Hay dos videos del mismo incidente. Tú solo viste uno. El que viste muestra a un hombre golpeando a otro en la puerta de una casa en Cancún. Ese video incendió las redes sociales. Ese video reunió a casi 200 personas frente a esa casa con piedras y palos. Ese video movilizó a 100 elementos de seguridad. Ese video convirtió a Rigoberto Díaz Cruz en el hombre más odiado de Cancún en menos de 24 horas.
Pero Rigoberto dice que ese video empieza a la mitad de la historia y ahora, desde donde se encuentra detenido bajo custodia migratoria está hablando. Dice que el otro hombre no fue simplemente a pedir la cartilla de vacunación de un perro. Dice que ese hombre estuvo acosando a su esposa, a su esposa embarazada, y que él reaccionó para defenderla.
Dice también algo que nadie esperaba, que ese incidente no ocurrió el 27 de mayo, que ocurrió hace aproximadamente 2 meses, y que alguien, por alguna razón que él no entiende, decidió subir ese video a las redes sociales precisamente ahora. ¿Quién tiene razón? ¿Qué muestra el video completo que nadie ha publicado? ¿Y por qué, mientras se debaten estas preguntas, familias cubanas que no conocen a Rigoberto están perdiendo sus empleos, siendo rechazadas en sus colonias y decidiendo no salir de casa? Esta es la historia completa, la que
comienza antes del golpe. Para entender lo que está pasando en Cancún, hay que entender la Supermanzana 23 en el año 2026. No es una colonia cualquiera. Es una zona de clase trabajadora en el corazón de Cancún, municipio de Benito Juárez, Quintana Ro. Calles estrechas, casas apretadas, comercios en cada esquina.
Un lugar donde la vida cotidiana ocurre en la calle y donde los conflictos vecinales se ventilan rápido y en voz alta. En los últimos meses, esta colonia se convirtió en el epicentro de algo mucho más complejo, una acumulación de incidentes violentos que involucraban a ciudadanos cubanos y una respuesta institucional que los vecinos locales consideraban insuficiente.
El historial de 2026 habla por sí solo. El 23 de marzo, tres cubanos fueron atacados a balazos en la colonia El Sheriff dentro del mismo municipio. Uno de ellos perdió la vida. El 29 de abril, un hombre cubano identificado como Guillermo fue retenido por ciudadanos en la avenida Tulum después de golpear brutalmente a una mujer dentro de un autobús de transporte público.

El 5 de mayo, una mujer cubana fue asesinada apuñaladas por su expareja, también cubano en un caso investigado como feminicidio. El 21 de mayo, apenas una semana antes del incidente que nos ocupa, un cantante cubano de 29 años llamado Wally del Valle recibió nueve impactos de bala en la calle 8 de la Supermanzana 23, a escasos metros del hotel Batap, cuatro ciudadanos cubanos fueron detenidos como presuntos responsables.
El 26 de mayo, otro cubano fue detenido por presunto robo en una notaría de la ciudad. Y en ese contexto, el 16 de abril, vecinos de la Supermanzana 23 ya se habían plantado frente al Ayuntamiento de Benito Juárez para exigir más seguridad y acciones del Instituto Nacional de Inmigración. Ese contexto no es excusa para lo que vino después, pero sí es el suelo sobre el que creció todo lo que vino después.
Rigoberto Díaz Cruz vivía en esa colonia 39 años, originario de Pinar del río Cuba. Residía en un domicilio sobre la calle Palmeras 16 en la Supermanzana 23. Con él vivía Judelms, su pareja de 23 años embarazada. eran parte de esa comunidad de migrantes cubanos que se había sentado en la zona en condiciones económicas precarias en un limbo legal que organizaciones de derechos humanos llevan meses documentando.
Según un informe de Human Rights Watch, publicado días antes del incidente, entre enero de 2025 y marzo de 2026, fueron deportados desde Estados Unidos hacia México más de 4,300 cubanos. El grupo más numeroso entre los nacionales de terceros países expulsados hacia territorio mexicano. Muchos terminaron en ciudades como Cancún, sin documentos, sin certeza, sin una respuesta institucional clara de parte de México ni de Cuba.
