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Así es la HUMILDE Vida de Javier Saviola a Sus 44 Años: el Crack que Eligió Desaparecer

¿Alguna vez te has preguntado qué hace el hombre que fue el fichaje más caro de la historia del Barcelona con 19 años? El Camp lo recibió como una estrella. El Real Madrid también lo quiso. Jugó en Barcelona, en Madrid, en Portugal, en Grecia, en Italia. Vivió en 10 ciudades diferentes y cuando llegó el momento de elegir dónde vivir después del fútbol, eligió un país que tiene menos habitantes que muchos.

Estadios de fútbol Andorra entre los Pirineos con 70,000 personas, sin cámaras, sin alfombras rojas, sin nadie que lo pare en la calle para pedirle autógrafos, salvo algún argentino de visita que todavía recuerda al conejo de River. Hoy tiene 44 años, vive allí con su familia, sale a correr por las montañas todos los días, juega al tenis y al paddel.

Y cuando alguien le pregunta si echa de menos el fútbol grande, responde con la sencillez de quien hace mucho decidió qué era lo importante. Esta es la historia de Javier Saviola, el crack que eligió desaparecer. Para entender al Saviola de hoy, hay que ir a Parque Chas. Parque Chaz es un barrio del norte de Buenos Aires en el límite entre colegiales y Villa Urquisa.

Un barrio tranquilo de calles que se curvan y nombres de ciudades europeas con esa identidad de barrio porteño de clase media que no pide atención y se da el lujo de no necesitarla. Javier Pedro Saviola Fernández nació allí el 11 de diciembre de 1981, hijo de Roberto Cacho Saviola y Mary Fernández.

fue prematuro, ocho mesino, lo que no le impidió empezar a correr detrás de una pelota antes de que nadie lo esperara. Desde niño mostró algo que los que lo vieron en las canchitas del barrio describían siempre igual. Era imposible de agarrar. Pequeño, rápido, con una capacidad para cambiar de dirección que parecía más de dibujo animado que de niño real.

Cuando corría, daba pequeños saltos hacia delante que lo hacían parecer un animal escapando de algo. Fue el propio Germán Mono Burgos quien le puso el apodo. En un entrenamiento en River, cuando Saviola tenía apenas 16 años y Burgos era arquero del primer equipo, el pivito apareció de la nada, le quitó la pelota con una facilidad que dolía y antes de que Burgos pudiera procesarlo, ya estaba lejos.

Burgos lo levantó del suelo y le dijo, “Vos de dónde saliste? ¿Sos como un conejo, el conejito, el apodo que lo acompañó toda su carrera y que él recibió sin molestarse, con la naturalidad de quién sabe quién es y no necesita que se lo expliquen. En 1991, con 9 años, ingresó al Benjamín de Riverplate. 5 años de formación, de crecer entre los mejores chicos del fútbol argentino, de aprender lo que ningún libro de táctica puede enseñar, cómo manejar la pelota cuando el partido importa de verdad.

El 18 de noviembre de 1998 con 16 años, Ramón Díaz lo puso de titular en la primera división de River contra Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Saviola convirtió un gol. Faltaban 2 meses para que cumpliera 17 años. Sus primeras temporadas en River fueron memorables. Velocidad, gambetas imposibles e instinto para aparecer donde la pelota iba a caer.

Ganó el torneo Apertura 1999 y el Clausura 2000. Sus ingresos rondaban los $30,000 mensuales, significativos para la época, pero casi irrisorios comparados con lo que vendría. En 2001, Argentina organizó el Mundial Sub 2-0 y el torneo le perteneció a Saviola, 11 goles en seis partidos, máximo goleador histórico del torneo, el gol de la victoria en la final y el premio al mejor jugador, todo con 19 años.

El Barcelona, que atravesaba una crisis tras la partida de Figo al Real Madrid, lo fichó. El 20 de julio de 2001, Saviola llegó al aeropuerto de Barcelona como el fichaje más caro de la historia del club, 36 millones de euros. Tenía 19 años y era el ídolo de una generación. Miles de personas lo esperaban, pero nadie sabía lo que sabió la guardaba para sí mismo.

Cuando se confirmó su pase, su padre estaba en la última etapa de su vida. Años después contó, “Tuve una sensación extraña.” Por un lado, tocaba el cielo con las manos. Por otro, viví una situación personal muy delicada. Mi madre y yo pasamos el duelo solos en casa, pero la gente de Barcelona me ayudó mucho. Saviola nunca convirtió ese dolor en drama público.

Siguió entrenando, jugando y marcando goles. Sus tres primeras temporadas en el Barcelona fueron sólidas, 172 partidos y 72 goles. Sus ingresos alcanzaron los 4 millones de euros anuales, pero los cambios de entrenador y proyectos hicieron que empezara a vivir la inestabilidad de un gran jugador en un gran club.

Su carrera continuó como él mismo la describió. La pelota de fútbol me llevó a vivir en Barcelona, Montecarlo, Sevilla, Madrid, Lisboa, Málaga, Atenas y Verona. ocho ciudades, ocho vidas diferentes, ocho adaptaciones completas. Cedido al Mónaco en 2004 hasta 05, luego al Sevilla en 2005 hasta 06, donde fue máximo goleador y ganó la Copa UEFA, de vuelta al Barcelona en 2006 hasta 07, donde anotaba goles cuando lo ponían, pero nunca fue titular indiscutible.

En 2007 llegó al Real Madrid convirtiéndose en uno de los pocos jugadores en jugar clásicos con ambos grandes españoles. Allí no funcionó, apenas 31 partidos en dos temporadas. Después, Benfica en 2009, Málaga en 2012, Olimpiacos en 2013 y Gellas Verona en 2014, donde nació su hijo Fabricio. En 2015 regresó al Monumental a River de Gallardo para cerrar el círculo.

El reencuentro tuvo todo lo que una despedida debería tener, estadio, gente calor. Pero el cuerpo ya no respondió igual. Jugó 17 partidos sin marcar. El conejito que enloqueció al Monumental 20 años antes ya no estaba. Era un hombre de 33 años que había corrido más de lo que cualquier cuerpo puede resistir.

En enero de 2016, con la misma serenidad con la que había tomado todas las decisiones importantes de su vida, Saviola anunció su retirada. Sin drama. sin gira de estadios, sin despedida multitudinaria organizada por él mismo. Siempre quise que fuera en River. Tuve el privilegio de terminar mi carrera en el club en el que empecé y bien físicamente, sin problemas de lesiones.

Se fue a casa y la pregunta era, ¿a cuál casa? Porque Sabiola no tenía una sola. Había vivido en ocho ciudades en 15 años. Andorra es un microestado entre España y Francia en los Pirineos. Tiene 468² km km y 70,000 habitantes. No tiene ejército, ni aeropuerto internacional, ni un club de fútbol en ninguna liga europea de primer nivel.

Lo primero que la gente pensó al saber que Saviola se instalaba allí fue por qué. Él lo explicó con la sencillez de quien no necesita convencer a nadie. Pensé en radicarme en un lugar tranquilo. Fui a un sitio que conocía donde tenía un amigo. Comprobé lo que me habían dicho. La educación para los chicos es muy buena, hay mucha seguridad.

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