Hay una periodista de 61 años, una veterana que entró en una redacción cuando muchos de los que hoy presentan telediarios todavía no habían nacido, que se ha sentado delante de un micrófono y ha dicho en voz alta lo que toda España sospecha, pero casi nadie se atreve a pronunciar con nombres y apellidos.
Y lo que ha dicho es demoledor. Ha hablado de periodistas que sabían que una noticia era falsa, que la calificaron de Burda en privado y que aún así la lanzaron a millones de espectadores. Ha hablado de presentadoras estrella convertidas en shows de feria. ha hablado de cómo los grandes jefes de los grandes periódicos tapaban durante décadas lo que sabían de la corona y ha contado en primera persona cómo a ella le censuraron una columna por criticar a la presidenta de la Comunidad de Madrid en plena pandemia. Todo eso en una sola
conversación y hoy vamos a desmenuzarlo entero porque detrás de cada frase de esta señora hay una historia que explica por qué tú y yo ya no nos creemos casi nada de lo que sale en la tele. Así que ponte cómodo porque esto que vas a ver te va a cambiar la forma de mirar tu telediario.
Y créeme, cuando lleguemos a la parte de la corona y a la columna que le tumbaron sobre Ayuso, vas a entender de golpe cómo funciona la maquinaria de verdad. Vamos allá. La periodista de la que hablamos es Nieves con costrina. Si escuchas la radio por las mañanas, la conoces de sobra. Lleva más de 40 años en esto.
Empezó en prácticas en Diario 16 a principios de los 80 y lleva desde entonces viéndolo todo. Y cuando alguien lleva 40 años viéndolo todo, llega un punto en que deja de tener miedo. Ese punto es el que a mí más me interesa, porque es justo cuando empiezan a salir las verdades. Y la primera verdad que suelta es una bofetada para toda una profesión.
Dice que hay periodistas que han arrastrado el oficio por el fango y que ella como periodista no se lo perdona. Fíjate en el matiz. No dice no se lo perdono yo, dice no se lo perdono como periodista. O sea, lo vive como una traición a algo más grande que ella misma, a una función que ella aprendió que era casi sagrada, vigilar al poder para cuidar a la opinión pública.
Esa frase no es suya, por cierto. La idea viene de Rizard Kapucinski, uno de los grandes reporteros del siglo XX, que decía que para ser periodista hay que ser, antes que nada buena persona, no dejarse corromper y no olvidar nunca cuál es tu oficio parece una obviedad. Pues bien, a la vista está que para mucha gente que sale en tu pantalla cada noche no lo es en absoluto.
Y aquí está el problema, el problema de verdad, el que a mí me quita el sueño cuando pienso en este país. Porque cuando un periodista famoso se vende, no se hunde solo él, nos hunde a todos. Con Costrina lo explica perfectamente. Cuando la gente ve a un periodista comportándose como un corrupto, mete a todo el gremio en el mismo saco.
Estos son unos corruptos, igual que los políticos, igual que los jueces. ¿Y entonces, ¿en quién confías? Si el que tenía que vigilar al poder está comiendo de la mano del poder, ¿quién te avisa a ti de que te están robando? Esto es muy grave y es mucho más grave de lo que parece, porque no es un problema de un señor concreto, es un problema de sistema.
Cuando se rompe la confianza en el periodismo, se rompe el último filtro que tiene una democracia para defenderse de la mentira. Y una sociedad, sin ese filtro, es una sociedad a la que puedes contarle cualquier cosa, cualquiera. Y ahora viene la pregunta incómoda, esa que la derecha mediática de este país no quiere que te hagas.
¿Quién se beneficia de que tú desconfíes de absolutamente todo? Piénsalo 2 segundos. El que miente sale ganando cuando consigue que pienses que todos mienten igual. Porque si todos mienten igual, da igual a quién votes, da igual lo que denuncies, da igual que un partido tenga 20 casos de corrupción y el otro tenga uno.
