Especialistas en seguridad y análisis criminal advierten que las mafias locales no están simplemente observando el calendario deportivo, sino que ya se encuentran en plena fase de pretemporada, diseñando estrategias sofisticadas para jugar y ganar su propio partido. La principal actividad delictiva que encabeza las alertas rojas de cara a los 13 encuentros que se disputarán en territorio mexicano es la trata de personas con fines de exp
lotación. Las estadísticas son aterradoras y revelan la magnitud de este flagelo: se estima que el 90% de los grupos criminales que operan en el país participan directa o indirectamente en este delito atroz. A esto se suma un alarmante índice de impunidad que ronda el 97%, creando un ecosistema casi perfecto para que las redes de trata operen con descaro durante la llegada masiva de turistas internacionales y nacionales.Lo que hace que esta amenaza sea aún más insidiosa en la actualidad es la evolución de las formas de operación clandestina. Los grupos criminales han modernizado sus tácticas, alejándose de los métodos tradicionales para infiltrarse en los espacios digitales y en la economía colaborativa. Se prevé un aumento significativo en la utilización de servicios a domicilio, así como el uso malintencionado de plataformas de hospedaje reconocidas, como Airbnb, y aplicaciones de transporte privado para movilizar, ocultar y explotar a las víctimas sin levantar las sospechas de las autoridades tradicionales.
En este oscuro panorama, las plataformas digitales se han convertido en el terreno de caza preferido por estas organizaciones. Redes sociales populares como TikTok, Instagram, Telegram y los mercados virtuales como Facebook Marketplace, están siendo inundados con ofertas de empleo fraudulentas. Estas publicaciones, meticulosamente diseñadas para parecer legítimas, buscan captar a jóvenes ofreciéndoles trabajos como modelos, acompañantes turísticos o promotoras de eventos del Mundial. Pero la maldad no se detiene en los jóvenes adultos; los especialistas han emitido una alerta desesperada sobre la infiltración de los delincuentes en plataformas de videojuegos inmensamente populares como Roblox y Free Fire, entornos virtuales donde buscan enganchar y manipular psicológicamente a menores de edad bajo la falsa promesa de recompensas, llevándolos hacia un abismo de explotación.

Más allá de la trata de personas, el menú de actividades ilícitas que planean desplegar las mafias durante el Mundial es extenso y variado. El especialista en seguridad Víctor Manuel Sánchez Valdés ha señalado que la falsificación y el fraude representan otra veta de oro inmensa para el crimen. La venta de boletos falsos o meticulosamente clonados para los partidos ya está en marcha. De hecho, las alertas no son prematuras; la propia FIFA ha reportado recientemente la existencia y el desmantelamiento de más de 4.000 sitios web falsos que clonan a la perfección las páginas oficiales de venta y hospedaje, esperando pacientemente a que los fanáticos caigan en la trampa.
A nivel de calle, en las inmediaciones de los imponentes estadios y en las vibrantes ‘Fan Zones’, se espera que los grupos criminales busquen controlar absolutamente la distribución de productos piratas. La estrategia no se limita a la simple venta de camisetas no oficiales; implica un control territorial mafioso donde se cobra cuotas —el infame “cobro de piso”— a los vendedores ambulantes y comerciantes legítimos que intentan ganarse la vida durante la justa. Asimismo, la llegada masiva de turistas ansiosos por la fiesta nocturna provocará, inevitablemente, un incremento exponencial en la comercialización de estupefacientes en bares, hoteles, centros nocturnos y corredores turísticos, todo ello bajo el férreo control de las organizaciones criminales locales.
La prensa deportiva internacional, desde las vibrantes redacciones en Roma que analizan minuciosamente cada detalle del entorno del torneo hasta los grandes foros mediáticos en todo el mundo, ya empieza a observar con lupa no solo la capacidad organizativa de México, sino las profundas grietas en su seguridad institucional. El torneo facilitará enormemente las operaciones de lavado de dinero. Negocios temporales como bares efímeros, restaurantes pop-up y tiendas de souvenirs que operarán a su máxima capacidad durante un mes, son instrumentos perfectos y sumamente difíciles de fiscalizar para blanquear millones de dólares de ganancias ilícitas en tiempo récord.
Dentro de este ecosistema de criminalidad inminente, un dato resulta particularmente alarmante: el monopolio de la violencia y el control. Según los análisis de Sánchez Valdés, existe una organización que se perfila como la gran ganadora económica en las sombras: el grupo delictivo originario de Jalisco. La razón de esta ventaja es escalofriante por su lógica estratégica. Es la única organización criminal que cuenta con una presencia operativa robusta y confirmada en las tres ciudades sedes del torneo: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

En Guadalajara, la situación es aún más crítica, ya que dicho grupo mantiene un dominio territorial y estructural prácticamente total, otorgándoles una ventaja inigualable para controlar desde el narcomenudeo hasta la extorsión de los grandes y pequeños comercios turísticos. A esto se le suma su vasta y trágica experiencia comprobada en todas y cada una de las actividades criminales descritas, respaldada por una estructura operativa disciplinada y una capacidad financiera capaz de desplegar operaciones a una escala que las autoridades locales a menudo se ven imposibilitadas de contener.
Mientras el mundo entero se prepara para celebrar la culminación de cuatro años de espera futbolística, México se enfrenta a una prueba de fuego que va mucho más allá de las canchas. El desafío para las autoridades de los tres niveles de gobierno es monumental: deben blindar no solo los recintos deportivos, sino desarticular redes digitales y financieras invisibles que ya operan con total impunidad. Si las autoridades no logran contener esta avalancha delictiva, el legado del Mundial 2026 no será recordado por los goles memorables o las atajadas históricas, sino como el evento que permitió al crimen organizado organizar, perfeccionar y ejecutar su propio torneo a costa de la seguridad, el patrimonio y la vida de miles de personas inocentes. La moneda está en el aire, pero el partido en las sombras, lamentablemente, ya ha comenzado.