Te voy a contar una sola cosa antes de empezar y con esto ya tienes el resumen de todo lo que vas a ver. El novio de Isabel Díaz Ayuso firmó un papel. En ese papel, escrito de su puño y por boca de su propio abogado, reconocía que había defraudado a Hacienda. Reconocía dos delitos fiscales.
Se ofrecía a pagar más de medio millón de euros y a aceptar penas de cárcel para no entrar en prisión. Eso lo hizo en febrero de 2024. Y ahora, dos años después, ese mismo señor dice que es inocente, dice que es una víctima, dice que nunca cometió ningún delito y que todo es una persecución del Estado contra él. ¿Qué ha cambiado en estos dos años para que un hombre pase de confesar a proclamarse mártir? Muy sencillo.
Ha cambiado que mamá salió a defenderlo, que el aparato entero de la Comunidad de Madrid se puso a trabajar para él, que su jefa, su pareja, la presidenta, convirtió su problema personal con Hacienda en una supuesta operación de estado. Y de eso va el vídeo de hoy, de cómo un comisionista de mascarillas que se enfrenta a casi 4 años de cárcel se ha pasado la vida haciendo lo mismo, que otros le saquen las castañas del fuego.
De como el único éxito que ha tenido Alberto González Amador no es empresarial, es sentimental. consiguió la novia adecuada y desde entonces, cada vez que mete la pata, alguien con poder corre a recogerle el plato. Así que vamos a llamar a las cosas por su nombre con todo el cariño y toda la sorna. Lo que tenemos aquí es un niño de mamá, un señor de mediana edad que en cuanto le pillan da la cara como cualquier ciudadano, sino que se esconde detrás de la falda del poder.
Esto es muy grave y es a la vez bastante bochornoso. Quédate porque te lo voy a explicar despacio y con los datos delante. Empecemos por el principio porque conviene recordar de dónde sale el dinero de este señor. Estamos en plena pandemia. Año 2020, el país entero encerrado en casa, los hospitales desbordados, los sanitarios sin material. La gente muriéndose sola.
Ese es el escenario. Y mientras media España aplaudía a las 8 de la tarde había gente haciendo caja con las mascarillas. Alberto González Amador fue una de esas personas. No fabricó nada, no inventó nada, no curó a nadie. Hizo de intermediario, de comisionista. puso en contacto a una empresa que vendía mascarillas con otra que las compraba y se llevó una mordida por el camino y no una mordida pequeña.
En una sola operación, en mayo de 2020 se embolsó más de 800,000 € en otra, en agosto del mismo año, más de 1,100,000. Súmalo cerca de 2 millones de euros de comisión en plena emergencia sanitaria, 2 millones por hacer una llamada y un correo. Quédate con esa imagen porque es la imagen de fondo de toda esta historia.
Mientras tú no podías ir al entierro de tu abuela, este señor se forraba con el material que faltaba en los hospitales. Y aquí viene el primer detalle incómodo. Ese dinero, según la Agencia Tributaria, no tributó como debía porque la cosa no se queda en haberse forrado. Eso, siendo feo, no es delito. El problema es lo que vino después.
Según la inspección de Hacienda, que arrancó en 2022, González Amador montó un entramado para no pagar lo que le tocaba. Empresas pantalla, facturas falsas, gastos inventados que nunca existieron para que pareciera que había ganado menos de lo que ganó. El ejemplo más sonado es una factura de 900,000 € por un supuesto trabajo en Costa de marfil.
900,000 € ¿Sabes cuánto de ese trabajo se hizo realmente? Nada. ¿Sabes cuánto se pagó? Nada. Era un papel. Un papel para restar de los beneficios y pagar menos a Hacienda. piénsalo un segundo. ¿Cómo te vas a desgrabar un gasto que no has tenido, que no has pagado, del que solo existe una factura fantasma? Pues eso intentó hacer y no le salió bien porque las inspectoras de Hacienda lo cazaron.
