucesión al trono español, detrás de su abuelo don Juan Conde de Barcelona, detrás de su padre Juan Carlos y detrás de su hermana mayor Elena, nacida un año antes. Pero ese trono español en 1965 no existe. Llevaba 34 años abolido desde el exilio de su bisabuela Victoria Eugenia y su bisabuelo Alfonso XI en 1931.

10 años después, en noviembre de 1975, todo iba a cambiar. Francisco Franco murió. Su padre Juan Carlos fue proclamado rey de España y la pequeña Cristina a los 10 años se convirtió oficialmente en infanta de España, la quinta en la línea de sucesión al trono más antiguo de Europa y junto con su hermana Elena, una de las niñas más fotografiadas del país.

Pero la infancia de Cristina, según contaría ella misma años después, en pocas entrevistas, fue muy diferente de lo que el público español imaginaba. No era una niña mimada, no era una princesa caprichosa. Su madre, la reina Sofía, que había crecido en el exilio en Sudáfrica y Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, había decidido educar a sus tres hijos, Elena, Cristina y Felipe.

Nacido en 1968 de la manera más austera posible, considerando las posibilidades de la familia real. vestidos comprados en grandes almacenes, no en boutiques de lujo, los desayunos en familia sin servicio doméstico, las horas de estudio diarias controladas estrictamente por la propia reina y la regla más importante de la casa de la zarzuela.

Según testimonios posteriores, ningún miembro de la familia real podía cometer un escándalo público nunca, bajo ninguna circunstancia. Esa regla que había marcado a Cristina durante toda su infancia iba a ser exactamente la regla que ella misma rompería 40 años después sin querer por amor.

Cristina creció siendo la hija mediana. Elena era la mayor, dos años mayor. Felipe era el menor, 3 años menor. Cristina era la del medio, la discreta, la estudiosa, la que sacaba las mejores notas, la que jugaba al tenis y a la vela con su padre los fines de semana en el palacio de Marient, en Mallorca. Su personalidad, según la describirían sus profesores en sus años escolares, era la de una niña tímida, seria, ligeramente solitaria.

Le encantaban los caballos, le encantaba leer libros de historia, le encantaba hablar con su abuela Federica, exreina de Grecia, que vivía con la familia en Madrid hasta su muerte en 1981. Y según testimonios de sus amigas de infancia, Cristina era la única hija de la familia real que prefería pasar las tardes en su habitación leyendo a hablar con la prensa.

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