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FUE DETENIDA DELANTE DE SU FAMILIA: EL VIDEO VIRAL DE LA PERIODISTA ROXANA GUZMÁN EN VERACRUZ –

Eran las 6 de la mañana del martes 2 de junio de 2026 en la colonia Primero de Mayo en Nanchital, Veracruz. La mayoría de los vecinos todavía dormía. Las calles estaban silenciosas, pero en la calle Balderas algo perturbó esa calma de madrugada de manera brutal y definitiva. Golpes fuertes, repetidos, el sonido de un marro golpeando una puerta metálica una y otra vez hasta que el metal se dió.

Hombres encapuchados, vestidos de negro, armados con fusiles de largo alcance, irrumpieron en una vivienda familiar. Adentro. Un hombre sin camisa intentó detenerlos, les rogó que no entraran, les dijo que había una bebé en la casa. Uno de los agresores le apuntó directo con el arma. El hombre se hizo a un lado. Todo quedó grabado.

Un familiar en medio del terror tuvo la presencia de ánimo de filmar lo que estaba pasando. El video corrió por redes sociales a la velocidad del miedo y en cuestión de horas el país entero supo lo que había ocurrido en esa casa de Nanchital. La mujer que se llevaron se llama Roxana Berenice Guzmán Ramírez. Es periodista, directora y fundadora del portal Pulso Informativo del Sureste.

Una mujer que ya había sobrevivido lo inimaginable una vez, que había huido de Veracruz, que había reconstruido su vida, que había regresado con la convicción de que la verdad merece ser contada. Y en la madrugada de ese martes, un grupo armado decidió silenciarla. Su paradero hasta este momento sigue siendo desconocido.

Para entender lo que le pasó a Roxana Guzmán el 2 de junio de 2026, hay que entender quién es ella. No como un nombre en un comunicado oficial, no como una víctima sin rostro, sino como la mujer real que decidió regresar a uno de los estados más peligrosos de México para hacer periodismo ciudadano.

Roxana Berenice Guzmán Ramírez creció en la zona sur de Veracruz. ese corredor que incluye a Cuatzacalcos, Minatitlán, Cozoleacaque y municipios más pequeños como Nanchital de Lázaro Cárdenas del Río, donde ella estableció su base, una región con historia de industria petrolera, con comunidades obreras con una vida cotidiana marcada en los últimos años por la presencia creciente de grupos criminales que disputan territorios y extorsionan negocios que envían mensajes de terror a plena luz del día.

Roxana no era una periodista de grandes corporativos mediáticos. No tenía detrás de ella una empresa con abogados, con seguridad privada, con protocolos de protección. Era una comunicadora de a pie. Su herramienta principal era su teléfono celular, su plataforma, las redes sociales. Su metodología ir al lugar de los hechos, hablar con la gente, transmitir en vivo, cubría lo que los medios grandes ignoraban.

Los baches que llevan meses sin repararse, las quejas por el servicio de agua, los eventos políticos locales, los incidentes de seguridad que sacudían a los vecinos de Nanchital y municipios cercanos. En pocos meses desde su relanzamiento, Pulso Informativo del Sureste acumuló cerca de 19,000 seguidores.

Para una comunidad del tamaño de Nanchital, esa cifra es una señal clara. La gente la leía, la escuchaba, confiaba en ella. Pero la historia de Roxana tiene una capa más oscura que no puede ignorarse porque explica mucho sobre quién es esta mujer y lo que significa su desaparición. El 11 de marzo de 2017, 9 años antes de ese martes funesto, el esposo de Roxana, Carlos Fernández Escalante, fue asesinado a balazos frente a ella en Nanchital.

Lo mataron delante de sus ojos. No se sabe públicamente si ese crimen fue resuelto, si alguien fue detenido, si la justicia llegó siquiera a acercarse al caso. Lo que sí se sabe es que después de ese asesinato, Roxana Guzmán salió de Veracruz. No era posible quedarse. El duelo, el miedo, la amenaza implícita que flota sobre quienes pierden a alguien de esa manera en esa región se fue, pasó varios años fuera del estado y sin embargo regresó.

En 2025, Roxana volvió a Veracruz, fundó Pulso Informativo del Sureste. Se instaló en Nan Chital, comenzó a informar. Quienes la conocen dicen que su estilo era directo, sin adorno, sin miedo aparente. Denunciaba, documentaba, ponía cámara donde otros miraban hacia otro lado. Esa valentía o esa necesidad de no callar fue lo que la puso de nuevo en un mapa que en la zona sur de Veracruz puede ser letal.

El martes 2 de junio de 2026, alrededor de las 6 de la mañana, tres hombres o más, todos vestidos de negro, todos con el rostro cubierto por pasamontañas, todos armados con fusiles de largo alcance, llegaron a la calle Balderas de la colonia Primero de Mayo en Nanchital. Llegaron al domicilio de Roxana Guzmán, no tocaron el timbre, no llamaron a la puerta de manera convencional, llegaron con un marro, esa herramienta de demolición de cabeza metálica pesada que se usa para derribar paredes y romper estructuras y comenzaron a golpear la puerta de la

vivienda una y otra vez. El sonido descrito por quienes vieron el video es ensordecedor y aterrador. Desde adentro de la casa, un hombre, al parecer familiar de Roxana, fue hacia la puerta sin camisa. Visiblemente alterado, les pidió que se detuvieran. Los hombres no se detuvieron. Uno de ellos levantó su arma y lo apuntó directamente.

El hombre levantó las manos, retrocedió. En medio del caos alcanzó a gritar que había una bebé en la casa intentando apelar algún rastro de humanidad en los agresores. No funcionó. La puerta se dio. Los hombres entraron. Un familiar que permanecía en el interior grabó parte de la secuencia. En las imágenes que circularon por redes sociales se ve a los agresores moviéndose dentro de la vivienda con total impunidad, con la seguridad de quien sabe que nadie va a detenerlos.

Al final del video se escucha a uno de ellos ordenar a Roxana y a la persona que la acompañaba que se tiraran al piso. Después se la llevaron. Roxana Berenice Guzmán Ramírez salió de su casa en la colonia Primero de Mayo de Nanchital ese martes por la mañana. No por su propia voluntad. Salió rodeada de hombres armados.

Su destino desde ese momento es desconocido. No hay registros de que hubiera pedido apoyo previo a las autoridades. No hay información pública de que estuviera bajo ningún mecanismo de protección estatal o federal. No hay evidencia de que alguien en posición de poder hubiera advertido que ella corría peligro.

La mañana del 2 de junio simplemente llegó y con ella el horror. Lo que sí existe es el video, un video que no deja margen para la interpretación, para la duda, para el eufemismo burocrático. Un video que muestra exactamente lo que ocurrió. Un comando armado irrumpió en una casa para llevarse a una periodista. Eso es lo que pasó y nadie lo evitó. el video.

Esa es la evidencia central en este caso y es también una de las razones por las que este secuestro tuvo una resonancia que los secuestros de periodistas en México a veces no alcanzan. El material fue grabado desde el interior de la vivienda por un familiar de Roxana. La calidad de la grabación es suficiente para identificar los rasgos generales de lo ocurrido.

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