Por eso la fiscalía no habla de un simple error contable. Habla de dos delitos fiscales y uno de falsedad documental, de una cantidad defraudada de unos 350,000 € entre dos ejercicios. Y te recuerdo que para que un fraude se convierta en delito hace falta superar los 120,000 € por año y hacerlo a propósito con intención de engañar, no por despiste.
A propósito, no te vayas todavía, porque lo que viene ahora es la pieza que lo convierte todo en una vergüenza monumental. En este punto, cualquier ciudadano normal estaría temblando. A te llega Hacienda, te pilla las facturas falsas, te denuncia la fiscalía. Lo lógico es que pases miedo, que busques un abogado y que intentes arreglarlo como puedas.

Y eso al principio es exactamente lo que hizo. Agárrate. En febrero de 2024, Alberto González Amador, a través de su abogado, le ofreció un pacto a la fiscalía. ¿En qué consistía ese pacto? En reconocer que había cometido los dos delitos fiscales. En pagar la cuota defraudada, los intereses y la sanción, unos 520.
000 € en números redondos. y en aceptar penas de cárcel 4 meses por cada delito con el compromiso de no pisar la prisión. Léelo otra vez despacio. El novio de la presidenta de Madrid reconoció por escrito que era culpable. Quiso pagar para que el asunto no fuera a más. Esto no me lo invento yo. Consta en los documentos del caso.
Lo ha confirmado él mismo en escritos judiciales posteriores. ¿Te das cuenta de lo que significa esto? Significa que la versión de que es un ciudadano inocente perseguido por el malvado Pedro Sánchez se cae por su propio peso, porque el propio interesado admitió la culpa antes de que nadie montara ninguna teoría conspiranoica.
Y aquí, amigos, es donde aparece mamá, porque justo cuando este señor estaba a punto de pactar y comerse el marrón en silencio, pasó algo. La noticia del fraude salió a la luz. la publicó el diario PUNes. Y a partir de ese momento, el problema fiscal de un particular se transformó, como por arte de magia en una cruzada política.
¿Quién hizo esa magia? El entorno de Ayuso. En concreto, su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, se dedicó a repartir entre periodistas un correo reservado de la fiscalía. ¿Con qué intención? Con la de vender, que era la fiscalía la que perseguía a González Amador y no al revés, con la de construir el relato de la víctima. La presidenta de la Comunidad de Madrid salió en rueda de prensa a hablar de persecución política escandalosa, de que todo huele a turbio, de una inspección fiscal salvaje.
Habló de una operación de todos los poderes del Estado contra un ciudadano anónimo, para que nos entendamos. un señor que defraudó casi cuatro de cada 10 € que debía y que confesó haberlo hecho. De repente era un pobre ciudadano anónimo acosado por el sistema y la persona que lo decía no era una vecina cualquiera.
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Era la presidenta de una de las comunidades más importantes del país, su pareja. Y aquí está el corazón de todo lo que te quiero contar hoy. Esto es lo que de verdad importa. Fíjate en el contraste porque es brutal. Por un lado tienes a un hombre adulto, un empresario, alguien que presume de hacerse a sí mismo, alguien del partido que da lecciones de esfuerzo y de mérito a todo el mundo.
El partido de la España nos roba a los que madrugamos. El partido de bajar impuestos a los ricos mientras te explican que pagar impuestos es de tontos. Y por otro lado, ¿qué hace ese hombre adulto cuando le toca a él rendir cuentas? Da la cara, paga como cualquier hijo de vecino. Asume no. Se mete debajo de la mesa y deja que su novia, la presidenta, salga a pelear por él.
Deja que el jefe de gabinete reparta correos. Deja que toda la maquinaria de un gobierno autonómico se dedique a su problema fiscal privado. Por eso lo llamo niño de mamá. Y lo digo con toda la intención satírica, que conste, porque eso es exactamente lo que es. Un señor que cuando el colegio llama a casa para decir que se ha portado mal, no responde él responde mamá.