Total, son todos iguales. Ese son todos iguales. Es la frase favorita del que más tiene que esconder. Pero no te vayas todavía porque aquí es donde esta historia pasa de ser una reflexión bonita a ser una bomba con nombres y apellidos. Porque con costrina no se queda en lo abstracto. Ella señala y lo que señala lo podemos comprobar dato por dato, porque está documentado, está publicado y está grabado, literalmente grabado.
Hablemos de los audios. En 2016, el periódico digital o Diario dirigido por Eduardo Inda, publicó una noticia espectacular que Pablo Iglesias, entonces líder de Podemos, tenía una cuenta secreta en un paraíso fiscal, las Islas Granadinas, donde el gobierno de Nicolás Maduro le habría ingresado una fortuna.
El típico bombazo que tiene todos los ingredientes para incendiar una campaña. El líder de la izquierda, dinero oculto, y un dictador bolivariano financiándole. Perfecto. Demasiado perfecto. Esa noticia falsa de principio a fin no se quedó en un periódico digital de combate. Saltó a la televisión. La difundió la sexta, la cadena de Antonio García Ferreras y de ahí saltó al resto.
Millones de personas la vieron, la oyeron, se la creyeron. Justo en el momento en que Podemos podía disputar de tú a tú la hegemonía de la izquierda. Y sabes qué es lo que destaparon años después unos audios grabados por el comisario José Manuel Villarejo y publicados por varios medios en 2022, pues que Ferreras sabía sabía que aquello no se sostenía.
En una comida, conversando con Villarejo, el propio Ferreras reconoce que él le dijo a Inda palabras textuales: “Es menor que cite index = 3 – 1. Es mayor que voy con ello, pero es demasiado burdo. Es menor que cite, es mayor que burdo. Esa es la palabra que usó. Demasiado tosco, demasiado grosero, demasiado evidente para ser verdad.
Para respira y léelo otra vez porque esto es lo más grave de toda esta historia. Un director de informativos te está diciendo en privado que sabe que algo es burdo, que no se cree que Iglesias abra una cuenta a su nombre y con dos apellidos para que Maduro le mande el dinero el mismo día, que son bastante más listos que todo eso. Y aún así lo emite. Lo emite igual.
Con todas las dudas del mundo en la cabeza, decide que tú, espectador, te lo tragues. ¿Te das cuenta de lo que esto significa? Esto no es un error. Un error es equivocarte de buena fe. Esto es lo contrario de un error. Esto es saber que algo huele a podrido y servírtelo en bandeja igualmente.
Y en esa comida, según los audios, no estaban dos personas cualquiera tomando café. Estaban sentados a la mesa a cargos del propio grupo mediático y el excomisario de las cloacas del estado. Ese aparato sucio que se dedicó durante años a fabricar pruebas y a destruir reputaciones desde dentro de las instituciones.
Y aquí es donde yo me enciendo, os lo confieso. Porque cuando esto sale a la luz, ¿qué pasa? ¿Alguien dimite? ¿Alguien desaparece de la televisión? No. El señor sigue ahí cada tarde en su programa dándote lecciones de a quién tienes que creer y a quién no. Con Costrinal dice con una claridad que duele, que siga en la televisión no es una anomalía, es una anomalía tremenda.
Lo que pasa, dice, es que no tienen ningún escrúpulo, no tienen vergüenza y el dinero está por encima de todo. Y mientras tanto, ¿dónde estaba la otra parte, donde el bulo se montó con todo lujo de medios, la rectificación llegó tarde, a regañadientes y enterrada? Iglesias no tuvo derecho de réplica cuando aquello estalló del todo. Fíjate en el doble rasero para difundir la mentira, prime time y todas las cadenas a coro para reconocer que era mentira, un minuto incómodo.
Y a otra cosa, así funciona. Te meten el veneno por la puerta grande y te dan el antídoto por la puerta de servicio cuando ya nadie mira. Y aquí está la trampa que quiero que veas, porque esto va mucho más allá de un señor y un programa. Los expertos que han analizado el caso lo dicen sin rodeos. Ese tipo de operaciones, esas noticias falsas lanzadas en el momento justo, ayudan a explicar por qué la izquierda de este país no llegó donde podía haber llegado.
