Posted in

CABO VERDE: Así es el país de VOZINHA que hizo SUFRIR a MESSI

Un país con menos habitantes que muchos barrios de Buenos Aires le estaba empatando a Lionel Messi. Minuto 90 de la prórroga. Argentina campeón del mundo, defendiendo el título. No lograba sacarse de encima una selección que casi nadie en el planeta hubiera sabido ubicar en un mapa 3 años antes. El marcador decía 2 a 2, un gol en contra.

En el último suspiro terminó definiendo todo. 3 a 2 para Argentina. Cabo Verde quedaba fuera del Mundial 2026 en 16avos de final, pero se iba por la puerta grande. La selección más humilde del torneo, la de menor población de todas, había llegado más lejos de lo que nadie imaginó.

Pero no nos adelantemos, ¿cómo llega a un país de poco más de 500,000 habitantes, menos gente que la que viven Las Vegas, por ejemplo, a plantarle cara a Argentina en un mundial? La respuesta no empieza en una cancha, empieza 500 años atrás en unas islas que ni siquiera tenían gente viviendo ahí y que terminaron siendo una de las escalas más importantes del comercio de seres humanos más grande de la historia.

Empieza con hambrunas que mataron a un tercio de la población. Y ojo, porque de esto se desprende un dato que va a terminar de darle sentido a todo. Esta es la historia de cófirió ignorar durante los siglos terminó escribiendo en pleno 2026 una de las páginas más increíbles del fútbol mundial.

Bienvenidos a este especial del día que sobre Cabo Verde. Y ya que estamos, los invitamos a ver los otros videos que estamos haciendo de especiales sobre futbolistas en este canal. Tenemos varios, así que se los vamos a dejar ahí en recomendados acá en comentarios fijos y al final si les gusta esta temática. También pueden dejar sugerencias para posibles futuros videos. Empecemos.

Un archipiélago sin nadie. Para entender Cabo Verde hay que arrancar por algo que suena raro. Es uno de los pocos países africanos que no tiene población originaria en el sentido clásico. Cuando los navegantes portugueses llegaron en el siglo XV, las 10 islas del archipiélago estaban deshabitadas. No había nadie ahí.

Portugal las convirtió rápidamente en una pieza clave de su imperio, pero no por lo que se producía en las islas. Tierra árida, lluvias escasas, suelo volcánico poco fértil, sino por dónde estaban paradas, justo en el cruce entre Europa, África y América, un puerto de escala perfecto.

Y ese puerto de escala se transformó durante siglos en uno de los nodos más activos del tráfico de esclavos hacia América. Miles y miles de personas secuestradas en el continente africano pasaban por los puertos de Cabo Verde antes de cruzar el Atlántico rumbo a Brasil, el Caribe y lo que hoy es Estados Unidos.

Las islas funcionaban como punto de tránsito de aclimatación, la palabra que usaban los propios traficantes y de comercio. De ese cruce forzado entre colonos, portugueses y africanos esclavizados nació la población caberdiana, tal cual la conocemos hoy. Una sociedad criolla, mestiza, con idioma propio, el crioulo, que convive con el portugués y con una identidad que no termina de encajar del todo ni en Europa ni en el resto de África.

es literalmente un pueblo que nació de la colonización y de la trata, no fue conquistado siendo previo a ella. El negocio de esclavos sostuvo la economía de las islas durante siglos, cuando en 1867 se abolió el tráfico. El interés comercial de Portugal por Cabo Verde se desplomó casi de un día para el otro. Las islas dejaron de ser rentables y pasaron a ser básicamente una posesión colonial que Lisboa mantenía más por inercia geopolítica que por conveniencia económica.

Y ahí empieza la parte más dura y menos conocida de esta historia, el hambre que se llevó un tercio del país. Cabo Verde es un archipiélago volcánico con suelos pobres y lluvias irregulares. Cuando la lluvia fallaban y en un clima así fallaris la norma más que la excepción, el resultado era sequía. Y sequía en una economía de subsistencia bajo dominio cultural significaba una sola cosa, ambruna.

Durante los siglos de dominio portugués, las islas sufrieron series repetidas de sequías devastadoras, pero hay una que quedó grabada en la memoria colectiva Caboverdiana como una herida abierta la de 1941 a 1948. Durante esos 7 años, la falta de lluvia destruyó las cosechas de forma sostenida.

Y mientras la población se moría de hambre, el gobierno colonial portugués respondió con lo que las crónicas históricas describen como una indiferencia total. No se envió ayuda humanitaria significativa. No hubo un plan de contingencia real. Las islas quedaron libradas a su suerte mientras la gente moría por inanición. El número final todavía golpea.

Se estima que murieron unas 50,000 personas. Para dimensionarlo, eso representó casi un tercio de la población total de Cabo Verde en ese momento. Un tercio. No una guerra, no una epidemia traída de afuera, hambre lisa y llana, mientras la potencia colonial que gobernaba las islas miraba para el otro lado. Esta no fue la única hambruna de la historia caboana.

Hubo otras a lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX, pero sí la más brutal y la que terminó de sembrar algo que hasta ese momento no tenía tanta fuerza en las islas, la conciencia de que el modelo colonial no solo no protegía a la población, sino que directamente la dejaba morir cuando dejaba de servirla económicamente. Fue en este contexto sequía, hambre y un imperio que ni se dignaba mandar ayuda y encima una dictadura instalada en la propia Portugal de los años 30 que empezó a gestarse la idea de que la independencia no era una opción más, era

una necesidad de supervivencia y ahí aparece la figura que todo cabo verdiano reconoce apenas se nombra Amilcar Cabral, el hombre que no llegó a ver su país libre. Amil Car Cabral nació en 1924, pero no en Cabo Verde. Nació en Guinea Visao, otra gran colonia portuguesa en África de padres caboanos.

se formó como ingeniero agrónomo en Lisboa en una época en la que la capital portuguesa, sin quererlo, se había convertido en un punto de encuentro de estudiantes de todas las colonias africanas del imperio. Ahí, entre pasillos universitarios y reuniones clandestinas, se fue tejiendo buena parte del pensamiento anticolonial que después incendiaría el continente.

Cabral no era un dirigente político de esos que buscan el aplauso fácil. era ante todo un pensador. Sostenía que la liberación de un pueblo no se lograba solamente echando al colonizador. Había que reconstruir la cultura, la identidad y la economía. Que la lucha armada sin transformación social era una victoria a medias.

Read More