Y mamá, en este caso, no es una madre cualquiera. Es una presidenta autonómica con un aparato de comunicación y un gobierno entero a su disposición. El éxito de Alberto González Amador no está en sus negocios. Sus negocios le han llevado al banquillo. Su gran éxito, el único de verdad, fue echarse la novia adecuada. Porque desde que está con Ayuso, cada vez que la lía, alguien con poder corre a recoger los platos rotos.
Eso no lo consigue cualquiera. Eso solo lo consigue un niño de mamá con muy buenos contactos. Y todavía hay más, porque la historia se pone todavía peor. Te voy a pedir un favor antes de seguir porque lo que viene ahora es la parte que más quiero que entiendas y que más me importa que llegue lejos. Si este vídeo te está pareciendo útil, si crees que esta forma de contar las cosas con los datos delante y sin tragarnos el relato que nos venden hace falta, suscríbete al canal y dale a la campanita.
Es la única manera de que el YouTube no entierre este tipo de contenido. No te cuesta nada y a nosotros nos ayuda muchísimo a seguir aquí contándote lo que la televisión te cuenta a trozos. Gracias. Seguimos. Porque resulta que la jugada del victimismo increíblemente le salió a medias bien. Y aquí entra el segundo personaje grande de esta historia.
El jefe de gabinete filtró aquel correo de la fiscalía y a raíz de toda aquella guerra acabó imputado y luego condenado el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. El Tribunal Supremo lo condenó por revelación de secretos, lo inhabilitó 2 años, le impuso una multa y le ordenó indemnizar al propio González Amador con 10,000 € García Ortiz dimitió, “Y aquí quiero ser muy honesto contigo, porque este canal no funciona como funcionan los de enfrente.
El Supremo dictó esa sentencia. Es un hecho. No la voy a negar ni te voy a vender que García Ortiz es un santo perseguido, igual que ellos te venden que González Amador es un mártir. Esa condena existe y hay que respetarla. te guste más o te guste menos. El debate sobre si fue justa o desproporcionada es legítimo y muchos juristas lo discuten, pero la sentencia está ahí.
Ahora bien, presta muchísima atención a lo que viene, porque es la clave de bóveda de todo el asunto. El entorno del novio de Ayuso cogió esa condena y montó la fiesta. Dijeron, “¿Lo veis? Si han condenado al fiscal general, es que todo el caso contra Alberto era una conspiración. Así que en febrero de 2026 su defensa presentó un escrito pidiendo que se anule todo el juicio por el fraude.
Dedicaron media defensa a hablar de la condena de García Ortiz. Y aquí está la bomba. El propio Tribunal Supremo, el mismo que condenó al fiscal general, dedicó dos páginas enteras de su sentencia a dejar una cosa clarísima, que esa condena no sirve para anular el juicio del fraude. Textualmente vino a decir que es precipitado e infundado pensar que los jueces que juzguen el fraude no van a saber hacer su trabajo y que, por supuesto, no podrán usar como prueba el correo filtrado, pero que el caso del fraude sigue su curso.
O sea, que ni con esas, ni jugando la carta del fiscal general consigue librarse del juicio por sus facturas falsas. El Supremo le dice, “Con todas las letras, una cosa es lo que hizo mal el fiscal y otra muy distinta lo que hiciste tú con Hacienda y de lo segundo vas a responder igual.” ¿Y sabes qué es lo más vergonzoso de todo esto? Que es la prueba definitiva del niño de mamá.
Porque mientras un ciudadano normal habría pactado, pagado y desaparecido del mapa para que no se hablara más de él, este señor ha hecho justo lo contrario. Ha aprovechado cada metedura de pata ajena, cada cáscara de plátano que pisaba otro para reinflarse el papel de víctima. Primero confiesa, luego, cuando ve que el viento sopla a favor, se desdice y dice que es inocente.