Rigoberto era uno de ellos. Y la noche del 27 de mayo de 2026 su vida cambió de una manera que ningún video de 2 minutos puede explicar completamente. Lo que es importante entender antes de seguir es esto. La comunidad cubana en Cancún no es un bloque monolítico. Son trabajadores en restaurantes, hoteles, carwash, bares y comercios.
Son familias que cruzaron una frontera detrás de otra buscando estabilidad. Son personas que llegaron en condiciones que ningún gobierno ha querido resolver del todo, atrapadas entre una deportación desde Estados Unidos y un limbo migratorio en México que la COMAR, el sistema de refugio saturado por recortes, no puede absorber.
Muchos de ellos llevan meses trabajando con contratos informales, pagando rentas sin garantías, construyendo una vida en una ciudad que los necesita, pero que en este momento no los quiere. Eso no exonera a nadie de sus acciones individuales, pero sí explica por qué lo que le pasó a Rigoberto la noche del 27 de mayo no terminó afectando solo a Rigoberto.
Lo que el público vio comenzó con un hombre parado frente a una puerta. Un ciudadano mexicano cuyo nombre no ha sido revelado públicamente apareció en los videos que él mismo grabó explicando que había sido mordido por un perro en la calle y que se dirigía al domicilio de donde provenía el animal para pedir la cartilla de vacunación.
Una petición razonable amparada incluso en el Reglamento de Protección Animal del municipio de Benito Juárez, que obliga a los dueños a llevar a sus mascotas con Correa y responsabiliza civilmente a quien cause daño por negligencia en la custodia de su animal. Judelm estaba afuera de la casa. El mexicano se dirigió a ella.
Puede salir el caballero que estaba aquí. Es que me acaba de morder su perro. Ella respondió que el perro era de la calle y que no la grabara. El mexicano insistió en que le habían dicho que el animal tenía vacunas y era propiedad de alguien en esa vivienda. Entonces salió Rigoberto. Lo que ocurrió en los siguientes segundos está documentado en el vedio que se hizo viral. Un intercambio verbal que escaló.
Rigoberto volviendo a entrar al domicilio. Rigoberto saliendo de nuevo y entonces el golpe, el mexicano con lesiones visibles, la cámara grabando todo. Esas imágenes circularon durante horas. Para la noche ya habían generado una ola de comentarios cargados de hostilidad. Frases como esos cubanos ya se están pasando o en su país que hagan lo que quieran, pero aquí no.
Empezaron a dominar los grupos locales de Facebook y WhatsApp. Y entonces apareció la convocatoria, una publicación que invitaba a acudir al domicilio de Rigoberto y que lo llamaba con crueldad calculada la piñata cubana. Para las 7 de la tarde, cerca de 200 personas rodeaban la calle Palmeras 16 con piedras y palos, ventanas rotas, puertas dañadas, motocicletas usadas como arietes contra el portón, gritos de fuera cubanos que ya no eran sobre Rigoberto, sino sobre toda una comunidad. Adentro Judelmis esperaba
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embarazada, sin poder salir, 100 elementos de seguridad llegaron para contener a la multitud. Policía Municipal, Policía Estatal, Guardia Nacional, Marina Antimotines, Protección Civil, Bomberos y el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas. Los paramédicos del ERUM atendieron a Judelmis antes de que fuera trasladada.
A las 22:30 horas, Rigoberto y Judelmis fueron entregados al Instituto Nacional de Migración. Nadie fue detenido por las piedras. Nadie fue detenido por los gritos de odio. Nadie fue detenido por la convocatoria al linchamiento. El 2 de junio de 2026, 6 días después de los disturbios, Rigoberto Díaz Cruz apareció en Facebook no desde su casa, desde donde se encontraba detenido, con la cara visible, con nombre completo, con voz firme y con una versión de los hechos que contradice punto por punto la narrativa que había convertido esas
imágenes en material para una turba. Empezó agradeciéndole a quienes se habían preocupado por él y por Judelmis. Dijo que ambos estaban bien de salud y luego fue directo a lo que quería decir. Reconoció haber actuado con violencia. No lo negó, pero pidió algo que nadie en las redes sociales había pedido antes de organizar la turba, que se vea el vídeo desde el principio.