No estamos hablando de cotilleos de profesión, estamos hablando de cómo se moldea desde una mesa de un restaurante, lo que millones de personas creen sobre por quién votar. Eso es jugar con la democracia. Y lo hicieron sabiendo que el material era con su propia palabra burdo. Y no te vayas porque todavía falta la guinda.
La pareja de Ferreras, Ana Pastor, ha vendido durante años una imagen de neutralidad, de verificación de datos contra bulos. Con costrina lanza ahí una pulla finísima. Muy bien, neutral, pero ¿qué es lo que no verifica? Porque el problema no es solo lo que se cuenta, el problema es lo que se elige no contar. Un verificador que verifica los bulos del adversario.
Pero mira, para otro lado, con los de su propia casa, no es un verificador, es una herramienta. Y oye, que cada uno juzgue lo que quiera, pero el patrón está ahí para quien lo quiera ver. Oye, voy a parar un segundo porque hemos llegado justo a la mitad del vídeo y necesito pedirte una cosa. Si has llegado hasta aquí es porque esto te importa de verdad y a este canal lo entierran cada vez que toca a quien toca. Tú sabes cómo funciona.
Estos vídeos no le interesan a mucha gente poderosa y el algoritmo lo nota, así que te pido 30 segundos. Dale a suscribirte y sobre todo activa la campanita porque sin campanita YouTube no te avisa de los vídeos nuevos y sencillamente dejas de verlos. Ese es el truco. Suscríbete, activa la campanita y si puedes déjame un comentario aunque sea de una palabra.
Al algoritmo le encanta y a este canal le da vida. Con eso, sin gastarte 1 euro, haces más porque estas cosas no queden enterradas que cualquier titular de un periódico afín. Gracias, de verdad. Y ahora seguimos porque viene la parte de la corona y ahí no te vas a creer hasta dónde llega la cosa. Pero antes de la corona, una parada rápida porque con costrina no perdona a nadie y tiene razón en no perdonar.
Habla de las mañanas de la televisión, de esos programas eternos, cuatro o 5 horas donde se mezcla la cocina, el corazón y la política como si todo valiera lo mismo y pone el dedo en la llaga con un nombre que todos conocemos. dice que aquello no es periodismo, que es un show y para que no haya dudas de a qué se refiere, recuerda algo que mucha gente joven ya ni sabe.
La presentadora más famosa de esas mañanas publicó hace años una novela que tuvo que ser retirada del mercado porque contenía pasajes copiados de otras escritoras, plagio. La editorial tuvo que dar la cara, retirar los ejemplares y tragarse el bochorno. Eso ocurrió, está documentado, no es opinión.
Y con costrina lo usa para una pregunta que escuece. ¿Cómo es posible que alguien con ese antecedente se haya convertido en una de las voces que cada mañana te dice cómo va el país y de quién te tienes que fiar? A mí esto me parece clave y por eso me detengo. No es por hacer leña personal, es porque ilustra una enfermedad de nuestro sistema mediático, la impunidad.
En cualquier oficio serio, una cosa así te aparta, en este te promociona. Y mientras tanto, ese tipo de programas funcionan según con costrina, para tontos. palabras suyas, no mías, aunque las suscribo con matices. Lo dice porque es muy fácil colar a un personaje, una consigna, un marco mental, cuando has rebajado el listón hasta convertir la información en espectáculo.
Cuando el plató es un circo, cualquier payaso entra disfrazado de analista. Y aquí conecto con algo que me parece urgentísimo. ¿Por qué tenemos los medios que tenemos? Porque hay cuatro grupos que controlan casi todo lo que ves y oyes. Cuatro. Y esos grupos tienen intereses, accionistas, bancos, anunciantes.
La propia Concostrina, que trabaja en uno de los grandes, reconoce que ha llegado a apagar la radio de pura crispación, que tiene que seleccionar a mano qué leer y a quién escuchar para no acabar enferma de tanto bulo y tanta consigna. Y si una periodista veterana desde dentro dice que tiene que filtrar a mano lo que consume para no volverse loca, ¿qué nos queda al resto? Esto otra vez es muy grave porque la concentración de medios no es un asunto técnico para entendidos.