Primero, perdón, pago y no entro en la cárcel. Después, yo no he hecho nada. Soy un perseguido. Esa es la diferencia entre asumir tus actos y esconderte detrás del poder. Y este hombre lleva años eligiendo lo segundo, porque puede, porque tiene a quien lo proteja. Y mientras tanto, ¿de qué no hablamos? No hablamos de las facturas falsas.
No hablamos de los 900,000 € de costa de marfil que no existieron. No hablamos de los 2 millones que se sacó con las mascarillas mientras la gente se moría. De eso no se habla, porque han conseguido que hablemos de fiscales, de filtraciones, de conspiraciones. Han embarrado el campo de juego, exactamente como denunciaba el director del diario.
Punto. Es sembrar sospechas sobre las fuentes, sobre la intención, sobre todo para que te olvides del dato principal. Y el dato principal, no lo pierdas de vista nunca, es este. El novio de la presidenta que gestiona los impuestos de los madrileños está procesado por no pagar los suyos y lo reconoció él mismo por escrito.
No te vayas, porque ahora quiero que ampliemos un poco el plano, que veas que esto no es una anécdota suelta, porque esta historia no es nueva, es un patrón. Es la misma película de siempre, con distintos actores. Cuando a la izquierda le salpica un escándalo, ya sabemos lo que pasa. Se le exige dimisiones inmediatas. portadas durante semanas, tertulias enteras pidiendo cabezas y cuando hay una sentencia se acata.
Recuerda cómo se gestionaron los casos que han tocado al entorno socialista con sus matices y sus broncas, pero con el caso en los tribunales y la presión mediática a tope. Ahora compáralo con la derecha. ¿Te acuerdas de la Gürtel? Una trama de corrupción que financió ilegalmente al Partido Popular y que acabó tumbando a un gobierno entero por una moción de censura.
¿Te acuerdas de la Púnica, de la Kitchen? donde se montó una policía patriótica para robarle la documentación al extesorero del partido y tapar la caja B. ¿Te acuerdas de Bárcenas, de los papeles, de los sobresueldos? En todos esos casos, ¿cuál fue la reacción? Negarlo todo. Atacar al juez, atacar al fiscal, atacar al periodista que lo destapaba.

Inventarse una conspiración, presentarse como víctimas. ¿Te suena? Es exactamente el mismo manual que están usando ahora con el novio de Ayuso. La palabra que se han inventado para esto es lowfir. La usan para decir que los jueces y los fiscales persiguen a la derecha por motivos políticos, pero fíjate en la paradoja, porque es deliciosa.
Los mismos que llevan años aplaudiendo cada vez que un juez investigaba a un rival político, los mismos que celebraban cada imputación de la izquierda, ahora descubren de repente que la justicia es injusta. Ahora resulta que hay persecución. ¿Desde cuándo? Desde que les toca a ellos. Esto es hipocresía. monumental y los medios afines, claro, acompañan.
Los mismos periódicos y tertulias que durante años pedían cárcel para cualquiera que oliera a sospecha, ahora dedican sus portadas a defender a un comisionista que confesó un fraude. Ahora el confeso es un héroe y el periodista que lo destapó es el villano, El mundo al revés. Y déjame que te dé mi opinión ya abiertamente, porque para eso estás aquí.
A mí lo que más me indigna de toda esta historia no es ni siquiera el fraude. El fraude es grave, gravísimo, pero el fraude es casi lo de menos en términos de lo que nos cuenta sobre el país en el que vivimos. Lo que de verdad me revienta es la impunidad. Es la sensación cada vez más clara de que hay dos Españas.
Una en la que tú, si te equivocas en la declaración de la renta por 200 € te cae una paralela y un susto que no olvidas en tu vida. y otra en la que puedes montar empresas pantalla, fabricar facturas falsas por 900,000 € confesarlo y aún así seguir paseándote por Madrid dando lecciones de libertad y de no pagar impuestos.
