Posted in

Corinna zu Sayn-Wittgenstein: la mujer de la que habló toda España

Había una vez un rey que lo tenía todo, un trono, una familia, el amor de un pueblo entero. Y sin embargo, en algún rincón de su vida había algo que ningún protocolo podía controlar, algo que ningún servicio de seguridad podía mantener en secreto para siempre. Su nombre era Corina y cuando ese nombre salió a la luz, España entera se detuvo a escuchar.

Bienvenidos. Hoy les contamos la historia de la mujer más enigmática que haya cruzado jamás los pasillos del poder en España. Una historia de amor, de dinero, de secretos de estado y de un escándalo que sacudió los cimientos de la monarquía. Si ya sabían algo sobre esta historia, escriban en los comentarios una sola palabra que describa lo que sienten al pensar en ella.

Y si es la primera vez que la escuchan, escriban también, porque lo que están a punto de descubrir no los dejará indiferentes. Para entender quién es Corina, hay que empezar desde el principio. No desde el día en que los periódicos pusieron su nombre en portada, sino desde mucho antes, desde los años en que nadie en España sabía aún que existía.

Nacida el 28 de enero de 1964 en Frankfort del Meno, Alemania occidental. Corina Larsen llegó al mundo en el seno de una familia que, sin ser aristocrática, vivía con una movilidad y una ambición que pocas personas de su generación conocieron. Su padre, Finn Bonning Larsen, era danés de nacimiento, oriundo de Ballerup, un hombre que pasó décadas representando en Europa a Barig, la gran aerolínea nacional de Brasil.

Ese trabajo itinerante significó que la pequeña Corina creciera no en un solo lugar, sino en varios a la vez, Frankfurt, Río de Janeiro, Suiza. Diferentes idiomas, diferentes culturas, diferentes formas de ver el mundo. Ese cosmopolitismo temprano no fue un lujo accidental, fue el molde que daría forma a toda su personalidad adulta.

Wikipedia. Su madre, Ingrid Sauer, era alemana y juntos tuvieron dos hijos, Corina y su hermano Sven Eric. Pero el padre también tenía otros tres hijos de un matrimonio anterior en Dinamarca, lo que convertía la infancia de Corina en un mosaico de vínculos y distancias de familias repartidas por el norte de Europa.

Esa experiencia de crecer entre mundos distintos, de adaptarse constantemente, de leer los ambientes con rapidez, fue quizás la primera gran lección de su vida. Wikipedia. A los 17 años, Corina ya hablaba varios idiomas con su altura. El alemán eran de su madre. El inglés lo había absorbido en los años vividos en entornos internacionales.

El francés lo perfeccionó en Suiza y el italiano y el español los incorporarían más adelante con la misma facilidad con que otros cambian de ropa. En 1987 se graduó en la Universidad de Ginebra, una institución que durante décadas ha formado diplomáticos, empresarios y personalidades del ámbito internacional. No era una joven ordinaria, era alguien que desde muy temprano entendió que el mundo se mueve en círculos y que para estar en los círculos correctos hay que saber exactamente cómo entrar en ellos.

Wikipedia. Sus primeros pasos profesionales la llevaron a L’Oreal, la gigante francesa de la cosmética, y después a la compañí general de SO, donde trabajó en relaciones públicas. Eran empleos que no llamaban la atención, pero que le enseñaron algo fundamental, que la imagen lo es casi todo, que la narrativa que uno construye sobre sí mismo puede abrir puertas que ningún título académico abre por sí solo.

Wikipedia y Corina entendió esa lección mejor que nadie. En los años 90, cuando su nombre era todavía desconocido para el gran público, ella ya se movía con una soltura envidiable entre las élites europeas, no porque hubiera nacido entre ellas, sino porque había aprendido pertenecer a ellas. Ese era su don, su talento más profundo y también, con el tiempo la raíz de sus mayores controversias.

La historia que están a punto de escuchar no es solo la historia de una mujer y un rey, es la historia de cómo el poder atrae al poder, de cómo los secretos se acumulan hasta que ya no pueden contenerse y de como una sola cacería en África fue capaz de cambiar el destino de una nación entera. Permanezcan atentos porque esto apenas comienza.

Antes de que Corina Larsen se convirtiera en la persona de la que hablaría toda España, tuvo que reinventarse varias veces y cada reinvención la llevó un escalón más arriba en la pirámide social europea. La primera gran transformación llegó con su primer matrimonio a finales de los años 80, cuando conoció en París a un empresario británico llamado Philip Atkins.

Tenía 25 años y París era el escenario perfecto para una joven cosmopolita que buscaba su lugar en el mundo. Se casaron en 1990 y en 1992 nació su hija Anastasia. Era un matrimonio que sobre el papel parecía sólido, pero que en la práctica duró apenas 5 años. El divorcio llegó en 1995 y Corina, que entonces se apellidaba Atkins, se quedó con su hija y con una lección que definiría los años siguientes, que la estabilidad emocional no puede separarse de la independencia económica.

Los años que siguieron al primer divorcio son los que la prensa ha estudiado menos, pero quizás los más reveladores. Fue en ese periodo cuando Corina comenzó a construir la red de contactos que la llevaría eventualmente a los salones más exclusivos de Europa. Su trabajo en el mundo de los negocios internacionales le permitió cruzarse con personas cuya riqueza y cuya influencia superaban con creces cualquier escala ordinaria.

Entre ellos, según diversas fuentes, estuvo Gert Rudolf Flick, conocido como Migre sus allegados, nieto del fundador de uno de los grandes consorcios industriales de la República Federal Alemana. Un consorcio que incluía participación en la industria automovilística a través de Mercedes-Benz. Wikipedia. Corina no solo frecuentaba esos círculos, los habitaba con una naturalidad que desconcertaba a quienes venían de familias con tradición aristocrática.

Ella no tenía esa tradición, pero tenía algo que muchas veces vale más, la capacidad de hacer sentir a las personas que eran importantes cuando estaban cerca de ella. Era escuchadora, observadora, inteligente y sobre todo discreta. En el mundo de la gente extraordinariamente rica, la discreción es la moneda más valiosa.

En el año 2000 llegó la segunda gran transformación. En octubre de ese año, en una ceremonia civil celebrada en Londres, Colina Larsen se casó con Johan Casimir Susin Witgenstein un aristócrata alemán 12 años menor que ella, perteneciente a una de las casas principescas históricas de Alemania. El matrimonio tuvo también una ceremonia religiosa en Salzburgo en 2001, lo que le dio un carácter solemne, casi de cuento.

Con aquel matrimonio, Corina adquirió no solo un apellido nuevo, sino un título. Comenzó a presentarse en sociedad como princesa Corina Susin Witkenstein. En Alemania, los títulos nobiliarios no son oficiales desde que el país se convirtió en república, pero conservan un peso social enorme. Y en los círculos internacionales en los que se movía Corina, un apellido como el suyo nuevo abrió puertas que de otro modo habrían permanecido cerradas.

Read More