Es el aire que respiras informativamente. Cuando cuatro propietarios deciden de qué se habla y de qué no, deciden también lo que existe y lo que no existe en tu cabeza. Y lo más perverso es que te lo presentan como pluralidad. Muchos canales, muchas voces, muchos plató, apuntando casi todos en la misma dirección cuando hay que defender a los de siempre.
Y ahora sí, ahora vamos a la corona. Y no te vayas porque aquí la historia se vuelve mucho más larga de lo que crees, siglos más larga. Con Costrina, que además de periodista es una apasionada de la historia, dice una cosa que a mí me parece luminosa. El gran problema del periodismo español es que no sabe historia y sin historia no entiendes nada porque crees que todo lo que pasa hoy ha pasado por primera vez, cuando casi siempre es el último capítulo de algo viejísimo y pone un ejemplo perfecto. Cuando le preguntan por la
corrupción de la corona, no se va a Juan Carlos, se va mucho más atrás. Se va al siglo XIX a María Cristina de Borbón, la reina regente, famosa por amasar una fortuna a base de negocios mientras era la figura más poderosa del estado. Con Costrina lo plantea casi como un origen, el momento en que se abre la espita, en que se decide que la corona, además de reinar, hace patrimonio personal y empieza a sacar el dinero fuera.
Y dice algo que da escalofríos por lo certero. A partir de ahí, el dinero de los borbones no ha vuelto a España. Y para rematarlo, recupera una frase que se le atribuye a Taleran, el ministro de Napoleón, un hombre que de listo no tenía un pelo de tonto. La frase, hablando de las casas reales, viene a decir que robar es costumbre de reyes, pero que los Borbones exageran.
Principios del siglo XIX, sin Twitter, sin filtraciones, sin periodismo de investigación. Y ya entonces, desde fuera se veía con claridad lo que aquí dentro nos hemos pasado dos siglos discutiendo. ¿Te das cuenta de lo que significa esto? Que el debate de hoy no es nuevo, que lo del rey emérito no es una mancha en una institución impecable, que es, según esta lectura histórica, la continuación de un patrón de siglos y que durante todo ese tiempo siempre ha habido alguien encargado de tapar.
Antes los cronistas de corte, después los grandes directores de periódicos. Y aquí con costrina suelta otra de las suyas y esta es de las que duelen, porque va contra los popes de su propia profesión. Dice que los grandes jefes de las grandes cadenas, de las grandes radios y de los grandes periódicos conocían perfectamente los asuntos privados y no tan privados de Juan Carlos y los taparon todos.
Los nombra los grandes editores de la transición y la democracia, los que durante décadas decidieron qué sabía el país y qué no. Y los acusa de algo muy concreto, de ponerse al lado del poder no para informar, sino para salvarse ellos mismos. Eso dice, no es hacer periodismo, eso es lo contrario del periodismo, porque el periodista tapa al poderoso justo cuando más debería vigilarlo.
Y de nuevo aparece la idea que vertebra toda la entrevista. Le han perdido el respeto a quien se lo debían, que es a ti, al público, por no perderle el respeto a los poderosos a los que adulaban. Y no te vayas, porque ahora viene la parte donde la historia se hace presente y donde tú y yo entramos en la ecuación.
Porque ahora hay que hablar de lo que sí está documentado del rey emérito. Y aquí voy a ser muy preciso porque me importa que esto que ves esté blindado y nadie te lo pueda desmontar en los comentarios. Juan Carlos no ha sido condenado por ningún delito. Eso es verdad y hay que decirlo. ¿Por qué no ha sido condenado? Esto es lo importante.
Agárrate. La Fiscalía del Tribunal Supremo investigó durante años sus fondos en el extranjero, las comisiones alrededor del AVE Alameca en Arabia Saudí, el dinero opaco en cuentas y fundaciones fuera de España. Y en 2022 lo archivó todo. Pero atención a ¿por qué lo archivó? Lo archivó porque buena parte de aquellos hechos estaban prescritos.