Su versión, el hombre no llegó simplemente a pedir la cartilla de vacunación de un perro. Según Brigoberto, ese hombre estaba acosando a Judelms, acosando a su esposa embarazada. Y fue eso, no la solicitud de un documento lo que detonó su reacción. Yo actué así por la seguridad de mi esposa que está embarazada. Lo hice porque esa persona estaba acosando a mi esposa y por eso reaccioné de manera violenta declaró.
Luego vino el elemento que más debate generó, la negación de la mordida. Rigoberto dijo que la historia del perro que atacó al mexicano es falsa, que no hay ninguna mordida y que si la hay que se demuestre. Lo único que yo quiero es que él demuestre la mordida del perro, que es falsa también, que publique la lesión y el video completo.
Entonces veremos quién tiene la razón. Y luego la revelación que más preguntas deja abiertas. Según Rigoberto, este incidente no ocurrió el 27 de mayo. Ocurrió hace aproximadamente 2 meses antes de que el vídeo se viralizara. Él mismo dijo no entender por qué alguien decidió publicar esas imágenes en ese momento específico.
Ese problema ocurrió hace 2 meses y no sé cuál es el objetivo de subirlo ahora a las redes sociales después de tanto tiempo. Aquí es donde la historia se complica de una manera que ningún titular de tres palabras puede capturar. Si el incidente ocurrió dos meses antes, ¿por qué se publicó ahora? fue una decisión deliberada para aprovecharse del clima de tensión que ya existía en la Supermanzana 23 después del tiroteo al cantante y los demás incidentes del año.
¿O es simplemente que alguien guardó el video y en algún momento decidió que era tiempo de usarlo? piénsalo un momento. Si la versión de Rigoberto sobre la fecha es correcta, entonces lo que miles de personas vieron y sobre lo que basaron su indignación no fue un incidente que acababa de ocurrir. Fue un video de meses de antigüedad que alguien eligió activar en el momento de mayor tensión social de la Supermanzana 23.
Eso no cambia lo que muestra el video, pero sí cambia radicalmente la pregunta de por qué llegó a tus ojos ese día específico, en ese contexto específico, con esa narrativa específica. Y si la versión sobre el acoso es verdad, si existe realmente otro segmento de grabación que no se publicó, entonces lo que la turba juzgó y castigó no fue la historia completa, fue una edición de esa historia, una edición que alguien eligió hacer.
Ninguna de esas preguntas tiene respuesta oficial todavía. La Fiscalía de Quintana Ro no ha confirmado la apertura de una investigación formal. No hay declaraciones de las autoridades sobre si se buscará el video completo. No hay ninguna postura institucional sobre la versión que Rigoberto ofreció desde su detención. Lo que sí hay es la imagen de un hombre que, independientemente de cuál sea la verdad completa, ejerció violencia física contra otra persona.
Y eso, en cualquier versión de los hechos tiene consecuencias legales que todavía no se han concretado. Mientras Rigoberto hablaba desde su detención, afuera ocurría algo que la Cámara de Nadie estaba filmando. Merilyn Torres Leal, presidenta de la Fundación Sisbac, organización civil dedicada a la atención de migrantes en México, comenzó a recibir reportes.

Primero fueron unos cuantos, luego se convirtieron en 15 20 por día. Cubanos que trabajaban en Cancún y de un día para otro se quedaron sin empleo. Propietarios que le cerraron las puertas a familias que llevaban meses pagando su renta sin ningún problema. personas que caminaban por la calle y escuchaban fuera cubanos o regrésate a tu país.
Y algo que Torres Leal describió como especialmente preocupante, anuncios reales o en redes sociales que especificaban que no se contrataba a ciudadanos cubanos. Vimos con alarma como este clima virtual ha trascendido a la vida cotidiana, afectando a nuestras familias trabajadoras totalmente ajenas a dichos acontecimientos”, dijeron en un pronunciamiento quienes documentaron los casos.
Una mujer cubana publicó en TikTok algo que resumió lo que muchos sentían pero no querían decir en voz alta. Mi familia y yo hemos decidido no salir de casa. Los ánimos están muy caldeados. No era Rigoberto, no era Judelmis, era una mujer cubana en Cancún que no tenía nada que ver con lo que pasó en la calle Palmeras 16 y que, sin embargo, tenía miedo de salir a la calle.
