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¡CAYÓ! HARFUCH DETIENE A CUBANO QUE GOLPEÓ A MEXICANO Y CASI FUE LINCHADO EN CANCÚN

Imagina esto. Un hombre sale de su casa un martes por la noche en Cancún, camina unos metros y el perro de un vecino le clava los dientes en la pierna. Una situación incómoda, sí, pero completamente manejable. Va a la puerta del dueño, toca, pide ver la cartilla de vacunación del animal. Una pregunta razonable, una pregunta que cualquier persona haría.

Lo que no esperaba era que esa petición le costara una golpiza grabada en video. Y lo que el hombre que lo golpeó jamás imaginó fue que esas imágenes de menos de 2 minutos iban a incendiar las redes sociales de Cancún, convertir su domicilio en un blanco y desencadenar una turba de casi 200 personas dispuestas a hacerse justicia por propia mano.

Mientras su pareja embarazada esperaba adentro sin saber qué iba a pasar. Esta es la historia de lo que ocurrió la noche del martes 27 de mayo de 2026 en la Supermanzana 23 de Cancún. Una historia que no es solo un perro ni sobre una pelea entre vecinos. Es la historia de cómo un video de 2 minutos activó todo lo peor y todo lo más complejo de una ciudad que lleva meses al borde de la tensión.

Es la historia de un linchamiento que casi ocurre y de una mujer embarazada que nadie parece recordar. Para entender lo que pasó esa noche, primero hay que entender dónde sucedió y por qué esa colonia es una bomba de tiempo. La Supermanzana 23 se encuentra en el corazón de Cancún, en el municipio de Benito Juárez, Quintana Ro.

No es una zona turística ni de lujo, es una colonia de clase trabajadora, densa, con calles estrechas y casas pegadas unas con otras. Un lugar donde todo el mundo se conoce, donde las disputas vecinales se ventilan rápido y donde la convivencia puede ser intensa. En los últimos meses, esta zona se había convertido en epicentro de una tensión que nadie en las autoridades parecía querer nombrar directamente.

El conflicto entre residentes locales y una creciente comunidad de migrantes cubanos que se ha asentado en el área no es un fenómeno nuevo, pero en 2026 tomó una dimensión  distinta. Según un informe de Human Rights Watch publicado precisamente en estos días, entre enero de 2025 y marzo de 2026 fueron deportados desde Estados Unidos hacia México nada menos que 4353 ciudadanos cubanos.

No los mandaron a La Habana, los mandaron a México y muchos de ellos terminaron en ciudades como Cancún, en condiciones económicas precarias, sin documentos migratorios en regla. En un limbo legal que la propia organización califica, como indefinido, el resultado fue predecible. más presencia cubana en colonias populares, más fricción cotidiana y una percepción creciente entre los vecinos locales de que había conflictos violentos que las autoridades no estaban atendiendo.

El antecedente más claro ocurrió apenas unas semanas antes. El 16 de abril de 2026, vecinos de la Supermanzana 23 se plantaron frente al Ayuntamiento de Benito Juárez, exigiendo más seguridad y acciones del Instituto Nacional de Migración. El detonador había sido otra pelea protagonizada por ciudadanos cubanos que se había viralizado en redes sociales.

Las autoridades escucharon, o al menos eso dijeron, pero la mecha seguía encendida. Rigoberto vivía en esa colonia 39 años, de origen cubano, según reportes oriundo de Viñales, vivía en un domicilio sobre la calle Palmeras número 16, en esa misma Supermanzana 23. Con él vivía Judelmis, su pareja de 23 años. Según distintas versiones, Rigoberto trabajaba en un carwash de la zona, una persona del barrio que conocía a sus vecinos, que formaba parte de esa comunidad, aunque fuera como figura externa.

La noche del martes 27 de mayo, esa presencia se convirtió en el centro de una tormenta. Todo comenzó con un perro suelto en la calle. Un ciudadano mexicano cuyo nombre no ha sido revelado públicamente. Caminaba por las inmediaciones de la Supermanzana 23 cuando fue atacado por un K que se encontraba sin correa. La mordida fue real, el miedo también.

Cualquier persona que ha sufrido una mordedura de perro desconocido sabe el pánico que viene después. ¿Tendrá rabia? ¿Estará vacunado? ¿Qué tan profunda es la herida? El hombre siguió al perro hasta la vivienda de Rigoberto. Tocó a la puerta con su teléfono en mano grabando. Afuera del domicilio estaba Judelmis. El mexicano se dirigió a ella con calma con una petición completamente razonable, que saliera el dueño del perro porque el animal lo había mordido y quería ver la cartilla de vacunación.

“¿Puede salir el caballero que estaba aquí?” “Es que me acaba de morder su perro”, dijo el hombre de acuerdo con el audio del propio video que él grabó. La respuesta de Judelm fue escueta y defensiva, que el perro era de la calle, que no la grabara. El mexicano respondió que según lo que le habían dicho antes, el señor había señalado que el animal tenía sus vacunas y que era suyo.

También explicó que grababa por su propia seguridad. En ese momento salió Rigoberto. El intercambio se calentó rápidamente. Las versiones difieren en los detalles del inicio de la discusión verbal, pero lo que ocurrió después quedó captado con claridad en el video. Rigoberto entró de vuelta a la vivienda y regresó segundos después.

Salió con una actitud completamente distinta y sin más golpeó al mexicano. El hombre ya había sido mordido por un perro. Ahora recibía una agresión física directa de quien era señalado como dueño del animal. Las imágenes mostraron al afectado con visibles lesiones según diferentes medios que accedieron al contenido. Algunos testigos señalaron que  la víctima quedó desorientada tras el golpe y necesitó asistencia.

El reglamento de protección animal del municipio de Benito Juárez es claro. Los perros deben circular con correa, collar y placa en espacios públicos y el dueño es civilmente responsable por mordeduras causadas por negligencia en la custodia del animal. Rigoberto no solo no cumplió esa norma, sino que respondió con violencia física a quien simplemente exigía sus derechos.

El mexicano agredido publicó el video en redes sociales esa misma noche, explicando lo que había vivido. Primero la mordedura, luego la golpiza. Las imágenes comenzaron a circular con una velocidad que nadie controló. No pasaron ni dos horas antes de que el video tuviera miles de reproducciones y con cada reproducción, cada compartida, cada comentario de indignación, la mecha crecía un poco más.

Una disputa de 2 minutos en la puerta de una casa estaba a punto de convertirse en algo mucho más grande. Una versión alternativa que también circuló en redes afirma que el perro no era de Rigoberto, sino un animal callejero al que él simplemente alimentaba y que el mexicano había llegado a exigir dinero de manera insistente.

Esa versión no fue confirmada por ninguna fuente oficial. Lo que sí quedó documentado en video fue la agresión física. El video tardó pocas horas en volverse el tema número uno de los grupos de WhatsApp y páginas de Facebook de Cancún. La indignación fue inmediata y masiva. Comentarios cargados de hostilidad comenzaron a multiplicarse.

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