Había pasado demasiado tiempo y la ley ya no permitía perseguirlos. Lo archivó porque otra parte estaba cubierta por la inviolabilidad. Como jefe del Estado, hasta su abdicación en 2014. La Constitución lo blindaba, hiciera lo que hiciera y lo archivó porque justo a tiempo regularizó con Hacienda varios millones de euros, lo que cierra la puerta a perseguirlo penalmente.
¿Lo pillas? No lo archivaron porque fuera inocente. Lo archivaron porque llegó tarde, porque estaba blindado y porque pagó cuando ya le pisaban los talones. La propia fiscalía, al cerrar el caso, dejó constancia de irregularidades. Años después, el Supremo volvió a rechazar otra querella, confirmando que aquellos hechos o estaban prescritos, o regularizados o no eran perseguibles.
La palabra inocente no aparece por ningún lado. Lo que aparece es prescrito, regularizado, inviolable. Concostrina lo dice a su manera, sin anestesia, y entiendo perfectamente por qué. Ella lo llama directamente delincuente y argumenta que no es un insulto, sino una constatación. Yo que quiero que este vídeo lo aguante cualquiera, te lo cuento con el matiz legal exacto.
No hay condena, pero hay un emérito que se libró de la justicia gracias a un blindaje constitucional al paso del tiempo y a un cheque a Hacienda. Y eso, amigo, no es lo mismo que ser inocente. Eso es ser intocable, que es justamente el problema. Y ahora dime una cosa, si todo esto se sabía, si los grandes directores lo conocían, ¿por qué nos enteramos los ciudadanos tan tarde y tan mal? ¿Quién decidió que durante décadas eso no fuera portada? Esa es la pregunta y la respuesta es la misma de todo el vídeo, porque el periodismo que debía
vigilar al poder estaba demasiado ocupado en cuidarlo. Pero espera, porque lo que voy a contarte ahora es lo que conecta toda esta historia con tu vida, con la mía, con el aquí y el ahora, porque hasta ahora podías pensar, “Vale, esto va de famosos, de reyes, de periodistas estrella, gente que vive en otro planeta.” error.
Esto va de tu sanidad, de tu educación y de quién te las gestiona. Y con costrina lo lleva ahí con una historia personal que a mí me parece la más reveladora de toda la entrevista. Resulta que ella, además de su trabajo en la radio, colaboraba con una columna de opinión en el principal periódico de este país, del mismo grupo en el que trabaja.
La ficharon, según le dijeron, porque les gustaba su estilo fresco, perfecto, hasta que un día le tumbaron una columna. El motivo, palabras textuales del redactor jefe, que era muy dura. Párate en esto porque es de manual. A una columna de opinión, que por definición es opinión, le dicen que es demasiado dura. Demasiado dura para quién.
¿Desde cuándo una opinión se censura por ser firme? Y con Costrina, que no es tonta, hizo lo único digno. Dejó de colaborar. Les dijo que no pensaba escribir en un sitio donde le levantan una opinión con el único argumento de que molesta. Y ahora viene lo importante, lo que quiero que se te quede grabado.
¿De qué iba aquella columna censurada? ¿Iba de la presidenta de la Comunidad de Madrid? iba de cómo estaba gestionando la pandemia recién empezada. Era una crítica a una dirigente que con el mundo entero patas arriba andaba repartiendo golpes a diestro y siniestro, prometiendo aviones cargados de material sanitario desde China, que luego no llegaban, soltando barbaridades mientras se moría la gente.
Con costrina criticó esa actitud y el periódico le dijo que su tribuna era muy dura porque criticaba a esa señora. Esto es bochornoso y es bochornoso por una razón que va mucho más allá de un nombre, porque estamos hablando del momento más grave de nuestras vidas recientes, una pandemia con miles de muertos, residencias enteras desbordadas, sanitarios sin material y resulta que criticar a una presidenta autonómica del Partido Popular por su gestión era demasiado duro para un gran periódico. Demasiado duro criticar al
poder en medio de una catástrofe, ¿no es exactamente entonces cuando hay que ser duro? Y aquí enlazo con todo lo anterior porque ahora se cierra el círculo. ¿Recuerdas la idea del principio? La de Kapusinski, la de vigilar al poder para cuidar a la opinión pública? Pues esto es justo lo contrario.