Torres Leal fue clara en su diagnóstico. Los conflictos siempre van a existir, pero el enojo no debe convertirse en odio. La violencia nunca debe responderse con más violencia. Mientras todo esto ocurría, el consulado general de Cuba en Cancún guardaba silencio. Un silencio que los propios cubanos residentes en México calificaron de inexplicable, porque ese consulado está ubicado en la Supermanzana 20, a pocos pasos de donde ocurrieron los hechos.
y en días de crisis para su comunidad no emitió ni una sola declaración pública. Nos resulta paradójico e incomprensible que nuestro consulado en Cancún haya mantenido un silencio público absoluto”, escribieron los firmantes de un pronunciamiento que exigía una postura oficial. La ausencia de reacción, añadieron, dejó a la comunidad en una posición de clara vulnerabilidad social y mediática.
Cuba no habló y eso para quienes viven en Cancún, sin papeles en regla y sin saber qué va a pasar con su situación migratoria, fue una señal muy clara. Estaban solos. Hay una pregunta que este caso deja suspendida en el aire y que nadie con poder para responderla ha querido abordar directamente. ¿Qué le va a pasar a Judel Miss? Tiene 23 años, está embarazada.
fue atendida de emergencia por paramédicos del ERUM mientras una turba atacaba su casa y ahora está en manos del Instituto Nacional de Migración, que según la ley mexicana tiene hasta 15 días hábiles para resolver su situación con posibilidad de extender ese plazo hasta 60 días. Extroficialmente se habla de una posible repatriación de Rigoberto, pero nadie ha informado si el embarazo de Judelmis pesa en esa decisión, si hay un protocolo especial, si hay alguna protección, la Ley de Migración de México contempla principios de atención
especial para grupos vulnerables. Las mujeres embarazadas están en esa categoría, pero la aplicación práctica de ese principio no siempre coincide con su existencia en el papel y las autoridades no han hecho transparente como están tratando este caso específico. Judelm no golpeó a nadie. Judelm no organizó ninguna convocatoria.
Judelmies estaba sentada afuera de su casa cuando un hombre llegó a la puerta y hoy semanas después sigue en custodia migratoria con un bebé en camino y sin que nadie haya explicado públicamente qué futuro le espera. Este caso visto en su totalidad es un espejo que muestra muchas cosas a la vez.
muestra a un hombre que actuó con violencia, lo admitió y ahora ofrece una versión que el público no puede verificar porque el video completo no ha sido publicado. Muestra un sistema de redes sociales que tomó 2 minutos de imagen y los convirtió en combustible para casi 200 personas dispuestas a hacerse justicia por propia mano.
muestra a una ciudad que lleva meses acumulando tensiones migratorias reales con una cronología de incidentes violentos que nadie puede negar, pero que no pueden ni deben convertirse en una licencia para perseguir a una comunidad entera. Muestra autoridades que llegaron rápido a contener la turba, pero que siguen sin ofrecer respuestas sobre la investigación del caso original ni sobre quiénes organizaron el hinchamiento.
Muestra a un consulado cubano que eligió el silencio cuando su comunidad más lo necesitaba. y muestra a una mujer embarazada que nadie parece recordar cuando se debate quién tiene razón. En México se han documentado más de 2,000 intentos del hinchamiento en poco más de una década. La tecnología los hace más rápidos, más organizados y más difíciles de detener.
Lo que ocurrió la noche del 27 de mayo en la Supermanzana 23 de Cancún fue uno de esos intentos. Lo que ocurrió el 2 de junio cuando Rigoberto habló fue algo distinto. La aparición de una segunda versión que hace más complicado, no más simple, todo lo que creíamos saber. La verdad completa está en un vídeo que nadie ha publicado.
Y hasta que ese vídeo aparezca o hasta que alguien con autoridad decida investigar este caso con la seriedad que merece, lo que tenemos son dos versiones. Una comunidad dañada y una mujer embarazada en manos del INEM que todavía está esperando una respuesta. M.