La diferencia entre una y otra España no es el delito, es el apellido. Es la cama en la que duermes, es la novia que tienes. Porque si tú o yo hacemos la mitad de lo que ha hecho este señor, no tenemos a una presidenta autonómica saliendo en rueda de prensa a decir que sufrimos una persecución.
Tenemos un embargo y una vista oral y a correr. Y esto históricamente no es casualidad. En este país arrastramos una herencia muy pesada, una transición que decidió no mirar atrás, una cultura del todos lo hacen que ha protegido durante décadas a los de arriba. Una idea profundamente reaccionaria de que las leyes están para los de abajo y los apellidos están para los de arriba.
Y cada vez que dejamos pasar uno de estos casos, cada vez que nos tragamos el relato del pobre perseguido, estamos reforzando esa herencia. Estamos diciendo que sí, que hay españoles de primera y españoles de segunda. Por eso me niego a olvidar. Por eso hago estos vídeos, porque la única arma que tenemos los de abajo contra la impunidad de los de arriba es la memoria.
Recordar quién hizo qué, cuándo lo hizo y cómo intentó escaquearse. Y quiero terminar con una idea que me parece la más importante de todas y que tiene que ver con el respeto a las reglas. En este canal aplicamos la presunción de inocencia a todo el mundo. A todo el mundo. También a Alberto González Amador. Él está procesado, no condenado y tiene todo el derecho a defenderse en un juicio justo y a que ese juicio determine si es culpable.
Eso vale para él igual que vale para cualquiera, sea del color que sea. Esto no es opcional. Es lo que nos distingue de quienes señalan y condenan en redes sin pruebas. Pero presunción de inocencia no significa silencio. No significa que no podamos contar lo que está documentado. Y lo que está documentado es demoledor, que confesó por escrito que hay facturas falsas, que la Agencia Tributaria lo destapó, que la Audiencia Provincial ha confirmado su procesamiento y que se enfrenta a un juicio donde le piden casi 4 años de
cárcel. Todo eso son hechos, no opiniones. La opinión, la mía, la que pongo encima de la mesa con toda la sorna del mundo, es esta, que estamos ante un niño de mamá con muy buenos contactos. Un señor que nunca ha tenido que dar la cara por sí mismo porque siempre ha habido alguien con poder dispuesto a darla por él y que su mayor logro en la vida no fue ningún negocio, sino encontrar a la persona capaz de convertir su fraude en una causa política.
Así que vamos a hacer tres cosas y te las pido de corazón. La primera, comparte este vídeo. Compártelo en tu WhatsApp, en tu familia, en ese grupo donde tu cuñado te suelta que lo del novio de Ayuso es una persecución del Sánchez. Mándaselo. Porque la mejor manera de que no entierren esta noticia bajo toneladas de ruido es que la gente la conozca con los datos en la mano.
Cada vez que compartes le ganamos un trozo de terreno al relato de los que quieren que mires a otro lado. La segunda, suscríbete al canal y activa la campanita si todavía no lo has hecho. Aquí vamos a seguir contando estas cosas, una a una. sin que se nos escape ninguna, conectando lo que la televisión te da en pedacitos sueltos para que no entiendas el conjunto.
Nosotros te damos el conjunto, pero solo podemos seguir si estás ahí. Y la tercera, la más importante de todas, vota con memoria. Cuando llegue el momento, cuando te toque meter la papeleta en la urna, acuérdate. Acuérdate de los 2 millones de las mascarillas. Acuérdate de las facturas falsas. Acuérdate del niño de mamá que confesó y luego se hizo la víctima.
Acuérdate de quién salió a defenderlo con el dinero de todos. No votamos con rabia, votamos con memoria, porque la memoria es lo único que la impunidad no puede comprar. Esto no puede quedar impune y mientras haya gente como tú dispuesta a no olvidar, no quedará. Nos vemos en el próximo vídeo.