Esto es proteger al poder para no incomodar a quien manda. Y fíjate qué casualidad, la dureza solo molesta cuando apunta hacia cierto lado. ¿Tú has visto que se le caiga una columna a alguien por ser muy duro con la izquierda? Yo no. Cada día se publican páginas enteras de una acidez salvaje contra el gobierno, contra los sindicatos, contra cualquier ministra progresista y nadie las tumba por duras.
Esa es la doble vara de medir. Esa es la trampa que tienes que aprender a ver. Y mira, voy a ser justo porque este canal no va a de tragar con todo lo que diga mi equipo. La propia concostrina dice que tiene libertad en la radio gracias a un director que la respeta, aunque no comparta lo que ella cuenta. Y eso también hay que reconocerlo.
Existen rincones donde el periodismo todavía respira. La cuestión no es que toda la izquierda sea pura y toda la derecha sea perversa. La cuestión es el patrón, repetido hasta el aburrimiento. Cuando un escándalo salpica a la derecha, medio ecosistema mediático se activa para enterrarlo, relativizarlo o cambiar de tema. Cuando salpica a la izquierda se exprime durante semanas, se pide dimisiones cada hora y se convierte en cuestión de estado.
Y ese patrón tiene nombre y lo conoces, Low Fair, cuando hace falta meter a la justicia de por medio y guerra mediática el resto del tiempo. Cuántas causas se abren con bombo y platillo contra el adversario. Ocupan portadas durante meses y luego se archivan en silencio sin que nadie pida perdón. La condena ya está dada en la portada.
La absolución, si llega, va en un breve interior que no lee nadie y el daño ese ya no se repara. Acuérdate además de lo que es la corrupción de verdad cuando hablamos del Partido Popular, porque a veces el ruido nos hace olvidar el historial. Gurtel, una trama de financiación ilegal que acabó con el partido condenado por la justicia y con un gobierno cayendo por una moción de censura púnica.
Kitchen, una operación para espiar y reventar la investigación sobre la caja B del propio partido usando medios del Estado. No son inventos de la izquierda, son sentencias, sumarios, hechos probados. Y aún así, la maquinaria mediática AFIN ha conseguido que muchísima gente piense que todos roban igual. No, no roban igual.
Roban de forma distinta, en cantidades distintas, consecuencias distintas. Y meterlo todo en el mismo saco es precisamente el mayor favor que se le puede hacer al que más ha robado. Y no te vayas porque queda una capa más, la de las redes, que es donde tú y yo libramos esta batalla cada día. Porque cuando saltan los audios de Ferreras, cuando se archiva lo del emérito, cuando se censura una columna sobre la pandemia, ¿dónde se cuenta de verdad? en redes, en hilos de gente anónima que recopila, que enlaza, que recuerda, en canales como este, la red se llenó de
indignación con los audios, de gente preguntando cómo era posible que aquel señor siguiera presentando, de usuarios recuperando viejas portadas para demostrar quién tapó qué. Y esa es la buena noticia dentro de toda esta podredumbre, que el monopolio del relato se rompió, que ya no pueden enterrar las cosas tan fácil como antes.
Pero ojo, porque también es ahí donde más fácil es manipularte. Los mismos que controlan los plató han aprendido a inundar las redes de bulos, de cuentas falsas, de marcos prefabricados. Así que la pregunta del principio sigue en pie, más viva que nunca, ¿en quién confías? Y la respuesta, la única respuesta sana, no es en nadie, ni es en todo el que diga lo que yo quiero oír.
La respuesta es confía en quien te enseña de dónde saca las cosas, en quien rectifica cuando se equivoca, en quien señala al poderoso, aunque sea de su cuerda. Ese es el periodismo que merece la pena. El resto es ruido pagado. Y déjame que aterrice todo esto porque llevamos un buen rato y quiero que te lleves algo más que indignación.
Quiero que te lleves una idea clara. Todo lo que hemos contado hoy, los audios que sabían que eran burdos y emitieron igual, las mañanas convertidas en circo, los siglos de corrupción tapada de la corona, el emérito que se libró por blindaje y no por inocencia, la columna censurada por ser dura con una presidenta del PP. Todo eso es la misma historia contada de cinco maneras distintas.
Y la historia es esta. Cuando el periodismo deja de vigilar al poder y empieza a servirlo, tú te quedas solo frente a los que mandan, solo y a oscuras. Y aquí es donde Conostrina, con sus 60 y tantos años y su lengua afilada, dice la cosa más importante de toda la entrevista. Y con esto me quedo. Dice que ella va de salida, que ha cumplido los 60, que no le queda tanto, pero que se niega a marcharse dejándolo todo peor para los que vienen detrás, que ha pasado frío en las manifestaciones por la sanidad pública, teniendo ella dinero para
pagárse la privada, que se ha peleado por la educación pública sin tener hijos. ¿Por qué? Porque entendió algo que mucha gente no entiende, que esto no va de tu beneficio personal e inmediato, va del país que dejas. Y eso me lleva a desmontar la mentira más vieja del manual, esa que sueltan tantos. Yo es que soy aolítico, a mí la política no me interesa.
Con costrina lo responde de maravilla y yo lo suscribo entero. Eso es falso. No te interesa la política, no te interesa tu sanidad, no te interesa la escuela de tus hijos, la pensión de tus padres, el sueldo con el que llegas a fin de mes. Todo eso es política. Todo. El que te dice que es apolítico no es neutral.
Es alguien al que han convencido de que mirar hacia otro lado es una postura inteligente, cuando en realidad es justo lo que necesita el poder para hacer lo que le dé la gana sin que nadie le mire. Así que vamos a hacer algo con todo esto, porque la indignación que no se convierte en acción no sirve para nada. Se queda en mala leche y mañana se nos olvida.
Y precisamente de eso viven, de que se nos olvide. Con Costrina lo decía, esto en un año se ha olvidado. Y luego añadía, a mí no se me ha olvidado. Pues eso, que no se nos olvide. Primero, comparte este vídeo en serio. No es un formulismo. Compártelo por WhatsApp con tu cuñado, con tu grupo del trabajo, con tu hermano, el que ve las mañanas de la tele, porque la única forma de que estas cosas no las entierren es que circulen más rápido de lo que ellos las pueden tapar.
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Es así de sencillo y así de injusto. Tú decides si dejas que gane el silencio. Tercero, y esto es lo más importante, no olvides. Graba estos nombres, estos casos, estos patrones y cuando llegue el momento de votar porque va a llegar, vota en consecuencia. No vota con el corazón caliente de un titular de última hora. Vota con la memoria larga.
Acuérdate de quién tapó, de quién mintió a sabiendas, de quién convirtió la información en un arma y la justicia en un teatro. Acuérdate de quién dijo que criticar al poder en plena pandemia era demasiado duro. La memoria es lo único que el poder no te puede quitar si tú no se lo permites. Porque al final, ¿sabes qué? Taley tenía razón hace dos siglos.
Aquí siempre ha habido quien exagera robando. Pero también es verdad que cada generación tiene la oportunidad de decir basta. Y la nuestra tiene una herramienta que no tuvo ninguna otra. Estas redes, estos canales, esta capacidad de contarnos las cosas entre nosotros sin pedirle permiso a los cuatro dueños del relato. Eso es enorme.
Eso es poder de verdad. Tu poder. No somos tontos. Dijera lo que dijera aquel programa para tontos. Y demostrarlo está en nuestra mano, informándonos bien, compartiendo lo que importa, no olvidando y exigiéndoles a todos, a todos, también a los nuestros la misma coherencia y la misma vergüenza que ellos nunca tuvieron.
Nieves con costrina, con 61 tacos y cuatro décadas de oficio. No se calla. La pregunta es si nosotros, que tenemos toda la vida por delante y todo por perder, vamos a tener la mitad de su valentía. Yo creo que sí. Yo creo que tú ya la tienes, porque has llegado hasta el final de este vídeo y eso hoy en día es un acto de rebeldía. Nos vemos en el próximo.